Poemas del sábado 5 de setiembre

Poemas del sábado 5 de setiembre

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Poemas y textos leídos en el encuentro número 21 de La poesía y el mar por zoom.

La belleza del mundo

84

Al atardecer el zorzal emite su canto

en la intimidad del árbol deshojado

y dice lo que es y nos dice a todos

Lo que buscamos está dentro nuestro.

 

Canto para ser, extrañado de mí,

con una felicidad que no interesa

cuando amanece suelta su cascada lírica

y es un rayo más del sol desplegado.

 

Ahora suena su voz en un murmullo breve

que no pierde música ni gracia

se suelta en el aire y pasa al corazón

para afirmarse y hacer pie en el universo.

***

Titonus

Envejecen los bosques, envejecen y mueren,
la humedad deposita su carga sollozante,
llega el hombre y cultiva la tierra y yace en ella,
y al término de muchos veranos muere el cisne.
A nadie sino a mí consume
esta cruel inmortalidad: me marchito en tus brazos lentamente,
aquí en el tenue límite del mundo,
encanecida sombra que cruza como un sueño
los espacios de Oriente con su eterno silencio,
vagando entre la bruma y las salas fulgentes de la aurora.

Aunque esta sombra gris fue una vez un hombre,
glorioso en su belleza, tu elegido,
a quien hiciste tuyo de tal modo
que él mismo, en su pasión, se tuvo por un dios.
«Haz que sea inmortal», te supliqué.
Y al instante cumpliste mi deseo,
risueña en la riqueza que no mide sus dádivas.
Pero tus fuertes Horas, cumpliendo su designio,
me cubrieron de golpes y me desfiguraron, agotando mis fuerzas,
y, si bien no lograron rematarme, ahora vivo tullido
en tu presencia, eterna juventud,
yo, vejez inmortal, con tu inmortal frescura,
y todo lo que fui vuelto ceniza. ¿Pueden tu amor,
tu belleza, enmendarme, incluso ahora cuando,
muy cerca de nosotros, el lucero, tu guía,
brilla en tus ojos trémulos, que se inundan de llanto
al escucharme? Déjame ir, y llévate tu ofrenda:
¿por qué razón querría un hombre, finalmente,
renunciar a la raza benigna de los hombres
o avanzar más allá del término dispuesto
donde todo se cierra para su conveniencia?

Una brisa tranquila abre las nubes, y una vez más
entreveo el oscuro mundo donde nací.
De nuevo el viejo brillo misterioso desciende
de tu frente tan pura, y de tus hombros puros,
y del pecho que late con renovado corazón.
Tu mejilla enrojece lentamente en la sombra,
tus dulces ojos prenden muy cerca de los míos
y entonces las estrellas palidecen, y la fiera cuadriga
que te adora, anhelando tu yugo, emprende el vuelo
y espanta la tiniebla agitando sus crines,
y hace estallar la luz en centellas de fuego.

Así, tú creces más hermosa en el silencio,
y así luego, sin darme una respuesta,
te retiras, tu llanto en mi mejilla.

¿Por qué habrías de huirme mientras lloras,
y hacerme estremecer, a menos que el dicho que aprendimos
en días bien lejanos, sobre la oscura tierra, fuera cierto?:
«No, ni siquiera un Dios puede anular sus dones.»

¡Ay de mí! ¡Ay de mí! Con qué otro corazón
en días bien lejanos, y con qué otra mirada
solía contemplar –¿era yo el mismo, acaso?–
el lúcido contorno de tus formas, mirando
tus rizos que se abrían en volutas solares,
tú y yo en místico cambio, sintiendo que mi sangre
brillaba con el brillo rojizo donde ardían
tu presencia y tus pórticos; y entonces me acostaba,
boca, frente y pestañas, gustando tu calor
con besos más ligeros que los tiernos capullos
de abril, y escuchaba a los labios amantes
murmurando no sé qué alocadas dulzuras,
igual que la canción que oí entonar a Apolo
cuando alzó como niebla las murallas de Ilión.

No me retengas para siempre en tu Oriente:
¿cómo pueden mezclarse por más tiempo nuestras naturalezas?
Fríamente tus sombras sonrojadas me bañan, frías
son tus luces, y fríos mis arrugados pies
hollando tus umbrales vacilantes, cuando el vapor
flota sobre los vagos campos, junto a las casas
de los hombres felices, hechos para morir,
y los herbosos túmulos de quienes, más felices, ya murieron.
Libérame, y devuélveme a la tierra;
tú, que todo lo ves, verás también mi tumba:
tu hermosura renovarás cada mañana;
tierra en la tierra,
no guardaré recuerdo de estas salas vacías
ni de ti regresando en tus ruedas de plata.
A. Tennyson (Trad. J.D.)

*

Tithonus

The woods decay, the woods decay and fall,

The vapours weep their burthen to the ground,

Man comes and tills the field and lies beneath,

And after many a summer dies the swan.

Me only cruel immortality

Consumes: I wither slowly in thine arms,

Here at the quiet limit of the world,

A white-hair’d shadow roaming like a dream

The ever-silent spaces of the East,

Far-folded mists, and gleaming halls of morn.

 

Alas! for this gray shadow, once a man—

So glorious in his beauty and thy choice,

Who madest him thy chosen, that he seem’d

To his great heart none other than a God!

I ask’d thee, ‘Give me immortality.’

Then didst thou grant mine asking with a smile,

Like wealthy men, who care not how they give.

But thy strong Hours indignant work’d their wills,

And beat me down and marr’d and wasted me,

And tho’ they could not end me, left me maim’d

To dwell in presence of immortal youth,

Immortal age beside immortal youth,

And all I was, in ashes. Can thy love,

Thy beauty, make amends, tho’ even now,

Close over us, the silver star, thy guide,

Shines in those tremulous eyes that fill with tears

To hear me? Let me go: take back thy gift:

Why should a man desire in any way

To vary from the kindly race of men

Or pass beyond the goal of ordinance

Where all should pause, as is most meet for all?

 

A soft air fans the cloud apart; there comes

A glimpse of that dark world where I was born.

Once more the old mysterious glimmer steals

From thy pure brows, and from thy shoulders pure,

And bosom beating with a heart renew’d.

Thy cheek begins to redden thro’ the gloom,

Thy sweet eyes brighten slowly close to mine,

Ere yet they blind the stars, and the wild team

Which love thee, yearning for thy yoke, arise,

And shake the darkness from their loosen’d manes,

And beat the twilight into flakes of fire.

 

Lo! ever thus thou growest beautiful

In silence, then before thine answer given

Departest, and thy tears are on my cheek.

 

Why wilt thou ever scare me with thy tears,

And make me tremble lest a saying learnt,

In days far-off, on that dark earth, be true?

‘The Gods themselves cannot recall their gifts.’

 

Ay me! ay me! with what another heart

In days far-off, and with what other eyes

I used to watch—if I be he that watch’d—

The lucid outline forming round thee; saw

The dim curls kindle into sunny rings;

Changed with thy mystic change, and felt my blood

Glow with the glow that slowly crimson’d all

Thy presence and thy portals, while I lay,

Mouth, forehead, eyelids, growing dewy-warm

With kisses balmier than half-opening buds

Of April, and could hear the lips that kiss’d

Whispering I knew not what of wild and sweet,

Like that strange song I heard Apollo sing,

While Ilion like a mist rose into towers.

 

Yet hold me not for ever in thine East:

How can my nature longer mix with thine?

Coldly thy rosy shadows bathe me, cold

Are all thy lights, and cold my wrinkled feet

Upon thy glimmering thresholds, when the steam

Floats up from those dim fields about the homes

Of happy men that have the power to die,

And grassy barrows of the happier dead.

Release me, and restore me to the ground;

Thou seëst all things, thou wilt see my grave:

Thou wilt renew thy beauty morn by morn;

I earth in earth forget these empty courts,

And thee returning on thy silver wheels.

By Alfred, Lord Tennyson

***

Ulises

De joven navegué junto a las costas

dálmatas. Emergían del oleaje

islotes, donde un pájaro era raro

que en busca de sus presas se posara,

cubiertos de algas, resbalosos, bellos

al sol como esmeraldas. Cuando la alta

marea los borraba con la noche,

velas a sotavento se desviaban

hacia alta mar para eludir su insidia.

Esa tierra de nadie es hoy mi reino.

El puerto les enciende a otros sus luces;

a mí me empuja aún hacia alta mar

el todavía no domado espíritu,

y de la vida el doloroso amor.

Umberto Saba

*

Ulisse

Nella mia giovinezza ho navigato

lungo le coste dalmate. Isolotti

a fior d’onda emergevano, ove raro

un uccello sostava intento a prede,

coperti d’alghe, scivolosi, al sole

belli come smeraldi. Quando l’alta

marea e la notte li annullava, vele

sottovento sbandavano più al largo,

per fuggirne l’insidia. Oggi il mio regno

è quella terra di nessuno. Il porto

accende ad altri i suoi lumi; me al largo

sospinge ancora il non domato spirito,

e della vita il doloroso amore.

Umberto Saba

***

Sobre Dylan Thomas

Como muchas cosas en mi vida, debo a una casualidad mi descubrimiento de Dylan Thomas; en un cuento de Cortázar (El perseguidor), el epígrafe de la primera página decía: O make me a mask. El verso aliterado fue lo suficientemente sugestivo y misterioso para embarcarme en la búsqueda de su autor. Dylan Thomas: galés, asediado por la pobreza y el hambre, desaforadamente alcohólico… Alguna vez se llamó a sí mismo “el Rimbaud de Cwmdonkin Drive”.

Escribió: “Me has preguntado acerca de mi teoría de la poesía. En realidad no tengo ninguna. Me gustan las cosas que son difíciles de escribir y difíciles de entender; me gusta “redimir los contrarios” con imágenes secretas; me gusta contradecir mis imágenes, diciendo dos cosas a la vez en una palabra, cuatro en dos palabras, una en seis. Pero lo que me gusta no es una teoría, aunque yo cristalice en un dogma mis inclinaciones personales. La poesía, pesada en estructura pero ágil, debe ser tan orgiástica y orgánica como la cópula, divisora y unificadora, personal pero no privada, propagando al individuo en la masa y a la masa en el individuo. Creo que la poesía debe trabajar desde las palabras -desde la sustancia de las palabras y desde el ritmo de las palabras sustanciales puestas unas junto a otras- y no hacia las palabras. La poesía es un médium, no un estigma en el papel.”

*

Su fotografía, en la tapa de la edición en español de su poesía, muestra un hombre joven, casi angélico, de mirada cargada de premonición, con un vaso de cerveza negra en la mano. Esta imagen contrasta con la de la edición inglesa, donde aparece con un rostro leonino, un cigarrillo entre los gruesos labios, un lápiz entre los dedos y un índice alzado señalando algo.

Sus hijos recibieron esos nombres galeses que parecen señalar un hada o un barco fantasma: Llewelyn (le-ué-lin) su hijo -a quien está dedicado el poema This side of the truth-, Aeronwy (ai-rón-ui) y Colm sus hijas.

Su poesía es turbadora y persistente. Su traductora “oficial” al español –Elizabeth Azcona Cromwell- la definió con justeza “…el universo oscuro, profético, complejo y escandalosamente bello de su poesía…”  No conozco texto sobre la infancia más bello y apasionado que Fern Hill, nombre de una granja donde el Dylan niño pasaba sus vacaciones.

Internado en Nueva York por delirium tremens, no se le ocurre cosa mejor que escaparse para tomar unas copas. Horas después, lo encuentran caminando como un sonámbulo; dice: “He tomado dieciocho whiskies seguidos, creo que es un buen record…” Son sus últimas palabras concientes. Entra en coma y muere cinco días más tarde. Tenía treinta y nueve años.

*

Mi poesía es, o debería ser, de utilidad para mí por una razón: es el registro de mi lucha individual desde la oscuridad hacia algún retazo de luz… Lo que está oculto debe ser revelado. Desnudarse de la oscuridad es limpiarse, estar desnudo de oscuridad es estar limpio.

*

…Acerca de los manuscritos. Estoy complacido y contento que quieras un manuscrito de uno de mis poemas, y trataré que tengas lo que quieres. Mi método es este: escribo un poema en innumerables hojas de papel de desecho, escribo de ambos lados del papel, a menudo de arriba abajo y de costado, sin puntuación, rodeando la escritura con dibujos de postes de luz y de huevos hervidos, todo en una sucia mescolanza; fragmento a fragmento anoto el poema en desarrollo en un cuaderno de ejercicios; y, cuando está completo, lo tipeo. Las hojas de papel de desecho las quemo, porque hay tantas que atosigan mi cuarto y se mezclan con la cerveza y con la manteca…

*

Antes que llamara

Antes que llamara y dejara entrar la carne,
con manos líquidas golpeé en el vientre,
yo, que era informe como el agua
que formaba el Jordán junto a mi casa,
era hermano de la hija de Mnetha
y hermana del gusano engendrador.

 

Yo que era sordo a la primavera y al estío,
que no sabía los nombres de la luna y del sol,
sentía el latido bajo la armadura de mi carne,
fundida aún y no forjada,
veía las plomizas estrellas, el martillo lluvioso
blandido por mi padre desde su cúpula.

 

Conocía el mensaje del invierno,
el súbito granizo, la nieve infantil,
y el viento pretendiente de mi hermana;
en mí saltaba el viento, el rocío infernal;
y mis venas fluían con los climas de oriente;
no engendrado aún supe del día y de la noche.

 

No engendrado aún, ya sufría;
el potro de tortura de los sueños mis huesos

de lirio retorcía en símbolo viviente,
y la carne era cortada para cruzar las fronteras
de las horcas-cruces sobre el hígado
y de las zarzas en los cerebros estrujados.

 

Mi garganta supo la sed antes de formarse
de vena y piel alrededor del pozo
donde las palabras y el agua se entremezclan
sin pausa alguna, hasta pudrir la sangre;
mi corazón supo el amor, mi vientre el hambre;
y olí el gusano entre mis propias heces.

 

Y el tiempo arrojó a mi mortal criatura
a derivar o ahogarse en los océanos
habituados a la salobre aventura
de las mareas que jamás tocan las orillas.
Yo que era rico, me hice más rico aún
sorbiendo de a poco el vino de los días.

 

Yo, nacido de la carne y del espectro, no era ni espectro ni hombre, sino mortal espectro.
Y fui abatido por la pluma de la muerte.
Fui mortal hasta el último

largo suspiro que llevó a mi padre
el mensaje de su agónico cristo.
You who bow down at cross and altar,
Remember me and pity Him
Who took my flesh and bone for armour
And doublecrossed my mother’s womb.

Tú, que te inclinas ante la cruz y el altar,
recuérdame y apiádate de Aquél
que mi carne y mi sangre tomó por armadura
y traicionó el vientre de mi madre.

*

Before I knocked

Before I knocked and flesh let enter,
With liquid hands tapped on the womb,
I who was as shapeless as the water
That shaped the Jordan near my home
Was brother to Mnetha’s daughter
And sister to the fathering worm.

I who was deaf to spring and summer,
Who knew not sun nor moon by name,
Felt thud beneath my flesh’s armour,
As yet was in a molten form
The leaden stars, the rainy hammer
Swung by my father from his dome.

I knew the message of the winter,
The darted hail, the childish snow,
And the wind was my sister suitor;
Wind in me leaped, the hellborn dew;
My veins flowed with the Eastern weather;
Ungotten I knew night and day.

As yet ungotten, I did suffer;
The rack of dreams my lily bones
Did twist into a living cipher,
And flesh was snipped to cross the lines
Of gallow crosses on the liver
And brambles in the wringing brains.

My throat knew thirst before the structure
Of skin and vein around the well
Where words and water make a mixture
Unfailing till the blood runs foul;
My heart knew love, my belly hunger;
I smelt the maggot in my stool.

And time cast forth my mortal creature
To drift or drown upon the seas
Acquainted with the salt adventure
Of tides that never touch the shores.
I who was rich was made the richer
By sipping at the vine of days.

 

I, born of flesh and ghost, was neither

A ghost nor man, but mortal ghost.

And I was struck down by death’s feather.

I was a mortal to the last

Long breath that carried to my father

The message of his dying christ.

Dylan Thomas

***

La burocracia 3

Sixto Martínez cumplió el servicio militar en un cuartel de Sevilla. En medio del patio de ese cuartel, había un banquito, junto al banquito, un soldado hacia guardia. Nadie sabía por qué se hacía la guardia del banquito. La guardia se hacía porque se hacía, noche y día, todas las noches, todos los días, y de generación en generación los oficiales transmitían la orden y los soldados la obedecían. Nadie nunca dudó, nadie preguntó. Si así se hacía, y siempre se había hecho, por algo sería.

Y así siguió hasta que alguien, no sé qué general o coronel, quiso conocer la orden original. Hubo que revolver a fondo los archivos. Y después de mucho hurgar, se supo. Hacía treinta y un años, dos meces y cuatro días, un oficial había mandado montar guardia junto al banquito, que estaba recién pintado, para que a nadie se le ocurriera sentarse sobre la pintura fresca.

*

Fuegos

Cada persona brilla con luz propia
entre todas las demás.
No hay dos fuegos iguales.
Hay fuegos grandes y fuegos chicos
y fuegos de todos los colores.
Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento,
y hay gente de fuego loco, que llena el aire de chispas.
Algunos fuegos, fuegos bobos,
no alumbran ni queman;
pero arden la vida con tantas ganas
que no se puede mirarlos sin parpadear,
y quien se acerca, se enciende.

*

Ventana sobre la utopía

Ella está en el horizonte.

Yo me acerco dos pasos y ella se aleja dos pasos.

Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá.

Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré.

¿Para qué sirve la utopía? Para eso sirve, para caminar.

Eduardo Galeano

(El 3 de setiembre se cumplió el aniversario de su nacimiento).

***

Poema

El camino se hace largo

de aquí a la luz.

De vez en cuando

como una telaraña

construimos amor

como tenue y paciente tejido.

De vez en cuando

apenas de un manotazo

se nos sueltan los hilos

y quedamos bailando

y sin caer.

No sé por qué, una flor

un pensamiento

un amigo, la música,

la magia, en fin

nos salvan

nos alcanzan un pedazo de trama

olvidado

la última figurita

la pieza del rompecabezas

que hacía falta

para recomponer la cabeza

y el alma.

Amenazados como arañas

pero reyes de nuestro

reino imaginario

miramos mucho más

hacia adelante

que hacia atrás.

Encontramos la razón

en los sentidos

el sentimiento

en la cordura

y bebemos de esta

alquimia eterna

para no dejarnos morir

Y la luz siempre

está más adelante

se insinúa

se filtra

se remueve

se instala sin piedad

en el futuro.

No alcanzarán la siesta,

la promesa

el desasosiego

para imponernos la ceguera

de los infelices.

Graciela García

***

Haiku al mar

Fuego

Océanomate

Dónde podré

 

,yo

 

, calentar todo el mar y beberlo de a chupones

 

, si es que no entra en ninguna pava

Leo Baldo

*

Acá

Construidos y sombríos tiempos, son y serán siendo, pero sin seres

Construímos horizontes difusos

Alguien camina. Lo veo.

Es un híbrido su vestuario. Está bueno. Calzados pata de pato, gorra guevariana y pantalón con bajos recortados y medias blancas, tipo Michael Jackson. En cuero y con facón enganchado en faja detrás de su cintura.

Habla con alguien en el feed .

Reivindica una causa humana desde una reposera, mientras tira una selfie con plano vertical

Surge su estado de anhedonia, porque ella manda acá. Lo sé.

Canta una canción imitando la voz de Julio Sosa. «Quiero hospitales, quiero mares digitales. Quiero todo acá. Respiración artificial»

La escucho

El sentido común es la violencia, pienso

La anhedonia, mientras tanto, hace coros.

Leo Baldo

***

Transformación

La vida del árbol

invadió mi vida

Comencé a sentirme árbol

Y entendí

Su tristeza.

Empecé a llorar

por mis hojas,

mis raíces,

mientras un ave

se dormía en mis ramas

esperando que un viento

dispersara sus alas.

Yo me sentía árbol

porque el árbol era mi vida.

(Tierra azul, antología de poesía mapuche)

***

Suave encantamiento

Profundos y plenos

cual dos graciosas, breves inmensidades

moran tus ojos en tu rostro

como dueños;

y  cuando en su fondo

veo jugar y ascender

la llama de un alma radiosa

parece que la mañana se incorpora

luminosa, allá entre mar y cielo

sobre la línea que soñando se mece

entre los dos azules imperios,

la línea en que nuestro corazón se detiene

para que sus esperanzas la acaricien

y la bese nuestra mirada;

cuando nuestro “ser” contempla

enjugando sus lágrimas

y, silenciosamente,

se abre a todas las brisas de la vida;

cuando miramos

las cenizas de los días que fueron

flotando en el Pasado

como en el fondo del camino

el polvo de nuestras peregrinaciones.

Ojos que se abren como las mañanas

y que cerrándose dejan caer la tarde.

Macedonio Fernández (1904)

***

Un músico remasterizado

Piensa en música electrónica

Y continúa el trasplante de su mano: un concertista febril

Lame sus cuchillas.

 

Trueque de instrumentos

Y del occipital en crecimiento,

 

La visión del mutilado

Embriaga sus huesos

Y su repulsión a los asilos

Al meneo de cabañas.

 

Periodos de lactancia en manos de un loco

Que se llenaba la boca del pezón más armonioso

Que haya dado la hembra para la ingesta de hongos.

 

La cabeza del artista

Es un amuleto tallado

Atado a un poste seco.

 

En el lóbulo de estas criaturas

Se oxida la humedad foránea: aceite y levadura

Fluyen

Hacia la solidez de la luz.

 

El mar se congelaba

Entre corales expuestos,

Plantas medicinales

Infectan

Desde la raíz

Hasta

La fosfatasa alcalina del bioquímico: tu maestro

¿Enseña con sandalias

De fabricación casera?

 

El mundo se cierra

Al cultivo de peces,

 

Bajo la lengua

Se clava la lluvia alienada,

 

La arquitectura

De nuestras manos

Son entidades empobrecidas.

 

Cultivo de hojas

Entre cabezas rasuradas,

La ceremonia del corte

Esta desnuda

A la deriva del lenguaje.

 

La extracción de sangre

Está lejos

A diez cuadras del laboratorio

Despojado de agujas.

 

La amenaza del agua

Comienza

Con los ataúdes soldados en el exterior

Es como descifrar el cosmos

Y acariciarlo: un soplo de horror crónico

Es arrastrado

Por un fósil celeste.

 

Todo un depósito de signos

Bajo

Un

Relámpago sagrado.

 

Las bacterias cantan: mujeres que lloran

La ausencia del poema

¿No es temprano para que

Orinen desde la cordillera?

 

En la nada craneana

Se come

Con la sola participación

De la psicodelia en fuga.

 

Agua pura

¿Nunca un pergamino rojo?

Jorge Castañeda

***

Comentario para “el país” de los lectores  de NAVEGACIONES/ARCHIPIÉLAGO de Aníbal Zaldívar

Y después de la travesía quedamos así, frente a frente, príncipe de la pluma y lector.

Se encuentran nuestras miradas escamadas, nuestros espíritus murmurantes.

Sintiéndonos casi dueños de tanta palabra oceánica, ambos echamos monedas a la fuente del mar, para volver a caer en su abrazo de poesía absoluta.

De pronto una salva de gaviotas anuncia la quemazón de la tarde, entonces navegamos los poemas siguiendo la guía de la luna, mientras el faro -certero e intermitente- alumbra el misterio del existir.

De tanto en tanto hundimos el dedo en el agua, y la lengua se estremece ante el salobre secreto. Lo nuestro es flotar desamarrados, oler la bruma, abrirnos al vaivén seductor de las dunas, así de transitorios, tan naúfragos, tan breves…

En este poemario hay sílabas de altamar y frases de espuma. Entre sus versos suenan vientos de rompiente y silbos de caracol donde el alma se detiene, florece, suelta una lágrima de placer y da vuelta la página cada vez más azul de la vida…

Silvia Bottallo

***

Poema para Emily Dickinson

Del otro lado de la noche,

la espera su nombre,

su subrepticio anhelo de vivir,

¡del otro lado de la noche!

 

Algo llora en el aire,

los sonidos diseñan el alba.

 

Ella piensa en la eternidad.

Alejandra Pizarnik.

***

Los poetas

En fronteras celestes de la magia,

habita cierto duende persuasivo,

que murmura en oídos del poeta,

algún  verso, fantástico  y sencillo,

procedente  de un mundo misterioso,

que la mente, jamás ha concebido;

pues se teje con hilos invisibles,

que las musas robaron al destino

y la chispa del fuego originario,

que rescata de reinos del olvido,

esa pluma de un ave formidable

y un cuento de dragones y castillos.

que despiertan,  solo siendo convocados,

por los seres, extraños e intuitivos.

que saben preguntarle a cada estrella,

el secreto del cosmos infinito

                                Susana A. Orden

*

Bitácora de vida

En la hora más oscura de la noche,

navegué por el mar embravecido,

esquivando esa roca tenebrosa,

más  allá del mundo conocido.

Capitana en el barco de mis sueños,

puse proa a  universos infinitos.

Contemplando los peces luminosos,

fui dejando  muy atrás, el tierno abrigo.

Desplegando las velas del coraje,

fui, curiosa,  buscando el desafío

de aquellos huracanes destructores,

cuya fuerza doblegué, en mi navío.

Y, flotando mi mente, en el espacio,

he pasado soledades y peligros…

Resistiendo el llamado de sirenas

y atracciones mortales del abismo,

he luchado con un monstruo poderoso,

que no pudo decir que me  ha abatido.

Mas, llegando a la costa prometida,

este sol que acaricia mis sentidos,

de ese  viaje que todos afrontamos,

me susurra, el secreto, en mis oídos:

– ¡Oh mortal, pasajera de la vida,

en trombas y temibles torbellinos

y también,  en la playa bendecida,

no culpes a los dioses ni al destino!

Hemos puesto el timón entre tus manos…

¡Eres tú,  quien dirige tu camino!

                                               Susana A. Orden

***

Confluencia

Y ellos se van

se llevan

sus metáforas

más allá

de la escucha

y la consulta.

Fonema tras fonema

van a investir la vida

en otra letra,

en la  mirada otra,

en la mirada propia.

Ellos se van,

se llevan

sus fantasmas,

sus pesares,

sus logros

y avatares.

Huéspedes

de un encuentro

singular,

significante:

criaturas

de la atención flotante

van a nadar

en otros cauces.

Pasajeros

de duelos

y dilemas,

se van,

nos dejan sus secretos

y reaparecen

en  la memoria

caudalosa

del analizante.

 

Quizás por eso

vuelvo a verlos cruzar

el enigmático mar

de los deseos.

GraCiela Vergel

***

Polvo para morder

I

A veces la palabra

Como una copa rota donde morder el polvo,

Y otras veces un agua

De alumbrar.

 

Asomada a los cielos, la palabra

Es un tambor de polvo deshecho al primer

Remando en el infierno, la palabra

Es un agua posible sobre un manto de

Cólera.

 

Entonces, la palabra,

¿polvo para morder en la oscuridad?

¡agua para alumbrar este cuerpo callado?

Jorge Boccanera

***

Ahora que viene el tiempo de los pájaros

Estación abierta, retorno. En la vida no hay retorno.

Cesare Pavese, 30 de marzo de l948. Diario.

Ahora que viene el tiempo de los pájaros y de los brotes en las ramas y la blancura del almendro,

ahora que salgo al aire por las tardes y riego plantas y veo cómo la tierra bebe el agua,

ahora que se agitan las polleras al murmullo de la brisa,

ahora que los niños conquistan el baldío y construyen refugios y saltan vallas,

ahora que en el barrio las mujeres se sientan a la sombra de los fresnos y toman mate y hablan,

yo miro a cada instante hacia el Oeste, hacia tu casa.

(Primavera de 1992. In memoriam Clara Crimberg).

María Teresa Andruetto

***

El oficio de poeta

Contemplar las palabras

Sobre el papel escrita,

Medirlas, sopesar

Su cuerpo en el conjunto

del poema, y después,

igual que un artesano,

separarse a mirar

cómo la luz emerge

de la sutil textura.

 

Así es el viejo oficio

del poeta, que comienza

en la idea , en el soplo

sobre el polvo infinito

de la memoria , sobre

la experiencia vivida,

la historia, los deseos,

las pasiones del hombre.

 

La materia del canto

nos lo ha ofrecido el pueblo

con su voz. Devolvamos

las palabras reunidas

a su auténtico dueño.

José Agustín Goytisolo

***

Comentarios al Encuentro La poesía y el mar del 5-9-20

Aníbal habla de la importancia que el vacío tiene, sin ser llenado por ninguna palabra, autoridad o discurso; es un espacio poético que nos permite la continuidad. Nos recuerda que hoy a las 21 en el Malba hay una entrevista a Fernando Spiner sobre La boya.

«Para mí, este espacio es compartir una agenda. Comparé mis poemas (400) con los 1.775 de Emily Dickinson! Repasando mi obra desde los inicios, recordé que escribí mi primer poema en 1973 (en el invierno geselino), un poema que había perdido (debo haber perdido más de cincuenta poemas en mi vida). Entonces sucedió que, invitado por Daniel Pérez, fui a dar una charla sobre Borges y el mar, en la casa de Borges en Adrogué y se me acercó una mi prima, que vive en Lomas, y me dio un cuaderno escrito a máquina, que yo le había regalado, que contiene cincuenta poemas, entre ellos el de 1973, el primero que escribí”.

Nos dice que, hablando de Emily Dickinson, quedan dos poemas que le interesaban y que quedaron pendientes de lectura por Hernán , el 498: «Envidio los mares», donde añora la aventura de vivir más allá de los límites y el otro que está sociado al mito del grillo o la cigarra (sobre Titono). El tema de la condición humana. A propósito nos cuenta que Ulises rechazó la inmortalidad que le ofreció Calipso, prefirió ser humano.

-Inés: «Llegué a este poema por Aldous Huxley Viejo muere el cisne, cuyo epígrafe me intrigó”. Nos cuenta que Titono era muy hermoso y hermano del rey de Troya, Príamo (lee en inglés y luego en castellano) «me marchito en tus brazos lentamente» «esta sombra gris fue alguna vez un hombre» «los hombres felices destinados a morir»

-Aníbal: «¡La cruel inmortalidad! Vamos a pasar el poema entero a la página»

-Hernán lee «La gota» de Emily Dickinson, en traducción de Silvina Ocampo: «la gota que pugna en el mar» «el océano sonríe» y del poeta italiano Humberto Saba, sobre Odiseo o Ulises: «desde mi juventud he navegado junto a las costas dálmatas» «de la vida el doloroso amor»

-Aníbal acota que Odiseo o Ulises es un personaje inagotable que inspira constantemente a los poetas y Jorge nos recuerda la película de Terence Davis sobre Emily Dickinson «Historia de una pasión».

-¡Mara bienvenida!

-Germán Froshauer, amigo bienvenido! (padre de Noelia, profesora de letras), ambos de Mar del Plata.

-María Mercedes Ramírez (que estuvo alguna vez en el Chalet de Don Carlos en estos encuentros presenciales) lee de «Tierra azul» antología mapuche con prólogo de Osvaldo Bayer, «Transformación»: «la vida del árbol invadió mi vida» «yo me sentí árbol porque el árbol era mi vida» (para reflexionar nuestra relación con la naturaleza)

-Aníbal: «el árbol es toda entrega, humildad, que relaciona el arriba con el abajo; para pensarlo en estos tiempos. A raíz de un poema de Susana sobre la condición prenatal, Miguel Montezanti le pasó a Aníbal, y él a Daniel Rubio, un poema de Dylan Thomas.

-Daniel nos recuerda un personaje de Booguie el aceitoso, de Fontanarrosa, que como era veterano de Vietnam, cuando alguien le decía «Charlie» (como llamaban los estadounidenses al soldado vietnamita) enloquecía. Cita el epígrafe sobre máscaras que Cortázar pone a El perseguidor, que a Daniel lo remite a Dylan Thomas. Nos cuenta que Dylan Thomas tuvo una vida muy rica y muy corta (1914-1953) y que murió a los 39 años por un coma alcohólico. Sus últimas palabras fueron «He tomado 18 whiskies seguidos, creo que es un buen récord». Decía «me gusta escribir cosas difíciles de escribir y difíciles de entender, creo que la poesía debe ser personal  no privada, es un medium, no un estigma en un papel». Es un poema con fuertes connotaciones religiosas (aunque muere en Nueva York, Dylan Thomas era galés y católico) que habla de Jesús en el vientre: «Antes que llamara y la carne se abriese, que mis líquidas manos golpearan en el vientre» «yo que no sabía los nombres de la luna y el sol» «conocía el mensaje del invierno» «mis venas fluían» «no engendrado aún ya sufría» «mi garganta supo la sed» «mi corazón supo el amor» «yo que era rico me hice más rico aún» «fui abatido por la pluma de la muerte» «recuérdame»

-Fernando nos recuerda que el 3 de septiembre de 2020 se cumplieron 80 años del nacimiento de Eduardo Galeano, y de él, nos lee un cuento que leyó a sus estudiantes secundarios «La burocracia 3»: «la guardia se hacía porque se hacía» «nadie nunca dudó, nadie nunca preguntó» «y después de mucho hurgar, se supo». ¡Es muy gracioso! Y luego, nos lee «Fuegos». «no hay dos fuegos iguales» «hay gente de fuego loco» «quien se acerca se enciende». Finalmente lee «Ventana sobre la utopía»: «por mucho que yo camine nunca la alcanzaré» «para eso sirve la utopía, para caminar»

-Susana: «Hay misterio, los poetas bebemos de la fuente de los misterios». Nos lee un poema breve de Alejandra Pizarnik «Para Emily Dickinson»: «Del otro lado de la noche la espera su nombre» «ella piensa en la eternidad». Luego, lee dos poemas propios sobre el mar «Bitácora de vida»: «fui dejando muy atrás el . . . abrigo» «he pasado soledades y peligros» «he luchado contra un monstruo . . . que no puede decir que me ha vencido». Otro: «Los poetas» «se forma con hilos invisibles que las musas robaron al destino» «saben preguntarle a cada estrella el misterio del cosmos infinito»

-Leo nos cuenta que Bob Dylan toma su nombre de Dylan Thomas y que tiene un amigo, Mario, de San Clemente, que escribe como Thomas, lo hace muy bien, pero no quiere participar de los encuentros. Sobre Facundo (Astudillo Castro) expresa su rabia: «alguien camina, lo veo» «quiero hospitales» «el sentido común es la violencia, pienso, la anhedonia mientras tanto le hace coros» Luego nos lee un haiku: «Hay una ola, voy hacia ella. Moja, levita mi ser»

-Aníbal: «Hacer palabra lo que nos pasa es un principio sanador». Leo explica que un haiku se compone de 7 sílabas, 5 sílabas y 7 sílabas. Pasará haikus de un gaucho japonés que escribe sobre la pampa.

-Yo leo mi poema (sin título) Comento que durante muchos años escribí poemas, algunos sociales y políticos, otros personales y amorosos y durante muchos años dejé de hacerlo, pero estos encuentros me hicieron revisarlos y elegí uno que me gustó mucho. «El camino se hace largo de aquí a la luz» «bebemos de esta alquimia eterna para no dejarnos morir desapercibidos y la luz siempre está más adelante» «no alcanzará la siesta . . . para imponernos la ceguera de los infelices»

-Aníbal comenta que gustó mucho y que lo mejor que puede pasar es que estos encuentros nos animen a leer nuestros propios poemas. ¡Gracias Aníbal!

-Graciela nos lee su poema dedicado a sus pacientes que se van, «Confluencia»: «ellos se van, se llevan sus fantasmas, sus logros, sus pesares» «van a nadar en otros cauces» «los veo cruzar el enigmático mar de los deseos»

-Patricia nos trae a María Teresa Andruetto (de Arroyo Cabral, Córdoba, 1954) quien, en 2012, recibió el premio Hans Christian Andersen. «Ahora que viene el tiempo de los pájaros, ahora que los niños ocupan el baldío» «yo  miro hacia tu casa». Nos dice que le parece sencillo y profundo.

-Silvia escribió este comentario después de leer «De navegaciones y archipiélagos» de Aníbal Zaldívar (en El mar en todo) «Comentarios para el país de los lectores»: «después de la travesía, quedamos asi frente a frente» «ambos echamos monedas en la fuente del mar» «siguiendo . . . la luna» «lo nuestro es flotar desamarrados» «el alma suelta una lágrima de placer»

-Jorge termina hoy de leernos su poema «Consistencia biográfica del agua»: «período de lactancia en manos de un loco» «la cabeza del artista, amuleto tallado atado a un poste seco» «tu maestro enseña con sandalias de fabricación casera» «la amenaza del agua . . . es como acariciar el cosmos y descifrarlo» «agua pura . . . nunca un pergamino rojo»

-Alicia: «tenía un poema de Oliverio Girondo, pero es para entristecer la tarde» Entonces nos lee de una revista Sur, de marzo-abril del 63, sin abrir, de José Agustín Goytisolo «El oficio del poeta»: «cómo la luz emerge» «la materia del canto nos la ha ofrecido el pueblo con su voz». Goytisolo era un poeta del pueblo, nos dice Alicia, «por eso sus palabras deben ir y volver»

-Aníbal: «Siempre hay un otro que nos está interpelando; es muy conmovedor que en este taller el deseo de compartir supere el silencio y la autocrítica de todos los que leen su poesía en este espacio. Esta experiencia de escuchar tanta poesía nos iguala a todos, no hay jerarquías entre grandes y pequeños poetas, sin prejuicio»  Alicia dice » más que un encuentro es taller: gente que  hace y que trae» (Voto porque Alicia traiga sus poemas!)

-Daniel dice «es un encuentro sin veleidades». Nos trae a Macedonio Fernández  (Borges dijo de él después de su muerte que fue uno de los escritores que más lo influyó) «Suave encantamiento»: «cuando miramos las amigas de los días que fueron» «ojos que se abren como las mañanas y que cerrándose dejan caer la tarde»  dedicado a su esposa Elena Obieta (como también -acota Aníbal- el poema Elena Bellamuerte)

-Analía nos trae «Polvo para morder» de Jorge Boccanera: «la palabra es un tambor de polvo deshecho al primer golpe»

-Zélica es médica y expresa su tristeza porque fallecieron dos pacientitos y por la situación de mucho trabajo. Nos lee el poema 63 de Pessoa: «vivimos en un titilar de la conciencia» «hay un error cuyo ángulo ignoramos» «quién soy cuando siento» «qué cosa muero cuando soy» «me siento en una constante víspera del despertar» «soy como alguien que busca a ciegas» «jugamos a las escondidas con nadie» «cada cual tiene su propia vanidad». (Expreso mi agradecimiento y admiración por el trabajo esforzado de Zélica y  de todo el personal de la sanidad. Les deseo fuerza!)

Graciela García

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