La poesía y el mar 15°

La poesía y el mar 15°

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Los textos del 25 de julio… 

La belleza del mundo

La saga de La belleza del mundo, luego de la historia de Dionisios y los delfines…

12

Dispuesto a soñar con lo que sea

me entrego al sueño luego de un día fatigoso

¿o fue ayer el que cansó mis ojos y mis brazos?

Llego a tu orilla, mar, y no sabés decirme

si era este día o el anterior el que miraba

tus aguas lechosas, tus abismos dulces,

como un vagabundo que no tiene nombre…

Nadie tiene nombre perdurable en tus aguas

y en mi tumba había una pluma de cotorra

verde y suave para que la admire el viajero

y se alegre al seguir su camino.

***

Lamara está lagunera

Hunco, ortiga

Alga, coral

Restinga, que tinga

, por allá

En el Golfo  San Matías

Bahía que aquerencia le entrada

del salvaje atlántico

Y pulpos

pequeños

buscan refugio

en ellas

Con agua dulce

luego

,serán cocidos

 

Tarucha y Dentudo

Corvina y Besugo

La laguna

Y

El mar

La laguna

No es mar

El mar

No es laguna

Tal vez

por caprichos del chef que cocinó el big bang

 

Flan de cañadón

,dulce

Chorizo de galerna

,salado

La laguna no es mar

El mar no es laguna

Lamara está lagunera

El bagre es de ahí

Nada, que te nada

Nadá, bigotón

 

La laguna se encaja si no dejan correr su agua

En cambio

,el mar es poesía

Te lleva aunque quedes sin armas para enfrentar el tipeo

El mar no es laguna

Budín dulce de cañadón

Morcilla salada de resaca

Que

Si la conocés

Te saca

A la costa

de nuevo

La laguna y el mar

Tienen playas

, ambas

, ambos

Una más lejos de

La otra más cerca de la espuma

Gallareta sueña sufear

Orírica Fulica Leucoptera

pone huevos

en el viento de la mayor sudestada

Luego se hunde

Y

Viaja

En sus líquidos sueños picudos

Por el túnel

De dos manos

La laguna va a la mar

El mar va hacía ella

Se conocen

Me lo contó en paraje La Rabia

Cuando avistó mi torpedo

También

lo dijeron Anibal

,Graciela

En

La Poesía y el…

En ella, en él

Las boyas flotan

Se puede nadar

Se puede escribir

La laguna y el mar

Lamara está lagunera

Leo Baldo

***

Océano mar

(capitulo 5)

Solo, en medio de la playa, Bartleboom miraba. Descalzo, con los pantalones remangados para no mojarlos, un enorme cuaderno bajo el brazo y un gorro de lana en la cabeza. Ligeramente inclinado hacia adelante, miraba: por el suelo. Estudiaba el punto exacto en el que la ola, después de haber roto una decena de metros más atrás, se extendía —convertida en lago, y espejo y mancha de aceite— subiendo por la delicada pendiente de la playa y al final se detenía —el borde extremo pespunteado por un delicado perlage— para vacilar un momento y al fin, derrotada, intentar una elegante retirada dejándose caer hacia atrás, por el camino de un regreso aparentemente fácil, pero en realidad presa destinada a  la esponjosa avidez de aquella arena que, hasta entonces indolente, despertaba de improviso y la breve carrera del agua que rompía se evaporaba en la nada.

Alessandro Barrico

***

Rodas 3

El mar sigue quebrándose contra la costanera Akti Miaouli,

el viento deshace una palmera más alta que mi ventana;

acá, en una fantasmal mansión para escritores,

sobre un barranco del monte Smith, en Rodas,

sé muy bien que esta noche, mi última noche,

la Acrópolis de Apolo, a mis espaldas, está pensando en mí.

También sé que la ermita de San Nicolás, hundida en una gruta camino a la Acrópolis

y desbordante de íconos insensados

está pensando en mí;

y los cuerpos de los caballeros joanitas,

que reposan en las excavaciones del fuerte;

y los restos imponentes de la centenaria presencia turca

y los romanos, cristianos y bizantinos y antiguos

están pensando en mí.

 

¿Quién soy yo para que personajes tan encumbrados

piensen en mí,

tan sólo porque ésta es mi última noche en Rodas?

 

Sin embargo, estoy muy seguro:

porque yo vengo de un país

más allá de la hundida Atlántida.

Mi causa es defendida por Platón.

Yo soy más exótico para ellos

que ellos para mí.

 

Por eso, porque les he dejado unos poemas

escondidos en las grietas de unos mármoles

y entre las ruinas de un santuario de las Ninfas,

ellos, los gigantes del Tiempo,

no me olvidarán.

Miguel Montezanti

***

El tren

Padre, ya viene el tren de Alemanía,

anúncialo tocando la campana,

ponte la gorra, cierra la ventana

que ya no hay nadie en la boletería.

 

Madre, ya viene el tren con su alegría

y el crisantemo de humo que desgrana.

No sé por qué te siento más lejana

cuando lo mira tu melancolía.

 

Oh, padre, adiós perdido entre los trenes,

nadie despide a nadie en los andenes

donde no sé por qué yo siempre espero.

 

Nadie despide a nadie hasta que un día,

en un remoto tren de Alemanía

adolescente, con ustedes, muero.

Manuel J. Castilla

*

Era lejos

Me sé quedar a veces lleno de lejanías.

Suele ser en agosto

porque entonces los ocasos son de un barro sangrante

y uno canta dolorosamente

como si fuera pisando las alas del ángel de la guarda.

 

Al fondo, en el crepúsculo, las montañas violetas

son como una música que se ve dentro del sueño.

Pueden sentirse llegando los pasos de la memoria.

Oírla descargar a nuestros pies

igual que un trozo de lana

muchas cosas borrosas

que ya sobre la noche hacemos nuestras

melancólicamente.

El canto de unos pájaros sobre el amanecer junto al

Pilcomayo, por ejemplo.

Macho y hembra buscándose tan olvidadamente solos,

que ese amor y esos trinos eran como la plomiza alegría

de la muerte.

Cosas así aparecen.

Y una tarde amarilla caída entre los yuyos

de una plaza campesina, en La Silleta,

lamiendo en la capilla la boca de madera

llena de sed del santo

en cuyos ojos el perdón se parece a un adiós agonizante.

 

Alguien cantaba largo y hermoso, anocheciendo.

La guitarra ceñía el cuerpo del hombre

como una rastra de rocío

y en la voz del cantor se desleían tiernos toros en celo,

polvorosos de balidos.

Por ratos eran leves, asustadas corzuelas con algo

de agua herida

lo que andaba en el aire de esa música.

Y cuando era el silencio,

cada uno sentía como si al llanto que estaba por nacerle

lo apedreasen.

 

Me sé quedar a veces lleno de lejanías.

Manuel J. Castilla

***

No sé cómo  mirar y escribir  al mismo tiempo

Algo se adueña de mí,

de mi cordura,

y soy sumisa fruta  boquiabierta.

*No sé cómo  mirar

y escribir  al mismo tiempo*

No voy al baño,

no me enfermo,

no me peino,

se me colman

de ÚES los oídos.

Desde un ahorro

de perfume,

de  mochilas,

desde este muro

de Berlín y de salitre,

mi bello exilio de ventanas empañadas,

venero  la  inmensidad  minimalista.

*no sé cómo  mirar y escribir al mismo tiempo,

ya creo que es lo mismo*

Algo me rapta,

me usurpa,

me transporta.

¡Ay!, mar ladrón de mi supuesta autonomía,

tu centinela soy

y envuelta en la frazada,

te rindo pleitesía:

Me tenés a tus pies

pero en pantuflas.

GraCiela Vergel

***

El libro de los divanes

Capítulo I

Cuando le digo que mi primer libro,

De este lado del Mediterráneo

Está por aparecer en la obra reunida,

Ella como si hubiera escuchado mal me contesta

Que un mar separa la habitación de la hija

De la habitación de la madre.

Es un libro naíf, salvaje,

Tengo miedo de que me delate,

Insisto yo haciéndome la que también escuché mal

Aunque quedaba muy claro que como por arte de

/ magia

Ya habíamos pasado a otro tema.

A ella le causa gracia, a su supuesto saber.

Dice: el síntoma es lo naíf, lo salvaje, el síntoma delata.

¿Será entonces que cuando escribo yo ventilo

Las quejas, las falencias, las taras

Que aparecen y desaparecen al ritmo

De mis sucesivos análisis?

Ella no contesta y eso debe querer decir

Que siempre hay otra línea de lectura, siempre hay otra.

 

No se nombraban los síntomas en mi familia

Se diagnosticaba con metáforas y hay que reconocer

Que aunque un discurso fechado envejece hoy al

/ psicoanálisis

Me obstino sigo buscando

Por fatiga en el diván asocio libremente

Otro nombre para el asma.

Con su pudor burgués mis padres habían traducido

Enfermedad por cansancio, asma por fatiga

Para que yo no me avergonzara pero fue inútil

Tuve que retroceder hasta la intimidad de aquel silbido

Para encontrar ahí mi propio trabajo mesurable

Al fondo de la espirometría justo donde inspirar uno

/ inspira

Pero donde para inspirarse

Busca a una analista que seguramente le dirá:

El mar hay que nadarlo los asmáticos

Se ahogan en un vaso de agua

No llegan nunca a la habitación de la madre

Dan brazadas inútiles mientras el verdadero enfermo es otro.

 

A mi primer analista yo lo había soñado

Sentado toda la noche en el living de la casa de mis

/ padres

Será que yo a ustedes los cuido había interpretado él

Y fue ahí cuando lo adopté

Porque si de verdad quería cuidarme si elegía ser

un sereno nocturno para apaciguar la respiración de

/ la familia

Lo iba a dejar hacer no me importaba

Cambiar de madre por un hombre maternal.

Esa magia me curó del asma por unos años

Pero no me curó para siempre.

Mi segundo analista me señaló el miedo a viajar

Despegarte del círculo familiar dijo

Como si un océano tuviera que por fin separar

Lo que seguía fijo en la habitación de al lado.

Un círculo o un ghetto: en el diván de hoy no se me

/ ocurre

Una asociación menos obvia que esta

Para darle una vuelta más

A lo que ya no tiene vuelta atrás.

¿Me analizo sin remedio para sentirme joven

O escribo para remediar mis libros viejos?

 

Ni a mí me interesa la respuesta

Si el inconsciente sube a la bicicleta del tiempo

Es porque su fecha de vencimiento le saca canas verdes

A la repetición. ¿Y el amor? ¿Y el amor?

Ella no abre la boca.

Su supuesto saber se ahoga también

En el vaso de agua de mi soledad.

No hay asma para nadar sola

Es una fatiga que se paga cara

Yo ya había nacido separada

En el cuarto de al lado de mi madre

Que encerró su amor contra el mío

Esperando la cura de un bebé terminal

Que no era yo.

Pero por suerte hay otra línea de lectura, siempre hay

/ otra.

Cuando salgo contenta de una sesión me siento en el

/ bar de enfrente

Y ahí sí, ahí sí que asocio libremente

Porque ni bien la gente enciende sin mí los decibeles

De su charla

Ya sé que las servilletas me van a servir

Para ajustar unas palabras desteñidas

A los rigores de mi impresora cuando vuelva a casa.

Eso me gusta

Porque escribir se escribe para constatar

Que no hay ningún inconsciente que aguante

Las ganas de futuro la alegría de saber que aunque todo

/ se repita

Algo siempre va a cambiar de la casa al bar y del bar

Hasta la casa alguna novedad alguna letra chica

Que arrastre  otra vez los términos del contrato:

El diván le cierra a la boca

Lo que no vale la pena decir

Mientras abre para este libro nuevo

Las expectativas del qué dirán.

( y continúa….)

Tamara Kamenszain.

***

El caos y el soneto…

I will put Chaos into fourteen lines

And keep him there; and let him thence escape

If he be lucky; let him twist, and ape

Flood, fire, and demon — his adroit designs

Will strain to nothing in the strict confines

Of this sweet order, where, in pious rape,

I hold his essence and amorphous shape,

Till he with Order mingles and combines.

Past are the hours, the years of our duress,

His arrogance, our awful servitude:

I have him. He is nothing more nor less

Than something simple not yet understood;

I shall not even force him to confess;

Or answer. I will only make him good.

*

Traducción:

Voy a poner al Caos dentro de catorce versos

Y mantenerlo allí; y escaparía sólo

Con mucha suerte; voy a dejarlo retorcerse y transformarse

En inundación, fuego, y demonio – sus ingeniosos planes

No llegarán a nada dentro de los estrictos confines

De este dulce orden, donde, en piadoso sometimiento,

Yo sujetaré su esencia y su forma amorfa,

Hasta que se mezcle y se combine con el Orden.

Ya son del pasado, las horas, los años de nuestra tortura,

Su arrogancia, nuestra terrible servidumbre:

Lo tengo. No es nada más ni menos

Que algo simple todavía incomprendido;

Ni siquiera voy a forzarlo a confesar;

Ni a responder. Sólo lo haré bueno.

Edna St. Vincent Millay

(Traducción: Inés Ruvituso)

***

La Palliri 
Qué trabajo más simple que tiene la palliri.
Sentada sobre el cáliz de su propia pollera,
elige con los ojos unos trozos de roca
que despedaza a golpes de martillo en la tierra.

(Un silencio nocturno le trepa por las trenzas
y oscurece la arcilla de sus manos morenas.)

Qué inútil que sería decir que en sus miradas
hay un pozo de sombra y otro pozo de ausencia;
que pudo ser pastora de las nubes
y se quedó en minera,
que pudo hilar sus sueños por las cumbres
viendo bailar la rueca.

La palliri no canta
ni tampoco hila sueños.
La mirada en la tierra
y en la cabeza el cielo
de mañana y de tarde
busca sólo el silencio,
y cuando está a su lado
lo quiebra contra el suelo.

Y no sabe que a ratos, entre brazos recios,
se le duerme el martillo como un niño de hierro.

Manuel J. Castilla

*

Corriendo por la costa

Salir del soborno de los días.

Cada pisada es calzada libertad

silencio que se habita.

 

Aquiles sobrevolando el talón

más vulnerable del invierno.

La respiración que sostiene su pregunta

desde el fuelle de Dios en los pulmones.

 

Huye Ulises de Calipso

hacia el sol que inventa el horizonte.

La transpiración cubre el cuerpo,

resto de agua lustral purgando sombras.

Luz victoriosa que se lleva

todo lo mirado al trote tenaz.

 

Patear el piso para atrás

como un recuerdo.

Las manos espantando moscas de amargura,

péndulos infatigables

en un reloj de sangre.

 

Adolece la plaza en una orgía verde.

Fija en el rostro del futuro

la mirada anda sobre ruedas

libando niñas de flores en los ojos.

 

Por hoy la muerte se calzó las zapatillas

y compañera nos perdona el desatino

de no hablarle hasta la meta de llegada.

 

Hay algo en el correr que emprende vuelo

desde una huella adormecida,

la palabra en los pies quebrando la llovizna.

 

Una mudanza a paso firme insiste

en asir el lenguaje del mar

Las estatuas pasan guiñándote los ojos

mientras monta a Rocinante un gorrión idealista.

 

Al cruzarte con el corredor desconocido

un íntimo fulgor que nos redime en la mirada

se multiplica en todos los espejos

 

Hay algo en el correr que nos absuelve

y triunfantes volvemos

a barajar nuestras derrotas.

Damián Katz

***

Consistencia biográfica del agua…

comenzaron a caer sobre la tierra las aguas del diluvio… Génesis 7-10. 2

¿Permanecer atado a la huella Solo para que me escuches?

Sentir el agua En ausencia del cuerpo

Más allá De la cultura bilingüe,

Donde el cúmulo de hojas

Se pierde Con los batracios y las larvas,

Escucha Cómo se oculta la lluvia Bajo la sombra del leño.

Un signo mañanero Con su humedad foránea Vuela hacia nosotros…

Escucha Cómo las bestias Muerden El ruido del agua.

Sentir el clamor de los pescadores

Al mojar centímetro a centímetro Sus cabezas de insectos

Y no humedecer el suelo.

¿Hacia dónde miran los caballos Para qué los árboles Muerdan de este bronce misterioso?

…y no hablemos De los juncos Amarrados en el agua,

Espejándose en la nube Que nos invade de cristales Para la revelación del rostro…

Un ojo Acumulando Gritos lluviosos

Infectado Por un virus de agua

Que asumía la locura Brotando de una seda insigne,

Elevándose Hacia el oasis Que exige agua

Pretendiendo ser memoria…

Memoria acuática,

Investigando La gestación de la luz

Para la herida En construcción,

Y que las dunas Se precipiten sobre las espinas…

Jorge Castañeda

***

El mar

Dientes de flores, cofia de rocío,

manos de hierbas, tú, nodriza fina,
tenme prestas las sábanas terrosas
y el edredón de musgos escardados.

Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
Ponme una lámpara en la cabecera;
una constelación, la que te guste;
todas son buenas, bájala un poquito.

Déjame sola; oyes romper los brotes…
te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases

para que olvides… Gracias… Ah, un encargo:
si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido.

Alfonsina Storni

***

El misterio de la creación

Me acuerdo, en los días de noviembre,

mirando el mar desde el acantilado,

y cruzar la línea misteriosa

que separa el presente del pasado.

Navegar, en un bote silencioso,

más allá de lo alguna vez, soñado.

Sumergirme en el caos infinito

del viento azul, total e inacabado…

Y volar con las alas transparentes

del alma, con valor desesperado…

Vislumbrar las leyendas que sugieren

los primeros aromas del verano.

y concebir, en estado perfecto

aquel poema sutil y añorado,

mientras la arena leve va cubriendo

las huellas de los seres convocados.

Volver a la playa y echar las amarras,

con un verso, recién nacido, en los brazos,

y la luz de la luna en una caja,

que lleva mi firma y mi nombre, grabados.

Susana A. Orden

*

Inmanencia-trascendencia

Veo ese bote perdido en la niebla;

el cielo se funde en el mítico mar;

el agua acaricia pálida arena

y el sol se refugia en su soledad.

Me siento en la orilla sutil de un enero,

misterio en la brisa, me invita a pensar,

en días que pasan, marchando en fila,

sin que el silencio los pueda encuadrar.

Entonces comprendo de qué estoy yo hecha,

de alguna sustancia divina y fatal

que detiene esa marcha incierta, alocada,

llamada por todos, vida real.}

Miro los peces que saltan muy libres,

y me regodeo en esa unidad,

que el cielo y la tierra dan a las almas

que en ellas recuestan su humanidad.

Susana A. Orden

***

Hasta el sábado 1° de agosto!!!!

 

 

 

 

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