POESÍA, MAR, GUARDAVIDAS

POESÍA, MAR, GUARDAVIDAS

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El domingo 29 de marzo al mediodía compartimos un acto de homenaje a los guardavidas veteranos en el Chalet de don Carlos, donde me sentí como en casa porque allí ofrezco cada verano las charlas sobre «la poesía y el mar». Sobre el final del acto, expuse ante el selecto auditorio una síntesis de esas charlas, que no fue sino continuar con el emotivo discurso que como maestro de ceremonias llevó adelante Marcelo «Negro» Ojeda, quien dejó frases-versos como éste: «Me vuelvo a Buenos Aires, pero mi corazón se queda aquí, colgado detrás de una rosca, cerca del agua». La presencia de Matilde, la primera guardavidas mujer de la costa atlántica, también cargó de historia y de leyenda al encuentro, y ella contó que, como dice Whitman en su poema, se metía mar adentro cada vez que necesitaba superar un problema, y relajarse, y recibir las caricias del agua, y reencontrarse consigo misma. Sentí entonces que los poemas encajaban perfectamente en la mística de este grupo humano que tiene con el mar una relación entrañable. Y fue un placer recorrer con ellos versos de Borges, Neruda, Alexaindre, Ibarborou, Girondo, y notar que había oídos atentos y corazones abiertos para reconocer en la voz de los poetas las propias vivencias puestas en palabras. La lectura de la «Canción del pirata» de Espronceda con el Negro Ojeda, la «Canción del potro del mar» de Esteban Agüero con Omar Mangieri, el poema «Frente al mar» de Alfonsina con Yayi Ingas, y el cierre con el poema-plegaria «El nadador» de Viel Temperley con Scarpellino, Mayco y el Manteca tuvieron la vibración especial de la fuerza de la palabra inspirada en ese gran maestro y padre que es el mar para todos nosotros. Agradezco la hermandad y el haber sido nombrado Guardavidas Honorario; sólo espero estar a la altura de ese reconocimiento.

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