Textos de la charla virtual del sábado 18 de abril
Paso los textos de la charla virtual del 18 de abril, en el que leímos los siguientes poemas del flamante libro de Leo Baldo, “Pronto estaré en el mar”.
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MAR
A tus pies la Tierra es de arena y sal.
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Dijo Paula
El mar no se rompe, se pica.
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Huir
Huir de lo seco Hacia lo húmedo De lo ruidoso A lo silencioso De lo firme A lo inestable Hacia lo incierto Donde la gravedad es otra. Ser un delfín con cuerpo de hombre.
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La mar está lagunera
A veces aquí en mi pueblo la laguna está marina. Y a veces allá en la costa la mar está lagunera. El agua no sabe de nombres solo de estados.
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Distanciate
Distanciate de todo lo que no sea agua. Dejá que la sal limpie la costra de la rutina. Nadar es alejarse para poder volver siendo otro.
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Agua que calla
Debajo de la superficie el mundo enmudece. Es el único lugar donde las palabras sobran.
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Calco
El mar calca el cielo. El cielo calca mi humor. Hoy estamos los tres picados.
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Coreografía del sol
Baila sobre las crestas antes de hundirse sin hacer ruido.
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Otros poemas que leímos:
El Nadador
Soy el nadador, Señor, soy el hombre que nada.
Soy el hombre que quiere ser aguada
para beber tus lluvias
con la piel de su pecho.
Soy el nadador, Señor, bota sin pierna bajo el cielo
para tus lluvias mansas,
para tus fuertes lluvias,
para todas tus aguas.
Las aguas como lonjas de una piel infinita,
las aguas libres y las de los lagos,
que no son más que cielos arrastrados
por tus caídos ángeles.
Soy el nadador, Señor, soy el hombre que nada.
Tuyo es mi cuerpo, que hasta en las más bajas
aguas de los arroyos
se sostiene vibrante,
como en medio del aire.
Mi cuerpo que se hunde
en transparentes ríos
y va soltando en ellos
su aliento, lentamente,
dándoselo a aspirar
a la corriente.
Soy el nadador, Señor, el hombre que nada
hasta las lluvias
de su infancia,
que a las tardes crecían
entre sus piernas salpicadas
como alto y limpio pajonal que aislaba
las casonas
y desde sus paredes
celestes se ensanchaba.
Soy el nadador, Señor, el hombre que nada
por la memoria de las aguas
hasta donde su pecho
recuerda las pisadas,
como marcas de luz, de tus sandalias.
Y recuerda los días cuando el cielo
rodaba hasta los ríos como un viento
y hacía el agua tan azul que el hombre
entraba en ella y respiraba.
Soy el hombre que nada hasta los cielos
con sus largas miradas.
Soy el nadador, Señor, sólo el hombre que nada.
Gracias doy a tus aguas porque en ellas
mis brazos todavía
hacen ruido de alas.
Héctor Viel Temperley
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HAY QUE BUSCARLO
En la eropsiquis plena de huéspedes entonces meandros de espera ausencia
enlunadados muslos de estival epicentro
tumultos extradérmicos
excoriaciones fiebre de noche que burmúa
y aola aola aola
al abrirse las venas
con un pezlampo inmerso en la nuca del sueño hay que buscarlo
al poema
Hay que buscarlo dentro de los plesorbos de ocio
desnudo
desquejido
sin raíces de amnesia
en los lunihemisferios de reflujos de coágulos de espuma de medusas de arena de los senos o tal vez en andenes con aliento a zorrino
y a rumiante distancia de santas madres vacas
hincadas
sin aureola
ante charcos de lágrimas que cantan
con un pezvelo en trance debajo de la lengua hay que buscarlo
al poema
Hay que buscarlo ignífero superimpuro leso
lúcido beodo
inobvio
entre epitelios de alba o resacas insomnes de soledad en creciente
antes que se dilate la pupila del cero
mientras lo endoinefable encandece los labios de subvoces que brotan del intrafondo eufónico
con un pezgrifo arco iris en la mínima plaza de la frente hay que buscarlo
al poema
Oliverio Girondo
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De mi libro Deshojamiento:
Charco de cuerpo en la orilla
lo seca el sol
lo absorbe la marea
pasaron las aguas por él
no encuentra otra imagen
bordes irregulares pequeñas
hondonadas y un braceo
de olitas sin salida
rebota en los límites y vuelve
y una música
se escapa sin que nadie la pida.
¿Hay otra forma posible
para ese río redondo o ese
mar recostado que dormita
y sueña con su origen
donde palpitan pulpos, calamares,
y no las pulidas piedras
sin aroma?
Charco de cuerpo en la orilla…

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