Poesía, magia y psicoanálisis

Poesía, magia y psicoanálisis

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Quedó pendiente publicar algo sobre el encuentro del miércoles 26 de agosto. A continuación, los textos que generosamente prepararon Gustavo (su ponencia fue la central en la charla) y Graciela, que nos da un buen resumen de la temática. Es una aproximación a todo lo que se expuso y leyó para la ocasión.

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Psicoanálisis y Poesía IV

Voy a partir de dos textos que surgieron de nuestros encuentros.

Empiezo citando el texto de Ricardo Piglia: Formas Breves. Los sujetos trágicos. 1999

El segundo texto citado es de Damian Katz “Que se escribe cuando se escribe”

Sostiene Piglia:

“La relación entre Psicoanálisis y Literatura es por supuesto conflictiva y tensa. Por de pronto, los escritores han sentido siempre que el psicoanálisis hablaba de algo que ellos ya conocían y sobre lo cual era mejor mantenerse callados”. “

“En la escucha incierta de las musas, imposible de provocar deliberadamente, en esa situación de espera tan sutil, los escritores han sentido que el psicoanálisis avanzaba como un loco furioso.”

 “Es cierto que el Psicoanálisis avanza sobre una zona oscura, que el artista preserva y prefiere olvidar, pero a su vez hace lo mismo que el arte, genera en sus interpretaciones un sentido oracular y épico de la experiencia humana”.

Yo leo que Piglia dialoga con un Psicoanálisis Freudiano que estaba sujeto a la idea de que todo es significante, a una concepción del inconsciente que puede ser traducido como un lenguaje cifrado. Esta idea del inconsciente no es la que estaríamos reflejando en nuestros encuentros, y que es la que nos acerca definitivamente a los poetas en tanto sujetos privilegiados en su capacidad de vínculo con lo real. Ahora, ¿qué es lo real para el Psicoanálisis Lacaniano? Damian Katz en su ensayo “Qué se escribe cuando se escribe” ” define a Lo real, como lo irreductible, lo imposible de decir, de simbolizar (lo real del cuerpo, del goce, lo real del inconsciente). Lacan decía que «los poetas no saben lo que dicen, pero lo dicen antes, se adelantan con su saber, al analista”. “La poesía se desentiende de la función de generar sentido. Lalengua, todo junto,  (neologismo de Lacan), mas bien apunta a ese real indescifrable que lo poético bordea, a lo no interpretable, que incluye su ritmo y sus sonidos. Lacan introduce algo que va más lejos aun de la idea del inconsciente estructurado como un lenguaje” .

Volviendo a la tensión y a las similitudes a las que hace referencia Piglia, la literatura estaría aportando al psicoanálisis la estructura de las tragedias como argumento, donde se produce una tensión entre el héroe y la palabra de los muertos, los dioses, el oráculo. En esta concepción del inconsciente el psicoanálisis establece una épica de la subjetividad en una cultura contemporánea secularizada y trivial y nos convoca en sus interpretaciones como sujetos trágicos para responder a la necesidad humana de llenar su vacío, su angustia, su tedio, su sin sentido, dándole allí la posibilidad de un protagonismo.

Pero el deseo en la concepción Lacaniana del inconsciente no está soportado por los relatos de la tragedia. Es más bien un dilema a responder por la singularidad radical de cada sujeto, enfermo de sentidos, resignificándolos en transferencia, en el trabajo analítico, desde su propia historia, donde el analista no provee ningún argumento propio, más bien se abstiene en el mejor de los casos de hacerlo. Existen tres advertencias de Lacan sobre las reglas éticas de la abstinencia de los analistas en la práctica. Una es que no debe reemplazar al paciente en su tarea, cuidarlo en demasía, imponerle  sentidos propios. La segunda es no pasar a los hechos. involucrase en acto amorosamente.  Y la tercera abstenerse de tirarlo por la ventana. Lacan advierte también, que todo buen analista pasa por alguna de estas intenciones.

Retomando el análisis de este agujero, de esta incompletud originada en la falta en ser, que es expresión del desencuentro estructural del hombre con su naturaleza perdida, tenemos que pensar en el sujeto enunciado por el psicoanálisis es efecto de un inconsciente definido como un vacío del orden de lo no realizado. Aquí la única suposición del psicoanálisis es la existencia de este sujeto deseante, agobiado por las defensas y laberintos hechos de múltiples sentidos, identificaciones, ideales y demás yerbas, que se interponen en su imposible realización.

La intervención poética del analista apunta a conmover esos sentidos que obstruyen, haciendo lugar a la invención, al deseo. El poeta también los provoca sin proponérselo siquiera, y vuelvo a citar a Damián, “La poesía, mediante el uso de metáforas e imágenes originales, con su poder de condensación, el uso de la elipsis, el humor y la ironía, sorprende, desnaturaliza, produce el equívoco, se desmarca de los lugares comunes, rompiendo abrochamientos unívocos entre significante y significado, para abrir el juego hacia otras significaciones impensadas.” 

Bueno, nada más parecido a nuestra tarea de analistas! Dicho esto, declaro nuestra indudable alianza y amistad y la nula intención loca de desentrañar ningún secreto que nos explique a las musas. Porque básicamente no creo que sepamos nada de eso, y nuestro sujeto vive en el misterio, en la ignorancia, en lo por venir, por inventar y descubrir.

Cierro con otra referencia a Piglia del mismo texto: El arte de la natación.

“En efecto, el psicoanálisis y la literatura tienen mucho que ver con la natación. El psicoanálisis es en cierto sentido un arte de la natación, un arte de mantener a flote en el mar del lenguaje a gente que está siempre tratando de hundirse. Y un artista es aquel que nunca sabe si va a poder nadar: ha podido nadar antes, pero no sabe si va a poder nadar la próxima vez que entre en el lenguaje”.

Gustavo Zaldivar

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Comentarios al Taller Magia, poesía y psicoanálisis del 26-8-20

-Aníbal nos cuenta que en una entrevista a un mago, (en la revista Ñ) éste dijo que la magia es lo que queda por fuera del lenguaje, es el momento del asombro puro, «es quedarse sin lenguaje, eso es la magia». Muchos poetas hablan de la magia. Dylan Thomas (citado por Juan Gelman): » en un poema la parte mágica es accidental» «se produce súbitamente» «lo milagroso de los milagros es que efectivamente a veces se producen» (Chesterton).

Dylan, Chesterton y otros esperan que esa magia se produzca (porque no la controlan, como sí lo hacen los magos). Parecidas declaraciones hay de Borges y García Marquez. Cita a Onetti,  que a su vez cita a Lacan en un reportaje: «la única traición de un escritor es usar lo que escribe para justificar lo que hace». Cita a Onetti: «hay dos categorías de escritores: los que quieren llegar a ser escritores y los que quieren escribir»

-Gustavo toma de Damián y Piglia «¿qué hacer con esta noción de vacío?» Piglia plantea que hay una «pica» entre poetas y psicoanalistas. Lee de «Los sujetos trágicos»: «los poetas hablan de un psicoanálisis que ellos ya conocían» Ante un inconsciente descifrable todo tiene un sentido. De Damián, en «De qué se escribe cuando se escribe»: «los poetas no saben lo que escriben pero escriben» «la poesía se desentiende de la idea de generar sentido» En la tensión entre literatura y psicoanálisis, la literatura le aportó al psicoanálisis un modo de llenar el vacío, la angustia, y el psicoanálisis a la literatura la estructura de la tragedia como argumento. Dice Gustavo: «lo real es algo que se va construyendo todo el tiempo, que no sabemos muy bien dónde va» «es enigmático, hay que darle la palabra» «en lo social también buscamos algo que nos sostenga» «los psicoanalistas hoy somos socios, amigos de los poetas, de la magia» «a veces decimos una cosa que no sabemos cómo «pega» y confiamos en la magia -o las musas-«. ¡Muy interesante!

-Aníbal dice «anoté que el poeta es más irresponsable» y Gustavo habla de las 3 reglas de abstinencia de Lacan: 1) dejar que el paciente produzca su propio sentido 2) no pasar a los hechos y 3) no «tirar al paciente por la ventana».

-Damián le dice a Gustavo: «un placer escuchar tu articulación (de sus textos) con tu propia marca». Nos explica qué es un «cartel»: reunión de psicoanalistas para trabajar en torno a un tema que los cauce, «en nuestro caso pensar la relación entre literatura (escritura poética) y psicoanálisis». Nos cuenta que trabaja con pacientes psicóticos en general internados, con un dispositivo literario, para repensar la salud mental (como fue la desmanicomialización con experiencias en Italia, Argentina y otros). Nos lee el poema de Boccanera «Cuchara»: «nace del verbo dar, como si el corazón tuviera mango» «más humana que un perro, más a mano que Dios»

-Hernán leyó el libro de Damián. Opina que la poesía y la magia quedan libradas a un lugar marginal en la estructura educativa, como espacio ocioso, no productivo. «Sería bueno poder  incorporar lo poético a lo programático y troncal (desde lo extraprogramático y marginal). Según la Organización Mundial de la Salud «los psicólogos también son seres humanos»

-Aníbal. «Esto es lo que decimos en La boya! la poesía es central en el hombre». García Márquez en su discurso al recibir el Nobel hizo un brindis por la poesía: «Atraer los esquivos duendes de la poesía, único testimonio de la existencia del hombre sobre la tierra»

-Leo cita a Facundo Cabral: «si yo no hubiese hecho poesía mataba a mis padres» y nos recuerda al Artaud de «El ombligo de los limbos». Nos recomienda el libro «El salto de papá» de Martín Sivak.

-Javier lee algo propio, habla de la  «sinergía grupal que llamamos magia»

-Yo leo fragmentos de una entrevista a César Gonzalez (conocido como Camilo Blajaquis) aparecido en El cohete a la luna  que considero reúne los tres temas que hoy nos convocan:

César cayó al Instituto a los 16, con seis balas policiales, clavos en las piernas y pesando 50 kilos pero se las arregló igual, porque ya era quien era: el de sangre toba (¡otro indio!), el hijo que no había conocido a su padre, el mayor de seis hermanos, aquel que se colgaba del cable para ver pelis con su madre. En el Agote le tocó —por condena y por ascendiente— el sector de los más bravos. Al tiempo conoció a Patricio “Merok” Montesano, a quien definió como “un vago que daba taller de magia dentro de la cárcel”.

«Nos trataba bien —recordó César durante un reportaje—, no venía desde un lugar de profesor, ‘a ustedes, negritos, les voy a enseñar cómo es la vida’, que es muchas veces la postura de los talleristas en la cárcel. Nos trataba como personas, no como monstruos. Nos enseñaba un truco de magia y nos hablaba de Walsh, de Cooke, del Che, de lo que pasó en los ’70. Nos hablaba de arte, de poesía, de cultura… Al principio no le di importancia, ‘este loco de mierda, qué importa lo que dice, si total me quedan un montón de años’. Pero venía en serio, con pureza, para ayudar… Y comenzaron las preguntas, aparecieron los porqués: por qué nací en una villa, por qué tuve que ser pobre, por qué me tocó un contexto de mierda, por qué tuve que saber a los 7, 8 años que existen la cocaína y el porro y que vivo en un barrio donde la cultura es esa… Todo lo que sos es consecuencia de mamá y papá, te dicen. ¿Y alrededor de mamá y papá no pasa nada? Yo soy consecuencia de dos presidencias de Menem; no es poco lo que hizo esa basura en este país. Yo tenía 7, 8 años y me acuerdo del hambre que había en el barrio, la miseria que había. ¿Cómo mi psicólogo puede olvidarse, saltearse eso que es tan obvio?»

(Al César lo que es del César, Marcelo Figueiras) en El Cohete a la luna, febrero 2019.

Graciela García

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2 Respuestas

  1. silvia bottallo

    Es como desenrollar un viejo pergamino y reconocer que uno metió mano en esos jeroglíficos, en qué vida? Porque “las musas” o como se llame lo que nos llama a escribir de algún extraño lugar sale!
    Ancestral ? metafísico ? Jugoso!!!

  2. Hermosa síntesis! Como nuestros encuentros! Gracias Aníbal y a tod@s los participantes!
    A seguirla!
    Abrazo!

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