Textos del domingo 1° de febrero.
*
Veo al amor
en el mar
aunque sea de noche
allí va
nada, chapotea
se hunde, naufraga
está gozando de la
amplitud que lo rodea
recuerda
la génesis de
Afrodita
alquimia real
corporización
materia y espuma
y semen y sangre
se hace ola y
en la orilla roza mis pies
me hiela, me estremece
me excita y despierta
vuelve a irse lejos
volverá
navega y reposa
siembra agua, empapa
es más fuerte
que la roca, la arena
el fuego y el silencio
no puedo seguirla
me ahogaría
así que me instalo
sereno en la playa
lo que me corresponde
como hombre natural
sin branquias pero
respiro en la inmensa noche
respiro el mar entero
que quedó en mí.
(De mi poemario inédito: Amor. Cuerpo. Cosmos)
*
Nacimiento de Afrodita
(…)
Eran estos los más terribles de cuantos hijos pocrearan la Tierra y el Cielo, y ya desde un principio se atrajeron el odio de su propio padre. Así que nacían, el Cielo (Urano) en vez de dejar que salieran a la luz, los encerraba en el seno de la Tierra (Gea), gozándose en su mala obra. La vasta Tierra, henchida de ellos, suspiraba interiormente, y al fin ideó una engañosa y pérfida trama. Produjo enseguida una especie de blanquizco acero, construyó una gran hoz, la mostró a sus hijos, y con el corazón apesadumbrado les habló de esta suerte para darles ánimo:
«¡Hijos míos y de un padre malvado! Si quisierais obedecerme, vengaríamos el ultraje inicuo que nos infirió vuestro padre, ya que fue el primero en maquinar acciones indignas».
(167) Así se expresó. Sintiéronse todos poseídos de miedo, sin que ninguno osara desplegar los labios, hasta que el grande Cronos cobró ánimo y respondió a su madre veneranda de esta manera:
«¡Madre! Yo prometo ejecutar esa obra, pues nada me importa nuestro padre de aborrecido nombre, ya que fue el primero en maquinar acciones indignas».
(173) Tal dijo, y el corazón se le llenó de alegría a la vasta Tierra, la cual ocultó a Cronos, poniéndolo en acecho con la hoz de agudos dientes en la mano, y le refirió íntegramente la dolosa trama. Vino el gran Cielo, seguido de la Noche, y, deseoso de amar, se acercó a la Tierra extendiéndose por todas partes. Entonces el hijo, desde el lugar en que se hallaba apostado, echó la mano izquierda a su padre; y, asiendo con la diestra la grande hoz de afilados dientes, le cortó en un instante las partes verendas y las tiró hacia atrás. No en balde salieron de su mano: las gotas de la sangre derramada las recibió la Tierra, la cual parió en el transcurso de los años a las robustas erinias, a los enormes gigantes, que vestían lustrosas armaduras y manejaban ingentes lanzas, y a las ninfas llamadas melias en la tierra inmensa. Y las partes verendas, que Cronos cortó con el acero y arrojó desde el continente al undoso mar, fueron llevadas largo tiempo de acá para allá en el piélago, hasta que la carne inmortal se cubrió de blanca espuma y nació una joven, que se dirigió primero a la sagrada Citera y más tarde a Chipre, situada en medio de las olas. Al salir del mar la veneranda hermosa deidad, brotaba la hierba doquier que ponía sus tiernas plantas. Dioses y hombres la llaman Afrodita, porque se nutrió en la espuma (afrós); Citerea, la de hermosa diadema, porque se dirigió a Citera; Ciprigenia, porque nació en Chipre, la isla azotada por las olas; y Filomedes, porque brotó de las partes verendas. Acompañaba Eros y la seguía el hermoso Deseo, cuando, poco después de nacer, se presentó por vez primera al concilio de los dioses. Tal honra tuvo Afrodita desde un principio y le cupiéron en suerte, entre los hombres y los inmortales dioses, las conversaciones de las doncellas, las risas, los engaños, los dulces placeres, el amor y las ternezas.
(…)
Hesíodo: Teogonía.
(Grecia, siglo VIII AC)
*
Afrodita
Al principio, es nada. Tan sólo un soplo,
Un escalofrío de escamas, un recorrer de sombra
Como nube marina que se rasga
En los radiales tentáculos de una medusa.
No se dirá que el mar se conmovió
Y que de este temblor se ha de formar la ola.
Con el mecer del mar oscilan peces
Y los brazos de las algas, serpentinos,
A la corriente se doblan, como al viento
El trigo de la tierra, la crin de los caballos.
Entre dos infinitos de azul la ola avanza,
Toda de sol cubierta, resplandeciente,
Líquido cuerpo, inestable, de agua ciega.
De lejos acude el viento, transportando
El polen de las flores y los demás perfumes
De la tierra confrontada, oscura y verde.
Tronando, la ola se envuelve, y fecundada
Se lanza al viento aguardando
En el lecho de rocas negras que se erizan
De agudas uñas y vidas efervescentes.
Las aguas se suspenden en lo alto
En el instante final de la gestación sin par.
Y cuando, en un rapto de vida que comienza,
La ola se quiebra y rompe contra el alcantilado,
Lo envuelve, ciñe, aprieta y por él resbala
-De la espuma blanca, del sol, del viento que sopló,
De los peces, de las flores y de su polen,
De las algas trémulas, del trigo de los brazos de la medusa,
De la crin de los caballos, del mar, de la vida entera,
Afrodita nació, nace tu cuerpo
José Saramago
*
Los marineros son las alas del amor
Los marineros son las alas del amor,
son los espejos del amor,
el mar les acompaña,
y sus ojos son rubios lo mismo que el amor
rubio es también, igual que son sus ojos.
La alegría vivaz que vierten en las venas
rubia es también,
idéntica a la piel que asoman;
no les dejéis marchar porque sonríen
como la libertad sonríe,
luz cegadora erguida sobre el mar.
Si un marinero es mar,
rubio mar amoroso cuya presencia es cántico,
no quiero la ciudad hecha de sueños grises;
quiero sólo ir al mar donde me anegue,
barca sin norte,
cuerpo sin norte hundirme en su luz rubia.
Luis Cernuda
*
Orillas del amor
Como una vela sobre el mar
resume ese azulado afán que se levanta
hasta las estrellas futuras,
hecho escala de olas
por donde pies divinos descienden al abismo,
también tu forma misma,
ángel, demonio, sueño de un amor soñado,
resume en mí un afán que en otro tiempo levantaba
hasta las nubes sus olas melancólicas.
Sintiendo todavía los pulsos de ese afán,
yo, el más enamorado,
en las orillas del amor,
sin que una luz me vea
definitivamente muerto o vivo,
contemplo sus olas y quisiera anegarme,
deseando perdidamente
descender, como los ángeles aquellos por la escala de espuma,
hasta el fondo del mismo amor que ningún hombre ha visto.
Luis Cernuda
*
A un muchacho andaluz
Te hubiera dado el mundo,
muchacho que surgiste
al caer de la luz por tu Conquero,
tras la colina ocre,
entre pinos antiguos de perenne alegría.
Eras emanación del mar cercano?
Eras el mar aún más
que las aguas henchidas con su aliento,
encauzadas en río sobre tu tierra abierta,
bajo el inmenso cielo con nubes que se orlaban de
rotos resplandores.
Eras el mar aún más
tras de las pobres telas que ocultaban tu cuerpo;
eras forma primera,
eras fuerza inconsciente de su propia hermosura.
Y tus labios, de bisel tan terso,
eran la vida misma,
como una ardiente flor
nutrida con la savia
de aquella piel oscura
que infiltraba nocturno escalofrío.
Si el amor fuera un ala.
La incierta hora con nubes desgarradas,
el río oscuro y ciego bajo la extraña brisa,
la rojiza colina con sus pinos cargados de secretos,
te enviaban a mí, a mi afán ya caído,
como verdad tangible.
Expresión amorosa de aquel mismo paraje,
entre los ateridos fantasmas que habitaban nuestro
mundo,
eras tú una verdad,
sola verdad que busco,
mas que verdad de amor, verdad de vida;
y olvidando que sombra y pena acechan de continuo
esa cúspide virgen de la luz y la dicha,
quise por un momento fijar tu curso ineluctable.
Creí en ti, muchachillo.
Cuando el amor evidente,
con el irrefutable sol del mediodía,
suspendía mi cuerpo
en esa abdicación del hombre ante su dios,
un resto de memoria
levantaba tu imagen como recuerdo único.
Y entonces,
con sus luces el violento Atlántico,
tantas dunas profusas, tu Conquero nativo,
estaban en mí mismo dichos en tu figura,
divina ya para mi afán con ellos,
porque nunca he querido dioses crucificados,
tristes dioses que insultan
esa tierra ardorosa que te hizo y te hace.
Luis Cernuda
*
CANTO A MI MISMO
22
You sea! I resign myself to you also — I guess what you mean,
I behold from the beach your crooked inviting fingers,
I believe you refuse to go back without feeling of me,
We must have a turn together, I undress, hurry me out of
sight of the land,
Cushion me soft, rock me in billowy drowse,
Dash me with amorous wet, I can repay you.
(…)
22
¡Mar! También a ti me rindo… adivino tu sentido,
Observo desde la playa como me reclamas con tus dedos corvos,
Creo que te niegas a volver sin haberme tenido a tu lado,
Debemos pasar un rato juntos, me desvisto, llévame pronto lejos de la costa
Acurrúcame suavemente, adorméceme con tu ondulante vaivén,
Rocíame con amoroso líquido, puedo retribuirte.
(…)
Walt Whitman
*
La edad del glauco recuerdo
Olivares y viñedos a lo lejos hasta el mar
Barcas de pesca rojas más lejos hasta el recuerdo
Élitros dorados de Agosto durante la siesta
Con algas o conchas. Y aquella embarcación
Recién varada, verde, que en la calma del seno de las aguas aún
puede leerse Dios proveerá
Pasaron los años como hojas o guijarros
Recuerdo a los chiquillos, a los marineros que partían
Tiñendo sus velas como su corazón
Cantaban a los cuatro puntos del horizonte
Y llevaban vientos del norte tatuados en el pecho.
Qué buscaba yo cuando llegaste teñida de amanecer
Con la edad del mar en los ojos
Y con el vigor del sol en el cuerpo -qué buscaba
En el fondo de las grutas marinas de espaciosos sueños
Donde hacía espuma sus sentimientos el viento
Desconocido y glauco, grabando en mi pecho su emblema marino.
Con la arena entre los dedos cerraba los dedos
con la arena en los ojos apretaba los dedos
Era el dolor-
Era abril recuerdo cuando sentí por vez primera tu peso humano
Tu cuerpo humano fango y pecado
Como en nuestro primer día en la tierra
Festejaban a las amarilis -Pero recuerdo sentiste dolor
Fue un profundo mordisco en los labios
Un profundo arañazo en la piel en esa parte donde queda grabado
para siempre el tiempo
Te dejé entonces
Y un hálito bullicioso levantó las blancas casas
Los blancos sentimientos recién lavados arriba
En el cielo que iluminaba con una sonrisa.
Ahora tendré cerca de mí un cántaro de agua inmortal
Tendré un esbozo de la libertad del viento que se agita
Y aquellas manos tuyas en las que se atormentará el Amor
Y aquella caracola tuya en que resonará el Egeo.
Odiseo Elytis
*
Donne genovese
Tu mi portasti un po’ d’alga marina
nei tuoi capelli, ed un odor di vento,
che è corso di lontano e giunge grave
d’ardore, era nel tuo corpo bronzino:
– Oh la divina
semplicità delle tue forme snelle –
Non amore non spasimo, un fantasma,
un’ombra della necessità che vaga
serena e ineluttabile per l’anima
e la discioglie in gioia, in incanto serena
perché per l’infinito lo scirocco
se la possa portare.
Come è piccolo il mondo e leggero nelle tue mani
Dino Campana
*
Mujer genovesa
Tú me trajiste un poco de alga marina
en tus cabellos, y un perfume de viento,
que ha llegado desde lejos, grave
de ardor, y había en tu cuerpo bronceado
la divina
simplicidad de tus delicadas formas,
no amor ni congoja, un fantasma,
una sombra de la necesidad que ambula
inevitable y serena por el alma
y la diluye en dicha, en encanto, serena,
para que el viento del sudeste
pueda llevarla al infinito.
¡Qué pequeño y leve es el mundo en tus manos!
Dino Campana (Marradi, 1885 – Scandicci, 1932), Canti Orfici e altri scritti, Vallecchi, Firenze, 1952. Traducción de Guillermo Boido
*
El mar no es más que un pozo
El mar no es más que un pozo de agua oscura,
los astros sólo son barro que brilla,
el amor, sueño, glándulas, locura,
la noche no es azul, es amarilla.
Los astros sólo son barro que brilla,
el mar no es más que un pozo de agua amarga,
la noche no es azul, es amarilla,
la noche no es profunda, es fría y larga.
El mar no es más que un pozo de agua amarga,
a pesar de los versos de los hombres,
el mar no es más que un pozo de agua oscura.
La noche no es profunda, es fría y larga;
a pesar de los versos de los hombres,
el amor, sueño, glándulas, locura.
Idea Vilariño
*
A MI GRAN JOSEFINA ADORADA
Tus cartas son un vino
que me trastorna y son
el único alimento
para mi corazón.
Desde que estoy ausente
no sé sino soñar,
igual que el mar tu cuerpo,
amargo igual que el mar.
Tus cartas apaciento
metido en un rincón
y por redil y hierba
les doy mi corazón.
Aunque bajo la tierra,
mi amante cuerpo esté,
escríbeme, paloma,
que yo te escribiré.
Cuando me falte sangre
con zumo de clavel,
y encima de mis huesos
de amor cuando papel.
Miguel Hernández
*
Durante la marea baja
Mejor que el antílope
de cuernos rectos, supremos
y gentiles en el combate,
y el crótalo
accionando con el mortífero
rayo de los ojos,
sabe el cangrejo
que en el acto del amor
la gratificación es precedida
por la dificultad.
Conoce,
mejor que la polilla
experta en vuelos evasivos,
y la araña
que arma trampas, enlaza víctimas
y las abejas
condenadas a una suerte
de danza invariable,
que la urgencia del que elige
supera a la del elegido.
Mejor que ninguno
procura imponer
los méritos que lo hacen deseable,
y furiosamente lustra su blanca pinza
alzándola para atraer a la hembra, la dama
que se pasea entre las rocas,
su condesa de Castiglione,
cisne del mar, mañoso y cruel,
algo devorador y algo inasible
sobre quien el cangrejo porfía
y queda exhausto.
Alberto Girri
*
El Buzo
Como, dentro del mar, liberamos, el pulpo
En el líquido a la luz de la luna a tientas la cosa por venir
Así que, en el aire, mis lentos y locos dedos
Caminan alrededor de tu cuerpo buscándote
Estás en un primer dulce plasma submarino
Flotando al gusto de las corrientes repentinas
Sustancia fría y cálida, extraña e íntima
Contenido irreal y tacto transparente
Entonces tu seno es infancia, aún duna
Lleno de comercio, hito espectral del istmo
Donde, la desnudez vestida sólo en la luna blanca
Iba a hundir mi triste cara
En él puse mi mano en la forma en que la puse en el niño
En otro pecho que recuerdo, también lleno
Pero no sé… el impulso de este está doliendo y asombra
El otro me dio vida, éste me asusta
Toco una por una las glándulas dulces en paquetes
Con la sensación que tuve cuando me sumergí los dedos
En la masa brillante y ferina de peces
Tomado por la borda en las grandes redes que crees
Y me pregunto… mujer, cómo se expande!
¡Qué inmenso eres! más grande que el mar, más grande que la infancia!
De tales coordenadas y horizontes tan grandes
¡Que tan inmerso en el amor eres una Atlántida!
Me viene con el deseo de matar toda la poesía en ti
Yo te tengo agarrado; sólo me miras; y oigo
Con tacto, mi sangre se acelera, mi arritmia
Eso hace que mi vil cuerpo quiera tu cuerpo joven
Y te amo, y te amo, y te amo, y te amo, y te amo
Cómo la bestia feroz ama, a morder, a la hembra
Como el mar hasta el acantilado donde lanzas loco
Y donde el rugido es flotado y el que siempre regresa
Te tengo y me entrego a ti válido e indisoluble
Buscando cada vez, entre todas esas energías
El inmo de tu ser, el vórtice absoluto
Donde pueda cosechar la gran flor de la oscuridad
Te amo pies largos, aún infantil y lento
En tu creación, te amo tiernas varas
Que suben en suaves espirales adolescentes
Y toque infinito, exacto y ansioso
Te amo los brazos jóvenes que abrazan
Confiar en mi error criminal
Y las manos desveladas, las manos multiplicadas
Que en la escuela acompañan mi natación oscura
Te amo vuelta completa, ola de plumas y ámbar
Ola lenta y sola donde el mar se agota
Y donde es bueno bucear hasta que mi sangre se rompe
Y ahogarse en el amor y llorar y llorar
Te amo los grandes ojos sobrehumanos
En el que, buzo, sonda vorage oscura
En el afán de descubrir, en el más profundo arcano
Bajo el océano, océanos, y más allá, mi imagen
Por lo tanto – esto y aún más para que la poesía no se atreve
Cuando después de mucho mar, mucho amor
Surgió de ti, oh, qué silencio aterriza
¡Oh, qué tristeza cae sobre el buzo!
Vinicius De Moraes

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