La poesía y el mar

La poesía y el mar

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Poemas del 21 de noviembre

La Ilíada: canto 24

Rescate de Héctor

(Publico un fragmento, recomiendo su lectura completa que envío en archivo adjunto. Aquí está la famosa sentencia de Príamo, de la vida como sueño)

*

405 Respondióle el anciano Príamo, semejante á un dios: «Si eres servidor de Aquiles Pelida, ea, dime la verdad: ¿mi hijo yace aún cerca de las naves, ó Aquiles lo ha desmembrado y entregado á sus perros?»

410 Contestóle el mensajero Argicida: «¡Oh anciano! Ni los perros ni las aves lo han devorado, y todavía yace junto al bajel de Aquiles, dentro de la tienda. Doce días lleva de estar tendido, y ni el cuerpo se pudre, ni lo comen los gusanos que devoran á los hombres muertos en la guerra. Cuando apunta la divinal Aurora, Aquiles lo arrastra sin piedad alrededor del túmulo de su compañero querido; pero ni aun así lo desfigura, y tú mismo, si á él te acercaras, te admirarías de ver cuán fresco está: la sangre le ha sido lavada, no presenta mancha alguna, y cuantas heridas recibió—pues fueron muchos los que le envasaron el bronce—todas se han cerrado. De tal modo los bienaventurados dioses cuidan de tu hijo, aun después de muerto, porque era muy caro á su corazón.»

424 Así se expresó. Alegróse el anciano, y respondió diciendo: «¡Oh hijo! Bueno es ofrecer á los inmortales los debidos dones. Jamás mi hijo, si no ha sido un sueño que haya existido, olvidó en el palacio á los dioses que moran en el Olimpo, y por esto se acordaron de él en el fatal trance de la muerte. Mas, ea, recibe de mis manos esta copa, para que la guardes, y guíame con el favor de los dioses hasta que llegue á la tienda del Pelida.»

432 Díjole á su vez el mensajero Argicida: «¡Oh anciano! Quieres tentarme porque soy más joven; pero no me persuadirás con tus ruegos á que acepte el regalo sin saberlo Aquiles. Le temo y me da mucho miedo defraudarle: no fuera que después se me siguiese algún daño. Pero te acompañaría cuidadosamente en una velera nave ó á pie, aunque fuese hasta la famosa Argos; y nadie osaría atacarte, despreciando al guía.»

440 Así habló el benéfico Mercurio; y subiendo al carro, recogió al instante el látigo y las riendas é infundió gran vigor á los corceles y mulos. Cuando llegaron al foso y á las torres que protegían las naves, los centinelas comenzaban á preparar la cena, y el mensajero Argicida los adormeció á todos; en seguida abrió la puerta, descorriendo los cerrojos, é introdujo á Príamo y el carro que llevaba los espléndidos regalos. Llegaron, por fin, á la alta tienda que los mirmidones habían construído para el rey con troncos de abeto, techándola con frondosas cañas que cortaron en la pradera: rodeábala una gran cerca de muchas estacas y tenía la puerta asegurada por una barra de abeto que quitaban ó ponían tres aqueos juntos, y sólo Aquiles la descorría sin ayuda. Entonces el benéfico Mercurio abrió la puerta é introdujo al anciano y los presentes para el Pelida, el de los pies ligeros. Y apeándose del carro, dijo á Príamo:

460 «¡Oh anciano! Yo soy un dios inmortal, soy Mercurio; y mi padre me envió para que fuese tu guía. Me vuelvo antes de llegar á la presencia de Aquiles, pues sería indecoroso que un dios inmortal se tomara públicamente tanto interés por los mortales. Entra tú, abraza las rodillas del Pelida, y suplícale por su padre, por su madre de hermosa cabellera y por su hijo, á fin de que conmuevas su corazón.»

468 Cuando esto hubo dicho, Mercurio se encaminó al vasto Olimpo. Príamo saltó del carro á tierra, dejó á Ideo para que cuidase de los caballos y mulos, y fué derecho á la tienda en que moraba Aquiles, caro á Júpiter. Hallóle solo—sus amigos estaban sentados aparte—y el héroe Automedonte y Álcimo, vástago de Marte, le servían; pues acababa de cenar; y si bien ya no comía ni bebía, aún la mesa continuaba puesta. El gran Príamo entró sin ser visto, y acercándose á Aquiles, abrazóle las rodillas y besó aquellas manos terribles, homicidas, que habían dado muerte á tantos hijos suyos. Como quedan atónitos los que, hallándose en la casa de un rico, ven llegar á un hombre que tuvo la desgracia de matar en su patria á otro varón y ha emigrado á país extraño; de igual manera asombróse Aquiles de ver á Príamo, semejante á un dios; y los demás se sorprendieron también y se miraron unos á otros. Y Príamo suplicó á Aquiles, dirigiéndole estas palabras:

486 «Acuérdate de tu padre, oh Aquiles, semejante á los dioses, que tiene la misma edad que yo y ha llegado á los funestos umbrales de la vejez. Quizás los vecinos circunstantes le oprimen y no hay quien le salve del infortunio y la ruina; pero al menos aquél, sabiendo que tú vives, se alegra en su corazón y espera de día en día que ha de ver á su hijo, llegado de Troya. Mas yo, desdichadísimo, después que engendré hijos valientes en la espaciosa Ilión, puedo decir que de ellos ninguno me queda. Cincuenta tenía cuando vinieron los aqueos: diez y nueve eran de una misma madre; á los restantes diferentes mujeres los dieron á luz en el palacio. Á los más, el furibundo Marte les quebró las rodillas; y el que era único para mí y defendía la ciudad y á sus habitantes, á éste tú lo mataste poco ha mientras combatía por la patria, á Héctor; por quien vengo ahora á las naves de los aqueos, con un cuantioso rescate, á fin de redimir su cadáver. Respeta á los dioses, Aquiles, y apiádate de mí, acordándote de tu padre; yo soy aún más digno de compasión que él, puesto que me atreví á lo que ningún otro mortal de la tierra: á llevar á mis labios la mano del hombre matador de mis hijos.»

507 Así habló. Á Aquiles le vino deseo de llorar por su padre; y cogiendo la mano de Príamo, apartóle suavemente. Los dos lloraban afligidos por los recuerdos: Príamo, acordándose de Héctor, matador de hombres, derramaba copiosas lágrimas postrado á los pies de Aquiles; éste las vertía, unas veces por su padre y otras por Patroclo; y los gemidos de ambos resonaban en la tienda. Mas así que el divino Aquiles estuvo saciado de llanto y el deseo de sollozar cesó en su corazón, alzóse de la silla, tomó por la mano al viejo para que se levantara, y mirando compasivo la cabeza y la barba encanecidas, díjole estas aladas palabras:

518 «¡Ah infeliz! Muchos son los infortunios que tu ánimo ha soportado. ¿Cómo te atreviste á venir solo á las naves de los aqueos y presentarte al hombre que te mató tantos y tan valientes hijos? De hierro tienes el corazón. Mas, ea, toma asiento en esta silla; y aunque los dos estamos afligidos, dejemos reposar en el alma las penas, pues el triste llanto para nada aprovecha. Los dioses condenaron á los míseros mortales á vivir en la tristeza, y sólo ellos están descuitados…

(Versión de Luis Segalá y Estaelella)

***

Si Te Revuelca La Ola…

a Sandra Suter

que se quedó nadando

Si te revuelca la ola

procura que sea joven,

esbelta, ardiente,

te dejará molido el cuerpo

y el corazón más grande;

cuídate de las olas

retóricas y viejas,

de las olas con prisa,

y la peor de todas,

de la ola asesina,

la ola que regresa.

Fabio Morábito

***

NO ME SALVES

No me salves con rellenos

de trámites marrones

ni una latosa exposición

de disidencias

o ese calzado ancho

y gastado de los vínculos.

No me salves

con  épicas inútiles

ni con traficantes 

de avenidas.

No con zancadillas casquiVanas.

¿No ves que quiero

enviudar de boludeces?

No me salves

con la milonga  frecuente

de que  lo mejor

está  en otra parte.

¿No ves  que me sobran

millas insensatas

de sentido común

entre la ciela y el tierro?

¿No ves que hay

un país de mar,

más allá del naufragio,

todavía por fundarse?

No, no me salves.

No me salves de mí.

Graciela Vergel

***

Semblanza de Allen Ginsberg

Hace cincuenta años, en 1954, un poeta de 28 años –que aún no había publicado nada- iba a producir con un poema (UN poema… !!), un Big Bang cultural y sociológico único, del cual se seguiría hablando hasta estos primeros años del tercer Milenio.

Howl es un poema sobre el que se escriben libros enteros –literalmente-. El astronauta que portaba este Alien en la panza era un judío de Newark, con padre poeta conservador y tradicional, que aterrizaba en la California de los ’50, en plena era macarthista -guerra de Corea, guerra fría, bomba atómica- procedente de un viaje iniciático por las selvas mexicanas, donde había experimentado extensamente con drogas: peyote, mescalina, marihuana, anfetaminas. Se desprendía de su piel neoyorkina para reinventarse un poeta de la Costa Oeste, de San Francisco. Para lograrlo, rompía todas las convenciones y los códigos de su época, que nunca volvieron a ser iguales: agotó todos los excesos posibles, asumió su identidad homosexual y la gritó con pasión combativa con todos sus nombres, escandalizó y desafió a todos y a todo, orinó desnudo sobre los íconos de los ’50 -el capitalismo, la guerra, las armas, la discriminación, la comodidad burguesa, la hipocresía americana-, en la era naciente de la pornografía soft de Hugh Hefner escribió hasta la náusea sobre los detalles físicos más escabrosos del sexo más descarnado, sobre lo que se habla y no se escribe…

Como no podía ser de otra manera, otros vieron en él un oportunista que no perdía de vista los negocios, como su escuela de budismo y yoga, ó la Jack Kerouac School of Disembodied Poetics (Escuela Jack Kerouac de Poética Descarnada), de la que fue director muchos años.

Como quiera que sea, no deja de resultar sorprendente que UN poema haya causado semejante revolución. Lo leyó en San Francisco en 1955, en una sesión de lectura pública de poesía en City Lights Books, la librería-editorial de su amigo Lawrence Ferlinghetti, que iba a ser perseguido y juzgado por obscenidad por difundir el poema. El mismo Ginsberg debió escapar a Europa. A su regreso, junto a Burroughs, Kerouac y otros sería la madera inicial de la Beat Generation, y Howl (Aullido) su canto de guerra.

Entre los numerosos fantasmas que lo persiguieron estaba el de la locura de su madre. Él mismo estuvo internado en un manicomio, donde compartió los días con el poeta Carl Solomon, a quien está dedicado Howl. Sin embargo, como lo señaló uno de sus biógrafos, ‘su viaje empezó en la locura y acabó en la felicidad’.

En Aullido la sucesión a veces intolerable de imágenes bizarras, alucinadas y cruelmente poéticas, no dejan sin embargo de evocar a Whitman.

Murió en 1997.

***

A Supermarket in California

What thoughts I have of you tonight, Walt Whitman,

for I walked down the sidestreets under the trees
with a headache self-conscious looking at the full

moon.
In my hungry fatigue, and shopping for images,
I went into the neon fruit supermarket, dreaming of
your enumerations!
What peaches and what penumbras!

Whole families shopping at night!

Aisles full of husbands!

Wives in the avocados, babies in the tomatoes!–and you,
Garcia Lorca, what were you doing down by the
watermelons?
I saw you, Walt Whitman, childless, lonely old
grubber, poking among the meats in the refrigerator
and eyeing the grocery boys.
I heard you asking questions of each:

Who killed the pork chops?

What price bananas?

Are you my Angel?
I wandered in and out of the brilliant stacks of
cans following you, and followed in my imagination
by the store detective.
We strode down the open corridors together in
our solitary fancy, tasting artichokes,

possessing every frozen delicacy,

and never passing the cashier.
Where are we going, Walt Whitman? The doors
close in an hour. Which way does your beard point
tonight?
(I touch your book and dream of our odyssey in the
supermarket and feel absurd.)
Will we walk all night through solitary streets?
The trees add shade to shade, lights out in the houses,
we’ll both be lonely.
Will we stroll dreaming of the lost America of love
past blue automobiles in driveways, home to our silent
cottage?
Ah, dear father, graybeard, lonely old courage-teacher,

what America did you have when Charon quit
poling his ferry and you got out on a smoking bank
and stood watching the boat disappear on the black
waters of Lethe?

Allen Ginsberg

***

Un Supermercado en California

Qué pensamientos tengo de ti esta noche, Walt Whitman,

porque caminé por callejuelas bajo los árboles

con un dolor de cabeza autoconciente mirando la luna llena.

En mi hambrienta fatiga, y a la caza de imágenes,

entré al supermercado de frutas de neón, soñando con

tus ennumeraciones!

¡Qué duraznos y qué penumbras!

¡Familias enteras comprando en la noche!

¡Pasillos llenos de maridos!

¡Esposas en las paltas, bebés en los tomates!—y tú,

García Lorca, ¿qué estabas haciendo allá abajo con

las sandías?

Te ví, Walt Whitman, sin hijos, viejo y solitario

mendigo, hurgando entre las carnes del refrigerador

y mirando de reojo a los muchachos de la verdulería.

Te oí haciéndoles preguntas a cada uno:

¿Quién mató las costillas de cerdo?

¿A cuánto las bananas de Honduras?

¿Eres tú mi Ángel?

Vagabundeé entrando y saliendo de las pilas brillantes de

latas siguiéndote, y seguido en mi imaginación

por el detective de la tienda.

Caminamos juntos por los amplios corredores a

nuestro solitario antojo, probando los alcauciles, poseyendo cada congelada exquisitez,

sin pasar nunca por el cajero.

¿Adónde estamos yendo, Walt Whitman? Las puertas

cierran en una hora. ¿En qué dirección apunta tu barba

esta noche?

(Toco tu libro y sueño con nuestra odisea en el

supermercado y me siento absurdo.)

¿Caminaremos toda la noche por calles solitarias?

Los árboles suman sombra a la sombra, las casas apagan las luces, estaremos ambos solitarios.

¿Caminaremos soñando con la América perdida del amor

junto a automóviles azules en autopistas, de regreso a nuestra casa silenciosa?

Ah, padre querido, barbagris, viejo y solitario maestro del coraje, ¿con qué América te encontraste cuando Caronte dejó de impulsar su barca y desembarcaste en una ribera humeante y te quedaste mirando cómo la barca desaparecía en las negras aguas del Leteo?

***

Las buenas ideas

Las buenas ideas son mariposas invisibles con  las alas escritas. Revolotean entre nosotros sin que las veamos. A veces las confundimos con mariposas comunes, otras veces se nos paran en la cabeza o en un hombro y nos susurran lo que  estábamos  buscando. Algunas nos dejan las ideas flotando a la deriva o plantadas en lugares insólitos.

Las buenas ideas nos empujan al inicio de algo que no podemos ver bni tocar, como el viento que reaviva el fuego. Al contrario de lo que se cree, las buenas ideas son muchísimas más que las malas, lo que pasa es que las malas no son  invisibles.

La única forma de reconocer una buena idea es con el estómago. Se siente con una mezcla de hambre y vértigo, y se puede experimentar en forma artificial haciendo ayuno sobre una moto a 275 km/h. Pero nadie lo recomienda.

Se trata de hacer algo con nuestras mariposas: un dibujo, una canción, un cuento. Si uno tan solo las deja ir, las buenas ideas solo cambiaran de dueño. Sin tristeza ni reproches se van volando hasta la primera persona que les haga caso.

Pablo Bernasconi (La verdadera explicación).

***

Más allá de otro océano

En un sentimiento febril de ser más allá de otro océano

Hubo posiciones de un vivir más claro y más límpido

Y apariencias de una ciudad de seres

No irreales sino lívidos de imposibilidad,

*

A veces me alegra pasajeramente pensar que he de morir

Y estaré encerrado en un ataúd de madera que huele a resina

Mi cuerpo ha de derretirse en líquidos espantosos

Las facciones se desharán en varios podridos coloridos

Y debajo irá apareciendo la ridícula calavera

Muy sucia y muy cansada de pestañear

Para alem doutro océano

Coelho Pacheco

Num sentimento de febre de ser para além doutro oceano
Houve posições dum viver mais claro e mais límpido
E aparências duma cidade de seres
Não irreais mas lívidos de impossibilidade,

***

Alegra-me às vezes passageiramente pensar que hei de morrer
E serei encerrado num caixão de pau cheirando a resina
O meu corpo há de derreter-se para líquidos espantosos
As feições desfar-se-ão em vários podres coloridos
E irá aparecendo a caveira ridícula por baixo
Muito suja e muito cansada a pestanejar

Coelho Pacheco

(traducción Alice Barthelemy)

***

El amor de Chile

Amado, querido cielo de mi país

Cantan las cumbres de los Andes,

los pastos, el desierto de Atacama,

los grandes ríos, canales y aguas del Sur, Pacifico, nevados y glaciares

Las aves, las plumas de la Loica, del Cóndor, del Queltehue y las aves

más lóbregas de los pequeños de alma cantan

Canta el día radiante y el día nublado, el amor de las lluviosas praderas,

de las piedras y las islas

mas heladas del amor cantan y cantan humano

Como todas las cosas cantan y cantan solo porque están vivas cantan cantan y cantan bajo el cielo de mi país.

Raúl Zurita

***

Donde el corazón te lleve (epígrafe)

«Cada vez que, al crecer, tengas ganas de convertir las cosas equivocadas en cosas justas, recuerda que la primera revolución que hay que realizar es dentro de uno mismo, la primera y la más importante. Luchar por una idea sin tener una idea de uno mismo es una de las cosas más peligrosas que se pueden hacer.

Cada vez que te sientas extraviada, confusa, piensa en los árboles, recuerda su manera de crecer. Recuerda que un árbol de gran copa y pocas raíces es derribado por la primera ráfaga de viento, en tanto que un árbol con muchas raíces y  poca copa a duras penas deja circular su sabia. Raíces y copa han de tener la misma medida, has de estar en las cosas y sobre ellas: sólo así podrás ofrecer sombra y reparo, sólo así al llegar la estación apropiada podrás cubrirte de flores y de frutos.

Y luego, cuando ante ti se abran muchos caminos y no sepas cuál recorrer, no te metas en uno cualquiera al azar: siéntate y aguarda. Respira con la confiada profundidad con que respiraste el día en que viniste al mundo, sin permitir que nada te distraiga: aguarda y aguarda más aún. Quédate quieta, en silencio, y escucha a tu corazón. Y cuando te hable, levántate y ve donde él te lleve»

Susanna Tamaro

***

The Fall of Hyperion. A Dream.

John Keats

CANTO I

Fanatics have their dreams, wherewith they weave
A paradise for a sect; the savage too
From forth the loftiest fashion of his sleep
Guesses at Heaven; pity these have not
Trac’d upon vellum or wild Indian leaf
The shadows of melodious utterance.
But bare of laurel they live, dream, and die;
For Poesy alone can tell her dreams,
With the fine spell of words alone can save
Imagination from the sable charm
And dumb enchantment. Who alive can say,
‘Thou art no Poet may’st not tell thy dreams?’
Since every man whose soul is not a clod
Hath visions, and would speak, if he had loved
And been well nurtured in his mother tongue.
Whether the dream now purpos’d to rehearse
Be poet’s or fanatic’s will be known
When this warm scribe my hand is in the grave.

…………………..

La caída de Hiperión. Un sueño

Tienen sus sueños los fanáticos con los que urden

un paraíso para su secta, los salvajes también

desde la forma más elevada de su sueño

intuyen el Cielo; es una lástima que no hayan

trazado sobre pergamino o sobre hojas de palma

las sombras de su lenguaje melodioso.

Pero viven, sueñan y mueren sin laureles.

Porque sólo la Poesía puede contar sus sueños,

sólo con el bello encanto de las palabras puede rescatar

a la imaginación de las cadenas de la oscuridad

y del sortilegio de la mudez. Quién de entre los vivos puede decir,

“Tú no eres Poeta- no puedes contar tus sueños”?

Ya que todo hombre cuya alma no sea de piedra

tiene visiones, y hablaría, si hubiera amado,

y hubiera sido bien nutrido en su lengua materna.

Si el sueño que intento relatar aquí

es el de un poeta o el de un fanático, se sabrá

cuando mi mano, que ahora escribe, esté ya en la tumba.

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