Textos del sábado 19 de setiembre en la charla presencial en el Centro Cultural Pipach, bajo el tema: La poesía, el mar y la lluvia. Agradezco la participación de la amiga y poeta Graciela Vergel, quien contribuyó mucho en la elección de los poemas y en la convocatoria. Posiblemente falten algunos texto que completaré más adelante. Abrazo!!
*
Llueve
sobre la arena, sobre el techo
el tema
de la lluvia:
las largas eles de la lluvia lenta
caen sobre las páginas
de mi amor sempiterno,
la sal de cada día:
regresa lluvia a tu nido anterior,
vuelve con tus agujas al pasado:
hoy quiero el espacio blanco,
el tiempo de papel para una rama
de rosal verde y de rosas doradas:
algo de la infinita primavera
que hoy esperaba, con el cielo abierto
y el papel esperaba,
cuando volvió la lluvia
a tocar tristemente
la ventana,
luego a bailar con furia desmedida
sobre mi corazón y sobre el techo,
reclamando
su sitio,
pidiéndome una copa
para llenarla una vez más de agujas,
de tiempo transparente,
de lágrimas.
Pablo Neruda
*
Lluvias
La lluvia cayó
lavando y alabando:
toda la noche oscura
la noche de Dios
cayó rozando sueños y golpeando
techos, la lluvia sabia
acumulada en geografías
de norte y sur, de este a oeste,
cayó casi cansada de mirar
las latitudes y los hemisferios,
cansada de entregarse y de limpiar
sangre y tierra,
de mojar horrores y bellezas.
Cerrando los ojos adivino
la violencia del mar
allá en el nudo
de la bruma y el viento
y sumergido
en almohadas, sábanas, infancias,
en un sueño de labios
dejo pasar la lluvia, la otra lluvia
que me endulza y arrasa
y que cae
lavando y alabando.
(de mi libro Orillas, 1996)
*
16
Los sapos cantan pero no de júbilo
sino ahogados por la tanta lluvia
y reclaman con trinos empapados
que cese la lluvia del domingo.
No da tregua la lluvia entre las ramas
en la tarde amarilla caen del cielo
como soles mojados caen los rayos
tiritando desde nubes grises.
¿Quién decidió limpiar el mundo
y se excedió en su afán matando pobres
gentes deshabitadas vagabundos
y a los horribles ricos aburridos?
La naturaleza sabia sin embargo
hizo callar al fin sapos y ranas
y en la tierra el agua se almacena
para darnos a sorbos su alimento.
(uno de los poemas que quedó excluido en la selección para La belleza del mundo, de 2021).
*
Llueve en el mar
Llueve en el mar
y es una música el océano
lluvia tumbona
matrona
alborozada
y yo llevo su amnios
como un hueso
Ah, brote pluvial
entre las sílabas del viento.
La lluvia y sus cacharros
en el renglón
del horizonte:
Goterones
y la saliva
de los peces.
Llueve en el mar
e inhalo su avalancha,
pierdo paraguas
me vuelvo
fumadora de la lluvia/
masoquista del agua.
Cae la lluvia
como cenizas
en mi ciudad salada.
Amo a esta lluvia
sonámbula
insolente
que empaña y enmudece
y ella
Ella me quiere
me parece.
CIELA
—–
“La vieja está en la cueva”
Cuando llueve
soy un barco que sueña
que los peces cantan
que los trenes vuelan
Cuando llueve
soy un ave que sueña
que los nidos nadan
que las nubes juegan
Cuando llueve
soy un libro que sueña
con letras que engendran
renglones de arena
Cuando llueve
soy un barco y un libro
y soy un ave que sueñan
pues entonces que llueva
que llueva
que llueva
y que llueva
CIELA
*
SEQUÍA
Estoy amenazada
de silencio
me falta la palabra
que abra y mute
hasta romperse
a sí misma
para volverse otra
-un nombre de otro nombre
entre los nombres –
un sentimiento un grito
la ternura y la rabia
un harakiri
al estupor
y que fluya
lo acaso dicho
pero no consabido
necesito esa brecha
la hiancia
para que advenga
la rebelión
de las pantuflas
y espante el sopor
de subtes
de hospitales
estoy amenazada
de silencio
o como dice mi amigo
el poeta
se me vino encima la sequía
y me enfermo
me pierdo
me seco
sin que me hidrate
el verso.
CIELA
(GraCiela Vergel)
*
CAE LA NOCHE SOBRE MÍ
cae la noche sobre mí
su llanto oscuro
su rocío etéreo
Cabe un duelo de luz en las estrellas
que no saben llorar
Todo el mar es espuma
puntillas de las olas
Pero no es adorno suficiente
el llanto de las aguas sobrevive
Toda la noche cae
ultrajada por un rayo
(desnuda las aguas de su luz)
Me empapa el cielo
su espejo me contempla
Se aquieta el llanto de la noche
llueve su mansa oscuridad
Es su destino
Nunca podré pintar esa marina
Me quedo en ese cuadro
lo habito
me contemplo
No quiero amanecer.
Adriana Schenin
*
DÍA DE LLUVIA
Día de lluvia,
mágico.
Día de milagros
cuando los tristes
se solazan.
Día de repliegue,
de invitar a los recuerdos,
desprenderse del ropaje
negador de lo profundo.
Día musical,
de tamborileos
en las ventanas.
Día de creación,
de tierra fértil
donde germinan
las palabras olvidadas.
MECHA CASTRO
*
NOCTURNO 5
La lluvia,
con frecuencia,
penetra por mis poros,
ablanda mis tendones,
traspasa mis arterias,
me impregna,
poco a poco,
los huesos,
la memoria.
Entonces,
me refugio
en un rincón cualquiera
y estirado en el suelo
escucho,
durante horas,
el ritmo de las gotas
que manan de mi carne,
como de una gotera.
Oliverio Girondo
*
La lluvia
Bruscamente la tarde se ha aclarado
Porque ya cae la lluvia minuciosa.
Cae o cayó. La lluvia es una cosa
Que sin duda sucede en el pasado.
Quien la oye caer ha recobrado
El tiempo en que la suerte venturosa
Le reveló una flor llamada rosa
Y el curioso color del colorado.
Esta lluvia que ciega los cristales
Alegrará en perdidos arrabales
Las negras uvas de una parra en cierto
Patio que ya no existe. La mojada
Tarde me trae la voz, la voz deseada,
De mi padre que vuelve y que no ha muerto.
Jorge Luis Borges
*
Olas grises
Llueve en el mar con un murmullo lento.
La brisa gime tanto, que da pena.
El día es largo y triste. El elemento
duerme el sueño pesado de la arena.
Llueve. La lluvia lánguida trasciende
Su olor de flor helada y desabrida.
El día es largo y triste. Uno comprende
Que la muerte es así…, que así es la vida.
Sigue lloviendo. El día es triste y largo.
En el remoto gris se abisma el ser.
Llueve… Y uno quisiera, sin embargo,
Que no acabara nunca de llover.
Leopoldo Lugones
*
Lluvia
Entonces comprendimos que la lluvia también era hermosa.
Unas veces cae mansamente y uno piensa en los cementerios abandonados.
Otras veces cae con furia y uno piensa en los maremotos
que se han tragado tantas espléndidas islas de extraños nombres.
De cualquier manera la lluvia es saludable y triste.
Sus tambores acunan nuestras noches y la lectura corre a su lado por los canales del sueño.
Tú venías hacia mí y los otros seres pasaban.
No habían desperado todavía al amor, no sabían nada de nosotros.
De nuestro gran secreto.
Ignoraban la intimidad de nuestros abrazos voluptuosos, la ternura de nuestra fatiga.
Acaso los rostros amigos, las fotografías, los paisajes
que hemos visto juntos, tantos gestos que hemos
entrevisto o sospechado, los ademanes y las
palabras de ellos. Todo, todo ha desaparecido
y estamos solos bajo la lluvia, solos en
nuestro compartido, en nuestro apretado destino,
en nuestra posible muerte única, en nuestra
posible resurrección.
Te quiero con toda la ternura de la lluvia.
Te quiero con toda la violencia de la lluvia.
Te quiero con todos los tambores de la lluvia.
Te quiero con todos los violines de la lluvia.
Aún tenemos fuerzas para subir la callejuela empinada.
Recién estamos descubriendo los puentes y las casas, las ventanas y las luces, los barcos y los horizontes.
Tú estás arriba, suntuosa y bíblica, pero tan humana; increíble, pero tan real; numerosa, pero tan mía.
Oh, visitante.
Ya es seguro que ningún desvío nos separará.
Iguales luces señaleras nos atraen hacia la compartida vida, hacia el destino único.
Ni en nuestra carne ni en nuestro espíritu nunca pasaremos la línea del otoño.
Porque la intensidad de nuestro amor es tan
grande, tan poderosa, que no nos daremos cuenta
cuando todo haya muerto, cuando tú y yo
seamos dos sombras y todavía estemos pegados,
juntos, subiendo siempre la callejuela sin fin de una pasión irremediable.
Oh, visitante.
Estoy lleno de tu vida y de tu muerte.
Estoy tocado de tu destino.
Al extremo que nada te pertenece sino yo.
Al extremo de que nada me pertenece sino tú.
Sin embargo yo quería hablar de la lluvia,
igual, pero distinta, ya al caer sobre los jardines,
ya al deslizarse por los muros, ya al reflejar
sobre el asfalto las súbitas, las fugitivas luces
rojas de los automóviles, ya al inundar los barrios
de nuestra solidaridad y de nuestra congoja, los
humildes barrios de los trabajadores.
La lluvia es bella y triste y acaso nuestro amor
sea bello y triste, y acaso esa tristeza sea una
manera sutil de la alegría. Íntima, recóndita alegría.
Estoy tocado de tu destino.
Oh, lluvia. Oh, generosa.
Raúl González Tuñón
*
LLUEVE SOBRE EL MAR
Viento en el viento.
Llueve sobre el mar
y ni crece ni disminuye el agua.
Desnudo se es todo el rostro
un tajo siempre es un tajo.
De su poemario
«Un río todas las lluvias”
EN LA PIEL
A lo lejos, afuera,
cae
una lluvia
que tan sólo huelo, una lluvia
que aún no ha llegado.
Aquí
en la piel, como en una página
en blanco,
espero que el agua, la lluvia,
lo que vive y tiembla,
me sea alguna vez revelado.
LO ABIERTO
Cae quieta la lluvia,
lo abierto mana.
Cae la lluvia, cae sobre
la espera,
en la caída la lluvia es su camino
y el camino su llegada.
Hay que osar lo abierto y la caída:
el desierto de la sed
no la sed del desierto.
HUGO MUJICA
*
Lluvia sobre el mar
Como un eco de trueno
se oscurece la noche,
la lluvia en celo
provoca al horizonte.
El diluvio piadoso
se prodiga en el mar
con barras transparentes
y espadas de cristal.
la lluvia hace pocitos
en el mar sigiloso
y cada gota se abre
en un caleidoscopio.
La lluvia empapa al mar,
lo viste y lo desnuda
sin cuidarse del faro;
borracho en su burbuja.
Sirenas y delfines
se pasan sus alarmas
y huyen a esconderse
en sus bosques de agua.
Y así hasta que las nubes
se hartan de la lluvia
y el mar se vuelve amparo
y espejo de la luna.
Mario Benedetti
*
«La lluvia es un racimo de gotas
que bostezan.
Cada burbuja de agua
tiene una cara única.
Una burbuja tiene la cara
de una araña
con pestañas plateadas
por polvillo de azúcar.
Otra burbuja tiene la boca
de un fantasma
con los dientes de leche
y el flequillo de espuma.
Otra baila en el aire,
con los ojos abiertos
como la luna llena.
Antes de aplastarse
en el suelo
las gotas
son espejos.»
Roberta Iannamico
*
LLUVIA
hoy llueve mucho, mucho,
y pareciera que están lavando el mundo
mi vecino de al lado mira la lluvia
y piensa escribir una carta de amor/
una carta a la mujer que vive con él
y le cocina y le lava la ropa y hace el amor con él
y se parece a su sombra/
mi vecino nunca le dice palabras de amor a la
mujer/
entra a la casa por la ventana y no por la puerta/
por una puerta se entra a muchos sitios/
al trabajo, al cuartel, a la cárcel,
a todos los edificios del mundo/ pero no al mundo/
ni a una mujer/ni al alma/
es decir/a ese cajón o nave o lluvia que llamamos así/
como hoy/que llueve mucho/
y me cuesta escribir la palabra amor/
porque el amor es una cosa y la palabra amor es otra cosa/
y sólo el alma sabe dónde las dos se encuentran/
y cuándo/y cómo/
pero el alma qué puede explicar/
por eso mi vecino tiene tormentas en la boca/
palabras que naufragan/
palabras que no saben que hay sol porque nacen y
mueren la misma noche en que amó/
y dejan cartas en el pensamiento que él nunca
escribirá/
como el silencio que hay entre dos rosas/
o como yo/que escribo palabras para volver
a mi vecino que mira la lluvia/
a la lluvia/
a mi corazón desterrado/
Juan Gelman
*
Lluvia
I
Una lluvia pausada, alargada, serena,
envolvente, inquietante, sostenida, perfecta.
He dejado la música, ahogué todas las voces
para escuchar la suya que suena tenazmente
como un hilo de plata dentro de un viejo odre.
Y me digo, rendida, sin voz, pausadamente,
que la lluvia cayendo hace un ruido de gente
cayendo sobre el mundo a lo ancho de los siglos
acompasadamente.
Dentro de mí no hay ruidos.
Hay cántaros vacíos, campanarios en ruinas,
hogueras apagadas, hay agotadas minas
blancos ojos de estatua, grandes estrellas huecas,
relojes sin agujas y libros sin palabras
y violines sin cuerdas.
Y un silencio espantoso en que cae la música
armoniosa, cansada, perfecta, de la lluvia
con un ruido de perlas contra el fondo de un cofre,
con un ruido de alas, de dedos; con un ruido
monótono, angustioso, ancestral, monocorde.
Idea Vilariño
*
No siempre
No siempre
que la casa duerme,
duermo.
A veces, en la noche,
soy como un trompetista
con los ojos abiertos.
Pero eso si,
cada vez que llueve,
yo lluevo
Héctor Viel Temperley
*
Apuntes
I
Es así, como la lluvia en la tarde,
nunca termino de llegar al fondo de tus ojos.
Demasiado dolor para hablar sueltamente del futuro,
cuando el húmedo brillo de la corteza huele a un bosque
crecido de golpe en el corazón del invierno, esta tarde,
esos muertos.
Pero a qué abrazarme sino a ti, contra qué ventana
ver los hilos de la lluvia sino en tus ojos,
desde qué espera, bajo qué silencio.
¿A qué huele la tibieza de tu abrigo de lana
si no a esta lluvia, si no a ti misma,
tejida y desflecándose en el aire de la tarde?
En la hornalla ronronea el agua.
Encendamos un cigarrillo en su fuego y fumemos tranquilos:
existes, vivimos, y creo que te amo.
Alberto Szpungenberg

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