Homero y Dylan Thomas

Homero y Dylan Thomas

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Este sábado 17 de febrero a las 18 vamos a recorrer algunos tópicos de la poesía y el mar que comenzaron en la literatura clásica, principalmente la griega y luego la latina. Tópicos que a lo largo de los siglos continuaron repitiendo y reescribiendo poetas de todas las naciones hasta la actualidad. Participarán de la charla amigos de la Universidad de Mar del Plata, profesores e investigadores de las literaturas y las lenguas latina y griega. Los esperamos en el Chalet de don Carlos, Pinar del Norte, Villa Gesell.

 

Homero, Ilíada, canto XXI, 114 y ss

«Así dijo. Desfallecieron las rodillas y el corazón del teucro que, soltando la lanza, se sentó y tendió ambos brazos. Aquileo puso mano a la tajante espada e hirió a Licaón en la clavícula, junto al cuello: metióle dentro toda la hoja de dos filos, el troyano dio de ojos por el suelo y su sangre fluía y mojaba la tierra. El héroe cogió el cadáver por el pie, arrojólo al río para que la corriente se lo llevara, y profirió con jactancia estas aladas palabras:

“Yaz ahí entre los peces que tranquilos te lamerán la sangre de la herida. No te colocará tu madre en un lecho para llorarte; sino que serás llevado por el voraginoso Escamandro al vasto seno del mar. Y algún pez, saliendo de las olas a la negruzca y encrespada superficie, comerá la blanca grasa de Licaón. Así perezcáis los demás teucros hasta que lleguemos a la sacra ciudad de Ilión, vosotros huyendo y yo detrás hacienda gran matanza. No os salvará ni siquiera el río de hermosa corriente y argénteos remolinos, a quien desde antiguo sacrificáis muchos toros y en cuyos vórtices echáis solípedos caballos”.

 

Dylan Thomas, Yace tranquilo, duerme en paz…

Yace tranquilo, duerme en paz, tu que sufres
la herida que arde y se agita en tu garganta.
A flote sobre el mar silencioso la noche entera hemos oído
el rumor de la herida envuelta en una sábana de sal.

Bajo la luna, tantas millas lejanas, hemos temblado al escuchar
el sonido del mar flotando como la sangre de la sonora herida
y cuando la sábana salobre rompió en una tormenta de canciones
las voces de todos los ahogados nadaron sobre el viento.

Abre un sendero a través de la lenta vela triste,
arroja lejos hacia el viento los portales del errabundo bote
para empezar el viaje al final de mi herida,
oímos que cantaba el sonido del mar, vimos como hablaba la
sábana salobre.

Yace tranquilo, duerme en paz, oculta la boca en la garganta,
o hemos de obedecer y cabalgar contigo por entre los ahogados.

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