La poesía y el mar 11°

La poesía y el mar 11°

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Poemas del sábado 27 de junio… casi todos! Nos vemos

Cuarentena y flores

(De mi serie, otro con camelias)

22

Isla entre océanos, el continente flota

sostenido por su raíz de piedra

y el néctar que nunca probé se ofrece

en esta brisa de náufragos inmóviles.

 

Es claramente un gesto amoroso de la noche

el desvarío en la oscuridad de las estrellas

la manta que no tapa los pies

la cabeza que sale a respirar silencio.

 

Hasta los seres que amamos navegan

como fantasmas y con un parpadeo

se van descalzos a la luna, solitarios,

llevando en sus ojos nuestro amor.

 

Fuerza y valentía empujan tus pasos

en el bosque quemado y las cenizas

las camelias frías fulguran en el suelo

con sus bellas cabezas cortadas.

 

Así afrontan el invierno que llega

mientras avanza a remos esta isla

de costas interminables a tu mirada

y tu valentía es tu mástil y tu vela.

***

Poema Cien

Cuando el  abrazo no está, me crecen

extrañas adherencias: ramas invasoras

del aire de la ausencia.

 

(Decía mi abuela:

-¡se han ido en vicio

estas plantas! -).

 

Y yo me ramifico, errática,

y el mar encrespa

al nido del abrazo

y de las alas.

Nada le pone límite

a eso que brota

desde las remotas

raíces  de la pérdida.

 

Y es que  si vos no estás,

me voy en vicio, también,  como las plantas.

GraCiela Vergel

***

La Pomeña

Eulogia Tapia, en La Poma

Al aire da su ternura

si pasa sobre la arena

Y va pisando la luna

El trigo que va cortando

Madura por su cintura

Mirando flores de alfalfa

Sus ojos negros se azulan.

El sauce de tu casa

Te está llorando

Porque te roban, Eulogia

Carnavaleando

Porque te roban, Eulogia

La cara se le enharina

La sombra se le enarena

Cantando y desencantando

Se le entreveran las penas

Cantando y desencantando

Se le entreveran las penas

Viene en un caballo blanco

La caja en sus manos tiembla

Y cuando se hunde la noche

Es una dalia morena

Y cuando se hunde la noche

Es una dalia morena

El sauce de tu casa

Te está llorando

Porque te roban, Eulogia

Carnavaleando

Porque te roban, Eulogia

Carnavaleando.

Manuel José Castilla

***

Diez meses
Refundada en el juego y el peso
me dijiste que las amapolas son:
Gotas de sangre entre tierra y dios
entre suelo y sol
entre cielos y piedras.
Diario contacto sin tacto.
Nos embriagamos de palabras
de fotos de flores.
Nos embarramos en canciones.
Acto de acompañarse en Soledad que es la edad del tarareo…

Otra vez el filo de un cuaderno
al borde del verano
tiemblo cuando no veo lo que viene
y vuelo pero ya sin miedo
siento labios frescos
jugos nuevos que llegaron a destiempo
pedaleando el incierto
licor despidiendo deseos quietos
libro hambriento
corriendo ir viendo
hirviendo en verano y en invierno
a fuego lento y no tanto
tanto tarda tanto y para qué más?
y por qué no?
y por qué estoy?
y por qué no voy?
hablo sobre lo que (no) perdí,
hoy diez meses hoy diez veces
hoy diez voces y mil más al otro lado de la cama. La mañana se arremanga y me despeina soplando desde la ventana, me chupa las lagañas y las manos que soñé otra vez con perderlas, como si algo las mordiera y las perdiera ya.

Hoy te acaricio la cara encremada de mañana
querés más. ¿Dónde estás? Preguntás dormida y en voz alta.
¿Qué pasa? Preguntan desde la otra almohada
pero vos no estás ahí sino acá,
contorsionada detrás de tu cara iluminada y blanca.
Blanda palabra legaña que resalta tu boca escarlata.
Abrumada la cama nos destapa, destraba la calma y vos te vas descalza a la cocina a buscar algo fresco de tomar.

Ezequiel Wolf

***

Del por qué de las playas

El hombre que camina y no sabe lo que busca

se ha declarado arena

y podría sentirse sol entre las algas y los ripios.

¡Loco acantilado consumido y no acostado nunca!

 

Porque la playa es un lugar de ciertos sueños

hacia donde emigra la cabeza del enigma

y se hace sal el universo.

Atrás quedan las gaviotas, el agujero de las nubes.

Esas aguas se conservan entre el viento.

 

Alguien que ha jugado y se ha dormido

ya es el cielo.

Se ha tomado de sí mismo

en un abismo mudamente coloreado de cerezas.

Nadie descubre al hombre solo que no busca lo que quiere,

pero desde adentro sabe transformar.

A veces se comporta como un último lugar.

Porque sí, desde hace mucho.

 

Hasta que el agua le haga dientes y riquezas

y le socave el vientre de los nidos

y los ojos casi carne del éter

y el hombre ya no esté.

Por más que se lo quiera buscar, no esté

ni como piel, ni como piedra,

o esté jugando a ser como la roca.

Luis Alberto Spinetta

(en «Guitarra Negra» Ediciones tres tiempos, 1978)

***

Poema sin título

En una tierra que amasan potros de cinco años
el olor de tu piel hace llorar a los adolescentes.
Yo sé que tu cielo es redondo y azul como los huevos de perdiz
y que tus mañanas tiemblan,
¡gotas pesadas en la flor del mundo!

Yo sé cómo tu voz perfuma la barba de los vientos…

Por tus arroyos los días descienden como piraguas.
Tus ríos abren canales de música en la noche;
y la luna es un papagayo más entre bambúes
o un loto que rompen a picotazos las cigüeñas.

En un país más casto que la desnudez del agua
los pájaros beben en la huella de tu pie desnudo…

Te levantarás antes de que amanezca
sin despertar a los niños y al alba que duerme todavía.
(El cazador de pumas dice que el sol brota de tu mortero
y que calzas al día como a tus hermanitos).

Pisarás el maíz a la sombra de los ancianos
en cuyo pie se han dormido todas las danzas.

Sentados en cráneo de buey
tus abuelos fuman la hoja seca de sus días:
chisporrotea la sal de sus refranes
en el fuego creciente de la mañana.

(Junto al palenque los niños
han boleado un potrillo alazán…)

En una tierra impúber desnudarás tu canto
junto al arroyo de las tardes.
Tú sabes algún signo para pedir la lluvia
y has encontrado yerbas que hacen soñar.

Pero no es hora, duermen
en tu pie los caminos.

Y danzas en el humo de mi pipa
donde las noches arden como tabacos negros…

Leopoldo Marechal

***

Meriggiare pallido e assorto

presso un rovente muro d’orto,

ascoltare tra i pruni e gli sterpi

schiocchi di merli, frusci di serpi.

 

Nelle crepe del suolo o su la veccia

spiar le file di rosse formiche

ch’ora si rompono ed ora s’intrecciano

a sommo di minuscole biche.

 

Osservare tra frondi il palpitare

lontano di scaglie di mare

mentre si levano tremuli scricchi

di cicale dai calvi picchi.

 

E andando nel sole che abbaglia

sentire con triste meraviglia

com’è tutta la vita e il suo travaglio

in questo seguitare una muraglia

che ha in cima cocci aguzzi di bottiglia.

Eugenio Montale (Ossi di seppia, 1925)

***

Traducción de Daniel Martínez Rubio:

Pálido y absorto pasar la siesta

junto al ardiente muro de la huerta,

escuchar entre zarzas y malezas

chasquidos de mirlo, frotes de culebra.

 

En las grietas del suelo o en lo verde

espiar las filas de rojas hormigas,

ya rompiendo, ya rearmadas,

sobre el montón minúsculo de espigas.

 

Entre el ramaje el latido observar

de lejanos retazos de mar,

mientras un trémulo chirrido de cigarras

se eleva desde las cumbres áridas.

 

Y andando bajo la luz que estalla

sentir con triste maravilla

como toda la vida y sus afanes está

en este andar flanqueando una muralla

cubierta de afilados vidrios que al sol brillan.

***

Otoño

A esta alameda muriente

he traído mi cansancio,

y estoy ya no sé qué tiempo

tendida bajo los álamos,

que van cubriendo mi pecho

de su oro divino y tardo.

 

Sin un ímpetu la tarde

se apagó tras de los álamos.

Por mi corazón mendigo

ella no se ha ensangrentado.

Y el amor al que tendí,

para salvarme, los brazos,

se está muriendo en mi alma

como arrebol desflocado.

 

Y no llevaba más que este

manojito atribulado

de ternura, entre mis carnes

como un infante, temblando,

 

¡Ahora se me va perdiendo

como un agua entre los álamos;

pero es otoño, y no agito,

para salvarlo, mis brazos!

 

En mis sienes la hojarasca

exhala un perfume manso.

Tal vez morir sólo sea

ir con asombro marchando

entre un rumor de hojas secas

y por un parque extasiado.

 

Aunque va a llegar la noche,

y estoy sola, y ha blanqueado

el suelo un azahar de escarcha,

para regresar no me alzo,

ni hago lecho, entre las hojas,

ni acierto a dar, sollozando,

un inmenso Padre Nuestro

por mi inmenso desamparo.

Gabriela Mistral

***

Maimónides bajo el manto de Rothko

Rothko ¿tambien se excede?

Es creible la saturación del poema,

No hay caléndula, colmena ausente

Entre cabos y adormideras

¡PASO AQUÍ!

Aunque a veces

El climax

Rechace la perforación de Los Residuales

(gran secta limite, siglo VIII d.c.)

…todos soñaron al unísono

Con el mismo humo

Tocaban un halo flexible

(cuya quietud crea caos en el éxodo)

¡un halo sin caléndula da tristeza!

¿si excavamos la colmena terráquea?

¿si salvamos los abetos impenetrables?

Ojos vidriosos ante esta compulsión desértica

Libre de  EXCESO-ROTHKO.

 

…en el desierto había un pabellón de ancianos

(Luis Alberto los visualizó)

La diáspora subyace alrededor de los moribundos

¡YO, MAIMONIDES

PUEDO BAÑARME

EN EL DESIERTO!

…no quiero morder a nadie,

Puedo plantar la cornea

Desmembrar la eternidad con éxito,

Las hierbas para el ojo curaron a Anaximandro

Un mes antes del diluvio

El milagro se extendió por el desierto: florecen las acacias en el polvo.

 

Isaac de Nínive

Tambien comparte el pabellón hasta el extremo,

ALEPH-LETRA SUSPENDIDA

En el angulo de la palabra

¿DONDE ESTAS?

Con los doce profetas menores,

Si pudiera

Te extraería música entre fuegos de lino

Y libres del Mediterráneo…¿POR?- dijo.

Jorge Castañeda

***

Comentario (Cantata Riojana)

Mucho antes de que llegara el conquistador las acequias trazadas por el indio ya cantaban a la vida en estas tierras. Fray Antonio Vázquez de Espinosa las comparaba con el paraíso terrenal: “Esta entrada de la ciudad, desde la distancia de dos leguas, forma una alegre y encantadora vista, con los arboles cubiertos de fruta todo el año y la gran frescura y verdura; pero lo que ayuda a hacer el lugar semejante al paraíso terrenal o pedazo de cielo, es la fragancia, la dulzura y el perfume de los azahares».

(Fragmento de Canto Fundacional)

Y te fundo

Ciudad de todos los Azahares

y te concedo el mando

puesto de norte a sur

como esos cerros

con todo el poder

de los futuros naranjales

cuyo Alcalde Mayor

será el aroma.

 

Te dejo aquí una plaza

que ya está siendo vieja;

abertura en el centro del otoño

hacia un cuento de la historia.

Podrán mirarme diariamente por ella, a mí, Ramirez de Velasco

Primer adelantado de estas leguas hurañas.

Y a Blas Ponce

con catorce carretas

que cargan la custodia de su nombre.

 

Y a este Rojas de Oquendo

que atravesó las sales del Atlántico

solamente para escribir un canto;

con él han de regarte las acequias.

 

Y te fundo

Ciudad de todos los Azahares

cuyo Alcalde Mayor

será el aroma.

 

Será el aroma.

Héctor David Gatica.

***

Texto 3 poesía y psicoanálisis

En el océano del Psicoanálisis y la Poesía me acercaron este texto proveniente de la Academia Literaria, donde los caminos vuelven a confluir en una concepción que nos contiene y nos desplaza por la lógica del agujero imantado, de la sed, de la sorpresa y el tono. La poesía como una música tarareada que nos llega quizás desde el útero, voz arcaica desanudada de lo aprendido, que solo disminuyendo los ecos de las voces altas se erige en la pequeña voz del mundo.

La poesía comparte con el habla, la irrupción de estas dimensiones del lenguaje. “El grito, el llanto, la risa, las ecolalias con sus cadenas repetitivas llenas de matices y las primeras adquisiciones silábicas que se mezclan e hibridan creando un lenguaje de frontera, dueña de capacidades rítmicas y de un poder significante que luego nunca podremos igualar. El proceso de socialización al que somos sometidos nos aleja progresivamente de esta experiencia, pero no del todo. La nostalgia de ese tiempo primicial vuelve cada día, a cada rato y encuentra la manera de expresarse en el habla cotidiana. Cuando no tenemos nada que temer, cuando hay confianza, y la lengua se desata, con los amigos, con los amantes, en la intimidad más profunda, el lenguaje enlaza su experiencia primera al presente y solo le importa el sentido como un sagrado secreto, hondo dentro nuestro, que queremos dar o recibir de otro como si fuera una comunión. Y ahí volvemos a experimentar, muy de cerca, eso que llamamos Poesía”.

“Que quiero decir entonces? Que el habla, zona de frontera del lenguaje que se niega a ser puro símbolo y anhela permanecer más cerca de las cosas, que se realiza a si misma en un combate contra las formalizaciones excesivas de la sintaxis, que ataca a los significados a veces en rigor mortis de la mera comunicación y la trastoca para que hable de nuevo, dirigida al cuerpo, a la mente, al corazón de otro, es la cuna de la Poesía”.  “En la Intimidad del Habla” del texto “La Pequeña voz del Mundo” de Diana Bellessi. Ed. Alfaguara 2011.

Vuelvo al psicoanálisis y en el mismo bote, les cuento que el “parlêtre”, el “hablaser”, es el término que le hubiese gustado a Jaques Lacan para nombrar al Inconsciente (dice Jaques Alain Miller en su texto “La Palabra que Hiere” Revista Lacaniana de psicoanálisis No 25).

Y es en el hablar del analizante, sin interrupciones groseras del analista, donde irrumpe una dimensión transformadora del sentido, que desplaza a otro sentido pesado y muerto, haciendo camino al deseo, a un sujeto menos enredado por historias,  menos atrapado en los laberintos de palabras vacías y prestadas por la norma,  menos sometido a la invención del otro de cada uno.

Los dejo con un final de Bellessi, “El habla corre como el torrente de un rio que no pretende fijación, más aun, halla en la no fijación su yacimiento de oro”.

Gustavo Zaldívar

***

De la adolescente

Entre mujeres alta ya, la niña
quiere llamarse Viento.
Y el mundo es una rama que se dobla
casi junto a sus manos,
y la niña quisiera
tener filos de viento.

Pero no es hora, y ríe
ya entre mujeres alta:
sus dedos no soltaron todavía
el nudo de la guerra
ni su palabra inauguró en las vivas
regiones de dolor, campos de gozo.
Su boca está cerrada
junto a las grandes aguas.

Y dicen los varones:
«Elogios impacientes la maduran:
cuando se llame Viento
nos tocará su mano
repleta de castigos.»

Y las mujeres dicen:
«Nadie quebró su risa:
maneras de rayar le enseñaron los días.»

La niña entre alabanzas amanece:
cantado es su verdor,
increíble su muerte.

Leopoldo Marechal

***

Canción 6

¡Ay Paraná si te vieras ,

Paraná!

Gran Paraná de las Palmas,

Paraná.

Hoy tienes orillas altas,

De mar.

Ya eres algo más que río.

¡ Ya eres mar!

Hoy,  sobre ti, si pudiera,

me haría, alegre,  a la mar!

*

Balada que trajo un barco

Las dríadas son las jacas

Y los faunos los caballos.

(Un barco griego ha movido

los árboles del bañado.)

 

Paloma del Paraná,

Vuela y vámonos.

 

Los pinos de la barraca

Son los del Mediterráneo.

Un viejo gaucho es el viento,

Abeja del Paraná:

vuela y vámonos.

 

Ríe en chiripá Sileno,

borracho entre los naranjos.

Venus austral baila hoy

Sobre un verde equivocado.

 

Estrella del Paraná,

vuela y vámonos.

Rafael Alberti

***

Fragmento 2

Nosotros, como las hojas que brotan al tiempo florido

de primavera y que cunde de súbito al sol,

semejantes a ellos, de la flor de la edad disfrutamos lo poco que alcanza

un palmo, sin saber nada del mal ni del bien

que guardan los dioses; las negras Keres nos cuidan, que rigen

el plazo, una de la afligida vejez,

y el de la muerte, la otra; y no duran de joven los frutos

más que cuanto en la tierra se derrama el sol.

Pero después que esa edad del hombre ha pasado, sin duda

que ya estar muerto resulta mejor que vivir.

Son muchas las penas del alma: de unos la casa se hunde

y vienen las tristes obras de la escacez;

a otro le faltan los hijos y al Hades se va bajo tierra

sin que haya podido su ansia acallar;

otro sufre un morbo acerbo, y así no hay humano

a quien no le envíe de males un cúmulo Zeus.

Mimnermo (Siglo VII A.C. Colofón, Grecia)

***

El camino recto

De kilómetro en kilómetro

de año en año
viejos de frente adusta
señalan a los niños el camino
con ademán de cemento armado.
Jacques Prevert
***

II

Desde la Casa de los Tres Mares

que está en la isla de Rodas

bajé un día por las escaleras

que conducen al mar azul profundo de los náufragos

y empecé a caminar por la costa asombrosa

hacia Iálisos,

pequeña población que se ve a la distancia.

 

De camino, que pasa por grandes peñascos

donde retoza el agua,

di con otra escalera

que llevaba a una gruta.

Las grutas de la Odisea me ganaron la imaginación.

Era, esperablemente, otro santuario de San Nicolás.

Entre unos cirios resplandecían los íconos

tan obsesivos como nuestros exvotos.

 

Pero los gobernaba el Pantócrator

como reina una estrella entre planetas:

la mirada dulce y severa,

el bigote un poco achinado

la mano derecha benedicente,

el imponente libro en la izquierda.

 

Las tapas relucen con ornamentaciones.

El libro está cerrado

para que Él lo abra y lo explique

como hizo con los rollos en la sinagoga.

 

El verde del manto

se cierra sobre el púrpura del vestido.

 

Al salir, el sol realizaba su alquimia milenaria.

A lo lejos, como cetáceos plácidos,

navegaban uno o dos cruceros turísticos.

 

En la gruta de San Nicolás

resplandecía el sol.

Miguel Montezanti

***

Poema

De piedra son unos, de arcilla otros —
¡Y yo centelleo con luz argentina!
Traiciono de oficio, Marina — mi nombre,
Soy frágil espuma marina.

De arcilla son unos, los otros de carne —
Para ellos: ¡tumba y losa sepulcral!
—Bautizada en la pila marina— y en el aire
Destrozada sin fin, vuelo y sucumbo.

A través de los corazones, a través de todo hilo
Mi capricho se infiltra, penetra.
De mí —esos rizos vagabundos: ¡miradlos!
No se hará para nada sal terrestre.

Contra vuestras rodillas de granito, triturada
Cada ola me — ¡reanima!
¡Viva la espuma, gloria a la espuma dichosa,
Viva la alta espuma marina!

Marina Tsevetáieva

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