Poesía en la escuela

Poesía en la escuela

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Con motivo de celebrarse el Día internacional de la poesía estuve en el tercer grado del Colegio San Patricio, invitado por la maestra Sol Bergonzi, leyendo algunos poemas y contando mi experiencia con la poesía. Sorprendido por la atención de los chicos, y por su sensibilidad a flor de piel, que hace de estos encuentros una experiencia asombrosa y estimulante. Como coincidía con el comienzo del otoño, la maestra eligió un poema muy bello de Elsa Bornemann, que leyeron los alumnos. A continuación recité La Higuera de Juana de Ibarborou, el poema que para mí marcó el descubrimiento de la poesía, cuando mi hermana lo recitó al volver de la escuela. Yo tenía entonces la edad de los chicos que tenía enfrente… Finalmente leí el último poema que escribí, hace unos días, en mi cuaderno verde.

Así celebramos el día de la poesía, leyendo, recitando y también conversando: les dije que para mí, la poesía comienza cuando nos quedamos sin palabras; que a través de la poesía, los objetos y los seres cobran vida y significaciones emocionales, como la higuera o el mar, y que hay poesía sobre el otoño desde tiempos antiguos… En la Ilíada, escrita hace unos tres mil años, se compara el ciclo de los árboles con las generaciones humanas, feliz hallazgo de un poeta de entonces que nunca perdió belleza y verdad:

“Como la generación de las hojas, tal es la de los hombres. Esparce el viento las hojas por el suelo, y el bosque, reverdeciendo, produce otras al llegar la primavera; de igual suerte, una generación humana nace y otra perece.” (Canto V).

Gracias a Sol por la invitación, y a todos los chicos. ¡Hasta la próxima!

 

Bienvenido otoño

 

Todo el verde se ha volado…

Sólo soy yo la que queda

en el palco deshojado

del árbol de mi vereda.

 

Trepé a sus ramas desnudas,

las enlacé con mi moño,

para que al verlas acuda

a saludarme el otoño.

 

Aunque secó hasta el color

este otoño es bienvenido

porque tengo – por tu amor –

el corazón florecido.

 

*******

 

La Higuera

 

Porque es áspera y fea,
porque todas sus ramas son grises,
yo le tengo piedad a la higuera.

En mi quinta hay cien árboles bellos,
ciruelos redondos, limoneros rectos
y naranjos de brotes lustrosos.

En las primaveras,
todos ellos se cubren de flores
en torno a la higuera.

Y la pobre parece tan triste
con sus gajos torcidos que nunca
de apretados capullos se viste…

Por eso,
cada vez que yo paso a su lado,
digo, procurando
hacer dulce y alegre mi acento:
«Es la higuera el más bello
de los árboles todos del huerto».

Si ella escucha,
si comprende el idioma en que hablo,
¡qué dulzura tan honda hará nido
en su alma sensible de árbol!

Y tal vez, a la noche,
cuando el viento abanique su copa,
embriagada de gozo le cuente:

¡Hoy a mí me dijeron hermosa!

 

***

 

Yo tengo el mar…

 

Como el mar me disperso

y nada me contiene,

como el mar busco una orilla

donde sujetarme y reposar y palpar

una agitación llena de peces

con la curiosidad de un navegante.

 

Muchos poetas rebalsan y enloquecen

por la falta de un puerto

hambrientos, ahogados en su agua

pero yo tengo el mar

ese gran náufrago de pecho generoso

que me lleva y me trae, confidente.

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