La poesía y el mar

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En la antigüedad y en el presente, y en nuestra cultura.

Textos del encuentro del sábado 8 de noviembre de 2025, en la librería El Ventanal del Mar del Plata

*

Santos Vega

(Frag…)

Pues tan quemante era el viento

Que del naciente soplaba,

Que al pasto verde tostaba;

Y en aquel mesmo momento

La higuera se deshojaba.

Y una ilusión singular

De los vapores nacía;

Pues, talmente, parecía

La inmensa llanura un mar

Que haciendo olas se mecía.

Y en aquella inundación

Ilusioria, se miraban

Los árboles que boyaban,

Allá medio en confusión

Con las lomas que asomaban.

(…)

Hilario Ascasubi

*

Don Segundo Sombra

(frag. cap. 16)

“De pronto, una franja azul entre las pendientes de dos médanos. Y repechamos la última cuesta. De abajo para arriba, surgía algo así como un doble cielo, más oscuro, que vino a asentarse en espuma blanca a poca distancia de donde estábamos. Llegaba tan alto aquella pampa azul y lisa que no podía convencerme de que fuera agua”.

Ricardo Güiraldes

*

Al atardecer suele llegar el mar,

descubre sus cardúmenes de recuerdos, sus millones

de alitas de minutos ocurriendo ni Dios sabe desde cuándo

hechos nada más que del agua de estar y golpear.

Llega cuando el sol está poniente

y el día transita por otras mensuras y cascos terrestres.

Esa es la hora del día en que ahoga el mar.

A esa hora en la casa me deja con reflujo de flores

y barnices, en duelas de los días

de amargor. 

Y yo me cobijo sobre una hoja en blanco

donde dibujo la casa con mis iniciales

en el umbral, para que el mar que voy dejando,

cuando suba, sepa que ya me visitó

al final del día, una vez más,

durante este siempre, con su tiempo evaporado.

Y me otorgue otro día.

Nestor Groppa

(Jujuy)

*

«Entre dos fondos, en la superficie del mar, todo pesa menos»

Hay algo único en nadar
cuando se acerca una tormenta.
Sorprende y tranquiliza ver boca arriba
la velocidad con que el aire frota
las partículas de los cúmulos grises y blancos.
Se puede con cada brazada tocar
la intemperie, mar adentro.

Nadás de espaldas. Y tus ojos flotan
con tu cuerpo, sin resistirse,
en otras aguas, en un archipiélago de nubes
entre la visible consistencia
y las más transparente inconsistencia.
La corriente te lleva a donde quiere,
rendido a su deseo y su fuerza.

Pensás que también así debería flotar
tu pequeña historia, sobre el doble fondo,
entre toneladas de relámpagos
y el sordo respirar de los peces.

Osvaldo Picardo

(Del libro: 21 gramos)

*

El ángel de las botas

Como botas de ahogado,

mis botas junto al mar se han azulado.

Mis botas sin jinete

y en espuma de mar, no de caballos.

Sus puntas ya no sienten

mi cuerpo en los estribos, casi alado.

Y mis piernas no surgen

de su cuero, tirante hacia lo alto.

Sin botas por la arena,

corro hasta ellas sonriendo, y con mis manos

las alzo. Y frente al agua

las afirmo de nuevo, arrodillado.

Surgiendo de mis botas,

como a golpes de viento se ha formado.

Y por olerlo rueda

el mar hasta mis botas, disparado.

En medio de su cuerpo

crecen olas, lamiéndolo y quebrándolo.

Azul de brazo a brazo,

sus pulmones son cielos destrozados.

Cintas blancas y azules

atan su pelo al sol. Y es todo blanco

desde las cortas alas

hasta el vientre. Mis botas más abajo.

Volteadas por el viento,

mis botas caen al fin. Y arrodillado

abrazo más que viento.

Abrazo al ángel que hice con mis manos.

Héctor Viel Temperley

*

El silencio

Y va a romper, porque ya se hizo labio.
Y va a romper la ola en este instante.
Todo a lo largo de este mar es una,
y en lo más alto de su labio estira,
todo a lo largo de este mar, un filo
que me corta el aliento.
En este instante,
todo a lo largo de su filo el viento
corre de sur a norte, y como flecha
va haciéndole saltar blancas astillas,
va a largos saltos con sus plumas blancas.

En un instante, sólo en un instante,
emplumado y silbante, libre y bello
pasa ante mí el silencio.

Héctor Viel Temperley

*

Voy

Voy

como una botella

flotando en el mar,

con la cabeza fuera del agua.

Sin brazos,

fresco,

besado verde

por todos lados.

Héctor Viel Temperley

*

Hoy

Hoy
difícil ver algo más lindo
que ese gallo de espuma
que se para en las piedras.

Héctor Viel Temperley

*

Estoy sobre la arena, medio metro

Estoy sobre la arena, medio metro
sobre el nivel del mar.
En la pista de aterrizaje
de los ángeles.

Cada escuadrilla que baja,
empuja un aire tibio
que corre por mi espalda.


Héctor Viel Temperley

*



Necesito oler limón, necesito oler limón

Necesito oler limón, necesito oler limón.
De tanto respirar este aire azul,
este cielo encarnizadamente azul,
se pueden reventar los vasos
de sangre
más pequeños
de mi nariz.

Héctor Viel Temperley

*

Como humildes ratones

Buscando los restos

De la hostia del Amanecer

Caminan por las rocas

Cinco monjas.

Van mirando hacia abajo,

Hacia sus pies descalzos

Y blanquísimos.

(Para buscar almejas,

Una lleva un cuchillo.)

Héctor Viel Temperley

*

Horacio, Libro I, Oda V

Quis multa gracilis te puer in rosa
perfusus liquidis urget odoribus
grato, Pyrrha, sub antro? //
cui flauam religas comam,

simplex munditiis?  // Heu quotiens fidem               5
mutatosque deos flebit et aspera
nigris aequora uentis
emirabitur insolens, //

qui nunc te fruitur credulus aurea,
qui semper uacuam, semper amabilem               10
sperat, nescius aurae
fallacis. // Miseri, quibus

intemptata nites. // Me tabula sacer
uotiua paries indicat uuida
suspendisse potenti
uestimenta maris deo.

(Leído y comentado por Arturo Álvarez Hernández)

*

Horacio, Libro I, Oda V

(Versión de Fray Luis de León)

¿Quién es, ¡o Nise hermosa!,

con aguas olorosas rocïado,

el que en lecho de rosa

te ciñe el tierno lado,

y a quien, en nudos bellos,

con simple aseo, pura, los cabellos

ordenas? ¡Quántas vezes

su dicha llorará y [tu] fe mudada!,

y del favor las vezes;

¡ay!, y la mar airada,

sus vientos, su rencilla

contemplará con nueva maravilla.

 El que te goza agora

y tiene por de oro y, persuadido

de liviandad, te adora,

y ser de ti querido

y siempre y solo espera,

no sabio de tu ley mudable y fiera,

es triste; y sin ventura

en cuyos ojos luces no provada;

yo, como la pintura

por voto al templo dada

lo muestra, he ofrecido

mojado al dios del mar ya mi vestido.

*

    Horacio, Libro I, Oda V

 ¿Qué grácil muchacho bañado en perfumes,

oh, Pirra, te apremia por entre las rosas

de la agradable gruta?

         ¿Para quién con estudiada

    sencillez tu pelo rubio peinas? //  ¡Cuánto

llorará tu engaño y el mudar divino

con inexperto asombro

         ante el mar que negros vientos

    agitan! Ahora toda de oro gózate

el crédulo, siempre suya, siempre amable,

y nada de esas auras

         engañosas sabe. ¡Pobres

    los que sólo ven tu brillo! // En el sacro

muro una tablilla votiva dice que mis ropas

húmedas se ofrendaron

        al potente dios del mar.

(Versión de Fernández Galiano)

*

Aquella Cantina en la ribera

(José Gonzalez Castillo y Ovidio Catulo González Castillo)

Brillando en las noches del puerto desierto,
como un viejo faro, la cantina está
llamando a las almas que no tienen puerto
porque han olvidado la ruta del mar.

Como el mar, el humo de niebla las viste
y envuelta en la gama doliente del gris
parece una tela muy rara y muy triste
que hubiera pintado Quinquela Martín.

Rubias mujeres de ojos de estepas,
lobos noruegos de piel azul,
negros grumetes de la Jamaica,
hombres de cobre de Singapur.

Todas las pobres almas (barcas) sin rumbo
que aquí a las playas arroja el mar,
desde los cuatro vientos del mundo
y en la tormenta de una jazz-band.

Pero hay en las noches de aquella cantina
como un pincelazo de azul en el gris,
la alegre figura de una ragazzina
más breve (brava) y ardiente que el ron y que el gin.

Más brava cien veces que el mar y que el viento,
porque en toda ella como un fuego son
el vino de Capri y el sol de Sorrento
que queman sus ojos y embriagan su voz.

Cuando al doliente compás de un tango
la ragazzina suele cantar,
sacude el alma de la cantina
como una torva racha de mar.

Y es porque saben aquellos lobos
que hay en el fondo de su canción
todo el peligro de las borrascas
para la nave del corazón.

*

Árida voz

        I

Algo suelta su voz extendida

en la llanura ancha, callada e indiferente.

Nada contesta,

sólo la arena golpeando obstinada

y el día del hombre,

acabándose

                 II

El paso lento y perezoso me lleva y regreso,

sin voluntad,

ocioso,

a la orilla imprecisa de mar y llanura.

Tanteo en la ardua intimidad de estas tardes acontecidas en silencio:

imposible apagar la sed; calmar la garganta reseca y abrasada o ignorar lo suspendido: el alma.

El gesto fue irme, pero se hace larga la mirada un día

y suele acatar el hombre fiel a lo que indeciso se obstina y perdura:

lo mismo,

espera y esperanza, cosa quieta y desnuda. *

                                                   III

Una voz resiste en la tarde,

una voz para llenar esta soledad inmensa:

lo extendido y desamparado,

la patria.

Sin flores que se abran, árida y lisa la voz,

escasa.

  • Nota: Se pretende del término “mismo” lo que de él señala M Heidegger:

no dice “lo igual”, dice “lo uno y lo otro”

*

II parte:

De la tarde           

                l

                                                               Domingo de guardia.

                                                                Hospital de Miramar.

A través de la ventana,

el día gris vuelca su melancolía.

Nada distingo:

la vida es una mancha de árboles

desvaneciéndose.

Roberto Boldini

**

Relación con mi poema:

Avenida ocho

 Cada mañana tus jardines

despiertan en mis ojos

y me hundo en tu atmósfera de cielo

y en tus álamos de madera luna.

En las campanas de las hojas

el mar canta una armonía salada.

El rocío flota sobre los techos

y el viento teje un destino en mi frente

mientras avanzo entre madreselvas claras

o con la escarcha del invierno

desvaneciéndose.

De mi libro: Orillas

*

De sal y campanas

                                         … ¿Qué hanno le campane

                                                                                     que squillano vicine,    

                                                                                     que ronzano lontane?

                                                                                              Páscoli    

Hospital Marítimo.

Alta sobre la copa quieta de los árboles se divisa la torre, su erguida soledad.

Alienta a quien al mirarla apura el paso sobre los escarchados senderos de la plaza y anticipa lo abrigado, el hogar.

La capilla convoca los corredores largos, la fatiga y el ruego: las almas.

Silencioso estar,

cobija.

Roberto Boldini

*

Cantos de Inocencia (frag)

Proemio pseudo-clásico

Descended, Musas, del monte Parnaso

y chapotead ese trecho desde el Mediterráneo

veníos al Sur, acá abajo, nadando

y soplad en mí un nuevo canto

no me neguéis, hermanas, unos amargos

devenid rioplatenses, que en esta tierra ando,

y si no es en hexámetro, acompañadme payando

que, Dios quiera, sonaré mejor que callando

así que sin lira, o siquiera vihuela

dediquemos la voz a lo que ustedes quieran

al modo del vate, sin laburo alejandrino

soltemos la lengua, y que importe un comino

el camino que lleve las palabras al oído

con modelo Saturnio, al consejo de Sileno

abramos ese novi y que Baco haga el resto.

La diferencia entre vate y un hippie cualquiera

son ustedes, las Musas, voz de otra era

orientad entonces, la garganta mía

y de sincretismo y menjunje, que se apiade María

mientras parimos la gesta que os voy a contar

recemos porque alguien la quiera escuchar

*

XIII yambos tridecasílabos a XIII

Ídolos tridecasílabos adentro nuestro

hay un pagano, un bárbaro o un varón salvaje

que se esconde y que salta alegre en el follaje

que canta y baila y que interpreta siete flautas

no tienen pies ni dientes suyos una pausa

corre, trota, come, aúlla, ruge, muge y huye

por laberinto, hoja, rama, llano, Pampa

no hay sendero o paso firme que él camine

pisa suelo arisco y suelo arisco queda

canta a Pan y come el pan con tanta levadura

que todavía en su panza crece, juega, dura

silva a ninfas, bebe en grutas por (el) hombre ignotas

cuernos o astas lleva en frente y pezuñas en pies

cuero por piel, chiva verde y rústicos altares

y sus VII tridecasílabas vanidades

en ellos sacrifica gente, vino y animales

sus ojos fuego, fuego risa y fuego genitales

tierra su carne, agua su sangre y su esencia aire

por nadie vive, a todo adora y al mundo desflora

rústico pagano silvano goliardo raro

¿qué no está en su canto? ¿qué su pecho no desea?

¿qué sagrado queda? ¿qué su mano no profana?

Martín Devoto

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