Atardecer en Mar Azul

Atardecer en Mar Azul

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Linda experiencia en la Casa de la Cultura de Mar Azul, con la siempre amable y entusiasta atención de Paula Lamédica. Aportamos así nuestro granito de arena (o gota de mar) a este magnifico espacio que con gran convicción y esfuerzo crece y mejora sus propuestas. ¡Volvemos el próximo lunes, 12 de febrero, a las 19!

Leímos entre todos los presentes varios poemas, entre ellos algunos de mi nuevo libro Rosas del desierto, y sobre el final me preguntaron sobre el estreno de La Boya, la película que filmamos en Villa Gesell con Fernando Spiner… Será este año, pero no hay fecha todavía… La expectativa crece!!!

Van dos poemas que leímos ayer.

Canción del Pirata

(fragmentos)

Con diez cañones por banda,
viento en popa, a toda vela,
no corta el mar, sino vuela
un velero bergantín.
Bajel pirata que llaman,
por su bravura, El Temido,
en todo mar conocido
del uno al otro confín.

(…)

Navega, velero mío
sin temor,
que ni enemigo navío
ni tormenta, ni bonanza
tu rumbo a torcer alcanza,
ni a sujetar tu valor.

Veinte presas
hemos hecho
a despecho
del inglés
y han rendido
sus pendones
cien naciones
a mis pies.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

Allá; muevan feroz guerra
ciegos reyes
por un palmo más de tierra;
que yo aquí; tengo por mío
cuanto abarca el mar bravío,
a quien nadie impuso leyes.

Y no hay playa,
sea cualquiera,
ni bandera
de esplendor,
que no sienta
mi derecho
y dé pechos mi valor.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

(…)

¡Sentenciado estoy a muerte!
Yo me río
no me abandone la suerte,
y al mismo que me condena,
colgaré de alguna antena,
quizá; en su propio navío
Y si caigo,
¿qué es la vida?
Por perdida
ya la di,
cuando el yugo
del esclavo,
como un bravo,
sacudí.

(…)

 

José de Espronceda

***

El Silencio del Mar

 

El silencio del mar

brama un juicio infinito

más concentrado que el de un cántaro

más implacable que dos gotas

 

ya acerque el horizonte o nos entregue

la muerte azul de las medusas

nuestras sospechas no lo dejan

 

el mar escucha como un sordo

es insensible como un dios

y sobrevive a los sobrevivientes

 

nunca sabré qué espero de él

ni qué conjuro deja en mis tobillos

pero cuando estos ojos se hartan de baldosas

y esperan entre el llano y las colinas

o en calles que se cierran en más calles

entonces sí me siento náufrago

y sólo el mar puede salvarme.

 

Mario Benedetti

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