UNA COPLA

UNA COPLA

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Va como anticipo a la presentación de Coplas de orilla en la Feria del libro de Mar del Plata, este domingo a las 18 en Yrigoyen 1549. Con un fragmento del manuscrito original (grafólogos abstenerse).

XXIII

 (Pesca con su hermano en el mar mientras atardece)

Lo que estoy contando no termina nunca porque nunca empezó versea gira

de una línea a otra van y vienen como estas gaviotas grises sobre el mar en

tanto la luna toma forma de luna sobre el agua fue así en el centro de la

tarde ella era una insinuación lejana una especie de mueca princesa del

horizonte luego luego el sonoro estruendo del oleaje ruidoso bullanguero se

fue animando curiosamente a medida que se alejaba la luz frente suyo se ar

maba otro escenario un remolino alocado de muchos colores mezclados matices

que se iban mostrando en un baile de oeste sobre dunas era como si el sol

lanzara sus manotazos de ahogado lo espié mientras encarnaba el anzuelo y

pensaba que no se puede escribir mientras se encarna o se tensa la caña

una cosa o la otra me zambullo en el agua helada grito aúllo de placer de

frío respirar después arena moscas moscardones sutiles ronroneos del viento a

quietado atardecer es el momento de la intimidad la luna empieza a dejar

su huella blanca en la superficie en el ancho dorso del mar centelleos plateados

podría decirse lo mismo de las gaviotas que elongan sus cuellos suspendidas en

el aire manso yoga natural veo veo en el silencio en lugar de encerrarme a

esperar que vengan los ladrones emito sin querer queriendo estos eructos perfuma

dos salen en bocanadas aves de alas blancas brillan en la oscuridad del aire

rasgándola sin sonido alguno dejo rodar pacíficamente una a una mis cabezas son

parte ya de la conchilla refrescada a cada instante por la marea que sube o la brisa

que la roza ruedan son tres cabezas ya desgajadas desprendidas del árbol de mi

cuerpo una canta unos versos inaudibles la otra se desintegra bruscamente

en el colchón de arena la otra se convierte en trescientos millones de gaviotines se

pierden todo se pierde en el mar hasta mi voz que vacila ella también se suma

al momento en que la naturaleza hace una pausa para mostrarse en un raro es

plendor instantáneo cuando no es no somos ni noche ni día sueño o vigilia la hora

de clavar nuestro cuchillo en la espesura fugaz de lo creado hasta el mar reza

sus oraciones de rodillas de pie con las  manos los brazos de espuma en alto has

ta el cielo se ha tendido suavemente sobre el agua y la playa la tierra toda

en una unánime eucaristía (todo es uno) ahora respiro profundo mis dedos

sueltan las escamas los peces que habían muerto resucitan cobran alas imprevista

mente y esperan la orden para volar hacerse pájaros lanzarse a otros

horizontes entonces estalla el verso veo en el silencio veo en el silencio lo más

el mayor don de las musas lo dijo él unos meses antes de morir ya está se

hizo esta breve despedida el viento da la pauta la orden de arrancar ya

viene galopando suave desde el noroeste aire de campo que cae sobre el mar y

este cuándo no responde con sus mil millones de gargantas frescas siempre

nuevas jóvenes azules blancos dientes y lenguas vuelve a ponerse en marcha

el carro del sol se fue es solo un latido que suena allá lejos encima de un

velo anaranjado fucsia gris oscuro el día se arranca los últimos pelos de  luz

promete volver no termina porque nunca empezó su viaje ya estaba antes de

los caminos llegó quién sabe cuándo esto que digo ya lo dije antes lo dijeron

otros caminaron por esta misma orilla bajo el amparo actual de las

estrellas son ahora unas cuantas me tocan con su brillo los párpados la frente

al fin vuelvo de hablar con el mar el universo sigue aquí en la palma de

mi mano hay una piedra marina en mi escritorio en ella todas las olas se

aquietaron como el dios infinito en el tallo de una flor de cactus la piedrita

tiene forma de dolmen a simple vista no es casi nada pero si bien se mira

encierra finísimos infinitos poros formas nervaduras rajaduras espacios oque

dades la guardo conmigo para que ella cada tanto me recite rece me cante

sus íntimas canciones su piel rugosa me recuerda lo que dejé en la orilla toda

la carnada sobrante y la voz de mi hermano surfeando con las pequeñas olas que

llegaban unas tras otras lentamente a lamerle los pies a enredarse en el humo de

su cigarro la espuma se metía por sus dedos subía hasta su boca y

emitía los sonidos articulados que escuchaba las voces eran el adorno inte

ligente del aire salado la bruma la luz blanca puro gesto brillante de

la luna enseñoreada definitivamente sobre el mundo palabras que navegaban

también por esa estela luminosa rodeada de noche islas palabras que

envolvíamos en sus círculos sonoros los aleteos los picos largos de los ostreros sal

taban de rama en rama de la frondosa selva éramos parte y parte de un

sueño casi sin vernos siluetas movimientos azules más densos materiales de

la misma substancia que nos envolvía y hacia atrás había tantos mares

era impactante estar ahí había una tela rasgada se entraba oh misterio a

un espacio tan real y diurno reconstruido dicen era palpable su espesor

habíamos estado creciendo mucho allí en el agua en la misma orilla tal

vez bajo estas mismas estrellas solíamos ser niños entrelazados qué destino un

azar o las secretas leyes que rigen este enigma vamos y vamos y segui

mos hablando por turnos haciendo volutas de humo con palabras se

suman a la marea que está bajando entonces el oleaje en la orilla se hace

más pronunciado te acordás nos acordamos salen corvinas rubias cazones le

janos pejerreyes tardes de sol amaneceres miedos intraducibles cuento cuento

no tiene final ni principio nunca empezó eso no lo recordamos ya  una

vez de súbito estábamos en el mundo contando contando haciendo nues

tras libaciones de palabras ritos de decir y decir hasta las pausas que nos

iluminan a veces incluso vemos en el silencio las verdades que quedan a

pretadas entre una palabra dicha y la otra cuando cesamos en nuestro

oleaje medio desesperado medio balbuceante viene de lejos ya de

cuando éramos chicos había que ver esos dos cómo miraban todo sin hablar y

ahora siguen acá de pie frente al océano buscando qué decir de estas dimensio

nes vamos y venimos pero estamos siempre aquí meditando buscando qué

decir decirnos usted tiene también seguramente una historia nació con alguien

en el costado una vida que se hizo paralela junta es más difícil y a la vez

más fácil ver el abismo que nos distancia está está los puentes viejos y nuevos

lo cruzan de ida y vuelta lo miramos sonriendo en ese pozo interminable ca

yeron los días las risas los llantos los cuerpos que amamos juntos padres ma

dres hermanos amigos rostros y voces cuyos ecos ya no escuchamos por suerte

estamos aquí olvidados de todo eso que yace a nuestros pies estamos como el mar

haciendo aguas respirando como si nada en el mismo lugar con nuestras

voces y palabras de nuestros hondos pulmones salen eructos perfumados pájaros

vuelan desde la orilla hacia el mar oscuro siguen la estela de la

luna cuando estemos durmiendo ya se habrán ido lejos a sumarse al

coro interminable que viaja hacia el horizonte volverán con el día las alas las

olas nuestras palabras puentes para que podamos seguir abrazándonos sin morir. Copla XXIII (fragmento)

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