La poesía y el mar: la magia y el silencio

La poesía y el mar: la magia y el silencio

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Paso los textos y poemas leídos el sábado 6 de junio. Próximo encuentro el sábado 13, a las 16.30. Nos vemos!!!

Borges: poesía y magia.

“La raíz del lenguaje es irracional y de carácter mágico. El danés que articulaba el nombre de Thor o el sajón que articulaba el nombre de Thunor no sabía si esas palabras significaban el dios del trueno o el ruido que sucede al relámpago. La poesía quiere volver a esa antigua magia. La palabra habría sido en el principio un símbolo mágico, que la usura de tiempo desgastaría. La misión del poeta sería restituir a la palabra, siquiera de un modo parcial, su primitiva y ahora oculta virtud”.

Un mago (entrevistado por la Revista Ñ): “…lo esencial para mí en la magia pasa por el concepto de Falta heideggeriana, de lo Real, en el sentido que le da Lacan, como aquello que el lenguaje no puede expresar, que queda por fuera de las redes del lenguaje. Un agujero estructural. Uno puede tener esta experiencia leyendo un poema. Esa conexión a través del arte, que a veces requiere mucho esfuerzo, la magia la impone en un segundo. Es el momento del asombro. Del asombro puro. Que no es no poder explicar lo que se vio. Es quedarse sin lenguaje. Eso es la magia”.

***

Poemas de mi libro Deshojamiento :

Antes que los zorzales

canta una rana o sapo

antes que las ratuchas

antes que los grillos

casi en el silencio mismo

se desata el trino del agua

dos o tres golpes de garganta

o tecla de los pastos

y calla

no se escucha de nuevo

esa voz que inaugura todo

y no necesita repetirse.

*

Como el mar me disperso

y nada me contiene,

como el mar busco una orilla

donde sujetarme y reposar y palpar

una agitación llena de peces

con la curiosidad de un navegante.

Muchos poetas rebalsan y enloquecen

por la falta de un puerto

hambrientos, ahogados en su agua

pero yo tengo el mar

ese gran náufrago de pecho generoso

que me lleva y me trae, confidente.

*

Quijote perdió el dinero

pero ganó la vida

y la ocasión de ver el lento

deshojarse de su árbol

rama por rama y hoja a hoja

conoció el derrumbe

alrededor de sus retoños

y el mágico entrever de los latidos

pasaje-luz y sombra-estrella

por detrás de la noche y el día.

*

Que no se haga el solo ese hombre

rodeado de aire y respirando

que no se haga el muerto

perdidas las ganas de vivir

que no se haga el hermano del hambre

así de bien alimentado como luce

que no se haga ni siquiera el desnudo

aunque no sepa más con qué vestirse.

***

Homero: La Ilíada, Canto VI,123 y ss.

«¿Cuál eres tú, guerrero valentísimo, de los mortales hombres? Jamás te vi en las batallas, donde los varones adquieren gloria, pero al presente á todos los vences en audacia cuando te atreves á esperar mi fornida lanza. ¡Infelices de aquellos cuyos hijos se oponen á mi furor! Mas si fueses inmortal y hubieses descendido del cielo, no quisiera yo luchar con dioses celestiales. Poco vivió el fuerte Licurgo, hijo de Driante, que contendía con las celestes deidades: persiguió en los sacros montes de Nisa á las nodrizas del furente Baco, las cuales tiraron al suelo los tirsos al ver que el homicida Licurgo las acometía con la aguijada; el dios, espantado, se arrojó al mar y Tetis le recibió en su regazo, despavorido y agitado por fuerte temblor que la amenaza de aquel hombre le causara; pero los felices dioses se irritaron contra Licurgo, cególe el Saturnio, y su vida no fue larga, porque se había hecho odioso á los inmortales todos. Con los bienaventurados dioses no quisiera combatir; pero si eres uno de los mortales que comen los frutos de la tierra, acércate para que más pronto llegues de tu perdición al término.»

144 Respondióle el preclaro hijo de Hipóloco: «¡Magnánimo Tidida! ¿Por qué me interrogas sobre el abolengo? Cual la generación de las hojas, así la de los hombres. Esparce el viento las hojas por el suelo, y la selva, reverdeciendo, produce otras al llegar la primavera: de igual suerte, una generación humana nace y otra perece. Pero ya que deseas saberlo, te diré cuál es mi linaje, de muchos conocido.

***

CUANDO SALGAMOS

Cuando salgamos

soltaré crisálidas,

capullos,

izaré guirnaldas de barbijos.

Invertiré al espejo:

me mirarán las olas,

me pisará la arena.

Le daré licencia

a mi ventana.

Haré un balance

de renglones

y de amores.

Me fregaré la cara

con el sudor

de mi cuaderno.

Me chuparé los dedos

embebidos

con tinta,

con licores.

Saborearé en silencio

tanta intimidad

enriquecida,

la recesión

de lo superfluo

y la manía

Engendraré los versos

más austeros.

Cuando salgamos:

sí, porque saldremos,

voy a bailar

despacio

con mi sombra.

Seré una devota

del silencio.

Por todo eso

y mucho más:

cuando salgamos,

sí, porque saldremos,

cuando salgamos,

voy a seguir

Graciela Vergel

*

QUANDO USCIAMO

Quando usciamo

Rilascerò crisalidi,

bozzoli,

Solleverò ghirlande sottogola.

Invertirò lo specchio:

Mi guarderan le onde

Mi pesterà la sabbia.

Lascerò libera

la mia finestra.

Farò un bilancio

delle linee

e degli amori.

Mi sfregherò la faccia

con il sudore

del mio quaderno.

Mi succhierò le dita

imbevute

d’ inchiostro,

e di liquori.

Degusterò in silenzio

tanta intimità

arricchita,

la recessione

dal superfluo

e dalle maníe.

Genererò i versi

più austeri.

Quando usciamo:

sì, perché usciremo

ballerò

lentamente

con la mia ombra.

Sarò una devota

del silenzio.

Per tutto questo

e molto di più:

quando usciamo,

sì, perché usciremo

quando usciamo,

continuerò

a star dentro.

(versión en italiano de Silvia Benini)

***

Con los demás

Anoche, mientras llovía torrencialmente acá en el bosque como sólo llueve en las películas vietnamitas, soñé que nadaba en Buenos Aires. Yo no era el único: se trataba de un servicio que la ciudad ofrecía democráticamente a sus habitantes. El recorrido que me tocó a mí (había varios) empezaba en el Palacio de Aguas de la Avenida Córdoba y terminaba en los lagos de Palermo, con paradas intermedias: algunos de los nadadores emergían junto al Planetario, otros en el Rosedal, y había quienes se aventuraban hasta los inmensos piletones de Obras Sanitarias junto a la Avenida Lugones. El trayecto era por momentos subterráneo, por momentos al nivel de la calle pero bajo techo y por momentos al aire libre, cuando el recorrido coincidía con los espacios de agua de plazas y lugares públicos. Los canales por los cuales circulábamos eran de lecho azulejado y el color del agua variaba entre el celeste y el verde muy claro, según la iluminación y la pendiente de cada tramo. Era ocioso determinar en qué momento íbamos en línea recta y cuándo se hacía sinuoso el trayecto: sólo había tramos en los que uno se dejaba llevar por la corriente y otros en que había que intensificar las brazadas. El protocolo era parecido al que rige a los paseantes un día cualquiera por una calle peatonal: nadie chocaba con nadie, nadie intentaba adelantarse ni abrirse paso con prepotencia. El efecto de fluidez que impone el agua a todo cuerpo que flota atenuaba todo roce y urgencia: circulábamos como si fuera un feriado mental, por así decirlo, aunque sé –como se saben las cosas en los sueños– que era una jornada laborable, bien entrada la tarde, en esa hora multitudinaria en que la mayoría de la gente sale de su trabajo. Habrán visto quizás, en alguno de mil documentales que había sobre sobre China en internet, cuando existía internet, una escena crepuscular en una enorme plaza de Pekín, donde miles y miles de chinos hacían tai-chi, unificados por la sincronización de sus movimientos y la uniformidad de su vestimenta: el característico conjunto de pantalón y casaca gris azulado, igual para hombres y mujeres, de breve o avanzada edad. Recordarán seguramente el momento en que, ya caída la noche, terminaba la rutina de movimientos y la multitud recuperaba su individualidad al dispersarse. Exactamente así íbamos saliendo todos del agua en mi sueño, al final de aquel recorrido: como quien vuelve de una dimensión donde fue plural, donde fue parte indiferenciable de algo. Todavía me queda un último recuerdo de la expresión (o, mejor dicho, del estado de ánimo) de aquella gente en el agua, que seguíamos conservando todos cuando terminaba el recorrido y volvíamos a pisar tierra firme, para rumbear hacia nuestros respectivos destinos. Pero sé que incluso eso habrá de esfumarse en breve de mi memoria, tal como se dispersaban y perdían de vista por los arrabales de Buenos Aires todas aquellas personas a medida que salíamos del agua. ¿Qué traemos adentro cuando salimos de un sueño? ¿Y cómo se puede prolongar ese instante en que, aunque ya seamos de nuevo nosotros, todavía seguimos siendo parte de esa otra textura de las cosas? Me refiero a aquel fluir, aquella deriva fraternal a falta de una palabra mejor, ese perfecto y distraído sincro con los demás, como aquellos chinos que hacían tai-chi, como los sonidos dispersos de la tarde se van sumando hasta armar la perfecta música de fondo del atardecer. Mi abuela, que era una cristiana renegada (con el acento en renegada), decía que la única comunión que era capaz de concebir era la del sueño. “Dormite, así te juntás con los demás”, me murmuraba en el oído cuando se asomaba al cuarto donde dormíamos todos mis primos y me oía dar vueltas insomnes en la cama. No sé si los sueños hablan del pasado o del futuro, pero en este instante líquido y panorámico en que escribo estas líneas me alcanza con la idea de que hubo un tiempo, o lo habrá alguna vez, en que seremos o supimos ser así.

Juan Forn

***

Libro I Oda IX

¿Ves como de alta nieve fulge enhiesto

el Soracte, y no pueden con su carga

los abrumados bosques, y mordidos

por el hielo se aquietan los torrentes?

 

Combate el frío dando largamente

leña a tu hogar, y el vino que añejaste

cuatro años en ánfora sabina,

generoso destápalo, Taliarco.

 

Deja el resto a los dioses; una vez

hayan rendido al viento que batalla

con el revuelto mar, ni los cipreses

se agitarán, ni los olmos vetustos.

 

No quieras preguntar por el mañana,

y el día que la suerte te conceda

tómalo por ganancia, y no desprecies

el dulce amor, muchacho, ni las danzas,

 

mientras aleje tu vigor las tardas

canas. Ahora, busca la palestra,

y en las plazas, de noche, los coloquios

susurrados en la hora convenida,

 

y en el ángulo íntimo, la risa

grata de la muchacha que se esconde,

y la prenda arrancada de sus brazos

o el dedo que finge resistencia.

 

IX

Vides ut alta stet nive candidum
Soracte nec iam sustineant onus
silvae laborantes geluque
flumina constiterint acuto?

Dissolve frigus ligna super foco               5
large reponens atque benignius
deprome quadrimum Sabina,
o Thaliarche, merum diota.

Permitte divis cetera, qui simul
strauere ventos aequore fervido               10
deproeliantis, nec cupressi
nec veteres agitantur orni.

Quid sit futurum cras, fuge quaerere, et
quem fors dierum cumque dabit, lucro
adpone nec dulcis amores
sperne, puer, neque tu choreas,               15

donec virenti canities abest
morosa. Nunc et Campus et areae
lenesque sub noctem susurri
composita repetantur hora,

nunc et latentis proditor intumo               20
gratus puellae risus ab angulo
pignusque dereptum lacertis
aut digito male pertinaci.

Quinto Horacio Flaco

(Versión en español de Alejandro Bekes)

***

Una profunda desorganización

…el norte, el lugar preciso, la certeza,

el destino, el plan, la decisión,

la condición, la conciencia, el progreso,

la evitación del caos o el caos como oportunidad,

la crisis como generación…

Bajo la influencia de tantas estrellas,

en profunda desorganización,

yo, como ellas, en el frío espacio infinito,

sé que la vida es titilar

y no otra cosa.

Preguntarme por la esencia

que queda al final del desorden y el sentido de ordenar

no tendrá lugar

si el cosmos

-un mar dado vuelta que no cae-

una historia universal sin gravedad,

tampoco tiene una respuesta

buscar es navegar

con destino incierto al horizonte

dar muchas vueltas…

-y ahora que los elefantes han dejado de tener paciencia bajo nuestros pies:

se han rendido de cansancio y nos dejaron en un sitio parecido al primero-

reencontrar las preguntas.

Tengo la mirada puesta en la verdad de una consciencia que va más allá de las razones,

del tiempo y del lugar…

y vuelve.

Porque algo sabe sobre el ser desde el punto en que partió

Y se va…

Porque algo mucho más fuerte que el reconocimiento de la ubicación

es el encuentro.

Tengo la voz a veces interrumpida porque me canso de la comunicación.

El olfato, en la memoria emotiva.

Tacto, cuando alguien me muestra su alma, incluso para hacerla despertar.

Oído absoluto, para lo que quiero y para lo que no se me escapa.

Y es una forma de estar –los sentidos-

presentes/ausente en todos lados

lo máximo que puedo dar:

la noción y la certeza del camino como conexión

la demarcación por encima de los límites previstos, la ruta trazada

una contienda, en el aire, a eso que nos aleja

y una pregunta irónica: ¿eso cuánto es?

Y nadie sabe fijar exacto.

Me encuentro mirando otros ojos.

Me devuelven

a mí y a la curiosidad por el mundo,

a la naturalidad de sostener la vida sin tenerla agarrada,

a la primera mirada de amor, que siempre es primera y esperanzadora.

A los otros.

Celina Artigas

***

IX
Dissipa tu se lo vuoi
questa debole vita che si lagna,
come la spugna il frego
effimero di una lavagna.
M’attendo di ritornare nel tuo circolo,
s’adempia lo sbandato mio passare.
La mia venuta era testimonianza
di un ordine che in viaggio mi scordai,
giurano fede queste mie parole
a un evento impossibile, e lo ignorano.
Ma sempre che traudii
la tua dolce risacca su le prode
sbigottimento mi prese
quale d’uno scemato di memoria
quando si risovviene del suo paese.
Presa la mia lezione
più che dalla tua gloria
aperta, dall’ansare
che quasi non dà suono
di qualche tuo meriggio desolato,
a te mi rendo in umiltà. Non sono
che favilla d’un tirso. Bene lo so: bruciare,
questo, non altro, è il mio significato.

*

IX

Borra tú, si lo quieres,

esta débil vida quejumbrosa,

como borra la esponja

el efímero trazo del yeso sobre la pizarra.

Espero regresar a tu círculo,

que se complete mi camino disperso.

Mi vida era el testimonio

de un orden que olvidé durante el viaje,

mis palabras le han jurado

fe a un imposible evento que no conocen.

Pero siempre que entreoí

tu dulce oleaje sobre las orillas

la turbación hizo presa

de mí como alguien privado de memoria

que vuelve a acordarse de su tierra.

Aprendida mi lección,

más que de tu gloria

sin límites, del suspirar

casi en silencio

de cualquier mediodía tuyo desolado,

a ti me rindo con humildad. No soy

más que la llama de una antorcha.

Lo sé bien:

arder, este y no otro, es mi significado.

Eugenio Montale

(Traducción de Daniel Martínez Rubio)

***

Entremos

Esta es nuestra casa.

Para ti la hice

como un libro nuevo,

mirando, mirando,

como la hace el hornero,

Tuya es esta puerta;

tuyo este antepecho,

y tuyo este patio

con su limonero.

Tuya esta solana

donde en el invierno

pesará en tus párpados

tu adormecimiento.

Tuyo este emparrado

que al ligero viento

moverá sus sombras

sobre tu silencio.

Tuyo este hogar hondo

que reclama el leño

para alzarte en humo,

para amarte en fuego.

Tuya esta escalera

por la cual, sin término,

subirás mi nombre,

bajaré mis versos.

Y tuya esta alcoba

de callado techo,

donde, siempre novios,

nos encontraremos.

Esta es nuestra casa.

¡Hazme el primer fuego!

José Pedroni

***

Lie still, sleep becalmed

Lie still, sleep becalmed, sufferer with the wound

In the throat, burning and turning. All night afloat
On the silGent sea we have heard the sound
That came from the wound wrapped in the salt sheet.

Under the mile off moon we trembled listening
To the sea sound flowing like blood from the loud wound
And when the salt sheet broke in a storm of singing
The voices of all the drowned swam on the wind.

Open a pathway through the slow sad sail,
Throw wide to the wind the gates of the wandering boat
For my voyage to begin to the end of my wound,
We heard the sea sound sing, we saw the salt sheet tell.
Lie still, sleep becalmed, hide the mouth in the throat,
Or we shall obey, and ride with you through the drowned.

*

Yace tranquilo, duerme en paz

Yace tranquilo, duerme en paz, tu que sufres

la herida que arde y se agita en tu garganta.
A flote sobre el mar silencioso la noche entera hemos oído
el rumor de la herida envuelta en una sábana de sal.

Bajo la luna, tantas millas lejanas, hemos temblado al escuchar
el sonido del mar flotando como la sangre de la sonora herida
y cuando la sábana salobre rompió en una tormenta de canciones
las voces de todos los ahogados nadaron sobre el viento.

Abre un sendero a través de la lenta vela triste,
arroja lejos hacia el viento los portales del errabundo bote
para empezar el viaje al final de mi herida,
oímos que cantaba el sonido del mar, vimos como hablaba la
sábana salobre.

Yace tranquilo, duerme en paz, oculta la boca en la garganta,
o hemos de obedecer y cabalgar contigo por entre los ahogados.

Dylan Thomas

***

He cerrado mi balcón

He cerrado mi balcón

porque no quiero oír el llanto

pero por detrás de los grises muros

no se oye otra cosa que el llanto.

Hay muy pocos ángeles que canten,

hay muy pocos perros que ladren,

mil violines caben en la palma de mi mano.

Pero el llanto es un perro inmenso,

el llanto es un ángel inmenso,

el llanto es un violín inmenso,

las lágrimas amordazan al viento

y no se oye otra cosa que el llanto.

Federico Garcia Lorca

***

Vivimos con límites. Nuestro departamento es un escenario de líneas, poleas, hexágonos, mesas, sillas, muebles y figuras que ya no tienen sentido. Después del llanto, pudimos identificar un punto, el momento en que las estructuras que nos rodean nos sugirieron algo más, o algo menos, de lo que son. Una voz en la radio, un aplauso en la calle, un llamado telefónico, una sirena, nos vuelven a traer, nos rescatan. Pero la rutina finalmente se impone como una acción perezosa, repetitiva, de círculos, rectángulos, teclas, escaleras, puertas, paredes y dos o tres habitaciones que empezaron, casi sin que nos demos cuenta, a hablarnos. Y la voz de la radio es un murmullo, el aplauso un metrónomo y la sirena un eco interminable de sugerencias.

No fue el mismo día que viste la presencia al lado mío. Fue después, cuando aquello ya había crecido y lo habíamos alimentado. Ahora, los tres salimos al balcón y le gritamos a la gente, a los bomberos, a los policías, al presidente, son héroes, y nosotros también nos gritamos, en un espectáculo íntimo, intenso, tenemos nuestro propio escenario al que salimos cada día a mirarnos. La vida es un experimento que sale mal, jugamos con fórmulas desconocidas, combinaciones de palabras que antes habíamos evitado a toda costa. Nos herimos y no nos curamos. La pintura de la pared se desquebraja y los huecos arman frases.

Ay qué lindo este balcón

Este pedacito que todavía es mío

Y aquellos son aquellos

Y estos son estos

Voy a adherir a este símbolo

Que ya no sirve

Hasta que mi piel

Sea del color

De la pared

Y mi voz sea la voz

De una canilla goteando

Felipe Zaldivar

***

Vivir es ser otro. Y sentir no es posible si hoy se siente como ayer se sintió: sentir hoy lo mismo que ayer no es sentir -es recordar hoy lo que ayer se sintió, ser hoy el cadáver vivo de lo que ayer fue vida perdida.

Borrar todo del cuadro de un día para otro, ser nuevo con cada madrugada, es una revirginidad perpetua de la emoción -esto, y sólo esto, vale la pena ser o poseer, para ser o poseer lo que imperfectamente somos.

Esta madrugada es la primera del mundo. Nunca este color de rosa amarilleando hacia el blanco cálido se posó así en el rostro con que el caserío del oeste encara lleno de ojos acristalados el silencio que trae la luz creciente. Nunca hubo este momento, ni esta luz, ni este mi ser. Mañana lo que fue será otra cosa, y lo que vea será visto por ojos recompuestos, llenos de una nueva visión.
¡Altos montes de la ciudad! Grandes arquitecturas que las laderas empinadas agrandan y aseguran, despeñamientos de edificios diversamente amontonados, que la luz teje de sombras y quemaduras—sois hoy, sois yo, porque os veo, sois lo que [no seréis] mañana, y os amo desde la amurada como un navío que pasa a través de otro navío y hay saudades desconocidas al pasar.

Fernando Pessoa

***

La orilla del mar es blanca y paralela desde el cuarto, moviéndose su patinaje triste y lamentándose, detrás su conjunto se hace azul, lejano lejanísimo, y los pájaros que hasta ese límite vuelan graznando tal vez no encuentran piedra donde parar el aletazo. Y luego existen esos días que se arrastran desgraciadamente, que pasan dando vueltas sin traerse algo, sin llevarse nada; sin llevarse ni traerse nada, el tiempo que corre a nuestro lado, ciclista sin apuro y vestido de gris, que tumba su bicicleta sobre el Domingo, el Jueves, el Domingo de los pueblos y entonces, cuando el aire más parece inmóvil, y nuestro anhelo se hace invisible como una gota de la lluvia pegándose a un vidrio, y sobre el techo de mi habitación demasiado apartada, persiste, insiste, cayendo el aguacero, viéndose en las partes oscuras de la atmósfera, especialmente si en la ventana del frente falta un vidrio, su tejido cruzándose, siguiéndose, hasta el suelo. Muchos días llevo paseando de largo a largo el piso de mi cuarto, y mucho ha de ser el tiempo cuando aún la congoja no se cae de mis hombros; mucho ha de ser el tiempo.

Pablo Neruda: El habitante y su esperanza

***

El muelle de los sueños

El muelle de los sueños esta desierto:

Ya se acabó la vida de sus maderos

El golpe de las olas en descubierto

Va dejando su pecho de embarcadero

Lleno de algas atroces que lo atormentan

Y de lluvia que cae con desconsuelo

Bajo crueles gaviotas que lo despiertan

Ese pequeño puño cogido al suelo

Nunca sabrá que andando

Ya de regreso

Halle sobre sus tablas

Mi primer beso ay

Mi primer beso

 

El muelle de los sueños era un camino

Por donde de la mano vagabundeamos

Buscando el alba ciega del peregrino

Con veinte años a cuestas que ya doblamos

En la quietud oscura de los pilotes

Que golpean las olas con voz mojada

Donde nos escondimos junto a los botes

A vivir temblorosas horas robadas

Ha de quedar vibrando con suave peso

La espumita salada

Del primer beso ay

Del primer beso

Patricio Manns

***

«Lines composed in a Wood on a windy day»,

My soul is awakened, my spirit is soaring,

And carried aloft on the wings of the breeze;

For, above, and around me, the wild wind is roaring,

Arousing to rapture the earth and the seas.

 

The long withered grass in the sunshine is glancing,

The bare trees are tossing their branches on high;

The dead leaves beneath them are merrily dancing,

The white clouds are scudding across the blue sky.

 

I wish I could see how the ocean is lashing

The foam of its billows to whirlwinds of spray,

I wish I could see how its proud waves are dashing

And hear the wild roar of their thunder today!

*

“Líneas compuestas en un bosque en un día ventoso”

Mi alma se despierta, mi espíritu se eleva

Y es llevado a lo alto en alas de la brisa;

Porque todo a mi alrededor el viento salvaje ruge,

Provocando el éxtasis de la tierra y los mares.

 

El largo pasto seco brilla en el sol,

Los árboles desnudos sacuden sus ramas en lo alto;

A sus pies las hojas muertas bailan alegres,

Las nubes blancas se deslizan por el cielo azul.

 

Desearía poder ver cómo el océano azota

La espuma de sus ondas en torbellinos de rocío;

Desearía poder ver cómo sus orgullosas olas se estrellan,

Y oír el salvaje rugido de sus truenos ahora!

Anne Brontë

(Traducción de Inés Ruvituso)

***

Rabi, cancion sobre canción

¡YA!

Nunca hemos transportado

Tanto aceite,

Lo antiguo, es imposible borrarlo

Bajo esta caja.

¿resistiremos bajo esta oración?

BERESHIT-BAMIDBAR-DEVARIM

Aun asi, no despegamos.

El desierto es extraño

Si nos alejamos de el,

Es difícil si nos acercamos demasiado,

Si pensamos en el libro

¿pensamos en Job?

El silencio nos juzgara

Ante toda esperanza por sobrevivir

A un caos

Cuyo rostro

Es un intento

De gestar lo raro.

Rabi, un grito musical

¡AHORA!

Luis Alberto…levantate y anda!

La guitarra es flexible

E imprescindible al vidrio

…¿nunca oiste la hojarasca crepitar?

¡SI!

Y cruzamos el desierto

Poseídos por la melodía,

¿Qué nos queda?

“frazadas de cactus”

“un viento celeste”

Y toda una lista de hierbas

Para un silencio triangular y mistico,

Habíamos pensado

Inquietar la lagrima menstrual

Para la cosecha estival,

(aun asi)

Mordimos hasta el cansancio

El aceite de las velas,

Rothko se negó

A mezclar el oleo

NEGRO-SOBRE-NEGRO

En medio del desierto.

Jorge Castañeda

**

Salvación

El gris subido de mi letargo buscaba un resto de luz.

Al fondo, un sonido poroso

goteaba aureolas de niebla.

La invitadora voz de las corrientes

que  anuncian lluvia,

que agitan vientos,

merodeaba

mi casa.

 

Guiñó su gran ojo celeste

la materna ventana,

y oí

el estrépito del cielo

abriéndose en gajos de nubes

despeñando

por fin, directo a mi alma,

el ensordecedor llamado

de las palabras.

Patricia Z.

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