tapa_el-mar-en-todo_

(Obra poética 1981-2009)

Publico a continuación el primer poemario:

Respiraciones y estrellas

(1981-1988)

 

Inicial

 

Sereno.

Con el mismo racimo

y otra primavera.

 

Locura, ventanas, altura.

Saliendo, despierto al mar.

¿Qué vino dulce, amargo,

quemará mis labios esta vez?

 

Una delgada,

una íntima

lluvia de oro

está cayendo,

y siempre

sus hilos recorren mi cuerpo

de la cabeza a los pies,

y tejen,

tejen,

armando otra vez la vida.

 

 

 

Belleza

 

Más hermoso que Dios,

el niño duerme.

 

Cinco meses de vida fueron

un incesante amanecer,

todo claridad!

 

Y duerme,

más hermoso que Dios,

más hermoso que el rostro desconocido de Dios.

 

 

 

 

Móvil con gatos

 

Las formas crean la vida

señales a su alrededor

vibraciones que generan

un alma.

 

Mirándolos atentamente,

en el silencio,

 

 

 

Noche de Domingo

 

Agosto humedeció la luna

y su rocío o sus lágrimas hicieron flores

en el ciruelo

embelleciendo

la trágica o serena soledad de las calles.

 

Anochecía en las primeras corolas,

anochecía en las ventanas…

 

 

 

Sueño

 

El árbol duerme, respira,

sereno en su raíz.

 

Los días lo acunan, lo agitan,

lo afean

los inviernos

y al fin el sol lo sana.

 

Como nunca supo

qué hay detrás de aquel monte

se ha echado a dormir.

 

 

 

Riomar

A Juan.L. Ortiz

 

El mar es un espejo profundo, múltiple, oscuro.

El río, una vena que atraviesa la tierra.

Frente al mar, adolescente, soñé con mis mundos

y estuve solo,

con mis márgenes desdibujados por la niebla.

 

Dicen que acercando el oído a la piel del río

se escucha, en las noches, lejano,

latir un corazón.

 

 

 

Amanece

 

Dos párpados como dos planetas

sin órbita, cayendo.

 

Convocado a vivir,

el sol se suelta.

 

Estiramos los brazos y los dedos

sobre el horizonte.

 

 

 

 

Sucede

 

Si uno espera,

se asoma,

pregunta,

el colibrí aparece.

 

En un arbolito desgreñado,

con flores blancas,

lo oyes,

lo ves libar,

bailar,

 

 

 

Certeza

 

Hijo, tu vida es un misterio

y yo, que soy tu padre,

no sé quién soy, ni qué soy,

Pero en tu vida se duplico el enigma.

 

Tal vez seas la forma de una ola

de mar, tierra, sombra o luz,

y yo sea una ola apenas más antigua

y entre nosotros brille tan sólo

el fulgor de un accidente,

de una ley que nos iguala

y que no me da derechos,

mientras abunda un rocío constante que lleva tu nombre.

 

 

 

Nocturno

 

Hay frío y soledad y cielo

y silencio llovido por los grillos

y sombras temblorosas

y un planeta de estrellas.

 

Hay un calor sereno, hay un vino dormido

y ese olor triste que traía el mar

y un abismo de bocas

y ranas,

lejos,

 

 

 

Gorrión muerto entre flores

 

El gorrión se complació con la muerte

y la tierra lo amó como si fuera rocío.

 

Eran terribles sus alas secas como hojas

y su cabeza abierta capullo incendiado por la sangre.

 

La mañana se conmovió con mi muerte

él estaba en el ciego silencio y no sufría.

 

La tierra lo bebía con gozo, lentamente,

como a un fruto caído de cualquier árbol.

 

El dulce aroma de las fresias

brotaba también de su pecho.

 

 

 

Negación

 

Las hojas del ciruelo se empaparon de sangre

y la sangre se detuvo en un color morado

desatando una tragedia de flores rosadas.

 

¡Qué orden admirable de dramas y de dichas

cuando es sábado y un hombre y una mujer se besan

como pájaros entre espesas ramas y ascienden!

 

Está pleno setiembre, y en su estallido cálido,

se cubren de hojas moradas las mañanas

y no es tan fácil no tener destino.

 

 

 

Fábula

 

Por el amor de las enredaderas

los pinos estiran sus brazos

y los agobia la excesiva ternura

y la tibieza apasionada del amante.

 

La luna tropieza con las ramas grises

y mira tristemente

el condenado y heroico amor

de las criaturas de la tierra.

 

 

 

Paisaje

 

El medallón del cielo cae hecho cenizas

y hace un pozo de claridad en la noche

sobre el lago quieto de mi sangre dispersa.

 

Reúno la vastedad como la estrella al fuego,

concentro en mi unidad el eje de la tierra,

el temblor vertical y ciego de la noche.

 

Grito al oído húmedo del aire,

abrumo a los árboles que aguardan el día,

vuelco mi cerebro extendido en rocío.

 

Es alta y ancha la magnitud del alma

que cruza como un caballo el horizonte

y como un búho abre los ojos fijos.

 

La vida corre en arroyos hacia el mar,

la humanidad balbucea en una niña enferma,

en el campo arden abandonadas las hogueras.

 

 

 

Álamo

 

El alivio del álamo en el cielo,

voz de la tierra inclinada hacia el mar

fina seda de hojas conjurando llantos

y un rumor de savia que circula en el viento.

 

Tibio algodón verde sobre madera luna,

entrañable altura de mi primera muerte,

bajo el sol de noviembre, en la edad

del silencio, de la huida en soledad y arena.

 

Siempre el alivio del álamo, siempre

campanas, párpados cerrados, abiertos,

y ondulantes olas bajo el mar

del cielo, y un cardumen en llamas.

 

¡Posesión o exilio entre nubes huyendo!

 

 

 

Tocata y fuga

 

Una lluvia de hojas amarillas, de tenues copos húmedos

o de alas errantes que perdieron al pájaro en su vuelo…

y el repentino plomo del cielo desprendiendo su llanto

sobre el teclado enorme y seco de la tierra

que ya libera aromas musicales…

 

Esa dulce y serena alegría contra una ventana cálida

llegando desde la claridad de aquella aldea

igualmente cubierta de pinos y rocío…

 

Y el fuego humano ardiendo en el hogar

y la lentitud de besos encendidos

y el calor de la piel frente al otoño…

 

Y este mar

quebrándose en ecos infinitos, envolviéndolo todo,

urdiendo la telaraña mágica de notas

que une y sostiene los silencios…

…..

Y más arriba del aire y de la lluvia

increíbles gaviotas de fantasía…

 

Y en esta tierra incierta de destinos

un irisado cielo de semillas…

 

Y entre la ternura de las hojas que mueren

un recuerdo que cae en la memoria…

 

 

 

Avenida ocho

 

Cada mañana tus jardines

despiertan en mis ojos

y me hundo en tu atmósfera de cielo

y en tus álamos de madera luna.

 

En las campanas de las hojas

el mar canta una armonía salada.

 

El rocío flota sobre los techos

y el viento teje un destino en mi frente

mientras avanzo entre madreselvas claras

o con la escarcha del invierno

desvaneciéndose.

 

 

 

Cuna

 

Por amor a lo que respira

la noche no hace ruido

y la respiración invade todo

y se traga el tic tac metálico.

 

El televisor de pies fríos te mira

y ves a la Virgen rezando de perfil,

por amor al niño que sueña

tu respiración se ha detenido.

 

En la oscuridad se dibujan los sueños

como canciones de cuna

y la noche se deja llevar

y se pierde en el cuerpito dormido.

 

 

 

Paso revista

 

El viento silba entre párpados muertos

y es la respiración de cada día, difícil,

entre pechos como cuevas oscuras

con estalactitas de tabaco

y un sueño engangrenado entre los ojos.

 

Paso revista y el cielo está en su sitio

y hay una atmósfera de templo perdida

entre las ramas y las hojas

y los grategus son el cuerpo y la sangre

para la comunión de los zorzales.

 

 

 

En la ciudad vacía

 

En la ciudad vacía canta solamente el mar.

Alguien respira en el viento frío.

¿Por qué nadie pronuncia mi nombre?

 

Ya se habían muerto todos,

ya me desangraba suavemente

a través de la caña de pescar

mientras el viento mordía los anzuelos.

Y el mar estaba solo,

 

 

 

Merienda

 

Una paloma se adelgaza, tersa, contra el cielo.

Sobre la rama se estaciona la nube

ocre del atardecer.

El cachorro duerme sin abrigo sobre el pasto seco.

El té humea y la tostada cruje

y en los vidrios empañados

por una tibieza humana conocida

se derraman, meciéndose,

las hojas muertas de un álamo.

 

Allá lejos, lejos

se recorta un frágil horizonte.

 

 

 

Universo

 

El universo es el dormitorio de Dios,

las galaxias son móviles que adornan

el Cielo,

y que Dios hizo por terror al vacío

o para no aburrirse.

 

Luego Dios

se tiró a dormir

los cinco minutos celestiales

que duran todavía.

 

Dios está dormido.

La respiración de Dios

mueve los móviles.

 

 

 

 

Poema Infantil

 

Mi hermana tenía diez en redacción

y en sus escritos de escolar

un niño o una niña se perdían

en la selva cerrada y oscura.

 

En su historia un claro se abría

sin embargo, hacia la altura del cielo

y por allí Dios enviaba un rayo

de luz, pintado de amarillo.

 

Ella escribía y recitaba “La higuera”,

perdida como estaba en la espesura

multicolor y frágil de la infancia;

sin embargo algo bajaba hasta su alma.

 

Y no importa si detrás de Dios hay otro

y otro y otro:

ella sigue subiendo

por su rayo de tinta cada día.

 

 

 

El otro mundo

 

El otro mundo es un perro en vigilia,

velando nuestros sueños bajo suaves estrellas,

sereno en la brisa y en el rumor del mar.

 

Es el modo como escucha las olas

y respira el aire pleno de rocío

y ese olor fresco de la extraña noche.

 

La noche tiene una palabra ciega

sílabas perdidas y la ilusión que negamos

al hundirnos ebrios en el sueño más hondo.

 

Dormir es necesario, cerrar los ojos,

para que los muertos vengan a pedirnos ayuda

y a despertarnos cuando sale el sol.

 

 

 

El caracol

 

Soy el que goza con la lluvia leve

soy el que reverdece con las hojas;

siento en mis nervaduras las gotas deslizarse

anunciándome vida y vida de savias nuevas.

 

Renace la frescura dentro de mis huesos

se filtra el polen impregnado de aromas

en mi piel reseca por días de fuego y de desierto;

una infusión me estira, me conmueve.

 

Soy el caracol que sale de su encierro

a mojarse, a recibir alivio del agua;

soy el invadido por humo y alcoholes

buscando la salud perdida, el zumo de los árboles.

 

Soy el que huye de la noche y busca el día

con un deseo de hojas recién brotadas

recorro el silencio que preanuncia el grito

que tiene cada cosa donde la vida late.

 

 

 

Anillos

 

Hacia adentro, en espiral interminable,

atravesando máscaras y espejos,

lejos de lo hostil, evitando

la mordedura del aire y del invierno,

voy forjando una escultura temblorosa.

 

Con el pincel de cada día, con los crepúsculos,

insistiendo en auroras, metales y sonidos,

dibujo esta figura que aún desconozco

y que brilla en el pecho del pájaro amarillo

golpeado por el sol, en otoño, a mediodía.

 

Me reconozco en el árbol, en el sol, en la noche,

reitero un día de vida, el tiempo ejemplar de vivir,

y me ocupo en penetrar el secreto de esta hoja

que cuelga sola, ocre, del esqueleto otoñal.

 

Pero allí donde el mar y el río se unen

algo late, algo debe latir, suceder,

lo primordial, la fe: al fin creo

en la fuerza de las palomas y de la tierra

y en lo que detrás del otoño acecha.

 

Atravieso calles, horas, tareas, poseído por sueños

distintos a esto que sucede; no estoy como la línea

de un horizonte o el arco de una ola

sino en esta flor, afirmado en un cielo,

en una esquina para no caerme, o perdido

en el ruido de los pasos de las marionetas,

apenas filtrándome, o auscultando una lluvia

que desde un tronco se desliza, imperceptible,

o cuando hay lágrimas en las paredes,

o mil soles estrellados en las alas del pájaro

que ágil se mueve en el pasto como un cristal

o un diamante irisado y fugaz.

 

Sin tristeza deambulo, sentado o parado,

al margen del tiempo, salido del cauce

de la amargura y del odio, del surco del viento,

esperando, casi sonriente, una posible muerte.

 

 

 

Elegía

 

Salgo a la noche con dos ojos de sombra

palpando un cielo demasiado lejano

hay fragmentos de estrellas entre las ramas

vacilante cruzo el umbral tan temido.

 

Ahora no importa, debo cruzar, hundirme

en vértigo continuo y detenerme

a la altura de las hojas, acechando

la voz remota de sus roces,

sus repentinos estremecimientos.

 

Quiero comprender la vehemencia de un gesto

urgido por la brisa y abandonar ahora

esta máquina pesada de sangre y torpeza

animal inerme cegado también por la luna.

 

Hay una canción apenas

un álamo en lo oscuro que canta

como un disuelto pájaro sin cuerpo.

 

Muerdo la secreta frescura de los pastos

apoyado en la rugosa piel del pino:

¡qué bien danzan los plumerillos,

uniéndose al aliento del aire,

deslumbrados de polen!

 

Me alegran los plumerillos, amigo, amigo muerto,

ellos son más  ágiles que el llanto

y están en la tierra y respiran mejor

que los que gimen sin saber, sin entender adónde

están el cielo y la tierra y la savia y el canto

y el viento que venga y a uno lo sople al fin,

lo sople y empuje son sus manos blancas.

 

 

 

Ruido

 

Ruido en la lejana mente

íntima respiración del agua,

compañía, presencia, calor

asmático en las hojas.

 

La noche no tiene la culpa

cuesta entender, ilusionar

un viaje violento, inaceptable,

el absurdo ciego, el hielo final.

 

Leva el cáncer encima,

ahora no lo siente, lo tienen

sus ojos, su boca

que no ríe.

 

Va por los lugares de siempre,

respira igual, es uno de tantos,

lo rodean tres amantes,

el mundo negro alrededor

y todo lo que suena:

la fe en el paraíso

la escupida del mal

treinta grados febriles.

 

Otras miradas se pierden

el propio ciego ruido de metales:

una noche así lo recuerdo quieto

el sol le abrió la boca

la piel ahogada, el corazón partido:

aunque está conmigo

le cosieron los labios.

 

La noche destila vida espesa

y un sonido se teje

para que baile el viento:

las ranas ya no hablan

queda solamente un pájaro con vida,

el ruido baja en un arroyo blanco

desde la luna, entre las piedras limpias.

 

 

 

El sueño

 

El sueño desborda

el dominio de todo alrededor,

el zorzal vuelve a cantar

al amanecer.

 

Sentía ese mismo aroma fresco

impregnado de pájaros y de aire de mar

volvía la vida en las chicas

de rostro secreto, en los más grandes.

 

Siempre había ese vacío

la soledad partida en dos

en medio de la sensación feliz.

 

Ningún tiempo pasó

ningún tiempo murió

la misma mordedura

el niño sigue detrás

de su cortina de silencio.

 

El destino es imposible de pensar

las ilusiones ingenuas

es casi indecible impensable vivir.

 

¿Cuánto dura esta agonía feliz

que no se consume,

la fuga hacia delante,

la ilusión del viento?

 

 

 

Tarde en el mar

 

La perfección ya es recuerdo

y vaga y sutil está en el tiempo:

instante de luz reflejada

en la llanura del mar,

aire más transparente en el cielo iluminado.

 

La resistencia ya es huella,

suspiro, gloria perdida

en el movimiento de la ola,

agua interrumpida por la carne gozante,

cicatriz ahora, en el sinfín del cuerpo.

 

Materia residual esta alegría

que la sangre atesora en su fluir

cuando la noche emplazada

por altamar hambrienta

desata su condena.

 

Pero también el mar se disgrega en sus límites:

hermoso y extendido en la serenidad

aullaba por sus peces, en la tarde mansa,

absorbía miradas y gaviotas

y temblaba de angustia en el atardecer.

 

Era la soledad que volvía,

la música igual del viento,

la monstruosa rutina de la eternidad.

 

 

 

El enfermero

 

El enfermero se pierde

en las estrellas

recorre sigiloso

inclinado hacia

con paños para el frío del espacio.

 

Babas estelares

le mojan los labios

y eructos de meteoros

y lluvias de sangre helada

en la ausencia de luz.

 

El quiso esa altura,

disolverse en el polvo del cosmos

con su delantal

interminable

dejando el descanso para después.

 

Cuando iba subiendo

oleadas de niebla

golpeaban la ciudad

mientras todos dormían.

Llevaba algodones y palabras.

 

El cielo lo absorbía

indiferente

para curarse las heridas

y él se dispersaba en

palabras,

su única medicina,

también consuelo de los astros.

 

 

 

Saber

A J. L. Borges

 

El cuerpo quiere saber

si agoniza en los atardeceres

o si acaso el zorzal le recuerda

la música secreta

dormida entre las piedras

trasponiendo los siglos del deseo

o la lluvia que el poeta no escucha

en su tierra de olvido.

 

El cuerpo quiere saber

si caerá sobre sus ojos

la toalla del universo,

si el viento secará el sudor

si los huesos tendrán una respuesta.

 

 

 

 

Epitafio

a Cacho

 

Mientras yo dormía

la siesta de febrero

me anunció, secretamente, que se iba.

 

Un eco sutil

de su big bang de amor

llegaba hasta mi almohada.

 

Él desde su hoyo y yo

desde el mío

buscamos largamente

las palabras perdidas.

 

Pero esa simetría horizontal

de su cuerpo muriéndose y el mío

soñando con su muerte

había ido ya muy lejos.

 

Al fin hicimos una tregua

que total del polvo al polvo

la creación se continúa

y aquí estoy yo, y están mis hijos,

y estarán los hijos de mis hijos.

 

Ahora los dos descansamos en paz.