El mar y la aventura

El mar y la aventura

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Luego de El mar, la pesca y los peces, y de Caballo en el mar, homenaje a la poesía de Lito Spiner, abordamos el siguiente momento poético de la película La Boya, tal como venimos haciendo en el ciclo de esta temporada: El mar y la aventura, a partir del poema Frente al mar, de Alfonsina Storni. Hicimos un completo recorrido por las variantes de este tópico: la aventura concreta en el mar, con párrafos de Argonáuticas de Apolonio de Rodas, citas de Plutarco, Pessoa, y de la canción de Caetano, inspirada en este viaje mítico, anterior a la etapa homérica. La aventura interior, con el poema de Alfonsina y el de Juana de Ibarborou, Atlántico. La poesía de aventureros y marineros, con Odisea XXIII de Borges, y A N. V. de G. S. de Stevenson, leído en inglés por una de las asistentes… El fin de viaje, la barca de la vida maltrecha y jubilada, con el Carmen IV de Catulo, el soneto XXI de Lope de Vega, Mascarón de proa de Tuñón, y Casa sul Mare, de Montale, con versión en italiano. Finalmente dos sonetos de Marechal para el Amor como Aventura: Del corazón abroquelado y Del amor navegante… Y también hubo poemas de Neruda, Pizarnik y Roque Dalton,.. Mucha poesía para un encuentro intenso y conmovedor. La próxima semana, les propongo ver La Boya el viernes 25, en el Tinglado, a las 20.30, y el sábado a las 18 los espero en el Chalet de Don Carlos, con el cuarto momento poético: El mar y el amor, partiendo del poema Hero y Leandro, de José de Campoamor. Vamos a ahondar en este mito y en sus distintas versiones. Abrazo!!!

XI Del Corazón Abroquelado

¿Cómo sabrá el amor llevarte un día
Por su ancha miel y su camino estrecho,
Si, abroquelada soledad, tu pecho
Le niega el aire y la caballería?

¿Y cómo depondrá su altanería
De antiguo cazador bajo tu techo,
Si al ojo fiel y al dilatado acecho
Respondes con el alma en rebeldía?

¡Destierra ya postigos y canceles!
Mira que nunca logra sus laureles
El corazón que tanto se recata.

Yo doy mis aguerridos sentimientos
A la codicia pura de los vientos,
Y a navíos de amor olas de plata.

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XII Del amor navegante

Porque no está el Amado en el amante,
Ni el amante reposa en el Amado,
Tiende Amor su velamen castigado
Y afronta el ceño de la mar tonante.

Llora el Amor en su navío errante
Y a la tormenta libra su cuidado,
Porque son dos: Amante desterrado
Y Amado con perfil de navegante.

Si fuesen uno, Amor, no existiría
Ni llanto ni bajel ni lejanía,
Sino la beatitud de la azucena.

¡Oh amor sin remo en la Unidad gozosa!
¡Oh círculo apretado de la rosa!
Con el número Dos nace la pena.

Leopoldo Marechal

 

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Soneto XXI

Rota barquilla mía, que arrojada
de tanta envidia y amistad fingida,
de mi paciencia por el mar regida
con remos de mi pluma y de mi espada,

una sin corte y otra mal cortada,
conservaste las fuerzas de la vida,
entre los puertos del fervor rompida,
y entre las esperanzas quebrantada;

sigue tu estrella en tantos desengaños,
que quien no los creyó sin duda es loco,
ni hay enemigo vil ni amigo cierto.

Pues has pasado los mejores años,
ya para lo que queda, pues es poco,
ni temas a la mar, ni esperes puerto.

Lope de Vega

 

**

Lloro, miro el mar y lloro

 

lloro, miro el mar y lloro.
canto algo, muy poco.

hay un mar. hay la luz.
hay sombras. hay un rostro.

un rostro con rastros de paraíso perdido.

he buscado.

sino que he buscado,
sino que agonizo.

 

Alejandra Pizarnik

 

***

 

Atlántico
Océano que te abres lo mismo que una mano
A todos los viajeros y a todos los marinos:
Tan sólo para mí eres puño cerrado,
Para mí solamente tú no tienes caminos.

Jamás balanceará tu lomo milenario
La nave que me lleve desde esta tierra mía,
Ondulada y menuda, a las tierras que sueña
Mi juventud inmóvil y mi melancolía.

¡Ah! océano Atlántico multicolor y ancho
Cual un cielo caído entre el hueco de un mar:
Te miro como un fruto que no he de morder nunca
O como un campo rico que nunca he de espigar.

¡Ah! océano Atlántico, fiel leopardo que lames
Mis dos pies que encadenan el amor y la vida:
Haz que un día se sacien sobre tu flanco elástico
Esta ansiedad constante y este afán de partida.

 

Juana de Ibarbourou

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