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Texto de contratapa

Para mí fue extraordinario leerte, y descubrir en tu vida al “aventurero del mar” y comprobar que todo su discurso es más que la borgiana imagen del “… incesante mar que en la serena mañana surca la infinita arena”. Hay en tu mar el sonido del lenguaje, y tu cuerpo en él, tus brazadas en él.

Cómo no decirle al querido lector que tu libro es precioso y que en su nombre oculta el enigma del mar. Es como un secreto homenaje al poema de Rilke que decía hablándole a la rosa: “oh contradicción pura, gozo de ser sueño de nadie bajo tantos párpados.”

Al leer tus poemas uno dice obviamente: ¿quién soy? Pero también: la emoción es más fuerte que las palabras, ¿qué puedo decir sobre el mar? ¿El mar es increíble? ¿El mar es más de lo que yo esperaba? ¿Su inmensidad? Me temo que el comentario sería banal en comparación con lo que expresa cada uno de tus poemas. Hay en ellos eso que vos mismo, lector exquisito, descubriste en 1982, ¿o fue en el vientre de tu madre?: que el mar sería el pequeño mito que contiene cada palabra en su revelación. Y de ahí en más el despliegue de tu mapa sobre la visión: enseñarle a los niños que el mar está dentro de cada sílaba. Y nadar para comprender el movimiento de las sensaciones. Mirar desde tu alta mar el movimiento de tus seres queridos y de tu gente allá en la playa: ¿qué escuchan, qué hacen, cómo encuentran la fuerza del amor en cada rompimiento de la ola?

Y otra cosa, ya dicha en tus poemas: Salvo los ojos, las bocas, los oídos,

que nos hacen ruidosos y evidentes

somos abismo que respira y duerme.

 

Arturo Carrera, Buenos Aires, 2017

 

 

 

 

 

Epígrafe

Pero dar extensa variedad a lo pequeño gloria es de los poetas.

(Píndaro: Pítica IX v. 77)

 

 

 

 

Una rosa del desierto

(A una piedra que traje del museo de Gagliole, Italia)

 

Nos dan la poesía para poder dormir

para soñar otros mundos

nos la dan, las musas, para entretenernos

para adormecernos y despreocuparnos

nos dan la poesía nuestra de cada día

como el pan amargo que sonríe nos dan

nos dan los versos para no mirar

el hambre y la muerte que nos rodean

y nos cercan con sus lágrimas, tanta poesía

para olvidar y recordar que el tiempo

nos está comiendo los huesos las musas

nos ponen gotas de miel sobre la lengua

murmuran palabras sagradas cantos de consuelo

nos dan la distancia y la justicia

y la vergüenza sin fin de los felices

la voz que fluye y las aladas palabras

la tristeza de tantos ojos y también la propia

que lame las heridas y murmura al oído una plegaria

una elegía que trae las olas de las sangre

todos los suspiros inmemoriales humanos

tanto tanto nos dan que me duele el dolor

y todo el amor me inflama gracias

poesía miedos sueños flujos de la boca

voces reencuentros brillos delirios levedades

flores jardines florecidos rosa del desierto

abundante de sales e intemperie fría

ardiente desnuda y aunque no te nombre bella

tus aromas de piedra tus pétalos me envuelven

solitaria sola en alguna inmensidad también a vos te amo.

 

 

1

De mucho dormir viven mis musas

en las partes blandas de mi cuerpo

se acurrucan sin pelear, sin épicas

batallas de mares o llanuras.

 

Ellas aman cada rincón gatuno

dieciséis horas sobre veinticuatro

y destilan sus voces en mi sangre.

 

De mucho mucho domingo eterno viven

toman el descanso de Dios como bandera

y en las ocho que restan ya no sabe qué hacer

dónde nadar, volar o hacer trabajos.

 

Acaso salen a reposarse en verdes

hojas del jardín o en el sensual oleaje

bien lejos mar adentro donde gozan

sobre espaldas de color de vino.

 

A veces se hacen duras en mis uñas

aunque siempre lentas o en mis dientes

o delicadamente escupen sangre.

 

Pero siempre, siempre, amor

están llamándote.

 

2

Una pluma vuela para abajo

un desecho blanco de paloma

un resto de ala

que atrapo con mi mano.

Luego la suelto y parece que cae

de costado o para arriba casi

más leve que el aire

cuando la luz la incendia

en fulgores blancos

y arde y me quema dulcemente el ojo

las entrañas.

 

3

Amo tener fuerte  mi pene

pero también ser un bote vacío.

 

Tal vez sean los remos la clave

para cruzar el río

para lanzarme al mar.

 

Qué bella esta turgencia

vigor gota de océano

y también flotar en hálito de albatros

cerca del sol, sin nada.

 

4

Avergonzado bajo hasta la orilla

a mojarme los pies desnudos

gastados por la espuma de los días

como las piedras y los caracoles.

 

Me rodean bichos muertos

y un pequeño escorpión agonizante

donde el mar ha dejado sus venenos.

 

Dejo mis huellas

y espero con mis ojos

a que las borre el agua.

 

5

En su cuna se mece el poeta

sin salario fijo pero canta

algo al lado de unos grillos

entre gotas que caen al pasto.

 

No está bajo presión salvo

que se tejen explosiones suaves

adentro de sus venas agitadas.

 

Entonces siente unos trinos, lejos

que traduce en palabras ajenas

y se tapa los oídos para dormir.

 

6

A toda velocidad, los caracoles

se alejan de mis ojos

y los astros giran

en el cielo infinito.

 

Como dijeron los poetas

en el medio erramos

constelados

de pies y manos y respiraciones.

 

Con sus lentas costumbres

ellos nos derrotan

persisten

y nos comen los años y las plantas.

 

7

El abrazo del fantasma tuyo

es como un pan de miel enriquecido

y ya pasaron mil veces de tocarte

y eso será nada en cuerpo y tiempo.

 

Nunca sabré quién sos, nunca lo sé

aunque libe tus besos largamente tiembla

la visión del abismo bajo labios

de espuma o polvo o aire evanescente.

 

8

Sale del orto del mar la luna llena

entre pinos, salada y empapada

blanca y con ojos, amarilla

y es tu espejo, tu sonrisa redonda

tu carita de enojos empañados

tu soledad, princesa, bella y de oro.

 

Luego, seca ya y sin lágrimas

sube a dominar la noche de la tierra

los cuatro mares que dan al infinito.

 

9

¿Por qué necesitas la noche

para abrir esa flor de tu alma

que duerme todo el día

bajo las llamas del sol?

 

Las constelaciones de su cuerpo cambian

pecas innumerables piedras rojas perlas

playa donde reposo y anclo

mi ilusión de náufrago.

 

Esto pasa y eso también pasará

la página donde el viento

escribe nuestros nombres

pero yo también, Juan, de noche espero

que me llegue una estrella.

 

10

En su leve garganta el colibrí

sabía de la tarde

sincopada entre golpes

de plumas y de ramas.

 

Todo iba hacia el mar

mientras en su breve tiempo

mis ojos miraban torpemente.

 

¿A qué poeta del río llamaba?

¿A qué montes?

¿A qué brumas de la China?

 

Un clavel del aire suspiraba

afirmado en el muro del pino.

 

11

Tus botones me miran a los ojos

me interrogan me muerden

no me dejan dormir me zamarrean

los rayos de tus codos cuando duermes

las alas plegadas en silencio y el ángel

se extiende boca arriba por tus piernas

un charco de espuma en esta cama

de aguas profundas y orillas borrosas.

 

12

Se detiene al borde de las olas

y dice una plegaria.

 

Las teclas de sus dedos se estremecen

tocadas por la espuma.

 

Hay piel de arena y agua rumorosa

y viento del sudoeste y tibia hondura.

 

Se adivina el final un poco triste

y es mejor regresar abismo abajo.

 

Lo que no entra al mar

se hace silencio y poema.

 

13

El eucalipto estrella me recuerda

que no hay pasado

sino la brisa del lejano mar

y aclaro que es de noche

y mi árbol era el jazmín de cabo

donde florecían perfumados

los rostros de mi madre, Mina

de mi padre, Aníbal

y de mi hermano Fernando

quienes alguna vez murieron

en un pasado inexistente.

 

Bebo el resto del vino sentado

frente al liquidámbar real

y la aljaba de flores de marfil

y nada cruza mi cuerpo

enteramente vivo

ahora.

 

14

Me tapo los oídos ciegamente

por no escuchar mi grito

el más idiota.

 

Tapo uno tras otro

los versos sin objetos

hasta que el grillo llama

y la flor del geranio exhibe

la geometría sagrada

y se ríe de mí mientras yo lloro.

 

15

Vivo como en los viejos inviernos

reina la acacia de fibras torcidas

y aunque es el otoño ya se huele

un silencio largo que solo rompe el mar.

 

Iguales son las ramas y los huesos

nubes de humo sobre lentos hogares

médanos sembrados de pastos solitarios

y grandes casas yacen solitarias.

 

Vuelvo a ser el niño que flota

recostado bajo un frondoso pino

y mira entre las ramas las estrellas

el que vuela descalzo hacia la orilla.

 

16

Todo lo que respira se hace poema

incluso el malestar de malestares

rey de reyes del estar sin causa

quién grita las once no son doce!

 

Cesa la lluvia igual se mueve el vientre

caen las hojas de otoño sobre el pasto

los zorzales hurgan por lombrices

y yo también me entrego a mi destino.

 

17

Torpe y lento el insecto en la baldosa

se detiene ante mí.

 

Un niño llora, ululan las palomas

y yo regreso de mi largo viaje.

 

Con alegría de náufragos

que reanudan la marcha

lo observo balancearse

con largas patas frágiles

hasta perderse en el confín del patio.

 

Yo me interno con mis remos lejos

y busco en el mar una hoja en blanco.

 

18

Digo siempre que sí completamente

porque estoy en el aire como pluma

o nube pasajera o leve ruido

canción vacía que no suena sola.

 

Soy las pequeñas sílabas gastadas

que vuelven once veces a reunirse

y acaso son menores o mayores

o quedan casi siempre sin palabras.

 

19

Es una harina que parece inmóvil

adentro del ciruelo

y abajo

y sube luego en pestañas por el pubis

y viaja por las venas

y se hace flor de labios encarnados

en su boca de niña eternamente

anciana en ojos piedras renegridas.

 

20

Tan rodeada de ternura y semen

era en la luz de virgen tu cintura

te das vuelta y duermes y se asola

mi anhelo en aves rubias y gusanos

y nalgas de algas

y mucho mejor líquenes.

 

¿Quién soy ahora

entre tus sábanas heladas

tus almohadas de piedra

tu más distante ritmo de costillas?

 

Un puro solitario perro solo

ladrando a la sin luna

noche de los huesitos

con baba y dientes muertos

y se corta el dulce pene y la sonrisa

y el tacto de los dedos y los labios

y el grito de la lengua y asustado

por tu soplido extraño levantóse el ser

y guardóse, solitario, hasta mañana.

 

21

El cuerpo pornográfico bajaba

en lava, por las venas

invadiendo al cuerpo distraído

asaltado por flujos de la mente.

 

No quería esas bellas animales

o quería ser carne de su fuego

no sabía quién era, el cuerpo

atado por las cuerdas lejanísimas

de hombres y mujeres de otro mundo

saltando por los ojos aturdidos.

 

Sin agua, sin boca, sin consuelo

sólo brillos perdidos en el cosmos

y el abismo de un grito solitario

suspiro de otro yo al que nunca veo.

 

No eran nadie ellos

ni yo era alguien.

Una conversación ensimismada

un muerto abrazo despojado.

 

22

Mis oídos llegan hasta el fondo

y barren los vestigios de las formas

en el umbral, debajo del oleaje

en el ruidoso devorador silencio.

 

Y ese espacio donde me extraviaba

sin poder encontrar a mis amigos

en la parada de un bondi innecesario

no sabía dónde ir y estaba solo.

 

Más solo que un perro vagabundo

porque yo añoraba que me nombren

y abajo abajo el molino del agua

trituraba toda voz terrena.

 

23

La gran pasividad a ras del suelo

es ahora el movimiento de un insecto

fuera del agua donde yo nadaba

con brazos de ahogado y piernas de velero.

 

Y es también la libélula en la rama

que baja y fija sus cuarenta élitros

mirándome a los ojos.

 

Y en esa espesa, mínima negrura

no hay materia sino más bien un aleph

y nos unimos en otro vasto espacio

para volar sin alas de mi parte

hacia la enorme disolución festiva

ese otro mar sin gravedad ni aire.

 

24

Duermo arrullado en mí

sapo inflamado de voces

y todavía no te busco.

Será cuando rompa el cerco

donde estoy ahogándome

donde estoy muriéndome

en un mar de palabras

brillantes como piedras

de la montaña celeste

que se desmorona mientras

el desfile de los muertos

pasa y es antiguo y viene de muy lejos.

Respiro entre las ruinas

y en mi propio silencio

me sostengo y soy libre.

 

25

Las olas terminan en espuma

y no son símbolo de nada

ni la cifra del destino humano.

 

Es el sudeste que revuelve el mar

sacude sus entrañas y lo agita

y lo purga en esa nieve impura.

 

Vienen primero en lomos esmeraldas

y al romper son jóvenes potentes

que se dejan llevar hasta la orilla.

 

Allí ya despojadas de su gracia

quedan sepultadas en espumas

grises y amarillas como viejas.

El viento fuerte corre y las deshace

poco a poco y las empuja

y en la arena las convierte en nada.

 

Todo sucede rápido

tan claro y tan confuso como un sueño.

 

26

Oleaje de hojas largas

que son como mi pelo

mis pies raíces mis brazos el cielo

en la danza yin yan que trae el viento.

Luz naranja del Buda iluminado

sus entrañas al fulgor de la mañana.

Vienen a mí con dedos de gramíneas

ancladas hondas en la tierra negra

dibujan en el aire los trazos de sus sueños

suave melancolía, proclamas de la dicha.

Lejos y cerca con mi propia savia

entro en el movimiento y en el juego

y salgo en azules por las amplias ventanas

y en el sol sonrío y me disgrego.

 

27

Torpes los pescadores

en la espuma infantil

los anzuelos comidos por el viento

la carnada en las olas.

 

Ya en mis barrotes

a las finas hierbas me aromizo

mientras llueve atiendo perros

y escucho llover sobre los árboles.

 

¿Dónde van esos dos que pescan

en un sueño de niños?

¿Hasta cuándo juegan

gateando en juveniles lluvias?

 

En mis almohadas de agua y vino

mis piernas descansan del mar

y grito uno tras otro los olvidos

y agradezco a los peces que vinieron

a alegrarnos la vida.

 

28

No solo luz de un padecer eterno

sino también de dulces brillos reales

en el andar sin rumbo por los otros

por ejemplo los dos viejitos muertos

asomados al ventanal del agua

y yo en la costanera en calzoncillos

perdiendo manos, brazos y cabezas.

 

Busco en cuerpos desnudos encontrarme

sin embargo la arena se derrama

y queda poco más que ese puñado

de estrellitas que forman tu mejilla

y la implosión acaso oleaje oscuro

pétalo gris de mi jardín nonato.

 

29

Es la presencia de la gran nonada

la rápida espera detenida.

 

En el almendro la mariposa roja

es la que me sigue con sus ojos

aferrada al filo de una hoja.

 

Tensa y bate las alas lentamente

y las junta

y espera el viento que la empuje fuerte

a navegar sin rumbo por el cielo.

 

30

La gata huele la tormenta en ciernes

es una esfinge sensitiva y grácil

no sé qué espera, qué desea

inmóvil, acechante, distraída.

 

Le silbo sólo para perturbarla

pero no me registra ni me escucha

está en su mundo circular y mudo

sumida en otro espacio y otro tiempo

que yo nunca entiendo ni tolero

y siempre corro a buscar otro refugio.

 

31

El cable a tierra del poema eleva

el dramático roce

el son continuo de la sangre del mar.

 

Recostado en el manto de la  noche

sereno respira en las palabras

paloma palpitante en  manos húmedas.

 

El caracol cruza la página

el hondo plano blanco y la navega

y solo en otra piel se detiene y se abriga.

 

Ay, corazón, cómo lates dentro de las tripas

y luego vuelas, respiración y aire.

 

32

Lava el cielo o llora

canta el aire o  golpea

escribe el agua o lame

barre o grita o murmura.

 

Infla los árboles y

acrecienta el mar

tierra impregnada alta

 

33

Yo también soy mendigo de la luna

ésta o cualquier otra madrugada

y como siempre ella me sorprende

cayendo en mitades en la cocina sola.

 

Diosa de los poetas, pone fuego en mis huesos

para que no me duerma tan serenamente

y me incomoda y me habla y a medias se sonríe

cuando así, miserablemente, me arrodillo.

 

34

…y están siempre tus orejas mirándome

y remas hacia mí con tus omóplatos

y tus bocas traen pétalos marchitos

o primaveras rosas

y busco saber a qué distancia

vivo de tus pecas…

 

35

Me despierta tu roce en todo espacio

chispa o corriente o magnetismo etéreo

al que entrego los pelos de mis huesos

en libélulas veloces y voraces.

Y hace racimo en una mano tibia

y alud de oro en una cabellera

o sombra dorada sobre el sueño

alas y piernas rubias

muslos sobre muslos

ombligo en ombligo

pechos que se igualan

vorágine kundalini o calentura roja

sucia de aire y luz viscosa

y macerado frote y olas

de tu espuma y así

vendrá la vida con tus labios

a despertarme siempre.

 

36

Con todo lo que duermo

no soy todavía un gato

si además trabajara

¿qué sería de mí?

 

No podría siquiera disponer

de un rato para amarte

ni hacerle espacio al fuerte

viento del deseo…

 

37

Ahora escucho tus poros

lo que dicen sudando

y aún jadeando

subiendo

en rosas bocas húmedas

gargantas secas

refrescantes flores que se abren

en ardientes espasmos al rocío.

 

Un ascenso que cierra

los labios

para abrirse más allá

hacia el aire…

 

38

No le conviene el rojo a este cuaderno

no le conviene el rojo sólo

que enceguecido arde y olvida

que era también el tordo azul

su piel de iris su plumaje

y el suave gris de la paloma

y era por siempre el verde de los musgos.

 

El rojo está en tu espera

sueño encendido que no duerme y gira

gastándose en el viaje y renovándose

rojo de alas quietas

furia entre las piedras

canta y escupe sangre

con dulzura

mientras me escapo y trepo a un árbol

o busco

todas las maneras de quedarme.

 

39

Me callo para siempre en el rastreo

de tus partes húmedas y blandas

no soy más que un retopo calcinado

ahogado de quemarse entre tus fuegos.

 

Al final la vertical sopla un suspiro

y sonríes de amor, suelta de cuerpo.

 

40

Arrodillada y alta

gozante con mis manos

te mostraba mis tetas masculinas

y la ranura debajo del ombligo.

 

Llego como el mar con sus almejas

A rodearte y de rodillas subes

mi pene es como un mástil

y los tuyos son remos…

 

Y así se anega el cuerpo mío ante el deseo

de todas las mujeres y los hombres

beso el ombligo del dolor humano

la exquisita invención que nos devora.

 

Yo también lloré cuando rompieron tu paraíso

con llanto de hombre si se quiere y juntos

rezamos ahora en la orilla de la noche.

 

Y el infinito inquieto en las palabras

como alevino de trucha se mueve

en la orilla ruidosa del Gutierrez

o en los juncos de los Horcones donde

los pejerreyes comen camarones

y el sabor se traslada a su carne y a nosotros

y a este viaje que siempre recomienza.

 

El infinito se alarga gota o nube

o en los mansos recodos del río Negro

donde el maestro Rabitti con su lira de sauces

creció acunado por la voz de Heráclito.

 

41

Salvo los labios que murmuran

el resto del mar está muy quieto

replegado, huraño, silencioso, lejos.

 

Salvo la boca que gime jadeando

cansada y renovada a cada instante

la espalda enorme es sorda y enigmática.

 

Salvo los dientes blancos de las olas

que ríen abiertos y se cierran de golpe

el infinito es intemperie ciega.

 

Como yo, los pastos de la orilla, las aves

los tamariscos de pestañas finas

lo miran transcurrir, lo escuchan todo el tiempo.

 

Salvo los ojos, las bocas, los oídos

que nos hacen ruidosos y evidentes

somos abismo que respira y duerme.

 

42

Vuelvo a ser pequeño, voluptuoso

desierto de intenciones como un lago

y con semillas de la tierra baldía

vuelve a brotar otro jardín florido.

 

Entero en el presente como un gato.

La luna me alimenta mientras duermo.

 

43

Hermoso día para vivir es hoy

claras manzanas rojas en el cielo

tenues pájaros salen de las ramas y cantos

de aire puro y frescura en los pies.

 

Es hoy naciente el iris de tus ojos

mi mano atenta al sol

los ruidos de las llaves que abren

los blandos cerrojos de las venas.

 

Llueve el polen dorado de este día

y es un humor sin brújula

instalado en medio de las horas

despojado entre ruinas y deshechos.

 

Y luego la vertical del árbol

mano sobre tallo

sangre sobre savia

nervios en nervaduras

y baja y sube la corriente invisible

pasto, humus, tierra remota

agua, fuego nutricio

y arriba los pétalos

los altos pistilos de la acacia de Constantinopla

tan bellas flores  encendidas

y yo también, en brillos…

 

44

El soliloquio es el pis lento de esta noche

mientras otra vez cae Troya

los aullidos reinan

y muere una grandeza que parecía eterna.

 

“Duelo cruel, miedo

imagen repetida de la muerte”.

En tanto largamente meo

golpeando el oído sordo de mi baño.

 

Pulsan las ranas y los grillos ciegos

ebrios de noche y de fresco rocío

y se deshoja y circula por mi sangre espesa

la vaga luz que guardo entre mis venas.

 

45

El párpado arrugado y muchos ruidos

me anuncian la vejez en el espejo

y un soplo me empuja hacia los juegos

de la vida, sin edad, nuevos y viejos.

 

Una polilla nace entre los pliegues blandos

y vuela hacia un rincón para mirarme

mirándome sufrir de estar mirándome

morir, serenamente.

 

46

Tu cola, que es el monte de los sueños

espera por mi mano cada noche.

¿Se atraen?

¿Se llaman?

¿Secretamente se conciertan

para entrar en contacto?

No lo sé, ya no me lo pregunto

solo voy yo también enteramente

en mi palma deslizada

con las yemas de todos mis sentidos

hacia ese beso suave

el tibio abrazo que eterniza

el instante previo al duermevela

el pasaje sensible al otro mundo.

 

47

Me embebo en la aureola de tu pubis

te pido que sonrías

y en un borde de lago

se abre en pétalos

fangosos y dorados.

 

No me sueltes la mano.

No te suelto.

 

Sos un marisco oscuro palpitando.

 

48

No son iguales las olas y las teclas

pero juntas confluyen en mí

o se van de  mí como mareas

y yo con ellas me derramo y vuelvo.

 

Entonces un caracol me dice algo

un caracol pintado por Guillermo

duro en su danza detenida

en cuyo fondo un ser buscó refugio.

 

Un lobito que agoniza en la playa

se asusta de mí cuando lo miro

junto a él brilla el caracol dorado

espiralado como el universo.

 

Todas dulzuras y perfumes del mar

también botellas de plástico y bolsitas

y un diente de ajo y zapatillas

y ramitas de un impensable bosque.

 

Las teclas y las olas se disuelven

en un vasto silencio interminable.

 

49

Kabir me enseña que en cada ola

está todo el océano

y que el océano

las contiene a todas.

 

Esto hace fuertes mis brazos

cuando nado hacia la boya flotante

que me sirve de puerto.

 

50

La muerte en la tarde en Venecia la veía

llegar tan solitario solemne agazapado

en la frontera de los dones donde

transitaba de sapo o de ave leve.

 

Íbamos con Hernán por esos puentes

mirando una regata imaginaria

y adentro era la masacre de los niños

en el lienzo feroz de Tintoretto.

 

Rompe la flor el pasto que la ciñe

-el motivo no es nuevo-

más brota y brota en su insistencia

la vida misma en pétalos violetas.

 

Sangre de la entera tierra

en su don su risa su infatigable amor

más allá y más acá de la muerte

y la mosca que soy también la ama.

 

51

Yo también cuelgo de todas partes

con muchísimas piernas

y me columpio del cielo de los árboles

como ceibo fantástico

que suena como arpa

en el bosque de pinos

con la brisa del sur.

Soy un extraterrestre

lejísimos del río

pero escuché tu canto

maestro y pájaro arrugado.

Aquí desde mi lecho

con el pecho desnudo

sigo columpiándome

mientras anochece.

 

52

Refinándome en la fragilidad

descontando los días hasta la muerte

la falsa muerte en el espejo.

Deshojándome rápida, lentamente

deshojando

las empresas construidas.

Dejándolas, desangrándolas, despintadas

como viejos monumentos

que fueron nada y son nada.

Fulguraron en su tiempo

jóvenes, potentes como olas

y ya son otra vez del mar.

 

53

A veces el mar está callado

y solo traga mariposas verdes

sopladas misteriosamente por el campo.

 

A veces escarabajos suicidas

navegan con seis remos hacia el agua

atraídos por un rumor hipnótico.

 

A veces la media luna asoma

entre velos negros y su brillo

descubre a los mil gatos que nos miran.

 

Lejos el faro es una estrella rota

que nos recuerda al delicado poeta

y nos invita a hacer un largo viaje.

 

El esclavo del cielo en la terraza

esperando el mensaje de la hoguera

se adormece en la vigilia inútil.

 

No hay señales de oriente o de occidente

y yo agradezco tanto haber comido

y estar salvado adentro de una cama.

 

Sin embargo una parte de mí no está conmigo

sino adentro del mar con los hambrientos

y ya no sé si soy esa lechuza

que en la orilla deglute algo invisible.

 

54

Lo que viene no es cabeza demorada

ni la bella final en las paredes

es un alba que asoma con rosados dedos

y gargantas de zorzales encendidos.

 

No es lo que viene a llamar un pensamiento

que gravemente pesa sobre el mundo

sino una música que atraviesa todo

el aire posible cuando abro los ojos.

El mismo colibrí y otros y otros

que zumban ávidos de flores

y los árboles dueños de sí mismos

elevándose lentos hacia el cielo.

 

Y es también el rosa de tus manos

y tus mejillas que renacen sonriendo.

 

55

Tres negros pasan como chicas de Proust

vienen de Senegal o de Nigeria

y van hacia las playas

a vender anteojos o pulseras.

Yo regreso a mi casa ya gozado y comido

escuchando la Traviata de Verdi

y los veo muchachitos en flor

hamacando los brazos y las piernas.

 

Les cedo gentilmente el paso

y uno me saluda con el pulgar en alto

sonriendo con los ojos y los dientes blancos.

Y yo, que me siento halagado,

acelero y cruzo rápido la calle.

Y sigue un día feliz, etéreo…

 

56

Me mira el cielo tan discretamente

que yo, tan poca cosa, no me escondo

ni me avergüenzo ya de nada nunca

de tan neutral mirada transparente.

 

Me desnudo cuando corre las nubes

y no hay ni un triste ojo que me juzgue

por mi edad mis arrugas mis miembros imperfectos.

Soy una obrera más en el enjambre.

 

Doy a la abeja reina mis fatigas

y escucho ciegamente el mar de voces

feliz de confusiones y de gritos

y de la espera cruel que me devore.

 

57

Tus piernas largas van tocando el cielo

al final de la cama y entre nubes

y ladran a los perros de la noche

tus dedos desatentos y tus uñas

replegados en tu luz dormida.

 

Por la ventana abierta viajan

los inquietos fantasmas de tu sueño

y se posan en la rama del pino

y se callan al mirar las estrellas.

 

58

Con la pluma del viento el cielo escribe

en el amanecer incandescente

y yo no soy quien para juzgarme

porque muere un hermano y otro y otro.

 

“Si no saliste a matar como Guevara

dedícate pues a otra pasión inútil”.

Mientras el sol se abre camino con sus alas

dice esta conclusión desde allá lejos.

 

Y cuando el mar besa una playa ajena

vienen a mí dos ninfas afroditas

Febo me destroza con sus rayos

y ya ilumina el histórico convento.

 

59

Acolchados huevos de pascua crisis

de pingüinos maníes color arcor

maxi mixer plumas de gansos

más conejos águilas de oro

confites frutados dermagloses

confort babe protect plenitudes

alitas de pollo falda

carnaza de paleta palomita premium

tortuguita chingolo ojo de bife entraña

la casa el matrimonio el auto los ahorros

los viajes familiares los garajes

el verso que respira entre las góndolas

las bóvedas celestes y terrestres

los puños los abrazos los dedos lastimados

los suspiros los éxtasis serenos

las hermosas magias de tus manos

el aire arriba el cerro el río azul

ómnium circus ventus infinitus López.

 

60

Nos alivian las nubes silenciosas

cambiantes y fijas como un río

y el san Antonio se sube a una piedrita

a mirar el abismo de la orilla.

 

¿Qué pensará del mar que en un momento

se llevará sus alas diminutas?

Lo alojo en mi corazón como un milagro

y me alejo de allí, bajo otro cielo.

 

61

Tu sagrado clítoris me mira

y, lengua de dios, me habla con suspiros,

canta tu oído con la voz de un ángel

y nos perdemos en un hermoso sueño.

 

¡Oh recién llegada con la espuma del mar

qué suave y ligero es el mundo en tus tetas!

 

62

Entre pinos la nube silenciosa

abría su archipiélago en el cielo

y a mis pies hinchados les pesaba

el ruido del camino y  de los autos.

Brillando con los últimos fulgores

había sido sombra sólida en la altura

empapado el domingo de la tierra

y ahora se disgregaba en luz violácea.

 

Un río de ruedas aturdía la calle

balbuceos monótonos y gritos

y yo apenado y desarmado iba

eludiendo el desborde de las cloacas.

Me alejaba hacia mi propia noche

soñando con un vino enamorado.

 

63

Repto en la ruta de regreso a casa

pisando víboras y cardos azules

y arrastro mucho mi vientre barroso

mis manos redondeadas por tus tetas

entre cardos y campos rojos de soja

donde el trigo ha quedado sepultado

en la memoria de otros tiempos de oro

y en el agua universal que nos envuelve

corren tropillas de árboles inmóviles.

 

64

Nos tomamos las manos largamente

y agria era su lengua

aún sin besarla

sola de tabaco endurecido

con labios lanzados a la sed

hablando en pájaros sonoros

y oscuros dientes duros

de esperar en la cama.

Y así tan simple los amores

fueron deshojándose en latidos

soplados en miradas y un olor imposible

y huesos tan delgados

para mis dedos gordos que se rompen

y tu ternura última de novia.

 

Tu piel quedó en la mía

un poco sola.

 

65

Es más preciosa la ondulación sin límites

por eso brilla tu estrella en Puerto Ruiz

en finas letras sobre el agua que fluye

desde el antiguo cielo ópalo o leonado.

 

66

No me sale el verso de la carne

desnudo

el verso puro

de pelos en la boca

sin ángeles ni musas.

No asoma en los poros de la lengua

vacila y se ahoga y canta

un son entero para adentro

humo lunas escamas encendidas

limones exprimidos

lejos del mar, acaso sin orillas.

 

Ríos que regresan a las fuentes

arriba, en lejanos manantiales

viejas lombrices que dicen

las marrones canciones más antiguas

barro y olor muy lentamente

fresco y oscuro y largo

alas de este amor terrestre y tanto

y tanto y tanto que te amo

sin poema.

 

67

Desplegada, extendida, abierta, dócil

dorada piel resuelta en curvas, giros

líneas lunares y solares, ríos

colinas, valles, hondas cuevas húmedas

sudores, triángulos, dedos enramados

sobre la cama llovida en brisa y noche.

 

Olas de la ventana toda abierta

aire fresco con estrellas y el íntimo

rumor de pastos y de grillos.

 

Sobre el leve crepitar que respirabas

no era muy diferente el sueño mío.

 

68

Me gustaría ser blando como el agua

para entrar en tus pliegues, tango nuestro,

torpe de manos y de piernas sufro

de no tener tus versos en el cuerpo.

 

Musa de la inocencia, oh musa

de los galanes distraídos

dame tu luz nocturna, tu piel suave

para el encantamiento de la sangre.

 

Mudo me quedaré devotamente

perfumado, sereno, femenino, sin pelo,

para que tu tierna hombría se manifieste

en mis próximos años.

 

Me someto a tu sentencia grave

de ser el héroe de los sueños

de las mujeres que danzan

del movimiento que domina y ama.

 

69

El hermoso esplendor, cuando ella baila

se derrama en azul por mis sentidos

y ya la vio Tejada cuando joven

como la veo ahora, sorprendido.

 

Fue hace mucho en lo de Alicia Lagos

que comenzó la historia de este tango.

 

Con su vestido blanco nos dejaba

solos en el balcón, pensando en nada.

 

¿Por qué esta bella flor liba el poeta

cuando es de todos toda primavera?

 

Llega la luz desde una estrella rota

corre en las venas el calor que falta

así el terrible gozo me desvela

y agradecido busco una palabra.

 

70

Con su ecuánime ojo el mar nos mira

transcurrir repartidos en ciudades

o solos, frente a él, arrodillados

pidiéndole el secreto de su fuerza.

 

Él se construye y deconstruye siempre

atento a los sonidos de las olas

como un canto a sí mismo celebrado

en un ritual de libertad y cárcel.

 

Él se canta, se escucha, se derrama,

él es su movimiento y su infinito

hasta que siente el reflejo de la luna

y por primera vez calla y vacila.

Piensa que su ancho lomo no es tan vasto

como esa luz que abraza su universo

los muchos mares y la tierra y se hunde

para verse a sí mismo en lo profundo.

 

Yo soy el mar, me digo, y lo acompaño

con la intención de ahogarlo con mis manos

cuando por última vez estemos solos, soy

el que ahora cantará con su voz ronca.

 

71

Los soplos bellos azules que me diste

ya no olvido

porque fueron faros en mi vida

aire para mi oído

soles para las torpes rosas…

¡Sal de mujer, oh substancia pura!

De una dama fina

de alto porte y gracia

felina, femenina.

 

72

Si yo fuera como Sri Aurobindo

vería esa ley fría muy ardiente

no tanto más bien la ley divina

en mis pelos mis ojos mis testículos

mi ansia de beber el vino

hasta el final.

 

Es una hermosísima embriaguez

de néctar y ambrosía

o el hidromiel de Apolo

alucinante vino tinto

Aurobindo dice lo que pienso

y mi experiencia se parece a la suya

la flauta deja pasar la música divina

el junco se mueve soplado por la brisa

el canal deja atravesarse por la luz

gargantas de zorzales

criaturas cantoras de Juanele

cantamos para ser

y deshaciéndonos

perdemos la vida y la encontramos.

 

Así me encuentro yo en mi cama

apoyado sobre el codo izquierdo

arrebatado absorto frágil

 

73

Canta el gorrión la paloma

el bicho feo

y yo que no soy nada

soy la vida

todo lo que vibra y acaba

en un bello silencio interminable.

 

74

No menos bello que una flor

el bagre

me ruega que no lo vuelva al agua.

 

Quiere ser en mi sangre triturado

un río de hombre

habitarme como una llama blanca.

 

Yo le digo que sí con la mirada

y muerdo sus anzuelos

y en la orilla los dos nos devoramos.

 

75

La flor que dejé sin cortar

cerca del agua

esta mañana

perfumó mejor y con vos.

 

76

Quieres vivir sin plata

pero tomar buen vino.

 

Dinero, beber, estar ocioso

sentado sobre la luna prístina.

 

Todo es posible si sueltas la boya

y los remos, y la corriente sabia

te convierte en náufrago.

 

77

Una sombra pasa por mi frente

esta mañana

sobre este mar inquieto.

 

Las gaviotas se alejan sombrías

y me quedo solo y muerto

sin sus alas.

 

78

La ola traza el diseño de la orilla

y yo me derramo sobre el tiempo

viento y nube

en la orla espumosa me desnudo

despojado del oscuro océano.

 

En la arena ella me sostiene y absorbe

y por sus poros surco el dulce de los días

y las noches

y son estrellas frescas o son ojos

o profundos oídos que circulan conmigo.

 

 

Cangrejo Azul

(arte poética)

 

Solo y sexual entre las algas

de Punta del Diablo

y hermosas mujeres con hombres

generalmente feos

que no las merecen

y lindos homosexuales perfumados

y rústicas lesbianas tiernas

y cangrejos de pinzas azules

que entregan la vida

pero no sueltan la presa.

 

Heroicos, enamorados, enfáticos,

caen como yo caigo mutilados

 

en las ollas hirvientes de las musas

y ya son con las algas exquisitos buñuelos

marinos, verdes, azules y brillantes.

 

El rumor pindárico regresa

en las olas grises y me dice

que no consuma en un rincón oscuro

una vejez sin nombre

que lance mi carro al desigual combate

y no me prive de las cosas bellas.