Charla de despedida

Charla de despedida

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Intenso cierre del ciclo La poesía y el mar 2019. Con el tópico de El mar y el amor, a partir de mi poema “Ella”, que aparece sobre el final de la película La Boya. Y el poema de Juan L. Ortiz, “Ella iba de pana azul”, como espejo del mío y como reconocimiento a este poeta entrerriano que tanto admiramos y compartimos con Lito Spiner.

Luego de esta introducción, presenté a mi amigo Ricardo Rabitti, poeta y profesor de Literatura, con quien compartimos la experiencia universitaria en Mar del Plata. Ricardo fue entonces mi maestro no como profesor sino como lector apasionado y refinado. Gracias a él conocí autores por fuera de la academia que fueron importantes para mí: Proust, Pavese, Rilke, Juanele, entre otros. Ricardo participó con ponencias sobre El mar y la aventura, y el mar y la experiencia de nadar entre dos infinitos… Leímos textos de Enrique Molina, Giovanni Boccaccio y Saint John Perse para “El mar y el amor”; Homero, T. S. Eliot y Chesterton para “El mar y la aventura”; Picardo y Viel Temperley para “Mar y Nadar”; Eugenio Montale, Pablo Neruda, y Carlos Drumond de Andrade para “El mar como espejo del hombre”. El cierre fue coral, con la “Canción del Pirata” de Espronceda.

Gracias a todos los que leyeron compenetrados, inspirados, comprometidos… Mención especial para los que aportaron lecturas en los idiomas originales de los poetas de otras lenguas: Valeria Bertora (inglés); Cristina (italiano), Alicia (portugués). Al cierre los amigos del Chalet invitaron a un brindis, por el fin del ciclo. Y celebramos con felicidad esta experiencia que fue de verdad magnífica! Ocho encuentros de gran potencia poética, continuidad y despliegue de esa maravilla poética que es La Boya.

Gracias Bettyna Feal, Directora de Museos, por el apoyo total, y por aceptar la “inversión de roles” que le propuse: yo presenté formalmente las charlas, y ella leyó, cada sábado, el primer poema. Y resultó genial. Gracias a todos los trabajadores del Chalet y del Pinar del Norte en general.

A continuación, algunos de los poemas que leímos el sábado.

**

Ella

Ella me sirvió un café

sobre la misma mesa familiar del llanto

y su mano temblorosa hizo tintinear

la taza,

y el corazón tembló como su mano.

 

Ella miró y habló por encima del luto

y se iluminaron las cortinas cerradas

y su voz se esparció como el café en mi boca

y despertó regiones secretas y dormidas.

 

El sabor fue una bandada de tordos entrevista en las ramas

con asombro de viaje recién comenzado

y mañana será

como piedras tiradas al mar

o palmeras plenas de palomas

o cualquier otra música que se parezca a sus ojos.

Anibal Zaldivar, “Orillas”

***

Ella iba de pana azul…

Ella iba de pana azul entre las manzanillas. Ella.
La mañana pesaba ya dulcemente.
¿De qué color la sombrillas contra el amor de Octubre?

Entre las manzanillas ella iba.
Entre la nieve ardiente ella iba.

¿En qué ligerísima penumbra sus labios florecían?

(Oh, sin la penumbra,
toda la abeja del aire,
toda, sobre sus labios…).

Entre las manzanillas ella iba.
La voz, la voz de niña, algo indecisa aún,
con pudor, con cierto pudor, de los pétalos ebrios…

Esa edad de Jacinto, ay, y ese aire…
Entre las manzanillas ella iba toda de pana azul,
de un azul más grave que el del Domingo, azul,
porque ya era el destino
de ojos a veces bajos o turbados… mi destino.
Mi destino… Y yo a su lado, qué?
Ella iba de pana azul entre las manzanillas. Ella.

Juanele Ortiz

***

Alta marea
Cuando un hombre y una mujer que se han amado se separan
se yergue como una cobra de oro el canto ardiente del orgullo
la errónea maravilla de sus noches de amor
las constelaciones pasionales
los arrebatos de su indómito viaje sus risas a través de las piedras
sus plegarias y cóleras
sus dramas de secretas injurias enterradas
sus maquinaciones perversas las cacerías y disputas
el oscuro relámpago humano que aprisionó un instante el furor
de sus cuerpos con el lazo fulmíneo de las antípodas
los lechos a la deriva en el oleaje de gasa de los sueños
la mirada de pulpo de la memoria
los estremecimientos de una vieja leyenda cubierta de pronto
con la palidez de la tristeza y todos los gestos del abandono
dos o tres libros y una camisa en una maleta
llueve y el tren desliza un espejo frenético por los rieles de
la tormenta
el hotel da al mar
tanto sitio ilusorio tanto lugar de no llegar nunca
tanto trajín de gentes circulando con objetos inútiles o
enfundadas en ropas polvorientas
pasan cementerios de pájaros
cabezas actitudes montañas alcoholes y contrabandos informes
cada noche cuando te desvestías
la sombra de tu cuerpo desnudo crecía sobre los muros hasta el techo
los enormes roperos crujían en las habitaciones inundadas
puertas desconocidas rostros vírgenes
los desastres imprecisos los deslumbramientos de la aventura
siempre a punto de partir
siempre esperando el desenlace
la cabeza sobre el tajo
el corazón hechizado por la amenaza tantálica del mundo

Y ese reguero de sangre
un continente sumergido en cuya boca aún hierve la espuma de los
días indefensos bajo el soplo del sol
el nudo de los cuerpos constelados por un fulgor de lentejuelas
insaciables
esos labios besados en otro país en otra raza en otro planeta en otro
cielo en otro infierno
regresaba en un barco
una ciudad se aproximaba a la borda con su peso de sal como un
enorme galápago
todavía las alucinaciones del puente y el sufrimiento del trabajo
marítimo con el desplomado trono de las olas y el árbol
de la hélice que pasaba justamente bajo mi cucheta
éste es el mundo desmedido el mundo sin reemplazo el mundo
desesperado como una fiesta en su huracán de estrellas
pero no hay piedad para mí
ni el sol ni el mar ni la loca pocilga de los puertos
ni la sabiduría de la noche a la que oigo cantar por la boca de las
aguas y de los campos con las violencias de este planeta
que nos pertenece y se nos escapa
entonces tú estabas al final
esperando en el muelle mientras el viento me devolvía a tus brazos
como un pájaro
en la proa lanzaron el cordel con la bola de plomo en la punta y el
cabo de Manila fue recogido
todo termina
los viajes y el amor
nada termina
ni viajes ni amor ni olvido ni avidez
todo despierta nuevamente con la tensión mortal de la bestia que
acecha en el sol de su instinto
todo vuelve a su crimen como un alma encadenada a su dicha y
a sus muertos
todo fulgura como un guijarro de Dios sobre la playa
unos labios lavados por el diluvio y queda atrás
el halo de la lámpara el dormitorio arrasado por la vehemencia
del verano y el remolino de las hojas sobre las sábanas vacías
y una vez más una zarpa de fuego se apoya en el corazón de su presa
en este Nuevo Mundo confuso abierto en todas direcciones
donde la furia y la pasión se mezclan al polen del Paraíso
y otra vez la tierra despliega sus alas y arde de sed intacta y sin raíces
cuando un hombre y una mujer que se han amado se separan.

Enrique Molina

**

Soneto

Estaba sentada en la popa de una barca,

que iba rápida cortando el mar,

mi amada en compañía de otras mujeres,

cantando ya una ya otra canción.

 

Visitando ora una playa, ora una isla,

ora uno u otro grupo de mujeres,

era mirada por todos como

un ángel descendido del cielo.

 

Yo, que siguiéndola veía a la gente

acudir de todos lados a contemplarla,

estaba como delante de un milagro.

 

Sentía que en mí se despertaban

todos los espíritus y deseando alabarla

nunca veía satisfecho el bien que sentía.

Giovanni Boccaccio

**

Mares

Estrechos son los navíos…

I.     …Estrechos son los navíos, estrecho nuestro lecho.
Inmensa la extensión de las aguas, más vasto nuestro imperio
En las cerradas estancias del deseo.
Entra el Verano, que viene del mar. A la mar sola diremos
Que extranjeros fuimos en las fiestas de la ciudad,
y qué astro ascendiente de las fiestas submarinas
Vino una noche a husmear en nuestro lecho, el lecho de lo divino.

En vano la tierra próxima nos traza su frontera.
Una misma ola por el mundo, una misma ola desde Troya
Menea su cadera hasta nosotros. En la alta mar
muy lejos de nosotros se imprimió antaño ese soplo…
Y el rumor una noche fue grande en las estancias:
¡la muerte misma, al son de caracolas, no se haría oír en ellas!

¡Amad, oh parejas, los navíos; y la mar alta en las estancias!
La tierra una noche lleva sus dioses, y el hombre da caza a las bestias leonadas;
las ciudades se desgastan, las mujeres sueñan. ..Que haya siempre a nuestra puerta
Esa alba inmensa llamada mar -selección de alas y levantamiento de armas;
amor y mar del mismo lecho, amor y mar en el mismo lecho -
y este diálogo aún en las cámaras.

  1. 1. “…¡Amor, amor que tan alto tienes el grito de mi nacimiento,
    que es de mar en marcha hacia la Amante! Viña vendimiada sobre toda playa,
    beneficio de espuma en toda carne, y canto de burbujas sobre las arenas…
    ¡Homenaje, homenaje a la Vivacidad divina!Tú, el hombre ávido, me desnudas: patrón más tranquilo
    que a bordo el patrón del navío. Y tanta tela se desata,
    no hay más mujer que aparejada. Se abre el Verano que vive del mar.
    Y mi corazón te abre una mujer más fresca que el agua verde:
    semilla y savia de dulzura, el ácido a la leche mezclado,
    la sal a la sangre muy viva, y el oro y el yodo,
    y el sabor también del cobre y su principio de amargura
    -toda la mar en mi llevada como en la urna maternal…

    Y sobre la playa de mi cuerpo el hombre nacido del mar se ha tendido.
    Que refresque su rostro en la fuente misma bajo las arenas;
    y se regocije sobre mi tierra, como el dios tatuado de helecho macho…
    Mi amor, ¿tienes sed? Soy mujer a tus labios más nueva que la sed.
    Y mi rostro entre tus manos como en las manos frescas del náufrago,
    ¡ah! que te sea en la noche caliente frescor de almendra y sabor de aurora,
    y conocimiento primero del fruto sobre la ribera extranjera.

Soñé, la otra noche, islas más verdes que el sueño…
Y los navegantes descienden a la ribera en busca de un agua azul;
ven -es el reflujo- el lecho rehecho de las arenas chorreantes:
la mar arborescente deja allí, filtrándose, esas puras huellas capilares,
como grandes palmeras martirizadas,
altas muchachas extasiadas y llorosas que la mar acuesta
con sus taparrabos y sus trenzas desatadas.
Y éstas son figuraciones del sueño. Pero tú, hombre de frente recta,
tendido en la realidad del sueño, bebes en la propia boca redonda,
y sabes su revestimiento púnico: carne de granada y corazón de tuna,
higo de África y fruto de Asia. ..Frutos de la mujer,
oh mi amor, son más que frutos de mar: de mí, ni pintada ni adornada,
recibe los anillos del Verano del mar…”

2. “…En el corazón del hombre, soledad.
Extraño el hombre, sin ribera, cerca de la mujer, ribereña.
Y mar yo mismo a tu oriente, como a tu arena de oro mezclado,
que vaya yo aún y demore en tu ribera,
en el desatarse muy lento de tus anillos de arcilla
-mujer que se hace y se deshace con la ola que la engendra…
Y tú, más casta de estar más desnuda, de tus solas manos vestida,
no eres Virgen de los grandes fondos,
Victoria de bronce o de piedra blanca que se extrae, con el ánfora,
en las grandes redes cargadas de algas de los destajeros de mar;
sino carne de mujer a mi rostro, calor de mujer bajo mi olfato,
y mujer que prende su aroma
como la llama de fuego rosa entre los dedos semicerrados.

Y como la sal está en el trigo, la mar en ti en su principio,
la cosa en ti que fue de mar, te ha dado ese sabor de mujer feliz
y a la que uno se acerca…
Y tu rostro está invertido,
tu boca es fruto para consumir a fondo de barca, en la noche.
Libre mi aliento sobre tu garganta, y la crecida, por todas partes,
de las capas del deseo, como en las mareas de luna próxima,
cuando la tierra hembra se abre al mar lujurioso y flexible,
ornado de burbujas hasta en sus charcas, sus pantanos,
y el mar alto en la pasturanza hace ruido de noria,
y la noche está llena de eclosiones.

Oh amor mío con sabor de mar,
que otros pazcan lejos de mar la égloga al fondo de valles cerrados
-mentas, toronjil y meliloto, tibiezas de alisón y de orégano,
y hable allí el uno de colmenas y el otro trate de rediles,
y la oveja afelpada bese la tierra al pie de los muros de polen negro.
En la época en que se anudan los melocotoneros y se desbrozan las vides,
yo corté el nudo de cáñamo que mantiene el casco sobre su anguila,
en su cuna de madera. ¡Y mi amor está en los mares!
¡Y mi quemadura está en los mares!…

Estrechos son los navíos, estrecha la alianza;
y más estrecha tu medida, oh cuerpo fiel de la Amante…
¿Y qué es ese cuerpo mismo, sino imagen y forma de navío?
Barquilla y navío, y nave votiva, hasta en su apertura mediana;
industriado en forma de carena, y sobre sus curvas modelado,
plegando el doble arco de marfil al gusto de las curvas nacidas de mar.
…Los ensambladores de cascos, en todo tiempo,
tuvieron esta manera de ligar la quilla al juego de las cuadernas y varengas.

Navío, mi hermoso navío, que cede en sus cuadernas
y porta la carga de una noche de hombre, eres navío portador de rosas.
Rompes sobre el agua cadena de ofrendas. Y henos aquí, contra la muerte,
sobre los caminos de acantos negros de la mar escarlata…
Inmensa el alba llamada mar, inmensa la extensión de las aguas,
y sobre la tierra hecha sueño en nuestros confines violetas,
¡toda la marejada a lo lejos se levanta y se corona de jacintos
como un pueblo de amantes!

No hay usurpación más alta que en el navío del amor.”

Saint John Perse

**

The Mariner

The violet scent is sacred
Like dreams of angels bright;
The hawthorn smells of passion
Told in a moonless night.

 

But the smell is in my nostrils,
Through blossoms red or gold,
Of my own green flower unfading,
A bitter smell and bold.

 

The lily smells of pardon,
The rose of mirth; but mine
Smells shrewd of death and honour,
And the doom of Adam’s line.

 

The heavy scent of wine-shops
Floats as I pass them by,
But never a cup I quaff from,
And never a house have I.

 

Till dropped down forty fathoms,
I lie eternally;
And drink from God’s own goblet
The green wine of the sea

*

El marinero

El aroma violeta es sagrado

como el brillo del sueño de los ángeles;

el espino perfuma de pasión

dicha en una noche sin luna.

 

Pero el perfume está en mis narinas

en los capullos rojos o dorados

de mi flor verde indescriptible,

una amarga fragancia y temeraria.

 

El lirio exhala de perdón,

de alegría la rosa; pero mi

ramo áspero perfuma de muerte y honor,

y del destino de los hijos de Adán.

 

La grave esencia de las vinerías

flota mientras paso por allí

pero yo nunca de una copa bebo

y nunca una casa tengo.

 

Hasta que me sumerjo cuarenta brazas,

y allí yazgo eternamente

y del mismo cáliz de Dios

bebo del gran mar el verde vino.

Chesterton

**

Mediterráneo

II
Antico, sono ubriacato dalla voce
ch’esce dalle tue bocche quando si schiudono
come verdi campane e si ributtano
indietro e si disciolgono.
La casa delle mie estati lontane,
t’era accanto, lo sai,
là nel paese dove il sole cuoce
e annuvolano l’aria le zanzare.
Come allora oggi in tua presenza impietro,
mare, ma non piú degno
mi credo del solenne ammonimento
del tuo respiro. Tu m’hai detto primo
che il piccino fermento
del mio cuore non era che un momento
del tuo; che mi era in fondo
la tua legge rischiosa: esser vasto e diverso
e insieme fisso:
e svuotarmi cosí d’ogni lordura
come tu fai che sbatti sulle sponde
tra sugheri alghe asterie
le inutili macerie del tuo abisso.
II

Antiguo, estoy enamorado de la voz
que emerge de tus bocas cuando se abren,
como verdes campanas que, de nuevo,
hacia atrás se arrojan y deshacen.
La casa de mis lejanos estíos
te era cercana, tú lo sabes,
allá, en la tierra donde hierve el sol
y anublan el aire los mosquitos.
Ahora como entonces enmudezco ante tu presencia,
mar, aunque ya digno
no sea de la solemne lección
de tu latido. Tú fuiste el primero en decirme
que el ínfimo fermento
de mi corazón no era sino un instante
del tuyo; que en mis profundidades también latía
tu audaz ley arriesgada: ser vasto y ser diverso
pero, al mismo tiempo, fijo
para vaciarme así de todo fango
como hace tú cuando arrojas a la orilla
entre cordelajes, algas, estrellas marinas,
lo inútiles desechos de tu abismo.

Eugenio Montale

**

Consolo na praia

Vamos, não chores.
A infância está perdida.
A mocidade está perdida.
Mas a vida não se perdeu.

 

O primeiro amor passou.
O segundo amor passou.
O terceiro amor passou.
Mas o coração continua.

 

Perdeste o melhor amigo.
Não tentaste qualquer viagem.
Não possuis carro, navio, terra.
Mas tens um cão.

 

Algumas palavras duras,
em voz mansa, te golpearam.
Nunca, nunca cicatrizam.
Mas, e o humour?

 

A injustiça não se resolve.
À sombra do mundo errado
murmuraste um protesto tímido.
Mas virão outros.

 

Tudo somado, devias
precipitar-te, de vez, nas águas.
Estás nu na areia, no vento…
Dorme, meu filho.

*

Consuelo en la playa

Vamos, no llores…
La infancia está perdida.
La juventud está perdida.
Pero la vida aún no se ha perdido.

 

El primer amor pasó.
El segundo amor pasó.
El tercer amor pasó.
Pero el corazón continúa.

 

Perdiste a tu mejor amigo.
No intentaste ningún viaje.
No posees auto, navío, tierra.
Pero tienes un perro.

 

Algunas duras palabras
en voz  mansa, te golpearon.
Nunca, nunca cicatrizan.
Pero,  ¿y el humour?

 

La injusticia no se resuelve.

A la sombra del mundo errado

Murmuraste una protesta tímida.

Pero otros vendrán.

 

Todo sumado, debías

Precipitarte –de una vez- en las aguas.

Estás desnudo en la arena, en el viento…

Duerme, hijo mío.

Carlos Drummond de Andrade

**

Voy

Voy

como una botella

flotando en el mar,

con la cabeza fuera del agua.

Sin brazos,

fresco,

besado verde

por todos lados.

Héctor Viel Temperley

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