PASARON LAS COPLAS

PASARON LAS COPLAS

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Agradezco a todos los que me acompañaron con su sensibilidad y afecto en la presentación de “Coplas de orilla”. Gracias porque fue evidente que la poesía ocupó su lugar, y nos conmovió con su alta fuerza emotiva, con su misterio, con eso que ciertamente no puede atraparse con palabras pero queda en el aire, flotando… Gracias por empujar conmigo este lanzamiento, a partir esta semana estará disponible en las librerías geselinas.

Un saludo especial a los responsables de la Biblioteca Rafael Obligado, quienes abrieron sus puertas un domingo a la tarde, y ofrecieron el lugar calefaccionado, con sonido, y lo que es más importante, con una dedicación muy generosa y cordial.

A Karina, Flavia y Marcelo, de supermercado y panadería Valle, quienes aportaron exquisiteces y buen vino para que pudiéramos coronar esta fiesta poética con un fantástico brindis.

En noviembre habrá una segunda presentación, para muchos que no pudieron asistir por diversas razones.

Comparto la Copla XVI, la última que leímos:

 

XVI

(Va en bicicleta al cementerio y vuelve para jugar con los niños)

 

Los versos bajan de una fuente secreta un lugar que nadie conoce quien toca

a este hombre toca un libro lentísimo en la sombra y ya cansado de

pestañar la sensación que se siente es devorar metros y metros con la bici

por la orilla pero te distraen los ojos fulgurantes de una lechuza un

chimango lleno de urgencias masculinas vengan a mí todos los que están

afligidos y agobiados eso rezaba el cartelito en la capilla del cementerio

donde un vendedor mustio marchito aburrido vende

flores a los deudos no había muerto naides por desgracia para él

yo los aliviaré pero él ya no cree en nada salvo que le compren

algo quiere cerrar el  negocio ya no es rentable son veinte años

entre ese olor dulce a lágrimas del borde de la muerte asomarse a la

tierra húmeda que igual huele maravillosamente fértil pródiga

de pastos estoy más inseguro de mi propia existencia que la de todos

los dioses que inventamos soy un sueño cierro los párpados y dejo

de existir se desvanece todo lo que fui lo que hice los dioses fueron

son desde los remotos siglos de la humanidad quién soy para

no creer en ellos viven por fuerza nacen y renacen y continúan

mientras a nosotros nos va tragando el tiempo palmo a palmo cen

tímetro a centímetro y lo más bello y triste y poético es que dormimos

y ya no hay mundo propio sino sombra imágenes mezcladas

muchas cosas hay terribles pero nada más terrible que el hombre fijate que

me pongo a pedalear día tras día aunque sé que será inútil moriré en

unas décadas si tengo suerte sin embargo voy a cansarme a rodar por

la orilla de los cardos las forrajeras los tréboles de mil hojas los incisivos

a veces siniestros rostros de los búhos de los obispales caranchos severos

generales del campo no dejan que uno cruce más allá de los alambres los

postes donde guardianamente erguidos vigilan el devenir de los autos de

los ceremoniales cortejos que llevan a los muertos en una cajita

puedo espiar el nombre mientras hago girar las ruedas como un

ingenuo que sabe que los huesos la carne la sangre envejece de todos

modos pero qué orgulloso me siento por este afán inútil de estar sano

este puñado de años que me otorgan los hados un parpadeo apenas pero el

mío les juro que me esfuerzo por entender pero lo más que hice lo

mejor fue abandonarme y tratar de escuchar algo que viene de una

fuente lejana y a la vez íntima desconocida secreta eso dicen

mejor me callo qué decir de lo que no es más que conjetura misterio

pero todos hablan de eso desde el pastor del Helicón entonces debe

ser una verdad lo que digo de mí mismo mi biografía

se desvanece cada vez y si pedaleo es para confirmar que vivo

y huyo a tambor batiente de racimos de pétalos tristes donde el

hombre espera venderle al dolor de los deudos para sobrevivir para

llevar el pan a su casa a sus hijos qué desgracia que nadies muera hoy

es sábado y ya atardece visito la capilla para escribir algunos

versos para no olvidarme me atacaron mientras pedaleaba y

anoté mirando el rostro de Jesús y leí su piadosa frase de

Mateo qué extraordinario fue es la verdad y la vida me

inclino ante su milagro su perduración llega al fin un

muerto a darle vida al cementerio a la capilla al vendedor

cansado subo a la bici salgo furtivamente salpicado por las

lágrimas y los rostros ceñudos de los parientes alguien te llora

cuando dejás el cuerpo siento el viento en el rostro vuelvo a

la ciudad rodeado de acacias sauces eucaliptos talas álamos

los pastos altos del campo algunos pájaros entre plumerillos totoras

son once kilómetros desde la puerta de mi casa los medí con el auto

fue entonces cuando volvía que pensé que la información baja de un lugar que

no conocemos lo más que podemos saber nos deja en la puerta de la ignorancia

qué paradoja mejor es vivir…

Largo todo para subir a un médano con los niños subo subo y me dejo rodar

luego soy el lobo feroz un monstruo un amigo busco el mapa del tesoro los

planes de los enemigos yo tenía una infancia con soldaditos de plomo pelotas

de fútbol botines sacachispas ahora veo en los ojos chispeantes el renacer

de un tiempo sin edad jugar jugar suspender el tic tac metálico

destructor la medida de lo que corre río abajo mar abajo me escondo

en los brazos maternales de una acacia crecida en medio de los médanos

proeza milagro fuerza de la savia las ramas brotan del desierto crecen

florecen hacen un refugio flexible hojas duras resistentes allí vamos

a escondernos de los enemigos mitad cocodrilos mitad gatos tienen

la parte de delante de gatos la de atrás de cocodrilos dice él él

es el jefe con sus cuatro años de pirata de inmortal siempre gana

nunca puedo matarlo ella la niña de dos años se deja ensoñar

mira los escarabajos que agitan sus patas médano arriba las

huellas de las gaviotas las liebres las lagartijas inasibles me

suspendo en la niñez tiño mis canas al sol al fin el tiempo

pasa y no pasa estamos más o menos en el mismo lugar la edad

cae de las estrellas quién muere de viejo de joven de niño en toda

edad estamos repletos de miedos de incertidumbres les juro miren el

abrazo tierno de unos niños de cuatro y dos años es como la máxima

protección un mar un puñado de luz que entibia la soledad letal de nuestros

huesos no pidan más es todo lo que hay luego el extenso hostil mundo

allende nuestros pies entonces no podrán creer con qué gracia me disfrazo

soy peter pan garfio incluso campanita si fuera necesario quiero

disfrazarme me allano a lo que me pida el capitán de cuatro años él

siempre gana pero no me importa vine casi desesperado a buscarlo hice

un gran esfuerzo por pedalear hasta llegar a casa pinchado de cucardas

gloriosas de muertos ilustres de muertos anónimos la cuestión es que dejé

atrás todo ese humus mezclado de tierra y almas y gemidos y deudos

para recibir las órdenes de mi capitán subo al médano lo bajo me dejo matar

por sus flechas hacemos planes para defender la guarida el refugio es

una acacia solitaria de ramas marrones flexibles hojas reverdes vitales la

defendemos a muerte de los gatos cocodrilos soy su escudero él va

siempre a la vanguardia ruego porque me siga llevando con él

a la batalla doy mi sangre prefiero morir pedaleando o defendiendo

nuestro castillo vegetal lejos de la ciudad este oasis verde oscuro

entre las arenas olvidadas resistiremos la niña cuenta los escarabajos mira

las flores silvestres que viven en la arena seca cuenta el paso de las libélulas

nosotros defenderemos todo con nuestras propias vidas a sus órdenes mi capitán.

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