La poesía y el mar 3 de octubre

La poesía y el mar 3 de octubre

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Octubre (Luce)

La uña de mi árbol

de arena concentrada

confronta al mar

dureza de antiguos caracoles.

De tanta ola rozándole

decidió no trabajar nunca

olvidó lo que sintió tanto

para oír el eco de su remoto origen.

Recordó el largo viaje

de sus granos de lluvia

por el espacio oscuro

fruto que se hizo flor en su copa.

*

Lo que llamamos yema

es una abrupta abeja

espiral en vía láctea repetida

libando y libando al tacto la ceniza.

Pétalos del mundo, lo que llamo falange

es sueño de asir el viento que nos toca

gusano en tierra fresca poros todos

abiertos al nutricio deleite.

Así bajo al valle de las palmas

así conozco el verdadero océano

región de brujas, larga vida, exilio

junta de prana, leche, corazones.

(mis nuevos poemas luego de La belleza del mundo)

***

Aquél

Oh días consagrados al inútil

empeño de olvidar la biografía

de un poeta menor del hemisferio

austral, a quien los hados o los astros

dieron un cuerpo que no deja un hijo

y la ceguera, que es penumbra y cárcel,

y la vejez, aurora de la muerte

y la fama, que no merece nadie,

y el hábito de urdir endecasílabos

y el viejo amor de las enciclopedias

y de los finos mapas caligráficos

y del tenue marfil y una incurable

nostalgia del latín y fragmentarias

memorias de Edimburgo y de Ginebra

y el olvido de fechas y de nombres

y el culto del Oriente, que los pueblos

del misceláneo Oriente no comparten,

y vísperas de trémula esperanza

y el abuso de la etimología

y el hierro de las sílabas sajonas

y la luna, que siempre nos sorprende,

y esa mala costumbre, Buenos Aires,

y el sabor de las uvas y del agua

y del cacao, dulzura mexicana,

y unas monedas y un reloj de arena

y que una tarde, igual a tantas otras,

se resigna a estos versos.

Jorge Luis Borges

***

Lluvia

una orquesta sinfónica.

cae una tormenta,

están tocando una obertura de Wagner

y la gente deja sus asientos bajo los árboles

y corren a refugiarse en el quiosco,

las mujeres ríen, los hombres aparentan calma,

tiran los cigarrillos húmedos,

Wagner sigue sonando, y entonces todos están bajo el

quiosco. incluso los pájaros salen de los árboles y

se meten en el quiosco y después suena la Rapsodia

Húngara Nº2 de Lizst, y sigue lloviendo, pero mira,

un hombre está sentado a solas bajo la lluvia

escuchando. la orquesta sigue con lo

suyo. el hombre está sentado en la noche bajo la lluvia,

escuchando. le pasa algo,

¿no?

había venido a oír la

música.

Charles Bukowsky

***

De qué callada manera

Se me adentra usted sonriendo

Como si fuera la primavera

Yo muriendo

Y de qué modo sutil

Me derramó en la camisa

Todas las flores de abril.

¿Quién le dijo que yo era risa siempre

Nunca llanto?

Como si fuera la primavera

¡no soy tanto!

En cambio que espiritual

Que usted me brinde una rosa

De su rosal principal.

De qué callada manera

Se me adentra usted sonriendo

Como si fuera la primavera

Yo muriendo!

Nicolás Guillen

***

Con Quevedo en primavera

Todo ha florecido en

estos campos, manzanos,

azules titubeantes, malezas amarillas,

y entre la hierba verde viven las amapolas.

El cielo inextinguible, el aire nuevo

de cada día, el tácito fulgor,

regalo de una extensa primavera.

Sólo no hay primavera en mi recinto.

Enfermedades, besos desquiciados,

como yedras de iglesia se pegaron

a las ventanas negras de mi vida

y el sólo amor no basta, ni el salvaje

y extenso aroma de la primavera.

Y para ti qué son en este ahora

la luz desenfrenada, el desarrollo

floral de la evidencia, el canto verde

de las verdes hojas, la presencia

del cielo con su copa de frescura?

Primavera exterior, no me atormentes,

desatando en mis brazos vino y nieve,

corola y ramo roto de pesares,

dame por hoy el sueño de las hojas

nocturnas, la noche en que se encuentran

los muertos, los metales, las raíces,

y tantas primaveras extinguidas

que despiertan en cada primavera.

Pablo Neruda

***

A la mar

La voluntad de Dios por grillos tienes,

Y escrita en la arena, ley te humilla;

Y por besarla llegas a la orilla,

Mar obediente, a fuerza de vaivenes.

En tu soberbia misma te detienes,

Que humilde eres bastante a resistirla;

A ti misma tu cárcel maravilla,

Rica, por nuestro mal, de nuestros bienes.

¿Quién dio al pino y la haya atrevimiento

De ocupar a los peces su morada,

Y al lino de estorbar el paso al viento?

Sin duda el verte presa, encarcelada,

La codicia del oro macilento,

Ira de Dios al hombre encaminada.

Francisco de Quevedo

***

Los poetas

Discutir con ustedes, muertos; ¿para qué sirve?

Recorrer sus calles, el rostro

que les encantaba buscar en los libros,

hurgar en sus cartas para sentir

dónde, y de dónde, les viene la inspiración.

¿Es alegría convivir durante años

con un poeta del pasado?

Alegría es sentir nacer sus palabras

en el viento de la noche

como si nunca antes nadie las hubiera dicho.

Amar el pasado es despojarse

de todo y hacerse cuerda que se sobresalta

y en el magma del estruendo

selecciona discretas intermitencias,

es desenterrar la llave

que en el falansterio de lo real

abre la puerta justa.

Pero ahora esas voces no me tientan.

Esta noche, no sé cómo, necesito

Una desesperación sólo mía.

 Déjenme solo, fantasmas.

Alessandro Parronchi

*** 

tierra y memoria tiro sobre vos

amores de verano y pasiones provincianas

que sellan y borran la confusión de la ideología

elementos frágiles banderas en las manifestaciones

primeros de mayo en el tenebrismo de Palacios

vísperas con despierta y canta

la realidad del día a día con concursos y premios

dónde han caído las primeras muertes heroicas

tierra y memoria tiro

sobre las muchachas que llevaron las banderas

y hoy hacen meritorio teatro de barrio

mientras oigo hablar de idealismo

repugnante palabra patrimonio de la derecha

poetas de mi juventud

bares de mi ciudad colectivos de la madrugada

paso la noche sobre el océano

para tirar tierra y memoria

sobre toda esa poesía perdida

Juana Bignozzi (Buenos Aires, 1937-2015)

***

La partida

¡Todo acabó! La vela temblorosa

se despliega a la brisa del mar,

y yo dejo esta playa cariñosa

en donde queda la mujer hermosa,

¡ay!, la sola mujer que puedo amar.

Si pudiera ser hoy lo que antes era,

y mi frente abatida reclinar

en ese seno que por mí latiera,

quizá no abandonara esta ribera

y a la sola mujer que puedo amar.

Yo no he visto hace tiempo aquellos ojos

que fueron mi contento y mi pesar;

los amo, a pesar de sus enojos,

pero abandono Albión, tierra de abrojos,

y a la sola mujer que puedo amar.

Y rompiendo las olas de los mares,

a tierra extraña, patria iré a buscar;

mas no hallaré consuelo a mis pesares,

y pensaré desde extranjeros lares

en la sola mujer que puedo amar.

Como una viuda tórtola doliente

mi corazón abandonado está,

porque en medio de la turba indiferente

jamás encuentro la mirada ardiente

de la sola mujer que puedo amar.

Jamás el infeliz halla consuelo

ausente del amor y la amistad,

y yo, proscrito en extranjero suelo,

remedio no hallaré para mi duelo

lejos de la mujer que puedo amar.

Mujeres más hermosas he encontrado,

mas no han hecho mi seno palpitar,

que el corazón ya estaba consagrado

a la fe de otro objeto idolatrado,

a la sola mujer que puedo amar.

Adiós, en fin. Oculto en mi retiro,

en el ausente nadie ha de pensar;

ni un solo recuerdo, ni un suspiro

me dará la mujer por quien deliro,

¡ay!, la sola mujer que puedo amar.

Comparando el pasado y el presente,

el corazón se rompe de pesar,

pero yo sufro con serena frente

y mi pecho palpita eternamente

por la sola mujer que puedo amar.

Su nombre es un secreto de mi vida

que el mundo para siempre ignorará,

y la causa fatal de mi partida

la sabrá sólo la mujer querida,

¡ay!, la sola mujer que puedo amar.

¡Adiós!..Quisiera verla… mas me acuerdo

que todo para siempre va a acabar;

la patria y el amor, todo lo pierdo…

pero llevo el dulcísimo recuerdo

de la sola mujer que puedo amar.

¡Todo acabó! La vela temblorosa

se despliega a la brisa del mar,

y yo dejo esta playa cariñosa

en donde queda la mujer hermosa,

¡ay!, la sola mujer que puedo amar.

Lord Byron

***

Conversación cósmica.

En el cáliz fugitivo del segundo,

mi verso va naciendo en el silencio,

convocando recuerdos del pasado

y también, conjunciones de lo inmenso.

Es la voz de aquellos que se han ido,

dejando su legado de misterio.

bajo lápidas de mármol se ocultan

sus amores, sus luchas y sus sueños

En esa biblioteca de mi padre,

a grandes escritores fui leyendo.

Dialogando con ellos y sus obras,

mi  pluma adolescente fue creciendo.

Yo no sé si las almas reencarnan,

mas comprendo la esencia del secreto:

¡Al libro que leemos, conferimos,

sagrada jerarquía de lo eterno!

Susana A. Orden

*

CONVERSIÓN

Cabalgan los pájaros de la noche,

contemplando la ciudad dormida.

el alma clama y nadie le responde,

sobre las crestas grises y vacias

mas el poeta  alza su pluma, entonces,

convocando a las   luces escondidas,

lanza  conjuros que marchan veloces.

Tras los cristales, la niebla imagina

claves secretas de la medianoche.

En  el aire opaco ya se vaticina

que esa luz que todo lo domina,

nos dará tal vez, el mágico roce,

que instaura  reinos de la poesía.

Susana A. Orden

***

Sobre Antinoo

Oscar Wilde en su poema  «La esfinge» habla de Antinoo, el joven esclavo que enamoró  al emperador Adriano, que murió ahogado en el Nilo y que tras su muerte fue representado y ad orado  como un Dios por todo el Imperio Romano . «Háblame de aquel verde y oloroso atardecer, cuando tendido junto a la ribera escuchaste la risa de Antinoo desde la barca dorada de Adriano. Y como lamiste la corriente calmando tu sed y contemplaste con ardor y avidez  el cuerpo de marfil de aquel joven y singular esclavo, con una granada en los labios.»

***

Lo Real

Hemos hecho, de la producción y consumo de narrativas distópicas, realidades. 

Ahí hay algo que boya.

El mar se ahoga.

Leo Baldo

***

Distanciate

Tomá distancia de las personas que no se distancian de la certeza

, de aquellas que no preguntan

o

no dudan

y de las que anulan una charla blandiendo el garrote de una única verdad

Tomá distancia de las que no giran, como la tierra, en 360 grados buscando nuevas perspectivas

y de las que le hablan solo al espejo, adalid de la primera puesta espectáculo

Toma distancia de aquellas personas que ven en el humor solo un modelo de sonrisa, pero no de pensamiento

Tomá distancia de las personas que no hacen un fuego, y de esas que no soplan las ramas para que este se encienda

, de las que no crepitan y no intentan quemarse

Tomá distancia de las que no toman distancia de los discursos vacíos y que no cantan una canción en una lengua inventada en determinado momento

Tomá distancia, distancia

, de aquellas que talan un árbol y no siembran uno nuevo

Distancia tomá de quienes no se dejan llevar por el gorjeo de una paloma a la siesta o por cualquier otro sonido, ser

En la playa

, tomá distancia de esa persona que ves, siempre, debajo de una sombrilla y que con su radio o smartphone bocina impide que escuches el ruido del gigante

De ser necesario, tomá distancia de vos. Tomemos

Pero no tomes

Nunca

Distancia del mar

Agua

Lugar de preguntas 

Leo Baldo

***

1964

I

Ya no es mágico el mundo. Te han dejado.
Ya no compartirás la clara luna
ni los lentos jardines. Ya no hay una
luna que no sea espejo del pasado,

cristal de soledad, sol de agonías.
Adiós las mutuas manos y las sienes
que acercaba el amor. Hoy sólo tienes
la fiel memoria y los desiertos días.

Nadie pierde (repites vanamente)
sino lo que no tiene y no ha tenido
nunca, pero no basta ser valiente

para aprender el arte del olvido.
Un símbolo, una rosa, te desgarra
y te puede matar una guitarra.

II

Ya no seré feliz. Tal vez no importa.
Hay tantas otras cosas en el mundo;
un instante cualquiera es más profundo
y diverso que el mar. La vida es corta

y aunque las horas son tan largas, una
oscura maravilla nos acecha,
la muerte, ese otro mar, esa otra flecha
que nos libra del sol y de la luna

y del amor. La dicha que me diste
y me quitaste debe ser borrada;
lo que era todo tiene que ser nada.

Sólo que me queda el goce de estar triste,
esa vana costumbre que me inclina
al Sur, a cierta puerta, a cierta esquina.

Jorge Luis Borges

***

El amenazado

Es el amor. Tendré que ocultarme o huir.
Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz.
La hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre
es la única. ¿De qué me servirán mis talismanes:
el ejercicio de las letras, la vaga erudición, el aprendizaje
de las palabras que usó el áspero Norte para cantar sus
mares y sus espadas, la serena amistad, las galerías de
la Biblioteca, las cosas comunes, los hábitos, el joven
amor de mi madre, la sombra militar de mis muertos,
la noche intemporal, el sabor del sueño?
Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo.
Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre se
levanta a la voz del ave, ya se han oscurecido los que
miran por las ventanas, pero la sombra no ha traído la paz.
Es, ya lo sé, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz,
la espera y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo.
Es el amor con sus mitologías, con sus pequeñas magias inútiles.
Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar.
Ya los ejércitos me cercan, las hordas.
(Esta habitación es irreal, ella no la ha visto)
El nombre de una mujer me delata.
Me duele una mujer en todo el cuerpo.

Jorge Luis Borges

(dos poemas que no alcanzó a leer Zelica por una emergencia)

***

El sacrificio (final)

El roce de ostras está lejos de la bahía
Su canto se escucha
Ahorcado por el susurro de Maria
Que no es eco matutino.

En el sacrificio se baten los ojos
Se juega con cuchillos
Se aprende a afilar dientes en columnas,

Se repele el sonido de la gota del alma
Solos
Ante la mirada sedienta del profeta,

Los eternos sedientos
Giran alrededor del templo y crujen,

Un vacío
Lleno de erupción a la luz del parto
Ríe…
Dios
Ha vuelto al camino
Yace  a sus pies…el sacrificio.

Sueño con los cabellos de Maria
Mordiéndome la boca,

Mientras cruzo por el fondo del río
Como lo he soñado
En el féretro que me transportaba por el mundo.

Sacrificio
La noche del poeta también se hincha

¿Qué ojos yacen apilados en el cuenco del libro?

Crustáceos negros nos visitan
Desde el balcón ajeno a la vida,

Navegar
¿era blanquear la mano hinchada del poeta?

La piel y el sonido de los sauces
No enjuician la sed de los viñedos.
Te vi navegar
Sobre los pechos de Maria.

La fiebre sigue los juegos de la criatura incaica
Cerca del obelisco que emigra a diestra y siniestra.

La música padece el fuego eterno
Enmudecido por mi carne
Que llega lejos del coro bajo la sangre del cordero.

Atardeceres fugaces juegan con el sacrificio
Devorando el arca que fluye rápidamente
En los fragmentos, en la madera muerta
Como el decálogo flotante a orillas del muro.

Entre los álamos se postró un grito
(Oriente y Occidente en purificación constante
Ruge el sacrificio bajo los Dioses).

Odas cantadas por huérfanos
Bellas sinopsis perforan el año
Historias desvastadas entre la melena del exilio.

Alex prendido de las uñas que María teje en primavera.

El sacrificio es agua para el río
Es un susurro oblicuo a los atardeceres
Es un ritual que veo bajo este árbol,
En cubos de miseria y odio
En templos de mirra y lodo

 (La ley no pertenece al caos)

La luz que baja hasta la sien del sacrificio
Se somete a la herida más cercana
¿y las espinas?
Paren a orillas del fuego

Ojos que avanzan como ejércitos de leche
Trepan hacia la ribera que padece la intoxicación de un cactus
Reduciendo el dolor que penetra el cuerpo
Lamiendo el suelo musical…
¿han dejado el agua junto al árbol?
El pequeño cubo
Repleto del líquido…desaparece con el niño.

Los dioses no fecundan el polvo
Los ojos aclaran las monedas de bronce que aún no existen,

Oscuras gargantas queman el pan y el trigo familiar.

Un yelmo perfumado penetra el aroma del cadáver
Devolviendo al guerrero una película de acero,


La tierra yace enmudecida
Sin aliento

Capaz de dejar sin ruido las habitaciones,

Se ha paralizado el tiempo y Alexander arde.

La soltura acaba con la cuerda atada a la boca pecadora,
(La lengua de Quetzalcóatl crece).

Oriente trae el pausado abrigo en constelaciones saturadas
El profeta muere a orillas del fuego.

María (pensativa):- supe, cuando las noches de Alexander frecuentaban
La locura, incendiando la casa estival de la familia, ahorrando el fuego
Que de la muerte baja hacia la isla, azotando a los médicos, corriendo
Inevitablemente hacia el cielo. Naufrago en el espacio que abarca el otoño
Ebrio y desnudo, soledad de los peces que nos regalaron bajo el crepitar
De las distintas especies…las otras fueron cantadas por Dios (pero no supe
Pronunciar su nombre correctamente) si supiera, crearía un Alexander del
Barro más cercano a la tierra (no lo transformaría en polvo)…y estoy sola
Con tristes criaturas bajo mis manos, envejeciendo en silencio, con ausencia
De sueño, azotando el espanto de alguien que ame la hojarasca adulta
Mientras Alexander tiembla y muere.

Jorge Castañeda

***

A mi madre

                               I

¡Qué sencillo

es a quien tiene corazón de grillo

interpretar la vida esta mañana!

                                                                                                                                 Conrado N. Roxlo

Mi madre se fue en un poema de Conrado Nalé Roxlo,

con el corazón lleno de grillos

en un silencio nocturno e inaudito.

Seguramente para no perder la costumbre

me seguirá tapando por las noches,

y poniéndome comida en el plato de manera inconsulta.

Es que el amor de madre es el más anacrónico y el más vigente,

y se las ingenia para contrabandear palabras y canciones de cuna,

saltando todos los cercos de la muerte.

                               II

Una madre te sigue hablando desde la misma ausencia,

desde lo cóncavo de las cucharas

y lo convexo de los ojos de los pájaros.

Todo tiene sus manos.

Hasta el aire es una voz que nunca duerme

y que pronuncia tu nombre,

mientras te tapa con una frazada de hojas secas

con la forma de su rostro,

que te sigue sonriendo

al sol de la memoria.

Damian Katz

***

EN ESTOS DÍAS….                 

         “La vida/arde en        

         cuerdas del piano,

         se equivoca si calla/  

         se equivoca si habla

         y la noche se le retira    

         de la mano.”

                (J.Gelman)

En estos días

en que la mañana camina despreocupada de relojes,

la salud de la razón es frágil y algo poderoso

llama a hurgar en los secretos atrapados en las cosas,

nos afloran filosofías indecisas

la existencia y la inexistencia nos interpelan:

qué somos sin palabras?

acaso puertos donde anclan silencios?

Callar es como desertar

es no ver la tierra donde el dolor

mancha para siempre las sábanas

donde el mal durmió.

La contemplación se viste de amargo

pero el poeta es como el colibrí,

fragmenta el otoño en colores y preguntas

arriesga el verbo, no declina en su misión

aunque el mundo sangre por llagas

de reciente formadura.

Silvia Bottallo

***

«YA ME HAN CONTADO HASTA OCHO»

Desde mi cama

Observo

3 pájaros

en un cable

de teléfono.

Uno se va

Volando

Luego

Otro.

Queda uno,

Luego

También él

Se va.

Mi máquina de escribir está

Silenciosa como un sepulcro.

Y yo me he quedado

Reducido a observar

Pájaros.

Simplemente he pensado

Que te lo debía

Contar

Cabrón.

Charles Bukowsky

***

Escucho tu voz, que dice: “los perros son más leales que las personas”.

Tenías razón, mamá.

Roberta y Perón, siguen tocando tu puerta. Entran a tu casa, y se quedan esperándote. Los tengo que sacar de prepo. Me tengo que sacar de prepo. Bañar de prepo. Pintar la jeta de rojo de prepo. Dejar de llorar de prepo. Comer de prepo. Ponerle semillas en el comedero a los pájaros de prepo.

Yo también te espero. Hoy salí con ellos a caminar, para ver si aparecías en forma de loica.

Natalia Molina (inédito)

*

bajo la parra

en el puerto de rosario

ella forraba volantes de camiones

y bailaba por las noches

en un cabaret

con el cuerpo pintado de dorado

y su pelo negro

suelto hasta la cintura

me lo contó

una noche en el patio de casa

bajo la parra

tomando champagne

sonaban en el grabador

los valses de strauss

le brillaban los ojos al reírse

después me sacó a bailar valses

mi mamá

bajo las estrellas

tenía puesta una falda blanca hasta media pierna

y yo un vestido con flores chiquitas

la glorieta estaba llena de esas flores

que nunca me acuerdo el nombre

y son como campanas naranjas

y les gustan a los colibríes

cuando se fue a dormir

quedaron copas

botellas vacías

algún plato de garrapiñada

sobre la mesa

se escuchaba ese rumor nocturno

de la sierra

algún auto que pasaba

grillos

ranas

perros ladrando

lechuzas chistando

en la navidad de 1993

Natalia Molina, Poemas Peronchos, Editorial Maravilla, 2016.

*

Hablar con otros es andar el mar.

Beatriz Vallejos

***

Debo añadir que adoro viajar a pie. Prefiero recorrer andando algunos kilómetros de un país que verlo entero desde un automóvil u otro medio de transporte. En la Antigüedad los viajeros caminaban. La gente estaba habituada a medir los lugares y escalas espaciales con respecto a sus cuerpos y capacidades. De ahí la “milla”, una medida romana de mil pasos. Caminando experimentamos el mundo en nuestros cuerpos, con todos los sentidos. Al andar aprehendemos el paisaje y permitimos que éste se apodere de nosotros. El escritor Bruce Chatwin, formidable caminante y obsesionado por la forma de vida nómada, estaba convencido de que el cuerpo humano está diseñado para recorrer a pie cierta distancia cada día y de que todos los males de nuestra civilización provienen de habernos hecho sedentarios. Ponerse una mochila a la espalda y calzarse unas botas para lanzarse al camino supone también un humilde acto de subversión, una manera de dar la espalda a una cultura que prima en exceso el beneficio inmediato, la eficiencia y la rapidez, y rehúye las supuestas incomodidades de la vida al aire libre. Explorar a pie los viejos caminos es abrir la puerta a lo imprevisto, al descubrimiento, a los encuentros inesperados con personas, animales, árboles, ríos, montañas, aves y nubes. Thoreau salía de viaje para visitar árboles que le agradaban y la escritora y montañera escocesa Nan Shepherd iba a la montaña no para conquistarla, sino como quien va a visitar a un amigo. Al recorrer tranquilamente a pie la costa vasca, deteniéndome donde me apetecía he tenido encuentros inesperados, pero también he aprendido a percibir los variados tonos que puede adquirir el océano, sus estados de ánimo e incluso eso que tanto atraía al poeta Shelley, su latido.

(Fragmento de Los senderos del mar, viajar a pie, de María Belmonte)

***

El agua es H2O, dos partes de hidrógeno y

una de oxígeno,

pero hay un tercer elemento que la

convierte en agua

y ése nadie sabe lo que es…

D. H. Lawrence

***

Los insomnios

Los insomnios tienen
muy mala fama,
con los clubes del sueño
en su contra,
con la prensa médica
en contra,
con los laboratorios
en contra,
¡con mis ojeras
en contra!

Por eso vengo
a pronunciarme
en su defensa,
a habilitarlos
como alimento
del poeta,
porque en sus aguas
nacen metáforas
como bancos
de peces
y hay en sus raíces
maremotos
de lenguas.

Es cierto:
no siempre nos acercan
las estrellas.
Pero nos alumbran
sus sorpresas.
Una vez, por ejemplo,
recuperé la voz de mi madre
y el dije de su pulsera.
Hace un tiempo,
la confianza perdida
y -en las pausas del miedo –
el vestidito rosa
de mi niña de trapo.

Los insomnios
se desentienden
de los ángeles,
del conteo de ovejas,
y, fundamentalmente,
desconfían
de la noche infinita:
porque los insomnios
son espantapájaros
de la muerte.

GraCiela Vergel

***

La noche
Versión de Antonio Elías, 1954

¡Oh noche misteriosa! Cuando tu imperio y nombre
a nuestro primer padre fue por Dios anunciado,
¿no tembló por la fábrica adorable del mundo,
por la luz y la gloria de la bóveda azul?

Mas, cuando tras un velo de rocío que enciende
con sus rayos la gran llamarada poniente,
surge Véspero al frente del ejército celeste,
¡oh!, a la vista del hombre la Creación se ensancha.

¡Quién hubiera pensado la tiniebla escondida
dentro de tus fulgores, oh sol, y quién creyera
que al revelar la flor, la hoja y el insecto

nos cegabas al brillo de orbes innumerables!
¿Por qué, pues, nos encoge la angustia de la muerte?
Si así la luz engaña, ¿no ha de engañar la vida?

Joseph Blanco White

**

To night

Mysterious Night! when our first parent knewThee from report divine, and heard thy name,Did he not tremble for this lovely frame,This glorious canopy of light and blue?Yet ‘neath a curtain of translucent dew,Bathed in the rays of the great setting flame,Hesperus with the host of heaven came,And lo! Creation widened in man’s view.Who could have thought such darkness lay concealedWithin thy beams, O Sun! or who could find,Whilst fly and leaf and insect stood revealed,That to such countless orbs thou mad’st us blind!Why do we then shun Death with anxious strife?If Light can thus deceive, wherefore not Life?

Joseph Blanco White

***

Canto XXII: Los recuerdos

[Poema – Texto completo.]

No pensé, bellas luces de la Osa,

aún volver, cual solía, a contemplaros

sobre el jardín paterno titilantes,

y a hablaros acodado en la ventana

de esta morada en que habité de niño,

y donde vi el final de mi alegría.

¡Cuántas quimeras, cuántas fantasías

creó antaño en mi mente vuestra vista

y los astros vecinos! Por entonces,

taciturno, sentado sobre el césped,

me pasaba gran parte de la noche

mirando el cielo, y escuchando el canto

de la rana remota en la campiña.

Y erraba la luciérnaga en los setos

y en el parterre, al viento susurrando

las sendas perfumadas, los cipreses,

en el bosque; y oía alternas voces

bajo el techo paterno, y el tranquilo

quehacer de los criados, ¡y qué sueños,

qué pensamientos me inspiró la vista

de aquel lejano mar, de los azules

montes que veo, y que cruzar un día

pensaba, arcanos mundos, dicha arcana

fingiendo a mi vivir! De mi destino

ignorante, y de todas cuantas veces

esta vida desnuda y dolorosa

trocado a gusto hubiera con la muerte.

No supo el corazón que condenado

sería a consumir el verde tiempo

en mi pueblo salvaje, entre una gente

zafia y vil, a la cual extraños nombres,

si no causa de risas y de mofa,

son doctrina y saber; que me odia y huye,

no por envidia, pues que no me tiene

por superior a ella, pero piensa

que así me considero, aunque por fuera

no doy a nadie nunca muestras de ello.

Aquí paso los años, solo, oculto,

sin vida y sin amor; y entre malévolos,

en huraño a la fuerza me convierto,

de piedad y virtudes me despojo,

y con desprecio a los humanos miro,

por la grey que me cerca; y mientras, vuela

el tiempo juvenil, aún más querido

que el laurel y la fama, que la pura

luz matinal, y el respirar: te pierdo

sin una dicha, inútilmente, en este

inhumano lugar, entre las cuitas,

¡oh, única flor en esta vida yerma!

Viene el viento trayendo el son de la hora

de la torre del pueblo. Sosegaba

este son, lo recuerdo, siendo niño,

mis noches, cuando en vela me tenían

mis asiduos terrores en lo oscuro,

y deseaba el alba. Aquí no hay nada

que vea o sienta, donde alguna imagen

no vuelva, o brote algún recuerdo dulce.

Dulce por sí; mas con dolor se infiltra

la idea del presente, un vano anhelo

del pasado, aunque triste, y el decirme:

“yo fui”. La galería vuelta al último

rayo del día; los pintados muros,

los fingidos rebaños, y el naciente

sol sobre el campo a solas, en mis ojos

mil deleites pusieron, cuando al lado

mi error me hablaba poderoso, siempre,

doquier me hallase. En estas viejas salas,

al claror de la nieve, en torno a estas

amplias ventanas al silbar del viento,

resonaron los gozos, y mis voces

joviales, cuando el agrio y el indigno

misterio de las cosas de dulzura

lleno se muestra; entera, sin mancilla

el mozo, cual amante aún inexperto,

va a su engañosa vida cortejando,

y celeste beldad fingiendo admira.

¡Oh esperanzas aquellas; tierno engaño

de mi primera edad! Siempre, al hablar,

vuelvo a vosotras; que, aunque pase el tiempo,

y aunque cambie de afectos y de ideas,

no sé olvidaros. Sé que son fantasmas

la gloria y el honor; placer y bienes

mero deseo; estéril es la vida,

miseria inútil. Y si bien vacíos

están mis años, si desierto, oscuro

es mi estado mortal, poco me quita,

bien veo, la fortuna. Mas, a veces,

os recuerdo, mis viejas esperanzas,

y aquel querido imaginar primero;

luego contemplo mi vivir tan mísero

y tan doliente, y que la muerte es eso

que con tanta esperanza hoy se me acerca;

siento el pecho oprimido, que no sé

de mi destino en nada consolarme,

y cuando al fin esta invocada muerte

esté a mi lado, y ya se acerque el fin

de mi desdicha; cuando en valle extraño

se convierta la tierra, y de mis ojos

el futuro se escape, estad seguras

de que os recordaré: y que suspirar

me hará esta imagen, y el haber vivido

en vano será amargo, y la dulzura

del fatal día aliviará mis cuitas.

Ya en el primer tumulto juvenil

de contentos, de angustias y deseos,

llamé a la muerte en muchas ocasiones,

y largo rato me senté en la fuente

pensando en acabar dentro de su agua

mi esperanza y dolor. Luego, por ciega

enfermedad mi vida peligrando,

lloré mi juventud, y de mis pobres

días la flor caída antes de tiempo,

y sentado a altas horas en mi lecho

consciente, muchas veces, dolorido,

bajo la débil lámpara rimando,

lamenté, con la noche y el silencio,

mi alma fugitiva, y a mí mismo

exhausto me canté fúnebres cantos.

¿Quién puede recordaros sin suspiros,

juventud que llegabas nueva, días

hermosos, inefables, cuando al hombre

extasiado sonríen las doncellas

por vez primera; toda cosa en torno

pugna por sonreír; calla la envidia,

aún dormida o tal vez benigna; y casi

(inusitada maravilla) el mundo

su diestra mano tiende generosa,

excusa sus errores, y festeja

su entrar nuevo en la vida, y se le inclina

mostrando que por amo lo recibe?

¡Días fugaces que como el relámpago

se desvanecen! ¿y un mortal ajeno

habrá de desventura, si pasada

esta hermosa estación, si el tiempo bueno,

su mocedad, ay mocedad, se extingue?

¡Oh Nerina! ¿y de ti no escucho acaso

hablar a estos lugares? ¿De mi mente

acaso te caíste? ¿Dónde has ido,

que aquí de ti tan sólo la memoria,

dulzura mía, encuentro? No te ve

esta tierra natal: esta ventana

en que hablarme solías, y que ahora

triste luce a la luz de las estrellas,

está desierta. ¿Dónde estás? ¿No escucho

sonar tu voz, igual que en aquel día

cuando me hacía algún lejano acento

de tu labio, al llegarme, emblanquecer

el rostro? En otros tiempos. Ya se fueron

tus días, dulce amor. Pasaste. A otros

hoy les toca pasar por esta tierra

y habitar estas lomas perfumadas.

Mas rápida pasaste; y como un sueño

fue tu vida. Danzabas; en la frente

te lucía la dicha, y en los ojos

el confiado imaginar, el brillo

de juventud, cuando sopló el destino,

y yaciste. ¡Ay, Nerina! El viejo amor

reina en mi pecho. Si es que a una tertulia

o a alguna fiesta voy, para mí mismo

digo: ¡oh Nerina!, ya no te aderezas,

ya no acudes a fiestas ni a tertulias.

Si vuelve mayo, y ramos y cantares

los novios les van dando a las muchachas,

digo: Nerina, para ti no vuelve

nunca la primavera, amor no vuelve.

Cada día sereno o florecido

prado que miro, o gozo que yo siento

digo: Nerina ya no goza; el aire

y los campos no ve. ¡Pasaste, eterno

mi suspirar! ¡Pasaste! Y compañera

será ya de mis sueños, de mi tierno

sentir, de las queridas y las tristes

emociones, la amarga remembranza.

Giácomo Leopardi

***

Zamba de mar

Mar absoluto,
padre del mundo,
perro lamiendo el azul.
De tu entraña salada
vieron nacer a la vida,
con su corona de peces
sobre tus antiguas playas viejo mar.

Espejo vivo,
sombra vibrante,
monstruo doliente y gritón.
Encarcelado y solo
sueñas creciendo por dentro,
por eso tu espuma blanca
canta y llora tus nostalgias viejo mar.

Te siento siempre encrespando
en mi sangre las olas de tu alma
y canto para empaparme
de tu ser alucinado.
Cantando voy mar adentro
hasta perderme en tu clamor.

Cielo del agua,
carne del cielo,
cristal de amargo verdor.
Bebes el infinito
en temporales desiertos,
mientras la lluvia se asusta
y te peina y te despeina viejo mar.

Luz empozada,
voz transparente,
sexo del agua carnal.
Viéndote abandonado
muerdes la cola del tiempo,
mientras la noche te abraza
con sus tímidas estrellas viejo mar.

Cuchi Leguizamón

***

Axolotl (fragmento)

Parecía fácil, casi obvio, caer en la mitología. Empecé viendo en los axolotl una metamorfosis que no conseguía anular una misteriosa humanidad. Los imaginé conscientes, esclavos de su cuerpo, infinitamente condenados a un silencio abisal, a una reflexión desesperada. Su mirada ciega, el diminuto disco de oro inexpresivo y sin embargo terriblemente lúcido, me penetraba como un mensaje: «Sálvanos, sálvanos». Me sorprendía musitando palabras de consuelo, transmitiendo pueriles esperanzas. Ellos seguían mirándome inmóviles; de pronto las ramillas rosadas de las branquias se enderezaban. En ese instante yo sentía como un dolor sordo; tal vez me veían, captaban mi esfuerzo por penetrar en lo impenetrable de sus vidas. No eran seres humanos, pero en ningún animal había encontrado una relación tan profunda conmigo. Los axolotl eran como testigos de algo, y a veces como horribles jueces. Me sentía innoble frente a ellos, había una pureza tan espantosa en esos ojos transparentes. Eran larvas, pero larva quiere decir máscara y también fantasma. Detrás de esas caras aztecas inexpresivas y sin embargo de una crueldad implacable, ¿qué imagen esperaba su hora?

Julio Cortázar

***

Mi poema 4

No importa que veinte canciones traten de

ensordecernos

de llenarnos de ruido los oídos

que los espacios se acorten o se alarguen

que hoy esté llorando sola y piense

exactamente en vos

y sin saberlo

que hoy estés llorando solo

y de repentre escribas

que una multitud nos cierre el paso

que nuestras miradas

caminen mucho tiempo

sin mirarse

que haya la mentira

de por medio

que tengamos distintas estaciones

que no hayamos crecido al mismo tiempo

que nos señalen épocas y próceres

que miren nuestros antecedentes

que nuestras rabias no se comuniquen

que tengamos las manos muy gastadas

o la soledad muy aprendida

No importa

Nos vamos a encontrar.

Graciela García

***

Comentarios al Encuentro La poesía y el mar 3-10-2020

-Flavia envió un fragmento de la película sobre Juana Bignozzi dirigida por Mercedes Halfon que formó parte de la plataforma del Malba y ahora está liberada.

-Aníbal: «continúo con una especie de diario personal». Ya el poemario La belleza del mundo está por ir a la imprenta ; nos lo ofrecerá a fines de noviembre. «Me apareció un nombre ancestral, Luce. Leyendo un poema de Parronchi traducido por Juana Bignozzi, apareció una sentencia en latín «nada es más oscuro que la luz» (luce) y se inspiró para nuevos poemas: «de tanta ola rozándole decidió no trabajar  nunca» «fruto que se hizo flor en su copa» «espiral en vía láctea» «gusano en tierra fresca» «el verdadero océano»…

«No tengo una poética, sino una escucha”, dice. Borges decía que nos proponemos una preceptiva, pero al final sale cualquier cosa, algo que n o contralamos. Uno se resigna a lo que es. Yo no podría ser Bukowky. Borges quiso ser Whitman. No se puede. Borges dice bien esta resignación, en el poema: «Aquél»: «los astros dieron un cuerpo que no deja un hijo» «el hábito de urdir endecasílabos» «fragmentarias memorias de Edimburgo y Ginebra» «y la luna, que siempre nos sorprende» «y un reloj de arena». Sobre resignarse a ser uno dice Aníbal: «no puedo escribir como Bukowsky, pero me siento identificado con él, a veces, como en su poema «Lluvia». «están tocando . . . y todos están bajo el quiosco» «y después suena la Rapsodia Húngara número dos de Liszt y sigue lloviendo»

-Patri Zaldívar: «yo estaba con el tema de la primavera» y nos lee un poema y canción de Nicolás Guillén: «de qué callada manera . . . como si fuera la primavera» «de qué callada manera se me adentra usted sonriendo . . . y yo muriendo».  Y de Pablo Neruda «Con Quevedo, en primavera»: «el cielo inextinguible, el aire nuevo» «y el sólo amor no basta» «el canto verde de las verdes hojas» «primavera exterior, no me atormentes» «tantas primaveras extinguidas que despiertan en cada primavera»

-Daniel, de Alessandro Parronchi, poeta italiano nacido en Firenze y traducido por Bignazzi, lee «I Poeti» (primero en italiano y luego en español): «discutir con ustedes, muertos,  de qué sirve» «alegría es sentir nacer sus palabras en el viento de la noche» «es desenterrar la llave» «esta noche necesito una desesperación sólo mía» «déjenme solo, fantasmas». Luego, de Juana Bignozzi: «tierra y memoria tiro» «oigo hablar de idealismo» «para tirar tierra y memoria sobre toda esa poesía perdida». Finalmente, de Quevedo nos lee «A la mar» (tratada como una deidad femenina) «a tí misma tu cárcel maravilla» «de . . . los peces su morada» «ira de Dios al hombre encaminada»

-Hernán nos recuerda que el lunes (28 de septiembre) fue un aniversario del nacimiento de Víctor Jara «y me acordé de su tema Dicen que la mar es grande. Otro libro que leí en pandemia es el segundo de María Belmonte, Los senderos del mar (caminar la costa vasca como proyecto) Habla del caminar, el nadar, de los senderos del mar. «Oh Yhavé puesto debajo de tus pies» (de un salmo que inspira a la autora) Habla Belmonte de un mar que ya no era un lugar de peligro sino un lugar de contemplación, a partir del Renacimiento. «Adoro viajar a pie» «en la antiguedad la gente caminaba . . . de ahí la milla, medida romana de mil pasos» «todos los males de la humanidad provienen de hacernos sedentarios» «explorar . . . » Habla de Chadwick, de Thoreau. Ese caminar la llevó al agua (que «es llama mojada» según Novalis) H2O, pero el que la hace ser ella es un tercer elemento que no sabemos qué es. Y de Lord Byron «concluyo y comento que Byron era rengo y se sentía a las mil maravillas en el agua (hizo a nado en una hora y cuarto los seiscientos kilómetros del Estrecho de Dardanelos) «ésto es mucho más simple que escribir una poesía», dijo después de esa hazaña». De «La partida» lee el final: «llevo el dulcísimo recuerdo de la sola mujer que puedo amar», de Byron, poeta y nadador.

-Amalia, alude a algo uterino, nos cuenta que está leyendo «Memorias de Adriano» de Yourcenar, en la «insuperable traducción de Cortázar» (para la próxima)

-Cristina: «Leí a Marguerite Yourcenar. Fui a Antinoo, que representa el amor universal, el único ser humano que se divinizó, que Adriano divinizó con la estatua y el culto. Referente de muchos poetas como Oscar Wilde en «La esfinge» . Lee, en italiano,  «cantale de la fragante tarde en que escuchaste . . . la risa de Antinoo». Aníbal comenta «vi en Delfos, la foto de cuando encuentran la estatua de Antinoo».

-Damián Katz nos cuenta que su mamá «se fue al cielo» y que su hijita Ámbar sabe que su abuela la va a seguir cuidando. «Está desde otro lugar entre nosotros» «ella nos dejó su marca en la poesía». Escribió Damián en el duelo: «mi madre se fue en un poema de Conrado Nalé Roxlo» «me seguirá tapando por las noches» «el amor de madre es el más vigente». Y hoy escribió: «una madre te sigue hablando desde la misma ausencia» «te tapa con una frazada de hojas secas»

-Yo le doy mis condolencias a Damián (como todos y todas las compañeras que me siguieron en el grupo) «un abrazo fuerte, creo que lo mejor que podés hacer en el duelo es escribir poesía; Ambar y vos saben que tu mamá estará con ustedes eternamente»

En la semana estuvimos hablando de la impresionante foto que tomó Hernán y nos mandó Aníbal, de la raya muerta que apareció en la playa de Gesell. Digo que me hizo acordar a la máscara del personaje Darth Vader de Star wars, película que no vi) y al axolotl del cuento homónimo de Cortázar, del cual leo un fragmento: «Empecé viendo en los axolotl una metamorfosis que no conseguía anular una misteriosa humanidad» «Ellos seguían mirándome inmóviles» » . . .en ningún animal había encontrado una relación tan profunda conmigo». Comento que en este cuento, que volví a leer después de muchos años,  descubro que Cortázar no sólo es un maestro en el juego de los tiempos, sino también en el juego de los espacios, porque primero habla como un hombre que mira a los axolotl desde afuera de la pecera en ese acuario de París y termina hablando como el axolotl en el que se convierte, mientras mira a ese hombre que lo mira desde afuera. Luego leo un poema mío. «No importa . . . que los espacios se acorten o se alarguen» «que hoy estés llorando solo y de repente escribas» «que una multitud nos cierre el paso» «que no hayamos crecido al mismo tiempo» «no importa, nos vamos a encontrar»

-Alicia: a ella la raya le recordó el jardín de los monstruos de Bomarzo, en Viterbo, cerca de Roma, y en Frascati, «pero después vi la diferencia: estos monstruos no tenían la boca cerrada» Mujica Lainez, impresionado por el Duque de Orsini de Bomarzo, defectuoso, jorobado, martirizado, hace junto con Ginastera la ópera que fue prohibida por la dictadura. Contextualiza la situación del libro y de la ópera Giacomo Leopardi que escribió, un siglo después, el canto 22 Los recuerdos: «cuántas quimeras, cuántas fantasías» «escuchando el canto remoto de la rana en la campiña» «la vista de aquél lejano mar» «esta vida . . . dolorosa . . . trocada por la muerte» «aquí paso los años, solo . . . sin amor» «con desprecio a los humanos» «en este inhumano lugar» Es un poema sobre la pérdida de su amada.

-Ana Lía: «la foto me hizo acordar a Las Gárgolas. Vi el documental de Claudio Koremblit sobre el Cuchi Leguizamón. A mí me gustó. Esperé poder ver el festival de Córdoba del 84, donde conocí al Cuchi y recuerdo la emoción cuando Litto Nebbia lo presentó «Adelante maestro». El Cuchi me recuerda, de Hamlet Lima Quintana, «Gente necesaria». De Zamba del mar: «espejo vivo» «monstruo doliente y gritón» «tu espuma blanca canta y llora tus nostalgias» «cantando voy mar adentro» «cielo del agua»  «la lluvia  . . . te peina y te despeina». Aníbal acota: «cuando escuché algunas zambas, como la del Dúo salteño, se me borró toda incomodidad en el documental del Cuchi. Me habían advertido que era desparejo»

-Natalia: «Damián me trajo a mi mamá, Susi. El 27 de septiembre de 2019, unos días después de que murió mi vieja, escribí: «tenías razón mamá, me tengo que bañar de prepo» «dejar de llorar de prepo» «salí a caminar . . . para ver si aparecías». Otro, Bajo la parra: «Ella . . . bailaba por las noches en un cabaret» «sonaban en el grabador unos valses de Strauss» «la glorieta estaba llena de esas flores» «se escuchaba . . . grillos, ranas» «en esa navidad de 1993». Crei que cuando murió mi mamá no iba a poder volver a escribir, pero pude. Mi mamá me llevó a la poesía, me anotó en la biblioteca popular. Ayer coordiné un taller de poesía y leí poesía de Aníbal.  Beatriz Vallejos dice «andar con otros es andar en el mar». Nos cuenta que su poema «Bajo la parra» está en su libro «Poemas peronchos»

-Graciela: «desde que Gustavo nos habló del mundo de los sueños pensé cuánta poesía se hace en la noche y en los insomnios donde aparece la madre (la mía, Rosita)». Nos lee su poema «Los insomnios»: «los insomnios tiene muy mala fama» «vengo a pronunciarme en su defensa» «nos alumbran» «recuperé la voz de mi madre» «en las pausas del miedo, mi vestidito rosa» «desconfían de la noche infinita» «los insomnios son espantapájaros de la muerte»

-Marcos Ruvituso: «sigo con este poema de Hölderlin un poco largo, Como en día de fiesta, IV, V y VI estrofas, en el día de campo  aparece el verso «el fuego del cielo», con el que algunos titularon el poema: «el fuego se ha encendido en el alma de los poetas» «ellas son reconocidas, las que todo vivifican . . . la fuerza de los dioses» «con el sol del día y por la tibia tierra despierta» Dice Marcos que son pensamientos que serenamente despiertan en el alma del poeta. Se habla del canto y de la mezcla del mundo natural y espiritual. Estamos en el Romanticismo.

-Inés Ruvituso: «hice conexión entre Elena Bellamuerte, por el tema y la forma, con el poema cortito que leí de Emily Dickinson y que termina «la eternidad es ésto». Lee un poema de José María Blanco White (inglés-español) sacerdote católico nacido en España, donde se crió, que luego se hizo anglicano presbiteriano, se fue a Irlanda, de donde provenía también su familia y escribió este soneto  dedicado a Coleridge, quien dijo «es el mejor soneto del idioma» Transcurre en el primer dia de la creación. En el año 2000 y pico se encontró un libro con el mismo nombre, La noche o La noche misteriosa: «no tembló Adán . . . por la luz y la gloria de la bóveda azul» «a la vista del hombre la creación se ensancha» «porqué, pues, nos encoge la angustia de la muerte». Dice Inés «pensé, desde la vida no sabemos qué maravillas puede ocultar la muerte, me pareció una visión muy optimista» Aníbal le recuerda el proverbio «la luz que ciega» y lo que viene de Hölderlin.

-Leo dice que mandó una foto de una raya viva que parece bailando, o que está festejando un cumpleaños. «Escribí sobre eso, pero se me borró» dice (después lo publica Aníbal) «Me encantó Byron, leído por Hernán, mencionado como lo uterino por Amalia. Yo nado con pasión y hay algo del útero en eso» Alude a la tapa del disco de Nirvana «Nevermind» donde aparece un bebé nadando. Nos lee «Lo real»: «hemos hecho de lo utópico, realidades» «distanciate, tomá distancia de las personas que no dudan» «de las personas . . . que no crepitan» «de las que no cantan una canción» «en la playa . . . tomá distancia de vos» «pero no tomes nunca distancia del mar» «lugar de preguntas».

-Susana lee dos poemas suyos. «Más allá»: «un velero misterioso navega en las aguas» «nos hace sentir un poco locos» «la nostalgia de los bosques» «mostrando las inútiles fronteras». Y otro «Conversaciones cósmicas»: «bajo el mármol . . . se ocultan tus amores» «dialogando con ellos y sus obras . . . mi pluma adolescente fue creciendo» «sagrada jerarquía de lo eterno»

-Daniel lee a Bukowsky, «Ya me han contado hasta 8»: «mi máquina de escribir está callada  como un sepulcro». Aludiendo a los insomnes de Graciela dice «en estos seres se ve un primitivo deleite oceánico»

-Silvia nos trae «En estos días» con epígrafe de Juan Gelman: «la mañana camina despreocupada de relojes» «nos afloran filosofías indecisas» «callar es como despertar» «el poeta, como el colibrí, fragmenta el otoño»

-Jorge nos dice: «a mí que me encanta el cine de terror, parafraseando «La raya que cayó del cielo», me hizo acordar al comienzo de El exorcista,  donde el cura camina por las calles de Irán. Continúa con el poema inspirado en El sacrificio de Tarkovski, dedicado a  Damián. Sacrificio, la noche del poeta: «navegar era emblanquecer las manos del poeta» «la música padece el fuego eterno» «oriente y occidente en purificación constante» «el sacrificio es agua para el río» «han dejado el agua junto al árbol» «la tierra yace enmudecida» «la lengua de Quetzacoatl arde» «envejeciendo el silencio» «mientras Alexander tiembla y muere».

-Fernando y Alba mandan abrazo a Damián y gracias a todos.

-Flavia está de oyente «disfrutando»

Graciela García

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