Poesía, mar y locura

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Textos y breve crónica de la charla virtual del sábado 21 de junio.

Hay una relación evidente y tradicional entre Poesía y Locura, sin embargo no es tan inmediata la conexión con el mar. La charla tuvo la propuesta de indagar cómo entra la poesía marina en esta relación entre poesía y locura. En la tradición clásica, la asociación poesía y locura está muy presente. El último capítulo de La República de Platón está dedicado a la poesía y explica por qué los poetas no serán parte de la república ideal. Así como los pintores y en general las artes imitativas, Platón ofrece un primer argumento: la poesía imitativa se aleja en tres grados de la verdad, dado que la verdad, lo realmente real, son los arquetipos o Ideas, de las cuales el mundo sensible es un mero reflejo, el arte imitativo, al crear sus obras en base al mundo sensible se aleja un grado más de la verdad. Es copia de una copia.

“Digamos por lo tanto que todos los poetas, comenzando por Homero, que ya traten en sus versos de la virtud o de cualquiera otra materia, no son más que imitadores de fantasmas, sin llegar jamás a la realidad”; “El poeta, sin otro talento que el de imitar, sabe, con un barniz de palabras, y de expresiones figuradas, dar tan bien a cada arte los colores que le convienen… con la medida, el número y la armonía de su lenguaje, convence a los que le escuchan, que juzgan solo por los versos de que está perfectamente instruido de las cosas que habla, tan poderoso es el prestigio de la poesía”

Platón tiene otro argumento: la poesía exacerba las pasiones, el amor y el dolor humanos, por lo tanto son inconvenientes para la República ideal, porque lo que necesita ésta es apaciguar estas pasiones y no avivarlas. Necesita hombres que acaten la ley y sean obedientes.

“La poesía imitativa produce en nosotros el mismo efecto con respecto al amor, a la cólera y a todas las pasiones del alma que tienen por objeto el placer y el dolor, y que nos sitian constantemente. En lugar de hacer que se saquen poco a poco, las rocía y las alimenta. La poesía imitativa nos hace viciosos y desgraciados a causa de la fuerza que da a estas pasiones sobre nuestra alma, en vez de mantenerlas a raya y en completa dependencia, para asegurar nuestra virtud y nuestra felicidad”.

“…Homero, el primero de los trágicos, es el más poeta de todos los poetas, pero recordar asimismo que las únicas poesías que han de admitirse en la ciudad son los himnos a los dioses y los elogios a los hombres de bien. Por el contrario, si admites a la Musa placentera, ya en cantos, ya en poemas, impondrás a la ciudad el doble reinado del placer y del dolor, en vez de la ley y la razón…”

(fragmentos del capítulo 10 de La República)

Platón se lamenta que haya que expulsar a los poetas de la República, porque nos deleitan y él mismo fue educado en la poesía de Homero y siente una gran atracción por ella, pero no puede ceder a los dictados de la razón, y debe excluirla, salvo que alguien argumente a favor de la poesía y lo convenza de la importancia para la república.

También el diálogo Ion, el tema es la poesía, donde compara a los poetas con bacantes, porque salen de sí mismos y entran en éxtasis.

“…la musa inspira a los poetas, estos comunican a otros su entusiasmo, y se forma una cadena de inspirados por la musa. No es mediante el arte, sino por el entusiasmo y la inspiración, que los buenos poetas épicos componen sus poemas. Lo mismo sucede con los poetas líricos. Semejantes a los coribantes, que no danzan sino cuando están fuera de sí mismos, los poetas no están con la sangre fría cuando componen sus obras sino que, desde el momento en que toman el tono de la armonía y el ritmo, entran en furor, y se ven arrastrados por un entusiasmo igual al de las bacantes, que en sus movimientos y embriaguez sacan de los ríos leche y miel y se detienen cuando cesa su delirio…”  (fragmento del diálogo: Ion)

*

En La poética de Aristóteles, leemos:

“En efecto: por la naturaleza misma de las cosas, persuaden mejor quienes están apasionados, y así, más verdaderamente conmueve el conmovido, y enfurece el airado, y por este motivo el arte de la poesía es propio o de naturales bien nacidos o de locos: de aquellos, por su multiforme y bella plasticidad, de éstos, por su potencia de éxtasis”. (17).

*

Por otra parte, poesía y locura están arraigadas a la tradición mítica griega, y a la poesía lírica, la epopeya y la tragedia. Y lo esencial es que así como las Musas usan a los poetas como instrumento, cada dios enloquece en su campo específico a los humanos. Baste recordar a Fedra; Deyanira; Medea; Dido (en el mundo latino). La locura de amor es un tópico que se extiende y se consolida en el mundo helenístico y latino. Y aquí sí entra el mar al menos como elemento metafórico, con el Morbus amoris y el Navigium amoris.

Propercio

Libro II. 12. Quienquiera que haya sido el primero que representó a Amor como a un niño, ¿no crees que tuvo una admirable mano? Fue el primero en ver que los amantes viven sin sentido, y que grandes bienes se pierden en preocupaciones triviales. Además, con buen sentido, le añadió las alas del viento e hizo al dios volar sobre el corazón humano: es cierto, ya que estamos siendo arrojados por los vientos cambiantes, y nuestra brisa nunca se detiene en un solo lugar. Y con razón su mano está armada de flechas de púas, y la aljaba cretense cuelgua sobre sus hombros, Y con razón su mano está armada de flechas de púas, y la aljaba cretense cuelga sobre sus hombros, *

Libro III. Elegía 12

Himno a Baco

Ahora, oh Baco, me postro humildemente ante tus altares: padre, dame tranquilidad; haz prosperar mi camino. Puedes contener el desdén de la iracunda Venus, y hay en tu vino una medicina para las penas. Los amantes se unen a ti, se liberan. Baco, limpia esta angustia de mi alma. Que tú tampoco eres inocente del amor, atestigua Ariadna, atraída por el cielo por tus linces hacia las estrellas.

Esta enfermedad que ha mantenido viva la llama en mis huesos desde hace tiempo, la pira funeraria o tu vino la sanarán.

*

Luego leímos fragmentos de la novela El lobo estepario, de Herman Hesse, y los poemas que siguen:

Ya no hay locos

(fragmento)

Ya no hay locos, ya no hay locos

ya no hay locos, amigos ya no hay locos.

ya no hay locos, en España ya no hay locos.

Se murió aquel manchego,

aquel estrafalario fantasma del desierto.

Ya no hay locos, ya no hay locos

ya no hay locos, amigos ya no hay locos.

Todo el mundo está cuerdo

terrible, horriblemente cuerdo.

Ya no hay locos, ya no hay locos

ya no hay locos, en España ya no hay locos.

¿Cuándo se pierde el juicio?

Yo pregunto: ¿Cuándo se pierde, cuándo?

Si no es ahora, que la justicia

vale menos que el orín de los perros.

Ya no hay locos, ya no hay locos

ya no hay locos, amigos ya no hay locos

ya no hay locos, en España ya no hay locos.

Todo el mundo está cuerdo

terrible, horriblemente cuerdo.

León Felipe

*

El barco ebrio

Yo sentí al descender los impasibles Ríos
que ya no me sirgaban mis conductores rudos;
de blanco a pieles-rojas chillones y bravíos
sirvieron en los postes, clavados y desnudos.

Por las tripulaciones nunca tuve interés
y cuando terminó la cruel algarabía,
a mí, barco de trigo y de algodón inglés,
me dejaron los Ríos ir adonde quería.

Bogué en un cabrilleante furor de marejadas
más sordo e insensible que meollo de infantes
y las viejas Penínsulas por el mar desgajadas
no han sufrido vaivenes más recios y triunfantes.

La tempestad bendijo mi despertar marino.
Diez noches he bailado más leve que un tapón
sobre olas que a las víctimas abrían el camino,
sin lamentar la necia mirada de un farón.

Cual para el niño poma modorra, regodeo
fué para agua verde este casco de pino;
dispersando el timón y perdiendo el arpeo
me lavó de inmundicias y de manchas de vino.

Desde entonces me baña el poema del mar
lactescente, infundido de astros; muchas veces,
devorando lo azul, en él se ve pasar
un pensativo ahogado de turbias palideces.

Algo tiñe la azul inmensidad y delira
en ritmos lentos, bajo el diurno resplandor.
Más fuerte que el alcohol, más vasta que una lira
fermenta la amargura de las pecas de amor.

He visto las resacas, la tormenta sonora,
las corrientes, las mangas—y de todo sé el nombre—;
cual vuelo de palomas a la exaltada aurora,
y alguna vez he visto lo que cree ver el hombre.

Yo he visto al sol manchado de místicos horrores,
alumbrando cuajados violáceos sedimentos.
Cual en dramas remotos los reflujos actores
lanzaban en un vuelo sus estremecimientos.

Soñé en la noche verde de espuma y nieve ahita
—en los ojos del mar, lentos besos de amor—
y en la circulación de la savia inaudita
que arrastra áureo y azul, al fósforo cantor.

Asaltando arrecifes, un mes tras otro mes,
seguí a la marejada histérica y vesánica,
sin creer que las Marías con sus fúlgidos pies
cortaran el resuello a la jeta oceánica.

¡No sabéis!… Di con muchas increíbles Floridas;
con ojos de panteras y con pieles humanas
mezclábanse arcos-iris, tendidos como bridas,
al rebaño marino de las verdosas lanas.

He visto fermentar las enormes lagunas
en cuyas espadañas se pudre un Leviathán
y he visto, con bonanza, desplomándose algunas
cataratas remotas que a los abismos van…

Vi el sol de plata, el nácar del mar, el cielo ardiente,
horrores encallados en las pardas bahías
y mucha retorcida y gigante serpiente
cayendo de los árboles, con fragancias sombrías.

Quisiera yo enseñar a un niño esas doradas
de la onda azul, pescados cantores, rutilantes…
Me bendijo la espuma al salir de las radas
y el inefable viento me elevó por instantes…

Fuí mártir de los polos y las zonas hastiado;
el sollozo del mar dulcificó mi arfada;
con flores de amarillas ventosas fuí obsequiado,
y me quedé como una mujer arrodillada.

Igual que una península llevaba las disputas
y el fimo de chillonas aves de ojos melados,
y mientras yo bogaba, de entre jarcias enjutas
bajaban a dormir, de espaldas, los ahogados.

Y yo, barco perdido entre la cabellera
de ensenadas, al éter echado por la racha,
no merecí el remolque de anseáticas veleras
ni de los monitores, nave de agua borracha.

Humeante, libre, ornado de neblinas violetas
segué el cielo rojizo con brío de segur
llevando—almíbar grato a los buenos poetas—
mis líquenes de sol y mis mocos de azur.

Las lúnulas eléctricas me fueron recubriendo,
almadia escoltada por negros hipocampos.
Las ardientes canículas golpearon abatiendo
en trombas, a los cielos de ultramarinos lampos.
poetas malditos

Yo que temblé al oir a través latitudes
el rugir de los Behemots y los Maelstroms en celo,
eterno navegante de azuladas quietudes,
por los muelles de Europa ahora estoy sin consuelo.

Yo vi los archipiélagos siderales que el hondo
y delirante cielo abren al bogador.
¿Te recoges tú y duermes en las noches sin fondo,
millón de aves de oro, venidero Vigor?

El acre amor me ha henchido de embriagador letargo.
Lloré mucho. Las albas son siempre lacerantes.
Toda luna es atroz y todo sol amargo.
¡Que se rompa mi quilla y vaya al mar cuanto antes!

Si yo ansio algún agua de Europa es la del charco
negro y frío en el cual, al caer la tarde rosa,
en cuclillas y triste, un niño suelta un barco
endeble y delicado como una mariposa.

Ya nunca más podré, olas acariciantes,
aventajar a otros transportes de algodón,
ni cruzando el orgullo de banderas flameantes
nadar junto a los ojos horribles de un pontón.

Arthur Rimbaud (1854-1891)

*

Mare e terra di Alda Merini

Mare
che io domino col pensiero
mi hai nascosto mille bugie
e tante verità
un giorno d’aprile
è esplosa un’onda
che avrei voluto baciare
come un animale
fugge davanti al fuoco
io sono fuggito da te.

Ho lasciato il mare per la terra
e la terra per il mare,
ho lasciato il mare per la terra

e la terra per il mare
e ho sbagliato tutto
perché non esistono
né ombre né luci
ma solo il nostro breve pensiero
ma solo il nostro bisogno d’amore.

*

Mar y tierra de Alda Merini

Mar, al que domino con el pensamiento,

me has ocultado mil mentiras

y tantas verdades.

Un día de abril

reventó una ola

a la que hubiera querido besar,

como huye un animal

frente al fuego yo huí de tí.

He abandonado el mar por la tierra

y la tierra por el mar,

he abandonado el mar por la tierra

y la tierra por el mar,

y he equivocado todo,

porque no existen

ni sombras ni luces,

sino solo nuestro pensamiento efímero,

sino solo nuestra necesidad de amor.

*

A partir de la pintura La nave de los locos, de El Bosco, se planteó el postulado del mar como espacio de locura, como lo ilimitado, lo inseguro, sin amarras ni puertos… esto puede connotar un espacio de aventura pero también de locura. Al respecto hubo una serie de aportes orales, entre los que se destacan los aspectos psicológicos de la locura y el mar, por parte de Gustavo y de Hernán. Pero no tenemos una síntesis escrita de estas ponencias y son los aspectos que se pierden al trasladar las charlas a una crónica como esta. Por eso nos limitamos a publicar textos y poemas.

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