La poesía y el mar 10° encuentro

La poesía y el mar 10° encuentro

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Ante todo aclaro que conté mal la cantidad de encuentros. Comenzaron el 18 de abril, por lo tanto el que informo ahora, del sábado 20 de junio, es el décimo. Es la transcripción de los textos… los comentarios, introducciones, diálogos, que tanto embellecen las charlas, quedan en la memoria del corazón de cada uno. Si alguien nota que falta algún texto, espero que me avise. Nos vemos el sábado 27 de junio, 16.30. Abrazos

***

“No hay pesar que el tiempo no cure, 

pérdida ni traición
irremediable.
Bálsamo para el alma,
aún si la tumba
cercena
al amante del amado
y cuanto comparten.
Mira, brilla el sol,
pasado el aguacero;
las flores lucen su belleza,
¡qué hermoso día!
Que el amor y el deber
no te inquieten.
Los amigos largo tiempo olvidados
quizá te esperen allí donde
vida y muerte todo igualan.
Nadie largo tiempo te llorará,
por ti rezará, te extrañará.
Tu lugar ha quedado libre, tú ya no estás“.
Poema de Walter de la Mare (1873-1956) que aparece en el cuento “Cara”, de Alice Munro.

*

Belgrano

Entre lunas de barro y luz salada,
entre voces de luto y amargura,
descubriste de pronto la hermosura
de una antigua paloma inmaculada;

de una rosa de vientos, desplegada
como una anunciación de la aventura,
como un arcángel, como la ternura,
como una gloria azul inconquistada:

 

descubriste de pronto los colores,

fe de la fe y amor de los amores.

Un infinito corazón piadoso,

 

General de la pena y el desvelo,
adelantado fundador del cielo,
eternamente limpio y silencioso.

Gustavo García Saraví
(de Estampas con honras y llanuras)

*

Oración a la bandera

Quédate en el cielo, amor,
no bajes.
Aquí abajo, los grises
son tan grises
que, de algún modo gris,
van a ultrajarte.

Y sos tan linda allá,
tan nomeolvides,
-simple ademán de madre
por el aire-
que si caes, amor,
con la ternura
con que caen las hojas
de los árboles;
si llegas a caer,
acaso nunca
vuelvas a ser tan cielo
ni tan madre.

Déjanos a nosotros,
los humildes,
los que nunca te usamos
ni abusamos de tu inmenso
silencio planetario,
que cuidemos la altura
donde habitas,
celestemente hermosa,
como el aire.

Déjanos a nosotros.
De los otros,
es piadoso no hablarte.

Armando Tejada Gomez

*

La Ilíada, XXI, 434-470

“ Y el soberano Poseidón, que sacude la tierra, dijo entonces a Apolo:

—¡Febo Apolo! ¿Por qué nosotros no luchamos también? No conviene abstenerse, una vez que los demás han dado principio a la pelea. Vergonzoso fuera que volviésemos al Olimpo, a la morada de Zeus erigida sobre bronce, sin haber combatido. Empieza tú, pues eres el menor en edad y no parecería decoroso que comenzara yo, que nací primero y tengo más experiencia (…) Contestó el soberano flechador Apolo:

—¡Batidor de la tierra! No me tendrías por sensato si combatiera contigo por los míseros mortales que, semejantes a las hojas, ya se hallan florecientes y vigorosos comiendo los frutos de la tierra, ya se quedan exánimes y mueren. Abstengámonos, pues, de combatir y peleen ellos entre sí.

Así habló, y le volvió la espalda”

Para el tema Deshojamiento, tercera entrega de Marcos Ruvituso

*

No es que diga menos cosas ahora

es que he bajado la voz para, escuchando,

no dejar de oír ni el viento, ni las hojas que caen

y así escuchar mejor.

El ruido que apenas existe de las cosas pequeñas

es la caricia no sentida de unos ojos que nos miran

y nos aman un segundo mientras estamos dormidos;

no existe pero se acumula

y no se nos puede entender sin conocer la suma

perfecta de esos momentos desconocidos.

Dora Hermida

*

Maimónides bajo el manto de Rothko

(fragmento)

¿Por qué

El árbol

Llegando de esta emanación

Tuvo que echar raíces en los números

Y emitir la voz de Dios?

 

Más allá de las antenas

La protesta obedece

A una tumba sin nombre.

 

Marina Tsevatieva dijo:

“…que la sólida esfera terrestre

No se nos abra a los pies.”

 

Allá lejos

El cubo

Se sostiene en el aire,

Los fragmentos se leen

Ocultando el comienzo.

 

Todo se refleja en Hillel El Sabio

Para luego caer

En esta rectitud

Que emana del Libro: deja que la traducción

Sobreviva a un mundo

Lleno de luciérnagas.

 

Ayer se desató la lluvia.

(música entre Nietzsche y Luis Alberto),

Hoy mis ojos reconocieron

A Starosta , el idiota,

Estaba ahí

Junto a Maimonides y Averroes

“…vámonos de aquí.”

¿estaran seguro en esta cueva

A six feet under?

 

Lo maravilloso de todo esto

Es que, Filon de Alejandria

Está traduciendo al hebreo

Los Cuadernos de Malte Laurids Brigge,

Nos alimentó en vías de desarrollo

(a los caballos también)

Dio agua a los camellos

Y los abrazo hasta morir.

Jorge Castañeda

***

Din que no falan as plantas

Din que non falan as plantas nin as fontes, nin os paxaros…

Din que non falan as plantas, nin as fontes, nin os paxaros,

nin a onda cos seus rumores, nin co seu brillo os astros,

dino, pero non é certo, pois sempre cando eu paso,

de min murmuran e exclaman:

-Aí vai a tola soñando

coa eterna primavera da vida e dos campos,

e xa ben pronto, ben pronto, terá os cabelos canos,

e ve tremendo, atericida, que cobre a xeada o prado.

-Hai canas na miña cabeza, hai nos prados xeada,

mais eu prosigo soñando, pobre, incurable somnámbula,

coa eterna primavera da vida que se apaga

e a perenne frescura dos campos e as almas,

aínda que os uns esgótanse e aínda que as outras se abrasan. Astros e fontes e flores, non murmuredes dos meus soños,

sen eles, como admirarvos nin como vivir sen eles?

Rosalía de Castro

Traducción:

Dicen que no hablan las plantas

Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros…

Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros,

ni el onda con sus rumores, ni con su brillo los astros,

lo dicen, pero no es cierto, pues siempre cuando yo paso

de mí murmuran y exclaman:

Ahí va la loca soñando

con la eterna primavera de la vida y de los campos,

y ya bien pronto, bien pronto, tendrá los cabellos canos,

y ve temblando, aterida, que cubre la escarcha el prado. -Hay canas en mi cabeza, hay en los prados escarcha,

más yo prosigo soñando, pobre, incurable sonámbula,

con la eterna primavera de mi vida que se apaga

y la perenne frescura de los campos y las almas,

aunque los unos se agostan y aunque las otras se abrasan. Astros y fuentes y flores, no murmuréis de mis sueños,

sin ellos, ¿cómo admiraros ni cómo vivir sin ellos?

***

Asunción de la poesía (I)

Yo me nazco, yo misma me levanto,

organizo mi forma y determino

mi cantidad, mi número divino,

mi régimen de paz, mi azar de llanto.

 

Establezco mi origen y termíno

porque sí, para nunca, por lo tanto.

Soy lo que se me ocurre cuando canto.

No tengo ganas de tener destino.

 

Mi corazón estoy elaborando:

ordeno sufrimiento a su medida,

educo al odio y al amor lo mando.

 

Me autorizo a morir solo de vida.

Me olvidarán sin duda, pero cuando

mi enterrado capricho lo decida.

 

María Elena Walsh

Casi milagro ( 1958)

*

Ulysses

(…)

There lies the port; the vessel puffs her sail:

There gloom the dark, broad seas. My mariners,

Souls that have toil’d, and wrought, and thought with me–

That ever with a frolic welcome took

The thunder and the sunshine, and opposed

Free hearts, free foreheads–you and I are old;

Old age hath yet his honour and his toil;

Death closes all: but something ere the end,

Some work of noble note, may yet be done,

Not unbecoming men that strove with Gods.

The lights begin to twinkle from the rocks:

The long day wanes: the slow moon climbs: the deep

Moans round with many voices. Come, my friends,

‘T is not too late to seek a newer world.

Push off, and sitting well in order smite

The sounding furrows; for my purpose holds

To sail beyond the sunset, and the baths

Of all the western stars, until I die.

It may be that the gulfs will wash us down:

It may be we shall touch the Happy Isles,

And see the great Achilles, whom we knew.

Tho’ much is taken, much abides; and tho’

We are not now that strength which in old days

Moved earth and heaven, that which we are, we are;

One equal temper of heroic hearts,

Made weak by time and fate, but strong in will

To strive, to seek, to find, and not to yield.

Lord Tennyson (1809-1892)

*

Traducción:

(…)

Allí está el puerto; el barco extiende sus velas;

allí llama el amplio y oscuro mar. Vosotros, mis marineros,

almas que habéis trabajado y sufrido y pensado junto a mí,

y que siempre tuvisteis una alegre bienvenida

tanto para los truenos como para el día despejado, recibiéndolos

con corazones libres e inteligencias libres, vosotros y yo hemos envejecido.

La ancianidad tiene todavía su honra y su trabajo.

La muerte lo acaba todo: pero algo antes del fin,

alguna labor excelente y notable, todavía puede realizarse,

no indigna de quienes compartieron el campo de batalla con los dioses.

Las estrellas comienzan a brillar sobre las rocas:

el largo día avanza hacia su fin; la lenta luna asciende; la profundidad

gime alrededor con muchas voces. Venid, amigos míos.

No es demasiado tarde para buscar un mundo nuevo.

Zarpemos, y sentados en perfecto orden hiramos

los resonantes survos, pues me propongo

navegar más allá del poniente y el lugar en que se bañan

todos los astros del occidente, hasta que muera.

Es posible que las corrientes nos hundan y destruyan;

es posible que demos con las Islas Venturosas,

y veamos al gran Aquiles, a quien conocimos.

A pesar de que mucho se ha perdido, queda mucho; y, a pesar

de que no tenemos ahora el vigor que antaño

movía la tierra y los cielos, lo que somos, somos:

un espíritu ecuánime de corazones heroicos,

debilitados por el tiempo y el destino, pero con una voluntad decidida

a combatir, buscar, encontrar y no ceder.

(Traducción de Inés Ruvituso)

*

«Sacrifico adrede el método y la sistematización de los sabios, las figuras, los himnos porque quiero presentar a los dioses en su medio natural, en la naturaleza misma, de la que son su expresión espiritualizada. Aspiro a dar vida trashumante a estas toscas piedras y a estas ingenuas creencias de las remotas épocas de América»

Zacarias Aguero Vega

Invocación a las divinidades diaguitas

Divinidades del diaguita

que encontró Zacarias Aguero Vera

muchos años después

por las altas memorias de la montaña solitaria,

huyendo de la llanura profanada:

La fecunda Pachamama de la lengua kakana

la madre de la tierra.

La Zapam Zucum que orienta con el humo,

protectora de los algarrobos.

Ella cuida en Vichigasta los niños de las cosecheras.

La juguetona y risueña Yacurmana,

de Chuquis y la costa del medio,

madre del agua.

El veloz Yastay

hijo de la montaña,

dios de las manadas y las aves del campo.

La tormentosa Huayrapuca

madre de los vientos; guiadora del Zonda.

El Cachiru que arrebata los ojos,

numen maligno

presente a la hora de la muerte.

La útil Saramama, cuidadora de langostas y cuncunas;

diosa patrona del maíz y las conanas.

El esquivo Mikilo con rastro de gallo

robador de niños;

genio del mal

que duerme la siesta bajo las higueras.

El poderoso Chiqui cuyo templo es el tacu centenario,

numen terrible de la atmósfera.

Y el Pujllay

alborotador de jóvenes y viejos,

divinidad de la alegría

que preside la chaya.

Hector David Gatica

*

La inmortalidad

Entonces el secreto de la   inmortalidad

sería pertenecerte.

Para ese entonces

nada más ser, sería estar ahí

Donde nos estamos pensando.

Como un pequeño punto de luz que crece

y nos obliga a distinguirnos del olvido.

Entonces tu permanencia

Sería mi recuerdo

Y tu eternidad

mi distancia del olvido.

Javier Agostinelli

Versión en ingles:

So the secret of immortality

Just being there, would make me be

Where we are thinking about ourselves

Like a small dot of light that’s growing

And we oblige ourselves to separate from oblivion

Then your staying here

Would be my memory

And your eternity

My distance from oblivion.

****

Kevin

Tu viejo era el POETA

Porque Supo leer esa cinta de Besson sobre Mayol y la vida acuática como eternidad

Él se la dijo al francés en profundos sueños de almohadas de corales, salinizadas.

 

Kevin, tu viejo era el POETA

Porque sabía que dejando sin aire el control racional con el que caminamos podíamos trascender y vivir en elementos no hechos para ese ritmo conocido, terrenal, el de este mundo.

 

Kevin tu viejo era el POETA

Porque interpretó cada ola y viento del mar e hizo con estos significados para vos

 

Kevin, tu viejo es el POETA

Es el gran Azul.

 

Lo conozco.

Leonardo Baldo

*

Resumen

Inmensas torres

Olvidan mis nombres

Tantos que se vuelven cuantos

Se vuelven cuadros

De marcos deconstruídos

Resueltos en su monotematismo

Inmunes a la realidad y su rapto

Ajenos a la decadencia y su tacto

II

Ilusión de estrados lunares

Ilusión de paraguas solares

Ecuación trivial de antropoide

Caído en el reloj y su molde

En cortinas leve de humo

Telón abismal, temporal.

III

Siento tus labios en la carótida

Los arrebatos del ritmo que me recorre

Y me pervive

Los besos que desaparecieron contigo

Y me residen

Como eternos polizones, paseando por la borda

Y arrojando anclas a mares de fotografías

Suben la puesta los días

Sube la marea de las cosas perdidas

Recitando saetas a castillos desolados

A milenarios acantilados

Que fingen almohadas

Para los navíos varados

IV

Aminora el tacómetro

Parpadea el velocímetro

El nervoconducto, el nervio

La sinapsis neuronal

De jaquear los castillos

Las eternas tormentas de arena

Los etéreos niños en la playa

La invalidez del pulso

Como gritos inmersos, inmensos, sumergidos

En el abismo, manos sin objeto

Labios sin afecto, adiós sin efecto

Odas al vacío

Cuando todas las vacías lunas

Se resumen, y no son más

Que la medialuna de un gatillo

Pablo Pellizzari

*

Inmigrante                                                                       

…ansia de otros cielos me envuelve

 y me escondo en las cosas perdidas.

SALVATORE QUASIMODO

(de Oboe sumergido)

Ojos como redes, la memoria

en agua maternal de su pasado.

Un idioma latiendo va callado

en las manos o peces de su historia.

 

La tarde languidece en su oratoria

con pupilas de barco abandonado.

El recuerdo que emerge despiadado

rompiendo olas truncas con su noria.

 

El acento acodado como un niño

en perro que defiende del ultraje

(tus orillas lamiendo soledades).

 

El rostro con sus panes de cariño

durmiéndose en el mar del equipaje

(la lágrima en que pescan dos ciudades).

Damián Katz

*

Para que el verso…

Hay que escarbar

adentro del cuaderno,

debajo del renglón,

encima del ropero.

Hay que rasgar

al nubarrón ballena.

 

Para que el verso drene/

Para que el verso llueva.

 

Escudriñar debajo

de su lecho

para que aflore

su alma de tormenta.

Que el mar glotón

se trague

la resaca almibarada,

que quede acéfala

de ruido la palabra.

Para restarle redundancia,

adicionar silencio,

hay que dejar

que brote el hueso,

tal vez

hasta un tren ciego

y su música rota.

 

Pescar con un imán

lo más censurado

de los sueños.

 

Para que el verso drene/

Para que el verso llueva.

Graciela Vergel

*

Las huellas

A orillas de las aguas recogidas

en la luz regular del suelo unidas

como si juntas siempre caminaran,

solas, parecería que se amaran,

en la sal de la espuma con estrellas,

sobre la arena bajo el sol las huellas

de nuestros pies desnudos

tan lejanos, y mudos.

Dejando una promesa dibujada

nuestra voz entretanto ensimismada

se divide en el aire y atraviesa

la azul crueldad de la naturaleza

mientras solos cruzamos

la playa y nos hablamos.

Silvina Ocampo

*

Oda a Walt Whitman

(Fragmento)

Por el East River y el Bronx

los muchachos cantaban enseñando sus cinturas,

con la rueda, el aceite, el cuero y el martillo.

Noventa mil mineros sacaban la plata de las rocas

y los niños dibujaban escaleras y perspectivas.

 

Pero ninguno se dormía,

ninguno quería ser el río,

ninguno amaba las hojas grandes,

ninguno la hoja azul de la playa.

 

Por el East River y el Queensborough

los muchachos luchaban con la industria,

y los judíos vendían al fauno del río

la rosa de la circuncisión,

y el cielo desembocaba por los puentes y los tejados

manadas de bisontes empujadas por el viento.

 

Pero ninguno se detenía,

ninguno quería ser nube,

ninguno buscaba los helechos

ni la rueda amarilla del tamboril.

 

Cuando la luna salga

las poleas rodarán para turbar el cielo;

un límite de agujas cercará la memoria

y los ataúdes se llevarán a los que no trabajan.

 

Nueva York de cieno,

Nueva York de alambre y de muerte.

¿Qué ángel llevas oculto en la mejilla?

¿Qué voz perfecta dirá las verdades del trigo?

¿Quién el sueño terrible de tus anémonas manchadas?

 

Ni un solo momento, viejo hermoso Walt Whitman,

he dejado de ver tu barba llena de mariposas,

ni tus hombros de pana gastados por la luna,

ni tus muslos de Apolo virginal,

ni tu voz como una columna de ceniza;

anciano hermoso como la niebla

que gemías igual que un pájaro

con el sexo atravesado por una aguja,

enemigo del sátiro,

enemigo de la vid

y amante de los cuerpos bajo la burda tela.

Ni un solo momento, hermosura viril,

que en montes de carbón, anuncios y ferrocarriles,

soñabas ser un río y dormir como un río

con aquel camarada que pondría en tu pecho

un pequeño dolor de ignorante leopardo.

Agonía, agonía, sueño, fermento y sueño.

Este es el mundo, amigo, agonía, agonía.

Los muertos se descomponen bajo el reloj de las ciudades,

la guerra pasa llorando con un millón de ratas grises,

los ricos dan a sus queridas

pequeños moribundos iluminados,

y la vida no es noble, ni buena, ni sagrada.

 

Puede el hombre, si quiere, conducir su deseo

por vena de coral o celeste desnudo.

Mañana los amores serán rocas y el Tiempo

una brisa que viene dormida por las ramas.

Y tú, bello Walt Whitman, duerme a orillas del Hudson

con la barba hacia el polo y las manos abiertas.

Arcilla blanda o nieve, tu lengua está llamando

camaradas que velen tu gacela sin cuerpo.

Duerme, no queda nada.

Una danza de muros agita las praderas

y América se anega de máquinas y llanto.

Quiero que el aire fuerte de la noche más honda

quite flores y letras del arco donde duermes,

y que un niño negro anuncie a los blancos del oro

la llegada del reino de la espiga.

Federico García Lorca

*

Otoño

Las hojas se han jugado en este otoño

un dominó parsimonioso, asiduo.

Quiere ser la avanzada el amarillo

Pero se oponen a su primacía

los ocres encendidos, los marrones

y el gobierno tiránico del rojo:

desde la falsa vid, en verdadera

expresión de energías dice al viento

que, si es por él, lo lleve donde quiera.

 

En la tierra revuelta los horneros

sacan pecho bermejo a la hojarasca.

El sol va lagrimeando entre las ramas

sintiendo que se acerca su derrota

a manos del invierno silencioso.

Miguel Angel Montezanti

*

Poesía y Psicoanálisis III

Siguiendo las resonancias que tuvieron en mí las lecturas de la semana pasada, salí a buscar por el agujero que la poesía le hace a la piedra del lenguaje, tan bien dicho en el poema de John Berger que encabeza el informe de Anibal. Asumiendo la responsabilidad de vincular Psicoanálisis y Poesía en este espacio, cito a Lacan nuevamente refiriéndose en este caso, a Samuel Becket, a quien citó en más de una ocasión, en dos exactamente, como uno de los escritores que “salvan el honor de la Literatura” y que ha sido capaz de “reducir la escritura al movimiento de agujerear la presencia”. Cito a continuación, fragmentos de esta carta adonde Becket reflexiona sobre la literatura y el lenguaje.

Gustavo Zaldivar

¿Te aburre leer mis cartas en alemán tanto como a mí el escribirlas en inglés? Mucho lamentaría que tengas la impresión de que existe entre nosotros un pacto cuyas cláusulas no alcanzo a cumplir. Se exige una respuesta.

Desde luego, cada vez me cuesta más escribir en un inglés estándar. Me parece algo carente de sentido. Y mi propia lengua cada vez se me antoja más un velo que ha de rasgarse para acceder a las cosas -o a la Nada- que haya tras él. La gramática y el estilo. Para mí, son tan superfluos como el traje de baño en la época victoriana o el porte impertérrito de un caballero genuino. Mera máscara. Esperemos que llegue el día, gracias a Dios ya llegado en determinados círculos, en que la lengua se utilice con la máxima eficacia allí donde con mayor eficacia se inutiliza. Como no es posible eliminar la lengua de golpe y porrazo, al menos será preciso no dejar cabos sueltos que puedan propiciar su caída en descrédito. Abrir en ella un agujero tras otro hasta que lo que acecha detrás, sea algo, sea nada, comience a rezumar y a filtrarse. No se me ocurre que el escritor de hoy en día pueda fijarse una meta más alta. ¿O acaso ha de ser la literatura la única de las artes que remolonee y se quede atrás, empantanda en los perezosos modelos de antaño, que hace tanto descartaron de plano la música y la pintura? ¿Es que hay algo tan sacrosanto que resulta paralizante en la naturaleza viciada de la palabra, algo que ya no se encuentra en los elementos propios de las demás artes? ¿Existe alguna razón por la cual la terrible materialidad de la superficie que encostra la palabra no se preste a su disolución, como en cambio se presta la superficie sonora, rasgada mediante pausas inmensas, por ejemplo en la Séptima Sinfonía de Beethoven, de modo que a lo largo de páginas enteras podamos percibir tan sólo una senca de sonidos en suspenso a alturas vertiginosas, que encadene insondables abismos de silencio? Se exige una respuesta. Sé que hay personas, sensibles e inteligentes, para las cuales no existe la ausencia de silencio. Por fuerza he de asumir que son duras de oído. Y es que en el bosque de los símbolos, que ninguno son, los pajarillos de la interpretación, que no es ninguno, están callados nunca.
Por descontado: por el momento, hemos de conformarnos con bien poco. Al principio, de un modo u otro sólo puede ser cuestión de hallar un método en virtud del cual podamos representar esta actitud burlesca hacia la palabra, sólo que por medio de las palabras. En esta discordancia entre los medios y su empleo tal vez sea posible percibir un susurro de esa música última o de ese definitivo silencio que subyace a Todo.

Samuel Becket

*

La juventud no remedia la falta de oficio del ser primordial

El sacerdote y escritor español Martín Descalzo (José Luis, 1930-1991) nos ilustra este aspecto cuando firmaba uno de los artículos que publicaba frecuentemente en el periódico ABC, decano de la prensa madrileña:

¿Electricista o poeta?

“… me llama siempre la atención leer, entre las cartas que recibo,

el ingenuo idealismo de muchos. Son chicos que tienen la imaginación llena de proyectos: van a ser grandes poetas, egregios escritores, creadores artísticos… Y luego, me confiesan que van mal en sus estudios que han empezado ya un par de carreras y han dejado ya a las dos, que no les gusta ninguna de las posibilidades que hoy se les ofrecen, que lo que a ellos les gusta es dedicarse a crear, seguros de que nadie les ha dicho todavía lo que ellos tienen que decir”.

Avanzando en el artículo, cita al escritor italiano Quasimodo (Salvatore, 1901-1968, Nobel de Literatura en 1959) cuando también, leyendo una carta de un joven obrero, lector de la revista que lo tenía por colaborador, expresaba: “El sueño de mi vida es ser poeta”.

Le exponía el proyecto de permutar su oficio actual de “electricista” por el de “escritor” que, aparentemente, le podía resolver su futuro:

“Es verdad, -añadía el muchacho- que mis padres, dos modestos obreros, me disuaden, pero pienso que lo hacen porque son personas mayores y no entienden a los jóvenes. Y, además porque no han estudiado creen que los poetas son desharrapados.  ¡Hágame saber su consejo! Decida usted lo que ha de ser mi vida. ¡Haga de mí un poeta o un obrero especializado!”

Asumir la identidad es tarea indelegable y la decisión última de ejecutarla debe ser tomada por el protagonista sin interferencias ni presión alguna, aunque sin despreciar sugerencias de mayores y personas que puedan, por experiencia, aconsejar, advertir u orientar.

Y al concluir la misiva al joven,afirma con total clarividencia:

“Hay mucho que leer, mucho que escribir, mucho más que tachar, mucho que aprender, para que, en el final, poder escribir algunas líneas que se sostengan en pie. Hay muy pocos escritores y artistas que pueden vivir y alimentarse de su obra. La mayoría ha construido su obra con otra fuente de ingresos que les permitió sobrevivir”.

Miguel Rivas (del libro Decir al callar, de próxima publicación)

*

Mariana Pineda

(fragmento)

En la corrida más grande
que se vio en Ronda la vieja.
Cinco toros de azabache,
con divisa verde y negra.
Yo pensaba siempre en ti;
yo pensaba: si estuviera
conmigo mi triste amiga,
¡mi Marianita Pineda!
Las niñas venían gritando
sobre pintadas calesas
con abanicos redondos
bordados de lentejuelas.
Y los jóvenes de Ronda
sobre jacas pintureras,
los anchos sombreros grises
calados hasta las cejas.
La plaza con el gentío
(calañés y altas peinetas)
giraba como un zodíaco
de risas blancas y negras.
Y cuando el gran Cayetano
cruzó la pajiza arena
con traje color manzana,
bordado de plata y seda,
destacándose gallardo
entre la gente de brega
frente a los tóros zaínos
que España cría en su tierra,
parecía que la tarde
se ponía más morena.
¡Si hubieras visto con qué
gracia movía las piernas!
¡Qué gran equilibrio el-suyo
con la capa y la muleta!
¡Mejor, ni Pedro Romero
toreando las estrellas!
Cinco toros mató; cinco,
con divisa verde y negra.
En la punta de su espada
cinco flores dejó abiertas,
y a cada instante rozaba
los hocicos de las fieras,
como una gran mariposa
de oro con alas bermejas.
La plaza, al par que la tarde,
vibraba fuerte, violenta,
y entre el olor de la sangre
iba el olor de la sierra.
Yo pensaba siempre en ti;
yo pensaba: si estuviera
conmigo mi triste amiga,
¡mi Marianita Pineda!…

Federico García Lorca

*

SONNET 56

Sweet love, renew thy force; be it not said
Thy edge should blunter be than appetite,
Which but to-day by feeding is allay’d,
To-morrow sharpen’d in his former might:
So, love, be thou; although to-day thou fill
Thy hungry eyes even till they wink with fullness,
To-morrow see again, and do not kill
The spirit of love with a perpetual dullness.
Let this sad interim like the ocean be
Which parts the shore, where two contracted new
Come daily to the banks, that, when they see
Return of love, more blest may be the view;
Else call it winter, which being full of care
Makes summer’s welcome thrice more wish’d, more rare.

(William Shakespeare)

Traducción:

Soneto 56

Renueva amor, tu fuerza, no se diga

que eres menos vital que el apetito,

el cual hoy con sustento se mitiga

y arde mañana con poder no ahíto.

Así, mi amor, sé tú, y aunque ahora llenes

hasta la saciedad tu ojo hambriento,

vuelve mañana a ver, y no condenes

tu espíritu a un eterno embotamiento.

Sea esta pausa como el mar, que deja

La orilla donde diariamente viene

para mirar su vuelta, una pareja

y así es que la visión más dicha tiene.

O bien invierno di, cuyo cuidado

hace al verano mucho más deseado.

(Traducción Miguel Montezanti)

*

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