La poesía y el mar. 18 de junio de 2026 a las 18. Museo Nacional de Bellas Artes, CABA.
“La luz del mar”
La poesía y el mar en el Museo Nacional de Bellas Artes, acompañando la presentación de La luz del mar, libro de Natalia Novaro sobre su viaje a la Antártida, escrito en Villa Gesell. Les paso los textos que leímos, con un esquema del guión de la charla, durante las cuales se pasaron imágenes del libro. Natalia es artista plástica, y trabaja en el MNBA desde hace varios años. En su libro une los relatos del viaje, fotografías y pinturas.
- Antártida// Llamado, magnetismo. Atlántico, de Juana de Ibarborou.
Antártida (a manera de introducción) Lee Natalia Novaro
A orillas del mar Argentino, donde la costa se abre al océano y recibe sus mareas y sus vientos, el dibujo del continente, a veces toma la forma de la proa de una embarcación cuyo rumbo es el sur.
Desde allí, desde esa orilla, si se deja viajar la mirada como en una navegación, en ocasiones se hace perceptible un raro magnetismo, semejante a la influencia de un astro sobre las aguas, una particular atracción que irradia el continente antártico.
La Antártida, el territorio que guarda en su centro uno de los polos magnéticos de nuestro planeta, parece emanar también un magnetismo de otra naturaleza, espiritual e intangible. El viento que llega desde el sur acerca ese llamado, haciendo crecer las olas y transfigurando a su paso el mar. Un paisaje violento alcanza la playa, formado por las imágenes que arrastra el aire frío. Se diría que el mar, cuando muestra esta faceta, nos está hablando del lugar en donde se origina la fuerza del movimiento que vemos, atrayéndonos hacia él. Como si existiese una suerte de pendiente submarina que nos lleva a viajar mentalmente hacia el sur, hacia los paisajes antárticos.
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Atlántico (Lee Aníbal Zadívar)
Océano que te abres lo mismo que una mano
A todos los viajeros y a todos los marinos:
Tan sólo para mí eres puño cerrado,
Para mí solamente tú no tienes caminos.
Jamás balanceará tu lomo milenario
La nave que me lleve desde esta tierra mía,
Ondulada y menuda, a las tierras que sueña
Mi juventud inmóvil y mi melancolía.
¡Ah! océano Atlántico multicolor y ancho
Cual un cielo caído entre el hueco de un mar:
Te miro como un fruto que no he de morder nunca
O como un campo rico que nunca he de espigar.
¡Ah! océano Atlántico, fiel leopardo que lames
Mis dos pies que encadenan el amor y la vida:
Haz que un día se sacien sobre tu flanco elástico
Esta ansiedad constante y este afán de partida.
Juana de Ibarborou
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- Antártida I Lee Natalia Novaro // Navegación. Mito griego de Orfeo y los delfines: narra Aníbal Zaldívar.
Cuando era chica, mi padre, que solía navegar mucho, me contaba que de noche, cuando el mar moja, las velas parecen llenas de estrellas.
Yo nunca había visto estas luminiscencias del mar, hasta la noche en que finalmente navegábamos saliendo del canal de Beagle rumbo a Antártida.
Habíamos zarpado de Puerto Williams esa tarde, después de algunos días de espera por cuestiones meteorológicas. Navegamos un atardecer que alternaba lluvias, cielos naranjas y arcoíris por todas partes. A los costados del canal, las últimas estribaciones de la cordillera.
Se fue haciendo la noche, bastante cerrada y sin luna. Solo había, al sur, un resplandor claro en el horizonte. La ladera de la montaña ya tampoco se veía, pero nos llegaba el perfume de bosque. La estela del barco empezó a brillar.
Mirábamos desde la cubierta este paisaje del Beagle nocturno, cuando nos sobresaltó otra estela brillante, se la vio llegar desde lejos y nos alcanzó como una flecha. Entonces frenó el nado, acompañando al barco. Nos dimos cuenta de que era un delfín cuando saltó junto a nosotros y el agua fosforescente que llevaba pegada al cuerpo nos lo mostró dibujado al detalle. Después volvió a sumergirse, abriendo una estrella de luz en el agua oscura. Siguieron llegando durante varias horas, de a uno o de a dos; se acercaban al ver pasar el barco. Nos acompañaron hasta muy tarde. Parecía que nos deseaban buen viaje.
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Mito de Dionisio y los Delfines. Narra Aníbal Zaldívar.
En la mitología griega, tras ser raptado y llevado en un barco por piratas tirrenos (marineros que intentaron venderlo como esclavo), Orfeo tocó su lira mágicamente. Esto provocó que floreciera hiedra en los remos, el barco se detuviera y los piratas enloquecieran, saltando al mar donde fueron transformados en delfines.
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- Antártida IV. (fragmento)// Viaje. Homero: El ancho lomo del mar…Odisea III y IV Lee Haydeé Cabanelas.
Llegar a Antártida nos llevó cuatro días de navegación durante los cuales la vida a bordo transcurrió dentro de la cabina. La cubierta, en el pasaje de Drake, siempre es peligrosa, pero hubo momentos en que se pudo salir a mirar el mar y a respirar el aire frío de la superficie. La escala del océano en esas latitudes, la sensación de lejanía, de inmensidad, resultaban subyugantes.
El oleaje parecía no seguir ningún patrón regular o dirección en particular. Recordé una frase de Vito Dumas, él hablaba de “el lomo de las olas”, y es que aquel mar, por momentos, daba la idea de tener vida, tan pesado y profundo era su movimiento, como si se tratase de metal fundido y no de agua… las olas parecían animales que se iban entrelazando entre si…
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Citas de la Odisea de Homero, en donde se habla de “El ancho lomo del mar”. Narra Aníbal Zaldívar
“Allí Menelao aconsejaba a todos los aqueos a volver sobre el ancho lomo del mar…” (III.140).
‘ ἔνθ᾽ ἤ τοι Μενέλαος ἀνώγει πάντας Ἀχαιοὺς III.141
νόστου μιμνήσκεσθαι ἐπ᾽ εὐρέα νῶτα θαλάσσης,
(νῶτα: espalda, dorso, lomo, superficie del mar…
οὐδ᾽ Ἀγαμέμνονι πάμπαν ἑήνδανε: βούλετο γάρ ῥα
“¿Qué necesidad te trajo aquí, héroe Telémaco, a la divina Lacedemonia, sobre el ancho lomo del mar? (IV. 312).
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- Antártida VIII. (fragmento) Lee Graciela Rapaport// Campo. Ascasubi: Santos Vega. Lee Graciela Rapaport.
A estribor, el horizonte se mostraba luminoso; los destellos del campo helado provocaban una particular claridad en las nubes, muy bajas por el frío, conocida como iceblink, o resplandor de hielo. Para los navegantes de latitudes polares, este tipo de luz es señal de que la banquisa de hielo flotante cerrará el paso en esa dirección. Al contrario, el cielo oscuro por la ausencia de estos reflejos, o cielo de agua, muestra una zona de mar abierto y navegable.
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Santos Vega
(Frag…)
Pues tan quemante era el viento
Que del naciente soplaba,
Que al pasto verde tostaba;
Y en aquel mesmo momento
La higuera se deshojaba.
Y una ilusión singular
De los vapores nacía;
Pues, talmente, parecía
La inmensa llanura un mar
Que haciendo olas se mecía.
Y en aquella inundación
Ilusoria, se miraban
Los árboles que boyaban,
Allá medio en confusión
Con las lomas que asomaban.
(…)
Hilario Ascasubi
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- Atlántico I. (fragmento) Lee Natalia Novaro// Orilla/ Infinito. Mi poema: Salvo las olas… Lee Aníbal Zaldívar.
Anoche, una noche de otoño desde mi taller en Villa Gesell, durante un temporal se cortó la luz en parte de la ciudad. Entonces se vio cómo la iluminación eléctrica había estado ocultando el paisaje. Sobre la profunda oscuridad del agua, la espuma de las olas embravecidas por la tormenta fosforescía levemente y dejaba ver las formas del mar y la violencia de su movimiento. Las nubes bajas, corriendo a gran velocidad sobre la superficie, también se veían pálidamente iluminadas desde abajo. Agua y cielo se fundían en el horizonte, en una zona de bruma y negrura insondable.
La imagen del océano entrando en el invierno… la visión de la noche poblada de luces sobrenaturales… encontrarse junto a una orilla hacia el infinito
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Salvo los labios que murmuran
el resto del mar está muy quieto
replegado, huraño, silencioso, lejos.
Salvo la boca que gime jadeando
cansada y renovada a cada instante
la espalda enorme es sorda y enigmática.
Salvo los dientes blancos de las olas
que ríen abiertos y se cierran de golpe
el infinito es intemperie ciega.
Como yo, los pastos de la orilla, las aves
los tamariscos de pestañas finas
lo miran transcurrir, lo escuchan todo el tiempo.
Salvo los ojos, las bocas, los oídos
que nos hacen ruidosos y evidentes
somos abismo que respira y duerme.
(del libro: Rosas del desierto, 2017)
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- Antártida IX. (fragmento) Lee Natalia Novaro// Vida-muerte. José Emilio Pacheco: Los peces. Lee Gabriela Bauer.
Seguimos internándonos en la bahía Paraíso; allí se encuentra una de las bases argentinas que visitamos, base Brown, rodeada de montañas y de hermosas vistas hacia el mar. Alberga diversos proyectos científicos de investigación; entre ellos, conocimos la historia de los peces hielo.
Son traslúcidos; su sangre es incolora y posee substancias anticongelantes que impiden la formación de cristales de hielo, lo que les permite vivir en aguas antárticas. Cuando avanza el invierno, mientras el océano Circumpolar se transforma en un anillo congelado que rodea el continente hasta llegar a duplicar su tamaño, y otras especies viajan al norte buscando la luz, bajo la banquisa, el transparente pez hielo sigue nadando durante la noche, invisible al frío y a la oscuridad.
A través de los siglos, ya que es una criatura muy antigua, abandonó los genes que, en los seres vivos, regulan los ritmos circadianos de adaptación a la luz del día y a la noche. No los necesita para permanecer dentro de las gélidas tinieblas. Debe ser muy bello, en su movimiento que se confunde con el océano al nadar, camuflado en la forma del agua. Con sus aletas que parecen alas, vuela bajo el mar helado.
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Tratado de la desesperación: los peces
Siempre medita el agua del acuario
Piensa en el pez salobre y en su vuelo
reptante
breves alas de silencio
El entrañado en penetrables líquidos
pasadizos de azogue
en donde hiende
su sentencia de tigre
su condena
a claridad perpetua
o ironía
de manantiales muertos tras dormidas
corrientes de otra luz
Claridad inmóvil
aguas eternamente traicionadas
o cercenado río sin cólera
que al pensar sólo piensa en el que piensa
cómo hundirse en el aire
en sus voraces
arenales de asfixia
Ir hasta al fondo
del invisible oleaje que rodea
su neutral soledad
por todas partes
José Emilio Pacheco
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- Antártida XI. (fragmento) Lee María Isabel Novaro// Whitman: Desde la cuna que sin fin se mece… Lee Haydee Cabanelas.
Dejábamos ya por la aleta las últimas estribaciones de las Shetland; sus montañas nevadas se diluían en la atmósfera diáfana de un día celeste, semejantes a nubes blancas en el horizonte. Pasé esa mañana en la cubierta, tratando de atesorar lo mejor posible en la memoria el paisaje de las islas antárticas alejándose en el mar. Emprendíamos el regreso hacia el norte después de casi un mes de una navegación por mares que parecían haberse salido del tiempo.
Al día luminoso en que dejábamos el archipiélago, le sucedió un atardecer más sombrío; el paisaje poco a poco se fue envolviendo en tonos brumosos. Ya en la cabina, me dejé mecer por la sensación de que el barco, a medida que navegaba hacia aguas abiertas, se iba transformando lentamente en una cuna que movían las olas.
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“Desde la cuna que sin fin se mece” (frag) Walt Whitman
Entonces el mar me respondió,
Sin demora, sin prisa.
Me susurró toda la noche, y muy claramente antes del alba,
La grave y silenciosa palabra muerte,
Y de nuevo muerte, muerte, muerte, muerte,
*
La palabra del canto más dulce y de todos los cantos,
Esa palabra sonora y deliciosa que, deslizándose hasta mis pies,
(O como una anciana envuelta en livianos ropajes que se inclina sobre la cuna y la mece)
Me susurró el mar.
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- Atlántico II. (fragmento) Lee María Isabel Novaro// Mensaje. Llamado. De mi poemario inédito, que publicaré este año: “El mar en la ventana”.Selección y lectura de Juliana Jeanneret.
Cuando el océano se va sumergiendo en el invierno, a orillas del mar Argentino llegan ecos de la Antártida. El aire helado que navega desde el sur, al avanzar sobre el mar, se condensa en nubes oscuras que se concentran cada vez más sobre sí mismas hasta transformarse en lluvia. Desde la playa se las puede ver viajar cerca del horizonte, en forma de pequeñas cortinas de agua, por momentos ocultando, por momentos develando un cielo celeste azufre, verdoso de frío, como teñido de noche en pleno día. Tras de sí, las nubes dejan estelas de pálidos arcoíris fugaces que se diluyen rápidamente; sombrías nubes de frío, como mensajes de zonas australes.
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El mar en la ventana (selección):
Dar tiempo al silencio, dar espacio al vacío, escuchar pero primero vaciar los oídos; ver, pero primero estar ciego (…) No tiene melancolía, el mar. El tiempo está en su agua. Nace, muere, no envejece (…) Misterio. Distancia. Alcanza con un instante de verlo, de no verlo, para la revelación. Abro la ventana para ver, para no ver. Me pierdo en el silencio oscuro (…) Sube un brillo detrás de las montañas. La estrella navega a la vía láctea sin banderas. Patria, territorio de ausencias. Nadie se queda en el paraíso. Toman sus frutos, huyen (…) Las olas del cielo me trajeron. Deriva. El mar es el ojo ante el que me desnudo (…) Libertad. Amor. Oleaje tormentoso o calmo. Caerá la noche y no veré las olas eternas. El eco seguirá en mí (…) Ahora termina el largo despertar, cambia la estación del año. Se llevó a sus entrañas lo suelto, lo disgregado, y lo hizo vida, silencio.
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- Atlántico III. (fragmento) Lee Natalia Novaro// Viento. D´Annunzio: El viento escribe. Traducción y lectura de Daniel Martínez Rubio.
Sigue avanzando la estación hacia el solsticio de invierno. Por las noches, el sonido de la rompiente llega hasta mi mesa de escribir. Las primeras tormentas intensas de fines del otoño comienzan a hacerse sentir en la costa bonaerense. Los vientos a veces obligan a permanecer a resguardo, en una intimidad protegida por la música del mar.
Cuando vuelve a abrirse el cielo después de un temporal, el sol en el cenit permanece bajo, iluminando la superficie del agua de manera rasante y proyectando sombras donde se levanta la ola; la extensión del mar adquiere un matiz oscuro en pleno mediodía. Las sombras, que contrastan con la luz brillante, velan el paisaje de misterio.
Hace unos días pasó una de estas tormentas sobre el Atlántico, azotando la orilla en su camino. Cuando finalmente calmó, en los valles de entre las dunas de la playa se habían formado lagunas, rastros de la lluvia que tardaron en drenar hacia el mar en forma de finos hilos de agua dulce, sinuosos y curvilíneos, siguiendo el dibujo de su propio curso. El cielo muy brillante se reflejaba en estas líneas de agua en movimiento, y las teñía de celeste y turquesa. Sus formas intrincadas las hacían parecerse a una escritura. Otros mensajes de la luz escribiendo en la arena.
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Il vento scrive
Su la docile sabbia il vento scrive
con le penne dell’ala; e in sua favella
parlano i segni per le bianche rive.
Ma, quando il sol declina, d’ogni nota
ombra lene si crea, d’ogni ondicella,
quasi di ciglia su soave gota.
E par che nell’immenso arido viso
della pioggia s’immilli il tuo sorriso.
*
El viento escribe
Sobre la dócil arena el viento escribe
con las plumas del ala; y en su palabra
hablan los signos por las blancas orillas.
Mas, cuando el sol declina, de cada nota
sombra leve se crea, de cada pequeña onda,
casi de pestaña sobre suave gota.
Y parece que en el inmenso árido rostro
de la lluvia se multiplica tu sonrisa.
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- Cabo de Hornos V. (fragmento) Lee Graciela Rapaport // Baudelaire: El albatros. Lee María Isabel Novaro.
Finalmente aparece a proa la isla de Hornos; vemos a lo lejos su faro en el acantilado, y el monumento a los marineros que murieron aquí, en las aguas más peligrosas del planeta; es la figura calada en acero de un albatros, el enorme pájaro color del alba que poco después de nacer se dirige al océano abierto, y allí permanece casi toda su vida. Según se dice, en él reencarnan las almas de quienes mueren en el mar.
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El albatros
Por distraerse, a veces, suelen los marineros
Dar caza a los albatros, grandes aves del mar,
Que siguen, indolentes compañeros de viaje,
Al navío surcando los amargos abismos.
Apenas los arrojan sobre las tablas húmedas,
Estos reyes celestes, torpes y avergonzados,
Dejan penosamente arrastrando las alas,
Sus grandes alas blancas semejantes a remos.
Este alado viajero, ¡qué inútil y qué débil!
Él, otrora tan bello, ¡qué feo y qué grotesco!
¡Éste quema su pico, sádico, con la pipa,
Aquél, mima cojeando al planeador inválido!
El Poeta es igual a este señor del nublo,
Que habita la tormenta y ríe del ballestero.
Exiliado en la tierra, sufriendo el griterío,
Sus alas de gigante le impiden caminar.
Charles Baudelaire
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- Cabo de Hornos VII. – (frag) Lee Natalia Novaro// Hodgson: texto. Lee Aníbal Zaldívar.
La voz del mar. Hay anocheceres de otoño en la costa bonaerense, cuando las primeras tormentas comienzan a llegar desde el sur, en que el microcosmos de mi mesa de pintar es alcanzado por los sonidos de un lejano oleaje creciente.
Entre los momentos más hermosos que conozco están estas tardes de trabajo junto al mar, cuando el agua y el frío que golpean contra las ventanas obligan a cerrar bien persianas y cortinas, y aun así, con el temporal que llega barriendo la orilla, la música de la rompiente permanece siempre presente, e invade el pequeño espacio de mi taller, que entonces parece comenzar a navegar.
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Aníbal Zaldívar: lectura y comentario final.
Mundo y lenguaje: lo inasible y lo asible… cerrar la mano o abrirla… tomar o soltar…
“La justa visión es aquella que recibe al mundo según la ley que lo gobierna y no ya según la ley del discurso que lo captura. Por ello, lenguaje y mundo no se encuentran, sus leyes divergen. Cuando el discípulo Zen se deshace de las dualidades mentales y desobedece a las leyes de la razón, su infracción lo conduce a la zona prohibida desde la cual recibe al mundo, a las cosas, a la naturaleza siendo ella misma. Entonces, la comprensión ya no será un asir algo en el pequeño puño agazapado de la mente, sino un abarcar la totalidad vedada a la razón, que sólo puede transitar en ella paso a paso. El comprender entonces se hace un abarcar: el puño se abre, la visión se hace vasta. Aquí, en ese punto, la sentencia del Maestro DogenKigen es propicia:
Si mantenés las manos cerradas, sólo conseguirás unos pocos granos de arena. Pero si abrís las manos, conseguirás toda la arena del desierto.
(del libro: Wittgenstein y el Zen, de H. G. Hodgson)
Y volvemos al poema del comienzo: Océano que te abres lo mismo que una mano…
- ¿Qué búsqueda había en Natalia? ¿Hacía qué límite y hacia qué comienzo de algo quiso ir?
“Desde hace tiempo suelo pensar en las zonas antárticas como en un espacio que nos presenta un límite, y al mismo tiempo una orilla… sin técnicas y equipos desarrollados para ello, es imposible para el hombre sobrevivir allí. Sin embargo, el polo magnético nos atrae, y desde siempre nos empuja a embarcarnos en peligrosos viajes, a alejarnos en dirección a un territorio donde termina el mundo del hombre, pero donde, quizás intuimos, debe comenzar algo”. (122)
- Búsqueda imaginada y a la vez actuada… imaginar un paisaje, ir hacia él… (148/49). El puño cerrado de Ibarborou, el puño abierto. Imaginó y actuó: lo imaginario que se hace acción, como en Quijote. Una cosa es estar en la orilla, otra es estar así: “Bien atada y trabada contra la mampara de la cucheta, respiraba despacio para relajar la tensión que me invadía el cuerpo y el ánimo; ahora experimentaba la visión de la tormenta desde su interior, ya no como un paisaje remoto, apenas vislumbrado, que llega a la costa bajo la forma de imágenes semejantes a un eco de la violencia oculta dentro del viento”.
- Poesía y deseo de escritura: viento blanco, pez de hielo, flor de hielo, alma de hielo: la luz turquesa es el alma del hielo, desierto blanco en la oscuridad, el invierno antártico. La luz del mar también es escritura: luces como mensajes en la aureola austral. Mensaje del cielo, del sol, en el mar. Música-Pintura. Escritura del espacio, escritura del infinito.

Alicia Matilde Benitez
Maravillosos poemas, textos y comentarios. Una enorme ilusion antartica. Gracias!