Presentación en Buenos Aires

Presentación en Buenos Aires

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Amigos porteños, anoten en la agenda: miércoles 24 de setiembre, a las 19, presentación de mi libro “El mar en todo” en el Museo del libro y de la lengua (Biblioteca Nacional), Las Heras 2555, ciudad de Buenos Aires. Pronto paso la información completa. ¡Los espero!

A continuación el discurso de Arturo Alvarez Hernandez (foto), titular de la cátedra de latín de la Universidad de Mar del Plata, maestro y amigo, en la presentación en la feria del libro de Mar del Plata, noviembre de 2013.

“La relación con el mar…es una cuestión de familia, pero además de eso hay una decisión personal de radicarse en Villa Gesell, que creo pasa por un vínculo profundo con el paisaje marino, con la playa, con el mar y que implica un vínculo que empieza por ser físico con ese fenómeno; Aníbal es algo así como un habitante del mar diríamos, es alguien que se liga a ese ser viviente que es el mar con la piel. Y creo que eso está muy presente en su obra, no sólo en aquella que tiene que ver con la pesca, sino en aquella que tienen que ver con la percepción sensible de ese mundo, el mundo de la playa, del mar, de las olas, del agua, del cielo que cubre ese mar ¿no? Entonces me parece, ese punto en la vida de Aníbal es algo definitorio, y después está en esa decisión de radicarse en Villa Gesell otro aspecto de su vida que es, digamos así el aspecto, de creador de una familia y de un vínculo social, es decir, la familia que significa mucho empezando por Patricia que es una compañera muy particular de Aníbal, y que creo que en mucha de su escritura está presente, sus hijos, ahora los nietos, y además de eso digamos la figura pública no en el sentido rimbombante de la figura pública sino en el sentido de alguien que está ligado muy profundamente con la comunidad y buscó y creó para sí mismo un rol en esa comunidad; Aníbal es creador del periódico El Fundador que ya lleva 26 años, diría que es algo estremecedor decir que un órgano periodístico puede no sólo crearse sino mantenerse durante semejante cantidad de tiempo haciendo un aporte muy interesante a la comunidad de Villa Gesell, de información pero además de contenido que apunta a lo cultural, a lo educativo y a lo literario específicamente. O sea que me parece que esas dos facetas en él son dignas de mencionarse para conocer la persona en su globalidad, en su complejidad también.
Vuelvo un poco al vínculo con el mar porque da título a esta antología de la obra de Aníbal, “El Mar en Todo”, que obviamente no es casual, porque a partir de ese vínculo que yo decía empieza por ser físico y material y muchas veces tangible en su obra, aromas, sabores, visiones: también es un vínculo que induce en él y de algún modo sintetiza muchas lecturas. Aníbal es un lector voraz, como entiendo yo que es todo poeta, todo poeta es a la vez un lector, necesariamente, y los intereses de Aníbal en ese aspecto son amplísimos, pero me parece que su vivencia del mar ha funcionado como un elemento que tamiza muchas lecturas o que induce o lleva a muchas lecturas y ha enriquecido esa experiencia con elementos específicamente literarios que también han estado volcados o presentes en sus escrituras. No sé si por eso o por la vastedad de los intereses de Aníbal, nosotros los clasicistas de la Facultad lo conocimos como alumno, alumno vocacional que se acercó al griego y a los latines, no abundan (risas), que vienen por puro interés a los cursos de griego y latín, y yo creo que el mar andaba detrás de ese interés de ese llamado, sobre todo con los griegos que eran tan marinos y para los cuales el mar es todo un tema, una presencia constante de la poesía. Lo cierto es que estuvo con nosotros muchos años acompañándonos en nuestros cursos y yo diría que animando nuestros cursos con un aporte espiritual e intelectual, muy importante, que sólo puede aportar aquel que ve en nuestros estudios, que a veces son áridos y muy gramaticales y ve otras cosas, busca otras cosas que están por supuesto pero que a veces en las clases no afloran tan fácilmente. Aníbal las hizo aflorar más de una vez por lo cual nosotros estamos siempre muy agradecidos y hablo en plural por todos los docentes del área de clásicas, tanto del griego y del latín. Eso también se tradujo en su escritura, digamos que aportó a esta experiencia que tiene no exclusivamente ni excluyentemente pero si centralmente la relación el vínculo, vivo, experiencial con el mar, con la arena con los seres que habitan el mar.
Un tema que a mí me interesó en la obra de Aníbal es algo que yo definiría como una relación problemática con la poesía, una especie de noviazgo inestable de Aníbal con la poesía que vi aflorar en algunos poemas y que me pareció interesante. Yo en general me intereso mucho por la poesía que reflexiona sobre sí misma, el poeta que piensa en sí mismo, en su condición, en cómo vive su propia obra. Y en Aníbal vi, justamente conociéndolo, esta cuestión de inestable de relación donde los términos serían: la vida por un lado y la escritura por el otro, dos experiencias que tienen en una relación en él inestable, tensa, problemática a veces. Hay dos poemas que quería leer y comentar un poquito, son recientes, relativamente recientes de su obra Archipiélago. Poema 28 y dice:
“Quiero componer un poema memorable
pero la brisa del norte es un bretel que cae
y descubre el pecho blanco de la tarde.
¿Qué hacer si no ceder al llamado de la sangre
y aflojar los lazos de la posteridad efímera
de las bellas artes y las letras?
¿Voy del mundo imaginario
al otro, eterno, del instante
en el que arden fríos y azules
los labios de las olas”
Me pareció que lo dibuja muy bien en este poema esta tensión entre componer el poema que aspira a la memoria, que aspira a permanecer en la memoria; una memoria que sin embargo él un poco escépticamente llama “posteridad efímera”, no?, en el fondo también eso pasa, eso termina, también eso a lo mejor es fugaz. Entonces allí el llamado de la sangre, como dice él, se impone, predomina, porque está la brisa del norte, de su playa, de su mar, de su entorno que lo invita a vivir, vivir, vivir es una relación gozosa con la naturaleza, esto del bretel da cuenta de esa relación gozosa (risas).
Aníbal tiene una relación gozosa con la naturaleza, que es algo como un don, porque no lo tiene cualquiera, es algo que está en su propia naturaleza humana. Y entonces esa función se impone, se impone, digamos, la vida, lo que él llama “el otro mundo, eterno, del instante”. En el instante, ahí, ve más eternidad que en la memoria o en la posteridad. Aníbal ve más eternidad en el instante, en el que puede gozar de esa brisa, de esa naturaleza que lo tienta o lo viene a buscar, y cierra con que “arde fríos, los labios de las olas”, una imagen que otra vez evoca el amor, el gozo de ese mundo, de ese mar que es frío pero que al mismo tiempo arde, genera un goce, una pasión de plenitud.
La presencia que genera en ese paisaje las reminiscencias literarias, ese paisaje es un punto de partida de donde muchas veces surgen reminiscencias de esas vastas lecturas entre las que están las lecturas clásicas, y entonces por afán sectario (risas) voy a un poema que él mismo llama “Ilíada”, tal vez para que al lector no tan lector, no tan conocedor, no se le escape la alusión y que dice:
“Despojada la tierra de colores y ruidos
canta la fría noche aterradora
su profundo latido estrellado
mientras los guerreros velan junto a las naves,
los miro desde mi habitación iluminada
ebrio de su belleza y su coraje
y un nudo de garganta me reclama
desatar el potro azul de las palabras.
Cuando asome la aurora de doradas mejillas
me acercaré a palpar los restos del naufragio,
lo que haya quedado del sueño de los héroes
de nuevo borrado por el viento y las olas.
Pero ahora resuenan las broncíneas espadas
porque ha recomenzado la batalla
y el enorme corcel que pesa sobre mi lengua
se levanta y galopa desnudo a la intemperie”.
La playa geselina se transforma en playa troyana, la playa del asedio, de los aqueos, a la célebre ciudad homérica, y allí la fantasía, el sueño, el delirio si quieren, de Aníbal, coloca estos habitantes poéticos, los guerreros, magníficos guerreros evocados por esa retórica que es la que corresponde a quien ha leído y releído frecuentemente a Homero. Basta la referencia a “la aurora de doradas mejillas”, y a “las broncíneas espadas”. Creo que ahí la poesía está transmutada en la experiencia que se funde con ese paisaje en el que Aníbal encuentra una buena parte de su vida…

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