La poesía y el mar, 9 de mayo

La poesía y el mar, 9 de mayo

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Los espero el sábado a las 17. Les dejo algunos de los textos que leímos el sábado pasado, entre ellos los poemas de Úrsula K. Le Guin. Nos vemos!!!
*
El bote vacío
Aquel que gobierna sobre los hombres vive en la confusión. Aquel que es gobernado por hombres vive en el dolor. Por tanto, Yao deseaba no influir en los demás ni ser influenciado por ellos. El camino para apartarse de la confusión y quedar libre del dolor es vivir en el Tao, en la tierra del gran Vacío. Si un hombre está cruzando un río, y un bote vacío choca con su esquife, por muy mal genio que tenga no se enfadará demasiado; pero si ve en el bote a un hombre, le gritará que se aparte. Si sus gritos no son escuchados, volverá a gritar, una y otra vez, y empezará a maldecir. Y todo porque hay alguien en el bote. No obstante, si el bote estuviera vacío, no estaría gritando, ni estaría irritado. Si uno puede vaciar el propio bote, que cruza el río del mundo, nadie se le opondrá, nadie intentará hacerle daño. El árbol derecho es el primero en ser talado, el arroyo de aguas claras es el primero en ser agotado. Si deseas engrandecer tu sabiduría y avergonzar al ignorante, cultivar tu carácter y ser más brillante que los demás, una luz brillará en torno a ti como si te hubieras tragado el Sol y la Luna: no podrás evitar las calamidades. Un hombre sabio ha dicho: «Aquel que está contento consigo mismo ha realizado un trabajo carente de valor. El éxito es el principio del fracaso. La fama es el comienzo de la desgracia.» ¿Quién puede liberarse del éxito y de la fama, descender y perderse entre las masas de los hombres? Fluirá como el Tao, sin ser visto, se moverá con la propia Vida sin nombre ni hogar. Él es simple, sin distinciones. Según todas las apariencias, es un tonto. Sus pasos no dejan huella. No tiene poder alguno. No logra nada, carece de reputación. Dado que no juzga a nadie, nadie lo juzga. Así es el hombre perfecto: su bote está vacío.
(Chuang Tsé)
*
La niña en la orilla
Viento, viento, devuélveme mi pluma
Mar, mar, devuélveme mi anillo
Muerte, muerte, devuélveme a mi madre
Para que me oiga cantar.
Canto, canto, cuéntale a mi hija
Cuéntale que el anillo llevo
Dile que vuelo sobre la pluma
Caída del ala del halcón.

Hier steh’ich
Estoy aquí, los pies firmemente
plantados en nada
y espantando a los mosquitos,
sobre la canción del
sinsonte declaro que
estoy aquí. Dónde es aquí
sólo Dios lo sabe
sin embargo
sigo estando aquí.

A San Jorge
La mujer es el gusano.
Sin dientes y pisoteado
gusano de tierra, levadura del jardín.
Conoce la lengua gusano
y al gran hermano verga gusano
y al corazón gusano. Conoce
el vientre gusano
anidado en ella.
Conoce el principio
y el lado de abajo. Conoce
al gusano único, al gusano redondo
sin fin, hueco, huevo, todo,
siendo el dragón.
Santo, mejor la atrapas
antes de que tenga voz.

Somos polvo
Somos polvo en pena.
La luz brilla a través de nosotros
como a través del rocío de las olas, polvo de agua
al romper, o la lluvia que cae.

Costa
Acostada en la primera luz de sal
con la oreja este escucho pájaros
que despiertan y con la derecha
al Océano abriéndose en la noche.
(Úrsula Le Guin)
*
Brisa marina
Leí todos los libros y es, ¡ay! , la carne triste.
¡huir, huir muy lejos! Ebrias aves se alejan
entre el cielo y la espuma. Nada de lo que existe,
ni los viejos jardines que los ojos reflejan,
ni la madre que, amante, da leche a su criatura,
ni la luz que en la noche mi lámpara difunde
sobre el papel en blanco que defiende su albura
retendrá al corazón que ya en el mar se hunde.
¡Yo partiré! ¡Oh, nave, tu velamen despliega
y leva al fin las anclas hacia incógnitos cielos!
Un tedio, desolado por la esperanza ciega,
confía en el supremo adiós de los pañuelos.
Y tal vez, son tus mástiles de los que el viento lanza
sobre perdidos náufragos que no encuentran maderos,
sin mástiles, sin mástiles, ni islote en lontananza…
Corazón, oye cómo cantan los marineros!
(Stephan Mallarmé)
***
San Brandán, el primero en llegar por acá
Cuando el monje Barinto regresó de su largo viaje a través del mar hacia el oeste, en el año seiscientos y pico, se refugió en un monasterio en el centro mismo de Irlanda, satisfecho de haber llegado por fin al Paraíso, que con forma de isla se levantaba en un cierto lugar en medio de aquello que todavía no se llamaba Atlántico.
Movido por el interés de saber todo sobre aquel camino, Brandán dejó su abadía y fue a escuchar el testimonio del recién llegado. Con los datos conocidos y memorizados, Brandán emprendió el viaje por mar en su barca de madera a la que cubrió con cuero de vaca y protegió con grasa para que fuera más veloz.
Navegó durante muchas jornadas acompañado por catorce monjes, y después de aventuras que no viene al caso recordar ahora, amarró junto a una isla. Sobre ella encendieron un fuego y preparon la comida para celebrar la Pascua. Se ve que el fuego provocó el movimiento de la isla, que resultó no ser sino una enorme ballena que, después de maltratarlos con varias zambullidas, los arrojó a la vista del destino al que Brandan esperaba llegar: todavía sin población humana, pleno de vegetación y aves, el Paraíso al que todo cristiano desea arribar un día.
La referencia, confirmada por Brandán cuando volvió a Irlanda después de su Odisea cristiana, fue suficiente para que Paolo dal Pozzo Toscanelli incluyera la isla en el plano que envió en 1474 a la corte de Portugal, y que tal vez Cristóbal Colón consultó antes de tropezarse con las Indias occidentales.
Los viajeros, españoles o portugueses, que siguieron después de Colón, buscaron sin descanso la isla a la que ya llamaban de San Brandán, nombre que, repetido y deformado, se convirtió en San Borondón o San Borombón.
Los marineros creían verla, pero desaparecía cuando se le acercaban, y así se convirtieron en leyenda de los mares su ubicación y tamaño. Todo hasta que, en su viaje por las costas del sur de América, en el comienzo del año 1520, Hernando de Magallanes no cedió a la tentación de ingresar al estuario del Río de La Plata, como había hecho Juan Díaz de Solís cuatro años antes, para terminar como almuerzo de los pobladores locales.
Sebastián Gaboto había persistido en el error al intentar el asentamiento de Sancti Spiritu, que sembró una semilla que germinaría varios siglos después en forma de novela en El Entenado de Juan José Saer.
Magallanes siguió viaje hacia el sur.
Esa decisión le permitió apreciar, enseguida, una enorme entrada del agua en la tierra, con forma de semicírculo. Semejante accidente del terreno, concluyó con sus ayudantes, sólo había sido posible por el desprendimiento de ese pedazo de tierra que tanto buscaban, la isla de San Borombón, que habría salido a navegar al centro de ese mar austral, dejando ante sus ojos la bahía.
Nunca se pudo hallar la isla de San Brandán. Con el paso del tiempo, al abad irlandés le quitaron la condición de santo, en la sospecha de que no había materializado ningún milagro, ni siquiera el de nacer. Pero ahí quedó, visitada por agua de mar y río, aves y cangrejos, la bahía de Sanborombón.
(Eduardo Cormick)
*
NÁUFRAGA
Alguna vez creí
que el amor
es como el agua,
me contagié
de un pasajero triste.
Después sentí al revés:
que el agua es
como el amor,
ahí me convertí
en una náufraga.

-¡Ay, ay océano! ¡Ay, playa! –
Hoy solo sé que soy
tu loca del amor
y de las aguas.

Archipiélaga hundida,
hilacha de la bruma,
el sueño de una barca.

De tanto amor/tanta agua:
¡Soy una Náufraga!

(Graciela Vergel)
*
Amor confidente
Hay una suave brisa acariciando el mar
Como una magra brisa traza al poniente
Un agitado oleaje seduce a pensar
En un furtivo nombre de amor confidente

Me traen en su aroma de océano errante
Antiguas vivencias que el tiempo ha dejado
Etapas de niño que el hombre olvidado
Lumbago camino de arena ondulante

Por eso la brisa resuena tu nombre
En el mar bravío de un océano errante
Oculto en las olas seduce oscilante

La vida de un niño perdido en el hombre
Que la madre alinea que traza el poniente
Descubre olvidado un amor confidente.

(Ángel Borda)

**
Sigue incesantemente como el mar
Sigue incesantemente como el mar
con movimiento medido y
no anheles la seguridad de la costa
una vez que estés fuera del puerto.

El mar se mueve desde Okkaido
hasta Mendocino, y nunca se detiene
para ver la tabla, para leer las estrellas,
para medir la distancia que queda.
Ivonne Postelle
**
Haiku
Tú te vas.
Yo me quedo.
Dos otoños.
**
Se oye de nuevo el mar
Desde hace muchas noches se oye de nuevo el mar,
leve, arriba y abajo, sobre la arena lisa.
Eco de una voz encerrada en la mente
que resurge del tiempo; y también este
lamento asiduo de gaviotas, o
pájaros de las torres, que abril
empuja hacia la llanura. Ya
estabas junto a mí con esa voz;
y quisiera que a ti también llegase,
ahora, de mí un eco de memoria,
como ese oscuro murmurar del mar.
Salvatore Quasimodo
**
Alba
Passerà l’alba in un sogno,
al freddo freddo d’ogni casa
al solitario azzurro del mare.
È nudo il mondo un’altra volta.
Erompa il cuore con la mela rossa
contenta d’esser dura.
In una selva molle di nuvole e di nevi
pozz’acre di verde si rimescola il mare.
Lo spazio smemorato si ridesta
tra lontananze ventilato leggero.
Alfonso Gatto
(Traducido al español “a capella” por Silvia)
**
A gusto entre las flores
como un pájaro que canta
y pierde peso
sobre la rama frágil se sostiene
ya ligero colibrí de pecho abierto
el pico al cielo flecha verdiazul
o la más oculta ratucha
enramada en los brillos
de la acacia fulgurante de agosto.
Busco estar aquí lejos del sueño
oscuro legañoso de rama en rama
desnudarme en mis plumas
sentir el día que llega.

À vontade entre as flores
como um pássaro que canta
y perde peso
sobre o ramo frágil se sostén
beija-flor já leve com peito aberto
o bico para o céu seta verde-azul
ou o ratinho mais escondido
enramado nos brilhos
da acácia fulgurante de agosto.
Procuro estar aqui longe do sonho
escuro remeloso de ramo em ramo
despir-me nas minhas penas
sentir o dia que chega.
(Un poema de Deshojamiento traducido al portugués por Alice Barthelemy).
**
Soneto IX
Al golpe de la ola contra la piedra indócil
la claridad estalla y establece su rosa
y el círculo del mar se reduce a un racimo,
a una sola gota de sal azul que cae.

Oh radiante magnolia desatada en la espuma,
magnética viajera cuya muerte florece
y eternamente vuelve a ser y a no ser nada:
sal rota, deslumbrante movimiento marino.

Juntos tú y yo, amor mío, sellamos el silencio,
mientras destruye el mar sus constantes estatuas
y derrumba sus torres de arrebato y blancura,

porque en la trama de estos tejidos invisibles
del agua desbocada, de la incesante arena,
sostenemos la única y acosada ternura.
Pablo Neruda
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Copla
Dicen que me han de quitar
las veredas por donde ando
las veredas quitaran
pero la querencia cuando…
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