La poesía y el mar. Sábado 22 de agosto

La poesía y el mar. Sábado 22 de agosto

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Textos y poemas

Los fragmentos finales de La belleza del mundo:

Del 10-8: “el mar porque hace ruido/ pero también la hormiga silenciosa/ nos habla de un océano minucioso/ excavado en el aire, la tierra, el agua”.

Unos días después: “Un laberinto siempre sin nombrar/ que las uñas de los pies vislumbran/ terriblemente solos y desilusionados/ de pisar la muerte y la tristeza”.

(Y ya son los anteúltimos porque apareció el poema 84…)

***

Amanecer 141

Ya puedo ver el mar

con los ojos cerrados.

Sin embargo, los abro.

 

Resulta que llueve

de abajo para arriba

y llueve de costado

bajo un cielo  colorado.

Ando besada de nube

hasta que una gota bautismal,/

como espejo mágico

de  Parque Retiro,

me saca del marasmo.

 

Me envuelve

el aroma del silencio

hasta que un gallinero tenaz/

estalla en el cielo:

aves que quieren comerse

al firmamento remolacha./

 

Mientras tanto,

debajo de una franja repentina/

de  mandarina y naranja,

se casan las gaviotas blancas./

Olas  campana plato,

novias  con mantillas de espuma/

y  plumitas de nácar.

 

Ya puedo ver el mar

con los ojos cerrados.

Pero todo indica

que debo tenerlos

bien abiertos.

Graciela Vergel

***

Distancia justa

En el amor y en el boxeo,
todo es cuestión de distancia.
Si te acercas demasiado me excito
me asusto
me obnubilo, digo tonterías
me echo a temblar.

Pero si estás lejos
sufro entristezco
me desvelo
y escribo poemas.

Cristina Peri Rossi

***

Epitafario de Ultramar

En memoria de Leight Adams

mentor de mentiras y padre de falsedades

Difundió la existencia de Ofir

ciudad de espectros

Y ya de anciano la de Tarbukko

del otro lado del mar Oéano.

 

E insatisfecho con su nueva ciudad la cercó

de plantas amarillas de bellos corales

Le dio un norte improvisó el sur

y envió allí a sus hijos como colonos.

 

Los despidió en Portland.

Los encomendó a Dios.

Nada supo de ellos por una década

hasta que una tarde los recibió

azorado

en Littleham.

Un cable había recibido y sin remitente:

Padre nuestro, de regreso.

 

Sam el  menor exclamó

Tarbukko es encantadora

Más el anillo de corales con que la has ceñido

estorba. Ve y quítalo.

 

El mayor fue más temerario:

Tarbukko es mi hogar

y allí he fundado familia

Pero las flores que tú plantaste apestan.

Ve y arráncalas.

 

Entonces hicieron a su padre a la mar

no sin antes encomendarlo

a Dios a la maroma a Lucifer.

 

Leight Adams expiró aquí

en los anillos coralinos de Tarbukko.

De tal ciudad

Tarbukko

nunca nadie supo.

 

Su imaginación

no valía una ciudad

un coral

una flor.

Cementerio de Portland, U. K. (17901840). Por Salvador Gargiulo

***

San Martín (1810)

(fragmento)

Anduve, San Martín, tanto y de sitio en sitio

que descarté tu traje, tus espuelas, sabía

que alguna vez, andando en los caminos

hechos para volver, en los finales

de cordillera, en la pureza

de la intemperie que de ti heredarnos,

nos íbamos a ver de un día a otro.

Cuesta diferenciar entre los nudos

de ceibo, entre raíces,

entre senderos señalar tu rostro,

entre los pájaros distinguir tu mirada,

encontrar en el aire tu existencia.

 

Eres la tierra que nos diste, un ramo

de cedrón que golpea con su aroma,

que no sabemos dónde está, de dónde

llega su olor de patria a las praderas.

Te galopamos, San Martín, salimos

amaneciendo a recorrer tu cuerpo,

respiramos hectáreas de tu sombra,

hacemos fuego sobre tu estatura.

 

Eres extenso entre todos los héroes.

 

Otros fueron de mesa en mesa,

de encrucijada en torbellino,

tú fuiste construido de confines,

y empezamos a ver tu geografía,

tu planicie final, tu territorio.

 

Mientras mayor el tiempo disemina

como agua eterna los terrones

del rencor, los afilados

hallazgos de la hoguera,

más terreno comprendes, más semillas

de tu tranquilidad pueblan los cerros,

más extensión das a la primavera.

 

El hombre que construye es luego el humo

de lo que construyó, nadie renace

de su propio brasero consumido:

de su disminución hizo existencia,

cayó cuando no tuvo más que polvo.

 

Tu abarcaste en la muerte más espacio.

 

Tu muerte fue un silencio de granero.

Pasó la vida tuya, y otras vidas,

se abrieron puertas, se elevaron muros

y la espiga salió a ser derramada.

 

San Martín, otros capitanes

fulguran más que tú, llevan bordados

sus pámpanos de sal fosforescentes,

otros hablan aún como cascadas,

pero no hay uno como tú, vestido

de tierra y soledad, de nieve y trébol.

Te encontramos al retornar del río,

te saludamos en la forma agraria

de la Tucumania florida,

y en los caminos, a caballo

te cruzamos corriendo y levantando

tu vestidura, padre polvoriento.

 

Hoy el sol y la luna, el viento grande

maduran tu linaje, tu sencilla

composición: tu verdad era

verdad de tierra, arenoso amasijo,

estable como el pan, lámina fresca

de greda y cereales, pampa pura.

 

Y así eres hasta hoy, luna y galope,

estación de soldados, intemperie,

por donde vamos otra vez guerreando,

caminando entre pueblos y llanuras,

estableciendo tu verdad terrestre,

esparciendo tu germen espacioso,

aventando las páginas del trigo.

 

Así sea, y que no nos acompañe

la paz hasta que entremos

después de los combates, a tu cuerpo

y duerma la medida que tuvimos

en tu extensión de paz germinadora

Pablo Neruda

***

Como los naúfragos…

Como los náufragos, ataron su barca al escasísimo trozo de tierra aún a flote -con dificultad, enfrentando la marejada.

Pero el vendaval de la incomprensión ya se había desatado entre ellos, barría y castigaba, lastimaba profundo, desbrozaba los sueños, hasta que se despeñó el último peñazco.

Así, a la deriva como pudieron, bracearon cada uno hacia su propio infierno.

Silvia Botallo

***

La poesía como salvación

Fragmento del ensayo de Damian Katz:

“Que se escribe cuando se escribe”

“Me gusta pensar que el arte en general y la poesía en particular, de alguna manera nos “salva”. Pero de existir cierta verdad en esto ¿de qué nos salva? ¿acaso del paso del tiempo? ¿de las turbulencias de lo real y el sinsentido? ¿de la finitud? Sabemos que esto es demasiado pretensioso e imposible., aunque continúe siendo bella la célebre frase de Odysseas Elytis: “escribo para que la muerte no tenga la última palabra”.

Este texto me hizo recordar mi encuentro con “La vida de Cesar Gonzalez” nota del diario Página 12. Fue en el año 2010, mientras atendía a pacientes adolescentes provenientes del sistema carcelario a través del Patronato del Liberado, en el Centro de Salud del Fuerte Apache, donde desarrollé durante 26 años, mi carrera de Psicólogo. Mi voluntad y posición profesional de considerar cada caso en su singularidad atendiendo a todo tipo de recursos que potenciaran la subjetivación,  el deseo o cualquier dimensión vincular con el mundo y la vida, fue una lucha desigual, con victorias relativas y alentadoras y derrotas muy duras. En ese contexto el testimonio de Camilo Blajakis, fue una confirmación para mí, de un camino posible, y la descripción desgarradora, genuina y lúcida de las condiciones que el sistema y la injusticia estructural le imponen a grandes sectores de la población. El papel salvador que tuvo la Poesía versus cierta psicología disciplinadora en la historia de Camilo está muy bien reflejado en la nota que les dejo y los invito a leer.

Les dejo una poesía breve de este poeta, cineasta y escritor escrita en situación de encierro.

“Letras, mascara de mi herida, aliéntame esta tarde, que si no escribo soy piedra, y vuelvo a ser tan solo un expediente”.

Gustavo Zaldivar

***

Los Papeles Del Nadador

a Rodolfo Dada

I
Si el nadador tristea,
todo el mar es su lágrima,
todo el ruido del mar
es su tonada,
todo el mar es de vino.

II
Prueba otra vez, prueba una y otra vez.
El nadador sube hasta el trampolín,
entre las nubes altas,
los aviones que escriben en el cielo con humo,
las bandadas de patos.
Ya está en puntas de pie, ya flexiona las piernas,
estira bien los brazos.

Prueba otra vez, una y otra, una y otra, se
concentra, respira,
el agua hace silencio.
La ventolera tira sus manotazos y le arranca el
gorrito de baño, escupe en su antiparra.
Pero él insiste y otra vez, prueba una y prueba
otra.
Es un ovillo el nadador entre las nubes altas,
el humo que dejaron los aviones,
las plumas de los patos que emigraron al norte.
Puntas de pie, no vayas a fallar.
Vuela en picada el nadador, su dibujo es perfecto,
su boca entra al desierto.

III

de ser posible, leer con música de fondo
de Bob Marley

Mal rayo me parta, e cielo está muy resbaloso,
el vino escaso, la caricia extraña en estos días,
tu nombre llega como un golpe de vino a la
cabeza,
mal rayo me parta en tan inoportuna ocasión.

Simulo leer un diario bajo el aguacero de tu
cuerpo,
bienganado el diluvio, malhaya la tormenta,
pasa un cuerpo flotando bocabajo
y mal rayo me parta tan lejos de tu cuello.

Los cielos se mezclaron en tu boca pequeña,
los gatos se revuelcan en tu mano,
adelante el insomnio es un campo minado,
hay besos enterrados que pueden estallar.

Corro a campo traviesa con fósforos mojados,
¿qué es esta polvareda sino un fantasma tuyo?
El futuro es un traje pero para otro cuerpo,
los espejos del bar no preguntan por mí.

Hoy cargo mis valijas por el fondo del mar,
tengo pocas palabras
mis dos lenguas tropiezan dentro de una botella
y mal rayo me parta en tan inoportuna ocasión.

IV

Nadador
la verdad es una piedra pulida por el agua,
una estrella aplastada por algún tren carguero,
yace en el fondo, extraña, entre una multitud de
formas ondulantes.
Alguien tejió esa piedra para que te miraras con
tu viejo sombrero, tu sonrisa maltrecha.
Alguien dice tu nombre en la oscuridad de esa
piedra,
y te narran girando por los espesos caldos del
alcohol.
Se agotó la paciencia de tus labios que ahora
viven adentro de una piedra.
Los pliegues de tu miedo van a pudrirse allí.
Tu quieres preguntar y para preguntar primero
hay que morirse.
Nadie puede bailar en esos pasadizos.
Nadador,
mira como se apagan tus gestos en los bordes
redondos de esa piedra.
Empolla en esa piedra la canción del naufragio.

Jorge Boccanera

***

Poeta

Como nacen las palmas en la arena

Y la rosa en la orilla al mar salobre,

Así de mi dolor mis versos surgen

Convulsos, encendidos, perfumados.

Tal en los mares sobre el agua verde,

La vela hendida, el mástil trunco, abierto

A las ávidas olas el costado,

Después de la batalla fragorosa

Con los vientos, el buque sigue andando.

 

¡Horror, horror! ¡En tierra y mar no había

más que crujidos, furia, niebla y lágrimas!

los montes, desgajados sobre el llano

rodaban; las llanuras, mares turbios,

en desbordados ríos convertidas,

vaciaban en los mares; un gran pueblo

del mar cabido hubiera en cada arruga;

estaban en el cielo las estrellas

apagadas; los vientos en jirones

revueltos en la sombra, huían, se abrían,

al chocar entre sí, y se despeñaban;

en los montes del aire resonaban

rodando con estrépito; ¡en las nubes

los astros locos se arrojaban llamas!

 

Río luego el Sol; en tierra y mar lucía

una tranquila claridad de boda.

¡Fecunda y purifica la tormenta!

Del aire azul colgaban ya, prendidos

cual gigantescos tules, los rasgados

mantos de los crespudos vientos, rotos

en el fragor sublime. ¡Siempre quedan

por un buen tiempo luego de la cura

los bordes de la herida sonrosados!

y el barco, como un niño, con las olas

jugaba, se mecía, traveseaba.

José Martí

***

Amanece

El silencio va inscribiendo su misterio,

en magia que el instante da a las horas

y las hadas del sueño están abriendo

sus alas, que descubren a las cosas.

En el aire hay murmullos celestiales

y la flor va luciendo su corola.

El astro rey comienza su mandato,

con destellos de luz, entre las sombras.

Y mi alma se abre a la batalla,

que distingue los cardos de las rosas;

el día va gestando  la certeza

que mi vida despierta en cada estrofa,

Susana A. Orden

*

Percepciones

En la solemne fusión del instante

con cósmica huella de astro apagado,

nace el impulso, confuso, constante

de hilar palabras, en mi verso extraño.

En esta canción que rima en mi sangre

y  en el misterio del cielo estrellado;

en la inocencia de un niño que ríe,

surge aquel pequeño unicornio alado.

En la calma que, luego de la guerra,

sobreviene a los pueblos desolados,

fluye la palabra, aquí, en mi garganta,

cual fugaz grito, absurdo y desdeñado…

En la tibia morada del amigo,

donde siempre, podemos cobijarnos…

En el  bosque sagrado  hay un poema,

escrito con el dolor y el espanto

de sentirme  cómplice y humana

de toda la miseria  y el desencanto

y también, del sueño incorregible,

de la tierna caricia y del milagro.

Susana A. Orden

***

Hay mar

En la poesía no hay siempre, hay sal

En la poesía no hay todo, hay cal

 

No permanece perpetua, muta

Libera/te libera

 

En la poesía no hay quietud, hay deriva

En la poesía no hay miedo, hay vida

 

Hay sal

y no

siempre

en la poesía

porque

no hay todo

sino cal

del fondo

, luego del piélago

, enorme

, abismal

que dice cosas

, donde hay deriva

y no

quietud

donde hay vida

y no

miedo

a bucear

la trascendencia

 

En la poesía, hay mar

Leo Baldo

***

Estampas de Atenas

I

La F

Quiero hablar de la Cariátide F

de la que estoy particularmente enamorado:

no es nada, pobre amiga: chata como tabla,

sin pelo, ni jitonio, ni formas, ni cara, ni pliegues.

 

La humillación de las mujeres de Caria

ha llegado al extremo de asexuarla,

de quitarle el rostro,

de hacer de ella menos que una columna.

 

¡Pobre F!

¿Qué pensará de su hermana lejana

arrebatada por el Minotauro

que se la ha llevado al Museo Británico?

 

¿Qué dirán, en la soledad nocturna del Erecteion,

sus otras hermanas, las que conservan

una pierna en attitude, formas, un vestigio de nariz,

unas curvaturas?

 

Se reirán de mi pequeña deslucida.

 

Yo te he visto en el templo,

tan sola, tan desnuda, tan esencial, tan mujer,

tan pobremente reconstruida

que te he hecho la amada de mis sueños.

Miguel Montezanti

***

Fruta

En el pasto blanco de sol,

suelto la fruta derramada.

 

De los Brasiles viene el oro,

en prietos mimbres donde canta

de los Brasiles, niño mío,

mandan la siesta arracimada.

Extiendo el rollo de la gloria;

rueda el color con la fragancia.

 

Gateando sigues las frutas,

como niñas que se desbandan,

y son los  nísperos fundidos

y las duras piñas tatuadas…

 

Y todo huele a los Brasiles

pecho del mundo que los amamanta,

que, a no tener el agua atlántica,

rebosaría de su falda…

 

Tócalas, bésalas, voltéalas

y les aprendes todas sus caras.

Soñarás, hijo, que tu madre

tiene facciones abrasadas,

que es la noche canasto negro

Gabriela Mistral (En Ternura, 1924)

***

El peluquero

Asentaba navajas en un listón de cuero,

porque era su trabajo arrancarle a los rostros sus

animales muertos.

Hacía barba y bigote para el espejo atestado de gente.

Su navaja pulía aquélla superficie,

rasuraba los rostros del espejo y haciendo su trabajo,

¿afeitaba al espejo?

 

Era más chico que un tarro de gomina Brancato mi abuelo,

pero una cabeza más alto que la muerte.

Invitaba al cliente sacudiendo una toalla

y el cliente ocupaba aquél sillón Dossetti de madera

y entraba en el espejo.

El estilista hablaba solamente con su tijera

y cuando ella por fin tenía la lengua despegada hacia

un lado él decía: “servido”.

 

Mi abuelo maquillaba al espejo con estrellas de talco

y usaba un pulcro saco blanco.

La muerte-que también es prolija- le envidiaba

su colección de peines.

 

Un día la muerte, que hojeaba una revista deportiva, dijo:

“me toca a mí”.

Y ocupó aquél sillón, despatarrada y con un remolino

en la cabeza.

“Tiene un pelo difícil”, dijo sin voz mi abuelo.

Después, la muerte asentó su navaja y haciendo su trabajo,

¿rasuraba al espejo?

El peluquero se marchó bajo un cielo cualquiera

con estrellas de talco.

El espejo se pasó la mano por la cara afeitada, suave,

como un recién nacido.

Jorge Boccanera (En Sordomuda, 1990)

***

A la orilla del río

A la orilla del río

un niño solo

con su perro.

A la orilla del río

dos soledades

tímidas

que se abrazan.

 

¿Qué mar oscuro,

qué mar oscuro,

los rodea,

cuando el agua es de cielo

que llega danzando

hasta las gramillas?

A la orilla del río

dos vidas solas

que se abrazan.

Solos, solos, quedaron

cerca del rancho.

La madre fue por algo.

El mundo era una crecida

¿Por qué el hambre y las piedras

y las palabras duras?

Y había enredaderas

que se miraban,

y sombras de sauces,

que se iban,

y ramas que quedaban…

 

Solos de pronto, solos,

ante la extraña noche

que subía y los rodeaba:

del vago, del profundo

terror igual,

surgió el desesperado

anhelo de un calor

que los flotara.

 

A la orilla del río

dos soledades puras

confundidas

sobre una isla efímera

de amor desesperado.

 

El animal temblaba.

¿De qué alegría

temblaba?

El niño casi lloraba.

¿De qué alegría

casi lloraba?

 

A la orilla del río

un niño solo

con su perro.

Juan L. Ortiz (El aire conmovido, 1949).

***

Alessio bajó en un rayo de luna.

Se escondió dentro del tronco del árbol que planté

en la casa de mis padres.

La noche siguiente, el árbol floreció en mis sueños

y mamá me explicó que soñar con árboles florecidos

era un buen augurio.

(Ni ella ni yo no sabíamos aún que Alessio estaba escondido

en los árboles del patio de mi infancia)

Una mañana Alessio al fin encarnó entre mi piel y mis huesos.

Fue en un tiempo prolongado de silencio y quietud.

(Hay quienes dicen que este aventurero,

cansado de navegar por las galaxias,

eligió volver a su reino en una época de pausa y sosiego).

Pero un día Alessio escuchó el inevitable llamado del mar.

Lo llamó en varios tonos: en celeste, en gris, en azul y en plateado.

Y cumplimos su deseo.

Aunque él aún no podía verlo,

recordó su arrullo y el olor a salitre de otros tiempos,

de otras tierras donde solían habitar las sirenas.

Dicen las comadres que su bisabuela lo conoció

antes de que él viniera y de que ella partiera.

Dicen que la luna y el mar por las noches se pelean por saber

en cuál de ellos pondrá su atención Alessio.

Dicen tantas cosas,

mientras él simplemente se columpia

entre risas, latidos y bostezos.

Dicen que en su nombre está escrita su historia.

En letra cursiva, de izquierda a derecha,

emula la vela de un barco, el viento enrollado,

las olas del mar, un médano, el sol arriba

y, al final, el rayo tobogán atravesando la luna llena.

(6 meses y 1 semana)

María del Valle Mircovich

***

La casa del mar

La casa del mar, blanqueando solitaria

Entre la primavera de los trigos…

De su abierta ventana, en el verano.

Se escapaba un cantar, y el viento mismo,

Ronco con el mugir de los ganados,

Se detenia a oirlo.

 

Casa del mar, alzándose en la pampa.

Guardando en los silencios infinitos

Del campo verde y del profundo cielo

La misteriosa intimidad de un nido…

 

Esta casa fué un buque,

Un errante bajel desconocido

Que en sus juegos brutales el océano

Arrojó un día al arenal rojizo.

 

Esta casa fue un buque

Que navegó del mar por los caminos,

 

Y recorrió las rutas del planeta,

 

Y recogió las voces del abismo,

 

Y caldearon los soles de otros climas,

 

Y sus velas hincharon los alisios,

 

Y llevó en sus entrañas los ensueños

De los hombres errantes y perdidos

Que iban buscando el vellocino de oro.

 

Esta casa fue un buque. Era construido

Bajo el pálido cielo escandinavo

Con la madera de los altos pinos

Que crecen junto al fjord, y que decoran

Las baladas de nieve de Noruega.

 

La voz del océano

Suele arrullar el alma de este pino:

La puebla de nostalgias misteriosas

En los vagos silencios infinitos.

 

i Buque que atravesó todos los mares,

Pino de aquel navío!

Las manos amorosas de los hombres

Hicieron esta casa con el pino.

Héctor Pedro Blomberg

***

Soneto

Así dulzura de la vida es
tu vientre de calor/ batalla/ puro
árboles como piedra/ ojo del cielo
así dulzura de la vida es
contra el desastre/ vientre de dulzura
así dulzura de la vida es
carbón ardiente en manos de ya niño
altura de la voz/ dos animales
fulgor o triste/ sombra de la voz
doble cantor si trata al enemigo
fulgor o triste/ voces de la sombra
cielo del ojo/ sombra de la voz
y cinturón de paz o brillo/ clara
cantorita de luz/ dulzura/ vos

Juan Gelman

***

Baladilla de los tres ríos
(A Salvador Quintero)

El río Guadalquivir
va entre naranjos y olivos
Los dos ríos de Granada
bajan de la nieve al trigo.
¡Ay, amor

que se fue y no vino!

El río Guadalquivir
tiene las barbas granates
Los dos ríos de Granada,
uno llanto y otro sangre.

¡Ay, amor
que se fue por el aire!

Para los barcos de vela
Sevilla tiene un camino;
por el agua de Granada
sólo reman los suspiros.

¡Ay, amor¡
que se fue y no vino!

Guadalquivir, alta torre
y viento en los naranjales
Darro y Genil, torrecillas
muertas sobre los estanques.

¡Ay, amor
que se fue por el aire!

¡Quién dirá que el agua lleva
un fuego fatuo de gritos!

¡Ay amor

que se fue y no vino!

Lleva azahar, lleva olivas,
Andalucía a tus mares.

Ay, amor
que se fue por el aire!

Federico García Lorca

***

El mundo observa

Humedeciendo

El cuenco,

 

La hierba

Envuelve

Las tripas de la meditación,

 

Arriba

La estela del cuerpo cacarea.

 

Temblando

Se abre en dos

La Torá petrificada: en el agua

La piel

Indica la rosa en el centeno.

 

 

Mientras crecía el polvo

Fotografiaban tu sombra

No por obligación

Por la realidad del que va descalzo,

Luego

Percibimos

Al que fabrica la contemplación de un empleo

Y se hace

Azotar

Por la pluma de su hermana: Un agricultor

Utiliza el alcaloide

Para flamear en el umbral.

 

Agua

¿Qué producen las manos que muerden?

El rayo

Hembra de la caverna.

 

Agua

Tú biografía

Resiste a la enfermedad,

Padece

El diluvio de la perpetuidad,

Genuflexión

Que explica el coito

Al misterio  de los muros.

 

Nervios nacidos

De un magnetismo

Hecho

De electricidad descuartizada,

Cremación eterna

En la depresión constante:   a veces el deseo de ingurgitar

La zona semi-viva

Pende de los ojos.

 

La mañana esotérica

Sube

Al pulmón sin algas,

 

El cráneo

Experimenta

La fermentación de la luna

Que atraviesa la rectitud del universo

Señalando la tormenta

De la eyaculación

Ante

Un tribunal

De cosmologías arqueadas: en el fondo del agua

La lengua vuela

A un clitómetro de distancia.

Jorge Castañeda

***

Mar

El mar es
el Lucifer del azul.
El cielo caído
por querer ser la luz.

¡Pobre mar condenado
a eterno movimiento,
habiendo antes estado
quieto en el firmamento!

Pero de tu amargura
te redimió el amor.
Pariste a Venus pura,
y quedose tu hondura
virgen y sin dolor.

Tus tristezas son bellas,
mar de espasmos gloriosos.
Mas hoy en vez de estrellas
tienes pulpos verdosos.

Aguanta tu sufrir,
formidable Satán.
Cristo anduvo por ti,
mas también lo hizo Pan.

La estrella Venus es
la armonía del mundo.
¡Calle el Eclesiastés!
Venus es lo profundo
del alma…

…Y el hombre miserable
es un ángel caído.
La tierra es el probable
Paraíso Perdido.

Federico García Lorca

***

Cuando florezcan los ciruelos…

La rosa es sin por qué/ florece porque florece (poeta del siglo XVII)

Nuevo será tu idioma melodía

Todo se irá en una seda al cielo

Y nuevo el árbol del frutal ciruelo

Pájaro nieve, sabia flor del día.

La virtud vegetal inesperada

Abre la puerta al grito y la alegría

Canta tu rama mi última mirada

Hierba pradera, pálida armonía.

Blanca corona, hoja de balcones

Saldrá tu aroma flor hacia la tarde

Amor de los poetas sin razones.

Sombrilla bermellón sutil de anhelos

Arderá el fuego porque siempre arde

Cuando florezcan los ciruelos.

Bonnie Favelis

***

El resurgimiento
Tarde o temprano
llegaremos al final
de la lucha

para restablecer
la imagen la imagen de
la rosa

pero aún no
dices extendiendo
el tiempo indefinidamente

por
tu amor hasta que una
primavera entera

reencienda
el violeta en las propias
orquídeas

y así por
tu amor el mismo sol
es reavivado.

W. C. Williams

***

Comentarios al Encuentro La poesía y el mar  del 22-8-20

-Anibal habla de Spinetta (mientras va terminando su poemario «La belleza del mundo») y nos relata su proceso creativo «las canciones o los poemas son obras de mentes vacías» (proverbio latino) espacio tentador y sufriente. Nos muestra una edición de la revista Rolling Stones dedicada a Spinetta (entrevista de 2008) «seguir la intuición y seguir el corazón y nunca darle de comer a mi hijo del pan comercial de la prostitución» «lo que más importa es . . . la musicalidad interior, ese diamante que tenemos todos» «si tienes voz, tienes palabras, déjalas caer» (Almendra). Luego lee un fragmento del 10 de agosto y se pregunta «¿lo incluyo o no en el libro?» Sí Anibal!

-Graciela nos trae a la poeta uruguaya Cristina Peri Rossi (es de Montevideo, vive en Barcelona) «Distancia justa» «en el amor y en el boxeo todo es cuestión de distancia» (de «Otra vez Eros», 1994). Y de ella nos lee «Amanecer 141» «ya puedo ver el mar con los ojos cerrados»

-Daniel Pérez, de la revista de viaje «Siwa» nos lee «Epitafario de ultramar» (Salvador Gargiulo editor)

-Gustavo, de la mano de su amigo Damián, lee algo de la poesía en su función salvadora «escribo para que la muerte no diga la última palabra» (cita de Elitys por Damián). Nos cuenta que César González (conocido como Camilo Blajaquis) estaba preso y conoció a un mago que le prestó libros y lo alentó a hacer poesía (y eso realmente lo salvó), se dedicó a escribir, publicó e hizo la película «Diagnóstico esperanza» ((que se vio en el Gaumont). De «La venganza del cordero atado»: «letras, máscara de mi herida, si no escribo soy piedra»

-Aníbal invita: el miércoles a las 19 hacemos zoom temático de 40 o 60 minutos «Magia, poesía y psicoanálisis». Gracias por la invitación!

-Patricia nos lee una oda de Neruda a San Martín (de «Canto general») que escribe cuando cruza la cordillera de Chile a San Martín de los Andes (y de ahí a Buenos Aires y a Europa) hacia el exilio como perseguido político.»En los caminos hechos para volver nos íbamos a ver uno a otro» «eres la tierra que nos diste» «eres extenso entre todos los héroes» «tú fuiste construido de confines» «semillas de tu tranquilidad pueblan los cerros» Hermosa oda!

-Silvia bienvenida! Lee un poema suyo «como pudieron, bracearon cada uno hacia su propio infierno»

-Fernando pregunta qué pasaría si el poeta fuera presidente? De José Martí, liberador y masón cubano, lee «Poeta» «mis versos surgen perfumados» «estaban en el cielo las estrellas apagadas»

-Daniel nos lee un epitafio de Jorge Luis Borges «madre de Cartago, devuelve el remo» y otro (muy irónico, dedicado a Vargas LLosa para que no se levante más) «dejadlo dormir en pax, asi no jode max». De «Los papeles del nadador» lee, junto a su compañera, cuatro poemas cortos de Jorge Boccanera: «se concentra, respira, el agua hace silencio» «es un ovillo el nadador entre las nubes altas» «su boca entra al desierto» «simulo leer un diario bajo el aguacero de tu cuerpo» «hay besos que pueden estallar» «nadador, la verdad es una  piedra pulida por el agua» «para preguntar primero hay que morirse» «empolla en esa piedra la canción del naufragio»

-Leo nos cuenta que Camilo Blajaquis es muy accesible y ahora está componiendo canciones muy fuertes. Leo participó en «Taller 95» relacionado con lo que no se sabe de 25 de mayo (hay una nota en «Sonámbula» sobre el taller de circo) como el palacio Álzaga Unsué.  Andrés Mecha, psicólogo escribió un texto que Leo nos invita a leer en un pdf que puede  mandar. Nos lee un poema (que no entendí si es suyo o de Viel Temperley) «en la poesía no siempre hay sal» «no hay miedo, hay vida» «en la poesía hay mar»

-Alicia Matilde nos trae, de Juan  L. Ortiz, «A la orilla del río» «a la orilla del río un niño solo con su perro» «a la orilla del río dos vidas solas que se abrazan» «dos soledades puras, efímeras»

-Cristina lee un soneto de Juan Gelman «dulzura la vida es» «dulzura vos»

-María bienvenida! Nos cuenta que está embarazada y para su bebé escribió: «árboles florecidos era un buen augurio» «un día escuchó el inevitable llamado del mar» «la luna y el mar se pelean por saber en quién pondrá su atención Alesio»

-Damián, de la poeta chilena Gabriela Mistral (Lucila Godoy) y de un libro homenaje de la Real Academia Española, nos lee «Fruta»: «de los brasiles, niño mío, mandan la siesta racimada» «es frutal la vía láctea». Luego del parate de la Academia sueca por la segunda guerra mundial, ella es la primer mujer, y la primera iberoamericana, en ser premiada con el Nobel. Nos dice  que Boccanera fue gran amigo de Gelman y nos muestra un libro que Boccanera le autografíó y dedicó a Damián en 2005. De allí lee «El peluquero» «haciendo su trabajo afeitaba al espejo» «la muerte,, que también es prolija, le envidiaba su colección de peines»

– Inés nos cuenta su cariño por Gabriela Mistral y recuerda un libro de lectura hecho por Héctor Pedro Blomberg; de allí y de él nos lee «La casa del mar»: «blanqueando solitaria entre la primavera de los trigos» «alzándose en la pampa guardando la intimidad de un nido» «esta casa fue un buque (de madera noruega)las manos amorosas de los hombres hicieron esta casa con los pinos»

-Aníbal nos cuenta que Raúl Gonzalez Tuñón leyó mucho a Blomberg.

-Susana nos lee dos poemas suyos «Amanece»: «el silencio va escribiendo su misterio» «el astro rey comienza su mandato con destellos de luz entre las sombras» y «Percepciones»: «en la inocencia de un niño que ríe surge aquel unicornio alado» Hermoso! (ya tiene preparado su libro!)

-Amalia se «enganchó» con Lorca por un nuevo aniversario de su muerte y recomienda la Oda a Salvador Dalí.  Nos lee «La baladilla de los tres ríos»: «Ay amor que se fue y no vino» «por el agua de Granada sólo viven los gemidos» «Andalucía, a tus mares, Ay amor que se fue por el aire». Y luego lee «Mar» «el mar es el Lucifer del azul» «Cristo anduvo por ti» «la estrella Venus es la armonía del mundo» «la tierra es el probable paraíso perdido»

-Jorge, de «Agua»: «la realidad del que va descalzo» «el rayo hembra de la caverna» (continuará)

– Valeria Bértora (vecina de Aníbal y profe de Inglés) bienvenida!

– Yo leo el poema de William Carlos Williams «El resurgimiento»

-Bonnie «la rosa es sin porqué» «florece porque florece» (epígrafe del siglo XVII) y luego nos lee, de ella,  «Cuando florezcan los ciruelos»

-Por último, Leo lee un fragmento de una entrevista a Blomberg quue enviará y Damián manda «Un perro llamado dolor» de Viel Temperley.

Graciela García

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¡Hasta el sábado 29 a la hora de siempre!

Una respuesta

  1. silvia bottallo

    Muy bueno el encuentro y la crónica!
    Gracias por invitarme, y luego bienvenirme! escribo desde toda la vida y hay épocas en que decae la gana, este taller es una siembra para el espíritu. Mi entusiasmo promete producir (espero que cumpla…) gracias de nuevo.

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