La poesía y el mar, 8 de agosto

La poesía y el mar, 8 de agosto

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Poemas del 8 de agosto, 17° encuentro por zoom…

En la mitología griega, la vía láctea se formó con un chorro de leche de la diosa Hera, esposa de Zeus. La denominación griega Galaxia (camino de leche) fue luego traducida al latín (Vía láctea), que es término que usamos. El sentido es el mismo, hay una relación esencial entre cosmos y maternidad.  

Vía láctea

(selección)

Tus ojos que nunca fueron de ceniza

tiemblan hoy con un rocío celeste

el furor es un pájaro muerto

la dicha vacila y ya no canta.

 

Sin embargo en tus rizadas constelaciones

sopla todavía una luz infinita

que el cosmos prenatal enciende y cuida,

largos hilos tejen los astros dispersos.

 

Con vos se extingue el gran secreto, siempre.

*

Lecho de claridad, certeza derramada

sobre la bóveda de silencio helado,

milagro que viaja a su raíz,

quietud cerrada, impenetrable y muda.

 

Por las entretelas del dolor macerado

los brillos de tu amor, el grano desplegado,

cristal feliz roto de tiempo,

espejos que miran despedirse.

 

Vuelvo siempre a nacer, a ser semilla.

*

Con despojada voz imprimo en el cielo

un canto igual a tu salpicadura,

restos del nutricio fulgor, fragmentos

de algas, ligaduras, granizo.

 

Piso tu cuerpo azul desintegrado

en siglos llantos azules de plegarias

perlas heladas brotan de tu boca

desde el hueso central de tu latido.

 

Vibra siempre tu voz, rica de tiempo.

*

Vibra tu voz en el cóncavo espacio

con letanías felices, con flores enredadas,

un eco de la vida más que vida

borroso mar de velos titilantes.

 

Lejana en la cintura del extenso camino

peregrina tu voz viaja y se duerme

prolongada en silencios invisibles

en la huella final, verdosa y alta.

 

Espejo siempre, visceral y alto.

*

Brillos, esquirlas de espejos sustanciales

donde me escucho roto y entero y solitario

en el eterno espacio íntimo de la noche

y en el abrazo, el mar, la humedad y la luna.

 

Tu bien aventurado anuncio me desvela,

milagro tuyo soy, vivo y muero en tu seno,

parte del polvo estelar y del vacío

con los dolores de parto del poema.

 

Pongo siempre una estrella de palabras.

*

Larga corona de espinas y claveles

blancos en la medusa noche

corales duros en tapiz dolorido

tuyo y mío, sudario de todos.

 

Sin embargo aves en la niebla

celebran el ser el mí, inquebrantable

tu fe se erige en templo

y yo camino libre por los astros.

 

Siempre el rumbo marcado y el pie errante.

*

Tu voz duerme contigo en el espeso fondo

y brota de allí con frágil envoltura

y golpea terrible y tristemente su confinada

forma de estar aquí viviendo en muerte.

 

Ay, y el soleado afuera que te llama

a una celebración que ya es de otros

porque el aire te ciega y es igual

al agua, al fuego, a la tierra y la noche.

 

Tenue, la voz de un animal perdido.

*

Pulso interestelar lleno de siglos

incontables, la edad de tu misterio,

largo hilo fecundo enhebrando estrellas

y las mínimas hojas y los pastos.

 

Y caes y caes hacia el fondo del cielo

para unirte al latido del espacio

te suelta la mano el dios del aire

ya tu mirada flota en los azules.

 

Siempre impregnada, la plenitud disuelta.

*

La suavidad, la tersa piel del cielo

impregna la noche y se hace carne

de amor, fecundidad terrestre

fluyendo en tibios ríos de sangre.

 

Salud, paz de los vivos,

sin huesos, livianos labios templos

rocío sobre ramas y lechuzas y grillos

íntimos desnudos bellos sapos de ternura.

 

Luz de los astros mujer barro celeste.

*

Disuelta ya la madre en hojas lluvia

estrellas letras abismadas raíces

esparcida en largos labios de más ella

la eternizada la hermosa más amada.

 

Ahora es para siempre en leche y flores

jardín del cosmos tacto de mis manos

ola consumida en sangre aliento ido

respiración que cesa y suma al viento.

 

Polvo de amor en infinito océano.

*

Y quiero más de fin de despedida

de vos las madres fluyen y alimentan y crían

y otros hijos y otros árboles vivos

y otras ramas florecen y maduran.

 

La ley es morir naciendo y renacer en muerte

y estar bajo la tierra de astros y de huesos

el estrellado manto al que viajan tus ojos

ya mansos de sed, ya inclinados en siesta.

 

Abrazo y vida hacia otro paraíso.

*

Alas escamas leves desveladas

sábanas albas por ventana de ángeles

brisa que sabe amanecer

gusto a tu ausencia.

 

Trepa el niño entre cipreses ciegos

va por veredas altas y remotas

fiesta de nochebuena sabios tíos

primas amadas sueltos animales.

 

Bajo tu nube estar siempre acunado.

*

Bajo tu sed, bajo tu muerte lenta,

bajo tu miedo de cerrar las alas,

respiro en socavones de esta noche

entre ladridos, solitarios sapos.

 

La noche sigue y ruge en su silencio

y en algún lugar tu peso mínimo

respira, sueña, se hace niño en viaje

en viaje hacia su estrella.

 

Ya veo salir tu vuelo desprendido.

*

Sube el destello, tu carne, tu silencio,

a la inscripción en la distancia fija

donde se hiela y muere la pregunta

y tu cuerpo ya es de arriba, brasa fría.

 

Brama la noche y el cortejo del mar

alza su espuma, lejos de tu sueño

y ya sos niña y te aman

y te vuelven al sol de cada día.

 

Brillo de los jardines, flores vivas.

*

Yacentes órganos, lentísimo letargo,

íntimas ataduras que persisten,

algo mueve aún los duendes de tus huesos

la tierra latiendo antes del alba.

 

En el mero centro oscuro sol oculto

¿Soy todavía allí, o nomás recuerdo,

cigarras de la brisa, rueda en ruta, gallos,

ruge o brama la noche, el alba llega?

 

Preguntas nuestras, dudas de las tripas.

*
Y afuera es un otoño en flor de astros

entre nubes, y aquí la flor marchita

entre pastos canta su agonía,

allá el alto silencio, el aura sola.

 

Canto yo por ella a voz en cuello

ranas que rozan ululan las palomas

pinos que anuncian nada ramas mudas

ronquido ronco del mar llega en la bruma.

 

En poca tierra toda, en un puñado.

*

(El poema completo en mi libro: «El mar en todo».

***

Madre/mar

Siempre hubo algo entre vos y el mar

que yo guardé anudado

en la mejor esquina de mi infancia

junto al sentir remoto y sin memoria

de haberme roto en llanto

al comenzar la vida

porque abandonar tu vientre

fue un tormento

 

y el mar contra las piedras

a veces se lastima

 

prendida de ese nudo y de otros viejos amores

hoy vine para verlo

lo encontré salpicando

sales nuevas

hoy vine para verte

pero a vos no te hallé

y al llegar esta noche

con la falta de luna

se ha extraviado mi esquina

se desata ese nudo

entre vos, el mar y yo…

que permanezco

tan cerca de las olas

con un solo deseo:

regresar a tu vientre

y volver a empezar

 

el mar contra las olas

a veces se lastima

Gabriela Bauer

***

Nanas de la cebolla

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre:
escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla:
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

 

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre
escarchaba de azúcar,
cebolla y hambre.

 

Una mujer morena,
resuelta en luna,
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te tragas la luna
cuando es preciso.

 

Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en los ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que en el alma, al oírte,
bata el espacio.

 

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

 

Es tu risa la espada
más victoriosa.
Vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol,
porvenir de mis huesos
y de mi amor.

 

La carne aleteante,
súbito el párpado,
y el niño como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!

 

Desperté de ser niño.
Nunca despiertes.
Triste llevo la boca.
Ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.

 

Ser de vuelo tan alto,
tan extendido,
que tu carne parece
cielo cernido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!

 

Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.

 

Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.

 

Vuela niño en la doble
luna del pecho.
Él, triste de cebolla.
Tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.

Miguel Hernández

***

cosmos plexo lunar

contrasta

al vestido deshabitado

inconcluso

goteo con percusión

en el más sensible

la mujer encinta

se tocó

detrás de la pantorrilla

del otro lado

él susurra

enigmas olvidados antes de nacer

cuasi domador de nexos

la marca tomó forma

al amamantar

 

(el vestido no era

lo trascendente).

Néstor Cheb Terrab

***

De La primera generación de espinos blancos

Más allá del umbral del letargo, una hoja

pende aún al costado de un leño, tiembla

se somete al viento con la astucia de los débiles.

Ha conocido la piedra, el bienestar de la hierba

la primera generación de espinos blancos.

Erizados en el hilo espinoso que los sostiene

proclaman la resistencia al invierno

mientras un renacido hormigueo numeroso

silenciosamente los trabaja en la tibieza.

La planta es una obra siempre abierta

para quien regresa cuando no la recuerda.

Debes saber que frenará todo deseo

de apurarla esa obtusa paciencia

de durar, por ahora, sin dar sombra.

 

Ciudad, infelicidad de confundir las marcas

de los años precedentes. Y, sin embargo, desde la herida

vigorosa se alza, en el verano, la nueva planta.

Ostento la índole quisquillosa de los obstinados,

un corazón ligeramente bradicárdico

de deporte bajo techo, y un espacio reducido

en memoria, por los costos de las victorias.

Para estos mortales negocios

no me falta ni celo ni carácter,

sé prevenir la suerte de los frágiles,

descubrir quién les ha roído

las fibras tiernas, las más expuestas

a los dientecitos de la baja estatura

que los han finamente trabajado

hasta hacer del desayuno almuerzo.

Haber querido y querer son una sola cosa

en el tronchado junco con que agito el aire

retoño de bayas, vivo ramo de hojas

en el que hay todavía olor a sangre.

 

Defraudando la vana gloria de doblarlas

en arquitos de triunfo, parten hacia lo alto,

sin freno, las ramitas libres de los espinos blancos.

Lo dijo un jardinero que pasó casualmente.

Rama atada no crece, brega por amor

no muda su forma accidental.

A su tiempo bastarán las hojas de la tijera

para moderar el orgullo que no cambia de modo

en primavera, desde los muñones

podados con arte, como segura lozanía

¡como populosa familia de nuevos brotes!

 

Lentos son en estos huertos los progresos

y a veces incorregibles

como allá el lejano hilo de las montañas

o el crecimiento anómalo de los zapallos

que se propagan en desorden de serpientes.

También ustedes, perdidos en el curso sordo de las cosas

deberán darse vuelta en el sueño.

No se duerme del lado del corazón.

(De Poemas para Giovanna)

*

Blanco estrellado de la luz azul

que no te veo ver, me queda

en los ojos la voz cuando dices:

piénsame, voz remota de paraíso.

Cuánto hemos reído

serena idolatría del día

y por ese mérito en el infierno

finalmente cuenta solo aquello que nunca se cuenta.

Errores como caminos, amores como grietas

poesías para quemarse los dedos

todo lo que dura una vida.

Pero me dices: piénsame.

Y ya del después hablabas

¿o para curar, pensabas?

 

Se detiene en el espejo gentil

solo el rostro. Al norte de la herida.

No quiero darte otra cosa

sino esta tregua

de cremas, de jabones

de olvido.

A tus espaldas, el instante

atolondrado del animal

delante de mí, la puerta

cerrada, delante de ti.

Biancamaría Frabotta

***

Los limones

Escúchame, los poetas laureados

se mueven tan solo entre plantas

de nombres inusuales: arrayanes, ligustros, acantos.

Por mi parte, amo las calles que dan a enyuyados

fosos donde en charcos

medio secos pescan los muchachos

alguna anguila macilenta;

las sendas que siguen los terraplenes,

que descienden entre los penachos de las cañas

y llegan a los huertos, entre los limoneros.

 

Mejor si el bullicio de los pájaros

se apaga tragado por el azul:

se escucha así más claro el susurro

de las ramas amigas en el aire casi inmóvil,

y se siente ese olor

que no sabe separarse de la tierra

y llueve en el pecho una dulzura inquieta.

Aquí por milagro sus lejanas pasiones

calla la guerra,

aquí nos toca también a nosotros los pobres

nuestra parte de riqueza

y es el olor de los limones.

 

Mira, en estos silencios en los que las cosas

se abandonan y parecen próximas

a traicionar su último secreto,

a veces se espera descubrir

un error de la Naturaleza,

el punto muerto del mundo, el eslabón

que no resiste, el hilo por desenredar

que nos ponga finalmente en el centro de una verdad.

La mirada hurga en torno,

la mente indaga, acuerda, desune

en el perfume que se expande

cuando más languidece el día.

Son los silencios donde se ve

en cada sombra humana que se aleja

alguna perturbada Divinidad.

 

Pero la ilusión se apaga y el tiempo nos devuelve

a las ciudades rumorosas donde el azul se muestra solo a retazos, arriba, entre los tejados.

Después, la lluvia fatiga la tierra; sobre las casas

se adensa el tedio del invierno,

se hace avara la luz, amarga el alma.

Cuando un día, de un portal mal cerrado,

entre los árboles de un patio,

se nos aparece el amarillo de los limones;

y el hielo del corazón se deshace,

y en el pecho tamborillean

sus canciones

los clarines de oro de su esplendor.

*

I limoni

Ascoltami, i poeti laureati

si muovono soltanto fra le piante

dai nomi poco usati: bossi ligustri o acanti.

Io, per me, amo le strade che riescono agli erbosi

fossi dove in pozzanghere

mezzo seccate agguantano i ragazzi

qualche sparuta anguilla:

le viuzze che seguono i ciglioni,

discendono tra i ciuffi delle canne

e mettono negli orti, tra gli alberi dei limoni.

 

Meglio se le gazzarre degli uccelli

si spengono inghiottite dall’azzurro:

più chiaro si ascolta il susurro

dei rami amici nell’aria che quasi non si muove,

e i sensi di quest’odore

che non sa staccarsi da terra

e piove in petto una dolcezza inquieta.

Qui delle divertite passioni

per miracolo tace la guerra,

qui tocca anche a noi poveri la nostra parte di ricchezza

ed è l’odore dei limoni.

 

Vedi, in questi silenzi in cui le cose

s’abbandonano e sembrano vicine

a tradire il loro ultimo segreto,

talora ci si aspetta

di scoprire uno sbaglio di Natura,

il punto morto del mondo, l’anello che non tiene,

il filo da disbrogliare che finalmente ci metta

nel mezzo di una verità.

Lo sguardo fruga d’intorno,

la mente indaga accorda disunisce

nel profumo che dilaga

quando il giorno più languisce.

Sono i silenzi in cui si vede

in ogni ombra umana che si allontana

qualche disturbata Divinità.

 

Ma l’illusione manca e ci riporta il tempo

nelle città rumorose dove l’azzurro si mostra

soltanto a pezzi, in alto, tra le cimase.

La pioggia stanca la terra, di poi; s’affolta

il tedio dell’inverno sulle case,

la luce si fa avara – amara l’anima.

Quando un giorno da un malchiuso portone

tra gli alberi di una corte

ci si mostrano i gialli dei limoni;

e il gelo del cuore si sfa,

e in petto ci scrosciano

le loro canzoni

le trombe d’oro della solarità.

Eugenio Montale, 1918

*

Gustavo-María

Inspirado por el poema “La asunción de la Poesía” de nuestra madre nutricia de magias, fantasías, disparates y sueños entre otras yerbas, Maria Elena Walsh, escrito en 1958, y que trajo al espacio Daniel Perez, me reencontré con una carta que le escribí en 1981, al enterarme de que ella padecía una enfermedad terminal. Casi al mismo tiempo, el CCKirchner, convocó a agradecerle su presencia en nuestras vidas en su sitio de Instagram, invocando una hermosa zambita de María Elena que expresa su agradecimiento a quien alguna vez la ayudo en su tristeza. Esto me motivo finalmente a compartirla con ustedes, en la confianza y la sensibilidad con la que nuestro poeta en jefe logra unirnos y convocarnos, superando el pudor y compartiendo también la inolvidable, sencilla y agradecida (como no podía ser de otra manera) respuesta de Maria Elena.

Gustavo Zaldivar 

*

Villa Gesell, 4 de diciembre de 1981

Querida Maria Elena:

                                     Quizás porque a mi corazón de siete años enamoraba tu canción, o porque me llevo tres horas escribir del disco y no por deber de la escuela, aquella letra torcida de Don Enrique del Meñique tan loca y divertida con el esfuerzo que gusta mas de lo que cuesta….

O porque a los quince años enseñaba tus canciones a los chicos de la escuelita donde trabajaba con mi guitarra, gozando en su lenguaje y rescatando la ternura de sus miradas como con una varita mágica.

O porque a los diecisiete entendí con vos que las canciones de cuna podían decir algo mas que un arroró y que de giles estamos llenos y que en el mundo del revés no existen carteros sino palomas y mariposas que nos cuentan cosas y que helados se puede escribir hela 2.

O porque mi voz enamorada supo de viajes y recuerdos sin ventanas ni barcas encalladas y pude mirar con tristeza la soledad de una estatua.

O porque en el país del jardín de infantes con maestras asaltantes sin guardapolvos ni meriendas es tu voz la denunciante.

O solo porque hoy, a los veintidós, padeciendo nuestros males plurales, es tu canto el que me sobrevive y tu mano la que se tiende en tus palabras.

Seguro que por todas estas cosas me ocurren estas ganas de abrazarte, reconocerte y reconocerme con la fuerza que habita en las nuevas esperanzas y la claridad que otorga la muerte desenmascarada.

Y como si de vivir morimos, no fue al divino botón seguís siendo memoria nuestra, sigo siendo extensión donde perdura tu voz.

Con mucho afecto, Gustavo.

*

Buenos Aires, 17/12/1981

Querido Gustavo: Gracias por tus hermosas palabras, porque me ayudas a seguir peleando por estar en un mundo donde hay gente que vale la pena.

Que seas muy feliz, un abrazo de

                                                                                                         Maria Elena

*

Plegaria mamaria

Que el mundo quede a salvo/

bajo una teta madre,

que nos cobije Ella,

la cóncava, la suave.

Su loma almibarada,

su curva descendida

nos nutra, nos allane.

¡Que la Teta gobierne,

que Ella nos ampare!

Roguemos por la Teta,

la pródiga cuchara,

por su pezón de luna,

por su jugoso valle.

La duna milagrosa

no vaya a mutilarse.

Su trama de racimos

jamás vaya a obturarse.

Para que nos proteja,

para que nos repare.

Roguemos por los pechos/

de hijas y de hermanas,

¡hagamos una ronda,

desnudas y descalzas!

Roguemos por la Teta,

turgente o reposada

de indias y de magas,

de ninfas y de vacas;

que ablande todo abrazo,/

que disuelva fantasmas.

Su biberón de néctar,

de cántaros su almohada,/

su surtidor fecundo

nos brinde su mirada.

¡Que los ojos del pecho

son brújulas del alma!

GraCiela Vergel, 2005

***

Ciudad vieja

Suelo tomar, para volver a casa,

una calleja de la ciudad vieja.

Amarillo en un charco se refleja

un farol, y la calle está atestada.

 

Entre la gente, aquí, que viene y va

de la hostería a casa, al lupanar,

donde los hombres y las mercancías

son por igual detritos

de un gran puerto de mar,

yo reencuentro, pasando, el infinito

en la humildad.

Aquí, la prostituta y el marino,

el viejo que blasfema,

la hembra que litiga,

el soldado sentado en la barraca

de la freiduría,

la joven tempestuosa, enloquecida

de amor,

son todas criaturas de la vida

y del dolor;

se agita en ellas, como en mí, el Señor.

 

Así, en fraternidad

con los humildes, siento

que se me hace más puro el pensamiento,

aquí, donde es más turbia la ciudad.

Umberto Saba

*

Citta Vecchia

Spesso, per ritornare alla mia casa
prendo un’oscura via di città vecchia.
Giallo in qualche pozzanghera si specchia
qualche fanale, e affollata è la strada.

Qui tra la gente che viene che va
dall’osteria alla casa o al lupanare,
dove son merci ed uomini il detrito
di un gran porto di mare,
io ritrovo, passando, l’infinito
nell’umiltà.

Qui prostituta e marinaio, il vecchio
che bestemmia, la femmina che bega,
il dragone che siede alla bottega
del friggitore,
la tumultuante giovane impazzita
d’amore,
sono tutte creature della vita
e del dolore;
s’agita in esse, come in me, il Signore.

Qui degli umili sento in compagnia
il mio pensiero farsi
più puro dove più turpe è la via.

***

¿Hay poesía en un Te Amo?

Cuando las palabras terminan, dijo Javier, comienza la poesía

Los peces de Wallace, que se cruzan en el fondo del mar y dialogan sobre el sentido del lenguaje

,lo saben

Cuando la verba se traba, comienza la metáfora

El tropo

El poema es amor

Y amor no es

Solo

palabra

porque

Tiene ritmo

Trama

Viaje

Mundo posible

Y cocina

Como el verso, la elegía, la oda y la prosa

Que emergen desde un corazón

No

Arrítmico

No lo sé

No lo sé

, la incertidumbre es un poema y la certeza

,palabra fuerte

La duda te/nos impulsa a escribir

Te/nos impulsa a nadar

Como lo hiciste en las costas de Do Rosa, entre  morros verdes con estrechos senderos para gambás e  inocuoas tarántulas

Cuando las palabras terminan, sigue la vida

Nace poesía

, poesía, nace

en

un

Te amo

,luego de un desmayo, en un hospital

 

Cuando hay vida

las palabras terminan

Es duda,

duda que nos impulsa a respirar

A nadar,

a mantenernos a flote

 

Mientras

, panza arriba

, con el cielo clavado en nuestros plexos

nos guarecemos de trilladas palabras

,para asolar

nuestros propios muros

a besos, nuestros

carne

y

verba

Leo Baldo

***

A mi madre

Porque siento que allá arriba, en el cielo,
los ángeles que se hablan dulcemente al oído,
no pueden encontrar entre sus radiantes palabras
de amor una expresión más ferviente que la de «madre»,

he ahí por qué, desde hace largo tiempo os llamo con ese nombre querido,
a ti que eres para mí más que una madre
y que llenáis el santuario de mi corazón
en el que la muerte os ha instalado,
al libertar el alma de mi Virginia.

Mi madre, mi propia madre,
que murió en buena hora, no era sino mi madre.
Pero vos fuisteis la madre de aquella que quise
tan tiernamente, y por eso mismo me sois
más querida que la madre que conocí,

más querida que todo, lo mismo que mi mujer
era más amada por mi alma
que lo que esta misma amaba su propia vida.

Edgar Allan Poe

*

To my mother

Because I feel that, in the Heavens above,

The angels, whispering to one another,

Can find, among their burning terms of love,

None so devotional as that of “Mother,”

Therefore by that dear name I long have called you—

You who are more than mother unto me,

And fill my heart of hearts, where Death installed you

In setting my Virginia’s spirit free.

My mother—my own mother, who died early,

Was but the mother of myself; but you

Are mother to the one I loved so dearly,

And thus are dearer than the mother I knew

By that infinity with which my wife

Was dearer to my soul than its soul-life.

*

Palabras

Palabras que salen de los labios sin que nadie las llame,

hay algo en ellas que debemos atender:

nacidas del error, del acaso, centellean;

¿qué nos pasa cuando de nosotros parten,

cuando, luego de un tiempo, a nosotros regresan?

Palabras en la comisura de los labios,

palabras en el ángulo de la sonrisa,

palabras que portan una verdad ya muerta,

palabras que se adelgazan hasta desaparecer.

Palabras dichas para que nadie las escuche,

palabras para llegar a otras palabras,

elevadas a Dios, para que nos oiga,

adormecidas en la letra, para después.

Sin ellas, de nuestro corazón, nada sabríamos.

Palabras, cuando ya no quedan palabras,

palabras en el viento atroz de las galerías,

en las paredes verdes de los hospitales,

manuscritas, escritas en piedra, con olor a sagrario.

Palabras que levantan un cerco entre dos que se buscan,

palabra sibilina en la mesa de juego.

No le pidas más que su quieto resplandor,

no las obligues a justificar al tirano que llevas dentro.

Llévalas a la plaza y pruébalas en la fuente:

no tienen otra moral que el viento súbito que las trajo.

Las pronuncias, y un animal inmenso despierta;

las callas, y tu pequeña lámpara permanece en sombras.

Que no se aparten de mí estas palabras,

que no las olvide yo.

Rafael Felipe Oteriño

(En el libro “Lengua Madre”, poemas (1990-1995). Grupo Editor Latinoamericano. Bs. As, 1995)

***

Acunando a Ambar

cada llanto y cada calma son los desafíos

las pequeñas victorias

en esta batalla del amor

la paternidad torpe

buscando en sus ancestros

la huella inédita de su nombre

hay un momento en que indefectiblemente

nos quedamos solos

ante el grito primigenio

únicos comandantes

de una endeble jangada

perdida en este mar

en este baño de lenguaje

donde sobrevivimos día a día

de puro milagro.

Damián Katz

(En ¿Qué se escribe cuando se escribe?: algunas reflexiones acerca de la escritura poética. – 1ª edición – Mar del Plata: Lágrimas de Circe 2020. Libro Digital PDF)

***

Sin deseo de beber

Solo

Mordiendo objetos en cuclillas,

 

Leyendo una mano

Oculta por el agua,

Captando

Un polvo de bilis negra

Como si fuera el Pentateuco

Que hablara

Clonando la tristeza

En la cima más alta…

 

¿Dónde yace la potencia del agua?

 

El estiércol detonado

Es un hipnódromo latente.

Los médicos

Fermentando en sus frascos

Prevén el cáncer del agua…

 

Fósiles solitarios

Aluden a la contemplación

Amanecida en subterráneos

E insomnes

A un panal no templado,

 

Cada vez más articulado

Este tirar de caballos

Sobre los signos

Donde

Brotan peces

A imagen y semejanza

De un escorpión apócope de santo,

Criatura infectada

Que sube por un sueño complejo.

 

Tatuar la tormenta

Estrechando el agua,

 

Usurpando el cerebro

Antes

Que el círculo de místicos viniera

Al tallado de hojas,

Solamente

Cuando los animales

Rocen el hueco de la tierra…

Jorge Castañeda

***

Comentarios al Encuentro La poesía y el mar del 8-8-2020

(por la semana de la lactancia, el tema convocante es la maternidad)

-Bienvenido Néstor! amigo de Damián Katz.

-Interesante la recomendación de ver la obra de Dino Campana, poeta italiano.

-Anibal nos habla del mito de la formación de la Via Láctea (galaxia) y, junto a Pato, nos lee los poemas dedicados a su madre. De ellos destaco los siguientes versos «milagro tuyo soy» «tu voz duerme contigo» «incontable la edad de tu misterio» «la eternizada, la hermosa, la mas amada» «la ley es morir naciendo» «bajo tu nube estar siempre acunado» «tu cuerpo ya es de arriba».

– Hermoso poema en el mar de Gabriela a su madre! y esas «ganas de volver a su vientre y volver a empezar»

-Daniel Rubio, el salteño admirador de Castilla, nos trae el bello poema de Eugenio Montale «Los limones»: «acá nos toca a nosotros los pobres la riqueza y es el olor de los limones» «el azul se muestra solo a retazos» (en las ciudades).

-Graciela Vergel lee su poema: «roguemos por los pechos de hijas y de hermanas» y su dulce metáfora: «biberón de néctar»

-Susana nos habla en su poema de «la sabia portentosa que cura los horrores».

-Amalia nombra a Pedroni y nos lee completo el poema de Miguel Hernández «Nanas de la cebolla», quizás uno de los poemas mas bellos y conmovedores sobre la maternidad.

-Gustavo Zaldívar nos cuenta una anécdota maravillosa con la entrañable María Elena Walsh («me autorizo a morir solo de vida» genial!). A los 22 años, Gustavo le escribe una carta a su admirada María Elena : «tu mano se extiende en tu palabra». A los pocos días María Elena le contesta, le manda la foto del gato hecha por Oribe, la socia de Sara Facio y, entre otras cosas, le dice: «en este mundo hay gente que vale la pena» (como Gustavo!!!). Finalmente, nos recomienda escuchar la zamba El buen modo y nos cuenta que está en duda sobre si mandar esa carta al Centro Cultural Kirchner (nunca hasta ahora la había hecho pública) que pedía aportes sobre María Elena. Le digo que nos comprometemos a escuchar la zamba y que él se comprometa a enviar esa carta!

-Leo, en el Día de la Natación, nos lee su poesía sobre la poesía donde «nos guarecemos de trilladas palabras»

-Alicia nos dice que «hablar de lactancia es hablar de vida que se va encadenando» y nos recuerda que «rama atada no crece» (poema de Biancamaria Frabotta).

-Hernán nos trae a Umberto Saba y su melancolía, nos cuenta de su época de Trieste, en donde abrió una librería frecuentada por Joyce. Del poeta italiano nos lee «Ciudad vieja»: «donde los hombres y las mercancías son por igual detritos de un puerto de mar» y «en la fraternidad con los humildes siento que se me hace mas puro el pensamiento»

-Inés nos cuenta la historia de Santa Juliana de Northwich, anacoreta del siglo 14, quien en «Revelaciones del amor divino» dice «el amor de Dios es el amor de una madre». Interesante concepto de homologar a Dios con una mujer madre. Y nos trae una historia desconocida de Edgar Alan Poe quien dedicó el poema «A mi madre» a su suegra («más querida que la madre que conocí») «los ángeles cuchichean en el cielo y no encuentran mejor término para referirse a Dios que el de madre»

-Damián trae del libro «Lengua materna» de Rafael Felipe Oteriño, el poema «Palabras»: «sin ellas, de nuestro corazón nada sabríamos». Y nos dice «la función materna, que no es necesariamente de madre, nos inicia en el campo del lenguaje» y como padre de Ambar, de 3 años escribió «Acunando a Ámbar» «pequeña victoria en la batalla del amor»

-Jorge nos lee su poema «Agua» «tatuar la tormenta estrechando el agua»

Graciela García

*

Maternidad II

Mi cuerpo,
como tierra agradecida,
se va extendiendo.
Ya las planicies de mi vientre
van cogiendo la forma
de una redonda colina palpitante,
mientras por dentro,
en quién sabe qué misterio
de agua, sangre y silencio
va creciendo como un puño que se abre
el hijo que sembraste
en el centro de mi fertilidad.

Gioconda Belli

***

Los poderes del agua me llevan
Viejo estoy y desde un árbol
en flor miro el horizonte
¿Cuántos aires anduve?, no lo sé

 

Desde el otro lado del mar el sol
que se entra
me envía ya sus mensajeras
y a encontrarme iré
con mis abuelos
Azul es el lugar adonde vamos
Los poderes del agua me llevan
paso a paso
Wenulewfv, el Río del Cielo
es apenas un pequeño círculo
en el universo

En este Sueño me quedo:

¡Remen remeros! En Silencio
me voy
en el canto invisible de la vida.
Elicura Chihuailaf

*

Quiero decir, ahora que acabo de editar el texto completo, que el encuentro empezó con la Vía láctea y terminó con el Río del cielo… De los griegos a los mapuches, fluyó nomás sin que nadie lo programe. Milagros y verdades. Abrazo. Hasta el sábado!

(Imagen: el origen de la vía láctea, Tintoretto, 1575).

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