La poesía y el mar, los sábados

La poesía y el mar, los sábados

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El 2 de mayo a las 17, nos encontraremos por zoom para concretar el Tercer encuentro virtual de «La poesía y el mar». Pídanme a partir de las 16 el ID, por mensaje de face o whatssap.

Con respecto al sábado 25, les cuento que reunimos voces de Villa Gesell, Mar del Plata, La Plata, Buenos Aires, Villa Rumipal (Córdoba), Florencia (Italia) y Oregon (EEUU). ¡Es una rara experiencia sentir a igual distancia a Valeria, que vive a cincuenta metros de mi casa y a Silvia y Fabio, que estaban a 11500 kilómetros! Magias que compensan un poco el no poder estar juntos, de cuerpo entero, en una misma sala.

En Italia festejaban el día de la liberación, por lo tanto la lectura de nuestros amigos de Florencia tuvo una especial carga emotiva. El poema es de Mario Luzi, una suerte de poeta nacional y patriota de la libertad, y tiene una extraordinaria fuerza y vigencia. En estos momentos en que estamos tan desconcertados, dice: «el mar y el tiempo saben de estas pausas».

SULLA RIVA

I pontili deserti scavalcano le ondate,

anche il lupo di mare si fa cupo.

Che fai? Aggiungo olio alla lucerna,

tengo desta la stanza in cui mi trovo

all’oscuro di te e dei tuoi cari.

 

La brigata dispersa si raccoglie,

si conta dopo queste mareggiate.

Tu dove sei? ti spero in qualche porto…

L’uomo del faro esce con la barca,

scruta, perlustra, va verso l’aperto.

Il tempo e il mare hanno di queste pause.

**

EN LA ORILLA

Bajo el muelle desierto remolinea el oleaje,

hasta el lobo de mar se ensombrece en la hora.

¿Qué haces? Yo agrego aceite a este candil,

mantengo en vela el cuarto en que me encuentro

al oscuro de ti y de tus queridos.

 

La brigada dispersa se reúne,

se hace el recuento tras las marejadas.

¿Tú dónde estás? Te espero en algún puerto…

Sale el hombre del faro con la barca,

escruta, explora, va hacia mar abierto…

El mar y el tiempo saben de estas pausas.

Mario Luzi

***

Miss Valeria Bértora leyó en inglés, magníficamente, el poema El Vagabundo, de Robert Louis Stevenson, cuyos primeros dos versos son el epígrafe de mi libro in progress “La belleza del mundo”. Nótese que en inglés el poema tiene rima, musicalidad que se pierde en la traducción.

THE VAGABOND

Give to me the life I love,

Let the lave go by me,

Give the jolly heaven above

And the byway night me.

 

Bed in the bush with stars to see,

Bread I dip in the river —

There’s the life for a man like me,

There’s the life for ever.

 

 

Let the blow fall soon or late,

Let what will be o’er me;

Give the face of earth around

And the road before me.

 

Wealth I seek not, hope nor love,

Nor a friend to know me;

All I seek, the heaven above

And the road below me.

 

Or let autumn fall on me

Where afield I linger,

Silencing the bird on tree,

Biting the blue finger;

 

White as meal the frosty field —

Warm the fireside haven —

Not to autumn will I yield,

Not to winter even!

 

Let the blow fall soon or late,

Let what will be o’er me;

Give the face of earth around,

And the road before me.

 

Wealth I ask not, hope, nor love,

Nor a friend to know me.

All I ask, the heaven above

And the road below me.

**

EL VAGABUNDO

Dadme la vida que quiero

Y el resto os lo regalo.

Dadme la alegría del cielo en lo alto

Y cerca el camino apartado.

 

Dormir en el monte para ver el firmamento

Comer mientras cruzo el río –

Allí está la vida para un hombre como yo

Siempre será esa mi vida.

 

Tarde o temprano estalla la tormenta

Que caiga sobre mí.

La tierra me rodea,

Y ante mí el camino.

 

Riqueza no busco, ni amor ni esperanza,

Ni que me acompañe un amigo.

Todo lo que busco, el cielo en lo alto

Y a mis pies el camino.

 

Dejad que caiga el otoño

Allí donde me he distraído

Callará el pájaro del árbol

Y mis dedos quedarán amoratados

 

Blanca como la harina la campiña helada –

Cálido el refugio junto al fuego –

No me rendiré al otoño,

¡Ni me rendiré al invierno!

(Traducción de Sergio Casado, 2013)

***

Eduardo Cormik leyó este bello poema de Seamus Heaney, poeta irlandés, premio Nobel 1995.

POSDATA

Y tómate tu tiempo alguna vez para ir al oeste,
al condado de Clare, a lo largo de Flaggy Shore,
en septiembre u octubre, cuando el viento
y la luz se trabajan mutuamente
de manera que, a un lado, el mar está revuelto
con espumas y brillos, y tierra adentro, entre las piedras,
los anclados relámpagos de una banda de cisnes
alumbran la extensión pizarrosa de un lago,
su plumaje curtido y encrespado, blanco en lo blanco,
sus cabezas adultas, de apariencia tenaz,
arrebujadas o enhiestas o atareadas bajo el agua.
Es inútil pensar que puedes aparcar y capturarlo
todo con más detalle. No estás ni aquí ni allá,
una urgencia por la que fluyen cosas extrañas y sabidas
mientras grandes y suaves zarandeos alcanzan el lateral del coche
y toman por sorpresa el corazón y lo abren de un soplo.

**
Van tres más para terminar la selección de esta semana…

ORILLERA

De tanto mirar al mar debo tener aires de ola,

mirada de salitre, semblante de ventola;

de tanto mirar al mar tengo la piel mareada,

la saliva salada. Ando vertiginosa, encrespada, espumosa.

Tengo la voz aguada, las pestañas de sal,

un navío en la espalda y el corazón de algas.

De tanto mirar al mar debo tener gestos de peces,

un párpado en la bruma y el otro en la creciente.

Tengo el beso azulado, limadas las retinas y el alma en bajamar.

De tanto mirar al mar soy esa orillera espía

-voyeur de marejadas- que busca en la deriva

tras las fauces del agua, las ciudades perdidas

y el pulso de Alfonsina.

(Graciela Vergel)

**

UN LIBRO COMO UNA BOCA.

Quizás

Le temo.

Si lo abro

Desataré

Una ráfaga de versos

Un mar de fragmentos imborrables

Su lengua lamerá anchamente

Mi cuerpo y mi alma.

Me pintará la cara el cuello, los costados con su tinta sangrada y penetrante.

Se burla. Me provoca su larga

Lonja húmeda

Sudorosa

(Patricia Zaldivar)

***

NO ENTENDER

No entiendo. Esto es tan vasto que supera cualquier entender.

Entender es siempre limitado. Pero no entender puede no tener fronteras.

Siento que soy mucho más completa cuando no entiendo. No entender, del

modo en que lo digo, es un don. No entender, pero no como un simple de

espíritu. Lo bueno es ser inteligente y no entender. Es una bendición

extraña, como tener locura sin ser demente. Es un manso desinterés, es

una dulzura de estupidez. Sólo que de vez en cuando viene la inquietud:

quiero entender un poco. No demasiado: pero por lo menos entender que

no entiendo.

(Clarice Lispector, leído por Mariel Galarza)

**

¡Hasta el sábado!

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