El mar y el amor

El mar y el amor

publicado en: Blog | 0

La cuarta charla del verano tuvo como referencia el mito de amor trágico de Hero y Leandro. La versión que leemos en la película “La Boya” es de Ramón de Campoamor. Durante el encuentro, revisamos distintas versiones de este mito de la antigua Grecia, fuente de inspiración para poetas, pintores y músicos. A continuación, el soneto 29 de Garcilaso de la Vega (España, siglo XVI).

Pasando el mar Leandro el animoso,
en amoroso fuego todo ardiendo,
esforzó el viento, y fuese embraveciendo
el agua con ímpetu furioso.

Vencido del trabajo presuroso,
contrastar a las ondas no pudiendo,
y más del bien que allí perdía muriendo,
que de su propia muerte congojoso,

como pudo, esforzó su voz cansada,
y a las ondas habló desta manera
mas nunca fue su voz de ellas oída:

«Ondas, pues no se excusa que yo muera,
dejadme allá llegar, y a la tornada
vuestro furor ejecutad en mi vida».

Inspiración evidente para Romeo y Julieta de Shakespeare, la historia de esta pareja de enamorados fue tomada por el poeta latino Ovidio para dos de sus “Cartas de la heroínas”, libro en el que se pone en la piel de las mujeres de héroes míticos o históricos. Y hace hablar con gran sutileza y sensibilidad a Penélope, Medea, Fedra, Laodamía, entre otras. Son 21 cartas, y en algunos casos, como el que nos ocupa, también escriben los varones, de modo que hay una carta de Leandro a Hero. Publico imágenes de la geografía del mito –un brazo de dos kilómetros separa Abidos de Sestos, en el Helesponto-, y de algunas pinturas. Y van dos poemas:

Afrodita

Al principio, es nada. Tan sólo un soplo,
un escalofrío de escamas, un recorrer de sombra
como nube marina que se rasga
en los radiales tentáculos de una medusa.
No se dirá que el mar se conmovió
y que de este temblor se ha de formar la ola.
Con el mecer del mar oscilan peces
y los brazos de las algas, serpentinos,
a la corriente se doblan, como al viento
el trigo de la tierra, la crin de los caballos.

Entre dos infinitos de azul la ola avanza,
toda de sol cubierta, resplandeciente,
líquido cuerpo, inestable, de agua ciega.

De lejos acude el viento, transportando
el polen de las flores y los demás perfumes
de la tierra confrontada, oscura y verde.
Tronando, la ola se envuelve, y fecundada
se lanza al viento aguardando
en el lecho de rocas negras que se erizan
de agudas uñas y vidas efervescentes.
Las aguas se suspenden en lo alto
en el instante final de la gestación sin par.

Y cuando, en un rapto de vida que comienza,
la ola se quiebra y rompe contra el acantilado,
lo envuelve, ciñe, aprieta y por él resbala
-de la espuma blanca, del sol, del viento que sopló,
de los peces, de las flores y de su polen,
de las algas trémulas, del trigo de los brazos de la medusa,
de la crin de los caballos, del mar, de la vida entera,
Afrodita nació, nace tu cuerpo

José Saramago

***

La mujer azul

Se mojó la mano en el mar.
Se volvió azul, la mano.
Le gustó.
Se zambulló desnuda en el mar.
Se volvió azul.
Azules también su voz y su silencio.
La mujer azul.
Todos la admiraron.
Nadie la amó.

Yannis Ritsos

¡Hasta el sábado!

Dejar una opinión